miércoles, 14 de septiembre de 2011

LOS CINCO DEFECTOS DE JESÚS, por Monseñor Francois-Xavier Nguyen van Thuan.

Detenido en 1975 por su condición de obispo y encarcelado durante 13 años en las cárceles del Vietcong, nueve de ellos en completo aislamiento, en el año 2000 Juan Pablo II encarga a monseñor Van Thuan impartir los ejercicios espirituales de Cuaresma ante la curia vaticana.
Al comienzo de los mismos, monseñor Van Thuan relata cómo a pesar de las duras condiciones de su prisión, su esperanza inquebrantable en Jesús despierta la admiración e incomprensión de sus compañeros de prisión y guardianes. He aquí el admirable testimonio que dio sobre su seguimiento a Jesús.

Primer defecto: Jesús no tiene buena memoria


En la cruz, durante su agonía, Jesús oyó la voz del ladrón a su derecha: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino» (Lc 23, 42). Si hubiera sido yo, le habría contestado: «No te olvidaré, pero tus crímenes tienen que ser expiados, al menos, con 20 años de purgatorio». Sin embargo Jesús le responde: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23, 43). Él olvida todos los pecados de aquel hombre.
Algo análogo sucede con la pecadora que derramó perfume en sus pies: Jesús no le pregunta nada sobre su pasado escandaloso, sino que dice simplemente: «Quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor» (Lc 7, 47).
La parábola del hijo pródigo nos cuenta que éste, de vuelta a la casa paterna, prepara en su corazón lo que dirá: «Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros» (Lc 15, 1819). Pero cuando el padre lo ve llegar de lejos, ya lo ha olvidado todo; corre a su encuentro, lo abraza, no le deja tiempo para pronunciar su discurso, y dice a los siervos, que están desconcertados: «Traed el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en la mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado» (Lc 15, 22-24).
Jesús no tiene una memoria como la mía; no sólo perdona, y perdona a todos, sino que incluso olvida que ha perdonado.


Segundo defecto: Jesús no sabe matemáticas


Si Jesús hubiera hecho un examen de matemáticas, quizá lo hubieran suspendido. Lo demuestra la parábola de la oveja perdida. Un pastor tenía cien ovejas. Una de ellas se descarría, y él, inmediatamente, va a buscarla dejando las otras noventa y nueve en el redil. Cuando la encuentra, carga a la pobre criatura sobre sus hombros (cf. Lc 15, 47).
Para Jesús, uno equivale a noventa y nueve, ¡y quizá incluso más! ¿Quién aceptaría esto? Pero su misericordia se extiende de generación en generación...

Cuando se trata de salvar una oveja descarriada, Jesús no se deja desanimar por ningún riesgo, por ningún esfuerzo. ¡Contemplemos sus acciones llenas de compasión cuando se sienta junto al pozo de Jacob y dialoga con la samaritana, o bien cuando quiere detenerse en casa de Zaqueo! ¡Qué sencillez sin cálculo, qué amor por los pecadores!

Tercer defecto: Jesús no sabe de lógica



Una mujer que tiene diez dracmas pierde una. Entonces enciende la lámpara para buscarla. Cuando la encuentra, llama a sus vecinas y les dice: «Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido» (cf. Lc 15, 89).

 ¡Es realmente ilógico molestar a sus amigas sólo por una dracma! ¡Y luego hacer una fiesta para celebrar el hallazgo! Y además, al invitar a sus amigas ¡gasta más de una dracma! Ni diez dracmas serían suficientes para cubrir los gastos...
Aquí podemos decir de verdad, con las palabras de Pascal, que «el corazón tiene sus razones, que la razón no conoce»

Jesús, como conclusión de aquella parábola, desvela la extraña lógica de su corazón: «Os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta» (Lc 15, 10).

Cuarto defecto: Jesús es un aventurero

El responsable de publicidad de una compañía o el que se presenta como candidato a las elecciones prepara un programa detallado, con muchas promesas.
Nada semejante en Jesús. Su propaganda, si se juzga con ojos humanos, está destinada al fracaso.

Él promete a quien lo sigue procesos y persecuciones. A sus discípulos, que lo han dejado todo por él, no les asegura ni la comida ni el alojamiento, sino sólo compartir su mismo modo de vida.
A un escriba deseoso de unirse a los suyos, le responde: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Mt 8, 20).
El pasaje evangélico de las bienaventuranzas, verdadero «autorretrato» de Jesús, aventurero del amor del Padre y de los hermanos, es de principio a fin una paradoja, aunque estemos acostumbrados a escucharlo:
«Bienaventurados los pobres de espíritu..., bienaventurados los que lloran..., bienaventurados los perseguidos por... la justicia..., bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos» (Mt 5, 312).

Pero los discípulos confiaban en aquel aventurero. Desde hace dos mil años y hasta el fin del mundo no se agota el grupo de los que han seguido a Jesús. Basta mirar a los santos de todos los tiempos. Muchos de ellos forman parte de aquella bendita asociación de aventureros. ¡Sin dirección, sin teléfono, sin fax...!

Quinto defecto: Jesús no entiende ni de finanzas ni de economía


Recordemos la parábola de los obreros de la viña: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Salió luego hacia las nueve y hacia mediodía y hacia las tres y hacia las cinco.., y los envió a sus viña». Al atardecer, empezando por los últimos y acabando por los primeros, pagó un denario a cada uno (cf. Mt 20, 116).

Si Jesús fuera nombrado administrador de una comunidad o director de empresa, esas instituciones quebrarían e irían a la bancarrota: ¿cómo es posible pagar a quien empieza a trabajar a las cinco de la tarde un salario igual al de quien trabaja desde el alba? ¿Se trata de un despiste, o Jesús ha hecho mal las cuentas? ¡No! Lo hace a propósito, porque -explica-: «¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?».


¿Por qué Jesús tiene estos defectos? Porque es Amor (cf. 1 Jn 4, 16). El amor auténtico no razona, no mide, no levanta barreras, no calcula, no recuerda las ofensas y no pone condiciones.
Jesús actúa siempre por amor. Del hogar de la Trinidad él nos ha traído un amor grande, infinito, divino, un amor que llega -como dicen los Padres- a la locura y pone en crisis nuestras medidas humanas.
Cuando medito sobre este amor mi corazón se llena de felicidad y de paz. Espero que al final de mi vida el Señor me reciba como al más pequeño de los trabajadores de su viña, y yo cantaré su misericordia por toda la eternidad, perennemente admirado de las maravillas que él reserva a sus elegidos. Me alegraré de ver a Jesús con sus «defectos», que son, gracias a Dios, incorregibles.
Los santos son expertos en este amor sin límites. A menudo en mi vida he pedido a sor Faustina Kowalska que me haga comprender la misericordia de Dios. Y cuando visité Paray-le-Monial, me impresionaron las palabras que Jesús dijo a santa Margarita María Alacoque: «Si crees, verás el poder de mi corazón».

Contemplemos juntos el misterio de este amor misericordioso.

Texto tomado de Devocionario Católico

martes, 13 de septiembre de 2011

Artículo recomendado

Interesante artículo a mi entender de esta revista. Saludos. J. Bodas

http://www.revistacriterio.com.ar/iglesia/una-alternativa-contracultural/

El artículo es muy interesante, muchas gracias Javier.

Es bueno que compartamos todo lo que nos pueda ayudar en nuestro caminar hacia el Señor.

lunes, 12 de septiembre de 2011

PERDONAR

«Los límites del mal los delimita la Divina Misericordia. Esto no implica que todo el mundo se salve automáticamente por la Divina Misericordia, disculpando así todo pecado, sino que Dios perdonará a todo pecador que acepte ser perdonado. Por eso, el perdón, la superación del mal, pasa por el arrepentimiento. Y si el perdón constituye el límite al mal (¡cuántas lecciones se podrían sacar de esta verdad para superar los conflictos armados!), la libertad condiciona, en cierto modo, a la Divina Misericordia. Dios, en efecto, arriesgó mucho al crear al hombre libre. Arriesgó que rechace su amor y que sea capaz, negando en realidad la verdad más honda de su libertad, de matar y pisotear a su hermano. Y pagó el precio más terrible, el sacrificio de su único Hijo. Somos el riesgo de Dios. Pero un riesgo que se supera con el poder infinito de la Divina Misericordia» (Benedicto XVI, 30 de abril de 2011).


Nos cuesta perdonar. A todos nos cuesta. Pero no hemos de confundir “sentir” rabia cuando nos han ofendido y “querer” perdonar de corazón. El perdón no es una cuestión de sentimientos, sino de voluntad. Lo importante es querer perdonar y ofrecer al prójimo el perdón, aunque la propia sensibilidad siga alterada y como “encabritada”. Dios no quiere que no sintamos -¡no somos de palo!-, sino que aprendamos a perdonar, independientemente del sentimiento. Con la ayuda de Dios, poco a poco se irá sometiendo y apaciguando también este último, pero no es la condición para el perdón. ¿O creemos que Cristo sintió “muy bonito” cuando estaba siendo atormentado por sus verdugos en la cruz? ¿O que fue para Él un lecho de rosas todas las humillaciones, las bofetadas, las calumnias, las burlas, los azotes, la coronación de espinas, el escarnio de sus enemigos? Y, sin embargo, ahí está el ejemplo: “¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!”
Propósito
Esforzarme por eliminar todo rencor para aprender a perdonar como Dios me perdona.
Diálogo con Cristo
Si queremos aprender a perdonar, Señor, aquí tenemos el ejemplo y el motivo para hacerlo. Sólo así podremos rezar el Padrenuestro como verdaderos cristianos: “Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

P. Sergio Córdova LC

viernes, 9 de septiembre de 2011

FELICIDADES MARÍA

Ave María, Mujer pobre y humilde, bendecida por el Altísimo.

Virgen de la esperanza, profecía de los tiempos nuevos, nosotros nos unimos a tu canto de alabanzas para celebrar las misericordias del Señor, para anunciar la venida del Reino de Dios y la plena liberación del hombre.

Ave María, humilde sierva de Señor, gloriosa Madre de Cristo. Virgen fiel, morada santa del Verbo, enséñanos a perseverar en la escucha de la Palabra, a ser dóciles a la voz del Espíritu, atentos a sus llamadas en la intimidad de la conciencia y a sus manifestaciones en los eventos de la historia.

Ave María, Mujer del dolor, Madre de los viven, Virgen esposa ante la Cruz, Eva nueva, sé nuestra guía en los caminos del mundo, enséñanos a vivir y a defender el amor de Cristo, a llevar con humildad nuestra cruz y estar contigo ante la Cruz de Cristo ante los débiles, los que sufren, los marginados, los pobre y a conocer en sus rostros el rostro de Cristo.

Ave María, Mujer de la fe, Antes que los discípulos! Virgen Madre de la Iglesia, ayúdanos siempre a dar razón de la esperanza que hay en nosotros confiando en la bondad del hombre creado por Dios a su imagen y en el amor del Padre. Enséñanos renovar el mundo desde adentro: en la profundidad del silencio y de la oración, en la alegría del amor fraterno, en la fecundidad insustituible de la Cruz.

Santa María, Madre de los creyentes, ruega por nosotros. Amén

Benedicto XVI

jueves, 8 de septiembre de 2011

Necesidad de rezar, necesidad de comunicarnos con Dios

Hay un aspecto de la vida del cristiano fundamental y es la oración. Igual que una persona necesita comunicarse con el ser amado, el cristiano tiene una necesidad imperiosa de comunicarse con su Amado, con Dios.

Y es en los mismos momentos que nos sucede con nuestros seres queridos; cuando estamos contentos queremos compartirlo con nuestro Señor y darle las gracias por el bien que nos ha hecho y por el bien que nos hace cada día.

Cuando tenemos problemas o simplemente estamos tristes, ¿quién mejor que Él para entendernos, para consolarnos y para secar nuestras lágrimas?. Por muy mal que lo estemos pasando, sabemos que Él nos escucha y está junto a nosotros. Y en ese momento, aunque a veces sea difícil, hay que decir “hágase tu voluntad, Señor esto me duele, pero tú sabes lo que me conviene, ayúdame a ser fuerte y aceptarlo”

Y sabemos que Él está siempre con nosotros, sosteniéndonos, podemos sentir su Amor dentro de nosotros y sabemos que nunca nos fallará.

El P. Evaristo Sada en Catholic.net hace unas reflexiones muy interesantes, he extraído parte:
“Hay fórmulas u oraciones vocales que a lo largo de los siglos han resultado especialmente “poderosas” para muchos: el Padrenuestro, el Avemaría, la oración de Jesús (Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí pecador), el canto de los salmos, etc.
Quienes han encontrado fruto para el crecimiento en su vida espiritual utilizando estas fórmulas u otras, progresan normalmente en tres momentos:
1. Comienzan a pronunciarlas con los labios o en silencio, dándole un sentido a las palabras mientras están en la presencia de Dios.
2. Luego, dan el paso a decirlas interiormente, hasta que con o sin la fórmula se dirigen a Dios con las actitudes propias de la oración que utilizan (actitud de creatura ante su Creador, de hijo ante su Padre, de pecador rescatado ante su Redentor, de bautizado ante el Espíritu Santo que habita en él, etc.)
3. Un paso más adelante se da cuando esa oración se hace una oración incesante, impregnando completamente toda la persona y toda la vida. Llevan corriendo por sus venas el sentido de las oraciones. El hábito de la presencia de Dios llega a ser para ellos como una segunda naturaleza.

Una oración vocal debe brotar del corazón y ser pronunciada ante Dios con fe y atención para que pueda llamarse oración y para que sea poderosa. El poder de la oración no está en pronunciar determinadas palabras con los labios, sino en hacerlo con plena conciencia y dirigiéndose con fe a Dios Nuestro Señor.

La fuerza de una oración viene no del exterior (las palabras), sino del interior (del corazón). Lo esencial está en estar y permanecer ante Dios; lo importante es la elevación espiritual del corazón humilde a Dios.
Una sola palabra, un recuerdo de Jesús o una simple mirada llena de fe, con un sincero sentimiento de adoración, vale más que centenares de rosarios pronunciados sin sentido, como si de un loro se tratara.
San Pablo decía: “Prefiero decir cinco palabras con mi mente que mil en lengua desconocida.” (1 Co 14,19)”
P. Evaristo Sada.

Que Dios nos ayude siempre para saber comunicarnos con Él
MEMM

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Existencia de Dios y fidelidad

Hay quienes dudan de la existencia de Dios, o simplemente la niegan; nosotros quizás nos esforzamos por convencerlos de que Dios exista; quizás lo logramos.

¿Por qué? ¿Por qué Dios o por qué no sabemos demostrar su existencia?

Al mundo hay que decirle que Dios existe, no tanto con argumentos, cuanto con obras; ahí que presentar un Dios vivo y vivificante; al fin y al cabo como Él es.

En todo cuando toquemos, pongamos la marca de Dios; y en todo lo que digamos transparentemos a Dios; y todo en cuanto hagamos, vivamos nosotros a Dios... y pronto los demás verán esas marcas de Dios, oirán esos sonidos de Dios, sentirán esa presencia de Dios.

Y sobrarán los argumentos; como el niño no necesita argumentos; para amar a su madre, el hombre no debe necesitamos para en Dios, ni para amarle.

" ¿Cómo invocarán a Aquél en quien no han creído? O ¿Como oirán si nadie les predica? Y ¿Cómo predicarán si no son enviados?"

(Rom.10,14-15)

Del libro los cinco minutos de Dios

La fidelidad para el hombre es un trabajo diario precisa de mucha Sencillez y la Humildad.

- Fidelidad a nuestro interior

-Fidelidad a quienes nos rodean

-Fidelidad a Dios en nuestro diario caminar

La fidelidad es un Don, pero precisa de entrenamiento ¡Tu fidelidad Señor es eterna y estable por siempre jamás!

La misa tiene que llevarnos a un cambio interior y aun compromiso exterior.

Jesús pone el acento en la permanencia es donde maduran nuestras acciones....

El amor de Dios es primero en Intención.

El amor a los hombres es primero en la acción.

Isabel

lunes, 5 de septiembre de 2011

La corrección fraterna


Jesús nos dijo: «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano."

Por tanto Jesús nos dice dos cosas importantes, que debemos ayudar a nuestros hermanos repredíendolos en el caso de que actúen mal y que debemos hacerlo a solas, en primer lugar.
Vamos a ver algunas citas de santos que nos ayuden a saber corregir a nuestros hermanos

 San Ambrosio

"Aprovecha más la corrección amiga que la acusación violenta; aquella inspira compunción y ésta incita la indignación". (Catena Aurea, volumen VI).

"Ni la corrección ha de ser tan rígida que desanime, ni ha de haber connivencia que facilite el pecar" (Catena Aurea, volumen VI, 266).

San Gregorio Magno

"Y ninguno diga: yo no sirvo para amonestar, no soy idóneo para exhortar. Haz lo que puedas, que no se te pida cuenta..." (Homilía 4 sobre los Evangelios).

"La reprensión, que hace mejorar a los humildes, suele parecer intolerable a los soberbios" (Catena Aurea, vol. VI)
San Agustín

"Si le dejas estar, peor eres tú; él ha cometido un pecado y con el pecado se ha herido a sí mismo; ¿no te importan las heridas de tu hermano? Le ves perecer o que ha perecido, ¿y te encoges de hombros? Peor eres tú callando que él faltando" (Sermón 82).

"Debemos pues, corregir por amor; no con deseos de hacer daño, sino con la cariñosa intención de lograr su enmienda... ¿Por qué le corriges? ¿Por qué te ha molestado ser ofendido por él? No lo quiera Dios. Si lo haces por amor propio, nada haces" (Sermón 82)

Recordad, hay que reprender a nuestros hermanos, si es necesario, pero siempre con amor y delicadeza.








viernes, 2 de septiembre de 2011

Defender a nuestra Iglesia

Muchas veces como católicos nos encontramos en situaciones difíciles, compañeros, amigos e incluso familiares critican a la Iglesia Católica de una forma corrosiva.

Últimamente con la visita de Benedicto XVI a España con motivo de la JMJ, las críticas han aumentado.

¿Hay que responder? ¿Hay que callar?. Y si respondemos, ¿cómo?.

Hay veces que hay que callar, porque en algunos casos callando es como se defiende a la Iglesia Católica, Jesús mismo se mantuvo callado cuando le estaban juzgando. En algunos momentos callando se hace la mayor defensa de la Iglesia.

En otras ocasiones hay que hablar para defender a nuestra Iglesia, pero con tranquilidad, con amor y ayudándonos de nuestro ejemplo. Es complicado, pero esperemos en tener la ayuda del Espíritu Santo:

“Igualmente, el mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero es Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables.

Y el que sondea los corazones conoce el deseo del Espíritu y sabe que su intercesión en favor de los santos está de acuerdo con la voluntad divina.

Sabemos, además, que Dios dispone, todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que él llamó según su designio. “

Romanos 8, 26-28

“Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.”

San Lucas 21, 14-15

El mensaje que la Iglesia dirige al mundo contemporáneo es exigente, como lo es el de Cristo en el Evangelio. Es coherente y quiere defender la dignidad del hombre, de todo hombre, de todo el hombre "Para conocer al hombre, el verdadero hombre, íntegro..." (Pablo VI)

H. de Carmen

miércoles, 31 de agosto de 2011

PERDONAR A LOS QUE NOS OFENDEN

En el “Sermón de la Montaña”, Jesús nos dice lo siguiente: “Amen a sus enemigos, hagan bien a los que los aborrecen, bendigan a quienes los maldicen y oren por quienes los difamen”. (Lc. 6, 27-38)


¡Qué difícil es seguir estas palabras de Jesús! Siendo Dios y Hombre verdadero, Él bien sabe que ante la crítica, la injusticia, los insultos y calumnias, la naturaleza humana herida como está por el pecado, automáticamente reacciona con sentimientos de rencor, de desquite … y hasta de venganza. Con todo y esto, la máxima que nos da el Señor no es un acto de heroísmo exigido sólo a los más santos, sino que es un deber “normal” de todo cristiano.

A lo largo de todo el Evangelio, Jesús nuestro Señor nos invita -y más que invitarnos, nos obliga- a perdonar. Y no sólo nos lo dice de palabra, sino que nos da su ejemplo: mientras agonizaba colgado de la cruz, nos enseña con su oración al Padre cómo nos perdona. A los verdugos que lo torturaban y lo mataban no les reclama nada, sino que oraba así: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23, 34). ¿Qué mayor ejemplo podemos tener para nosotros perdonar a los que nos hacen daño? ¿Qué mayor seguridad podemos tener de que Dios nos perdona, aunque hayamos cometido el peor de los delitos, si perdonó así a sus propios asesinos?

Sin embargo, siempre nos asalta la objeción: ¿Cómo hacer para perdonar? ¿Cómo perdonar, si nuestra tendencia natural nos lleva al resentimiento, al desquite e incluso a la venganza?

Para respondernos esto, debemos estar convencidos de que si Dios nos pide algo, es porque podemos hacerlo. Y podemos hacerlo, porque Él nos da la gracia para hacerlo ... más aún, es Él Quien perdona en nosotros.

Perdonar es amar, pero también sabemos que cuanto más amamos a una persona más nos duelen sus ofensas. Y si creemos que le hemos perdonado algo nos queda en el alma, ¿dolor o rencor?. Debemos desechar el rencor con todas nuestras fuerzas y con la ayuda del Señor.

Cuando nos sea difícil perdonar una ofensa, perdonar a una persona en particular, ayuda mucho pedir a Dios la gracia del perdón, pensando en esa ofensa o en esa persona cada vez que rezamos esa frase del Padre Nuestro: “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden".

Jesús, ayúdanos, nos ponemos en tus brazos, ¡enseñános a perdonar "de verdad"!.


martes, 30 de agosto de 2011

GRATITUD A DIOS

Hemos recibido regalos maravillosos de Dios: su misericordia, su Amor, su Hijo. Esta verdad toca el corazón de cada bautizado, es el centro de nuestra fe, enciende la esperanza, alimenta la caridad.
Cuando abrimos el alma a los dones de Dios, cuando reconocemos que nos libró del pecado, que nos sacó de las tinieblas, que nos condujo a la luz, que nos abrió las puertas del cielo, surge casi espontánea, gozosa, la gratitud.

Desde la gratitud, ¡qué fácil sería vivir los mandamientos, huir del pecado, enraizar en el amor! Porque un corazón agradecido busca maneras concretas para corresponder a quien nos lo ha dado todo
Vivir a fondo la gratitud nos aparta, por lo tanto, del mal. Muchos de nuestros pecados surgen porque no somos plenamente agradecidos. En otras palabras, casi no haría falta la penitencia (confesión) si viviésemos a fondo la gratitud.

El Concilio de Trento lo explicaba así: “Si tuviesen todos los reengendrados tanto agradecimiento a Dios, que constantemente conservasen la santidad que por su beneficio y gracia recibieron en el Bautismo; no habría sido necesario que se hubiese instituido otro sacramento distinto de este, para lograr el perdón de los pecados” (Los sacramentos de la penitencia y de la extremaunción, capítulo 1)

La debilidad humana, unida a tantas distracciones que nos impiden reconocer y agradecer a fondo lo que significa ser redimidos, explica ese pecado que nos aparta de Dios, que nos hace ofender al prójimo, que nos destruye internamente.
Por eso, uno de los mejores antídotos contra el pecado radica precisamente en la gratitud. La invitación de san Pablo vale para cada generación cristiana: “Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza; instruíos y amonestaos con toda sabiduría, cantad agradecidos, himnos y cánticos inspirados. Y todo cuanto hagáis, de palabra y de boca, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por su medio a Dios Padre” (Col 3,15b-17).

La gratitud, al mismo tiempo que nos aleja del mal, nos lleva a la fidelidad, a la entrega, a la búsqueda del bien y de la justicia. Quien es agradecido, no traiciona al Amigo.
Somos fieles, perseveramos firme en la fe, avanzamos en el amor, si continuamente damos gracias a Dios “porque es bueno, porque es eterna su misericordia” (Sal 118).
P. Fernando Pascual. Fuente: Catolic.net

sábado, 27 de agosto de 2011

¡Estad vigilantes!

Sabemos que Jesucristo anunció que vendría de nuevo a la Tierra, y que esa venida sería definitiva.
Nosotros, los cristianos, debemos estar preparados para el encuentro con nuestro Señor. Debemos esperar su llegada como la amada espera al Amado. La espera debe ser alegre, tranquila, sin miedo, pero viviendo como hijos de Dios y estando vigilantes.
Benedicto XVI en su segundo libro de “Jesús de Nazaret” dice: " Jesús nos ha invitado a la sobriedad y a la vigilancia, que ha desarrollado en algunas parábolas, particularmente en la de las vírgenes sabias y necias (Mt 25, 1-13), así como en las palabras sobre el portero vigilante (Mc 13, 33-36). Estas palabras muestran precisamente cómo ha de entenderse el término “vigilancia”. No es un salir del presente, un especular sobre el futuro, un olvidar el cometido actual; muy al contrario, vigilancia significa hacer aquí y ahora lo que es justo, tal como se debería obrar ante los ojos de Dios.

 
Ser vigilante significa saberse ante la mirada de Dios y obrar como suele hacerse ante sus ojos"

Señor, ayúdanos a no descuidarnos y a estar preparados para el encuentro definitivo contigo.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Confianza en el consuelo que viene de Dios

“Yo cambiaré su duelo en risas, los consolaré y transformaré en alegría su dolor.”
Jeremías 31, 13

“Yo haré que cicatrice tu llaga, y sanaré tus heridas.” Jeremías 30, 17

“El que anda a oscuras y carece de claridad confíe en el nombre del Señor y apóyese en su Dios.”
Isaías 50, 10

“En lo excelso y sagrado yo moro, y estoy también con el humillado y abatido de espíritu, para avivar el espíritu de los abatidos, para avivar el ánimo de los humillados”.
Isaías 57, 15

“Clamarás, y Yahvé te responderá; pedirás socorro y dirá «aquí estoy».”
Isaías 58, 9

“Seréis alimentados, en brazos seréis llevados, sobre las rodillas seréis acariciados. Como aquél a quien su madre consuela, así yo os consolaré”. Isaías 66, 12-13

“¿Sufre alguno entre vosotros? Que ore.”
Santiago 5, 13
ORACIÓN
Lo que Jesús nos ofrece:
Si lloras, estoy deseando consolarte.
Si eres débil, te daré mi fuerza y mi energía.
Si nadie te necesita, yo te busco.
Si eres inútil, yo no puedo prescindir de ti.
Si estás vacío, mi plenitud te colmará.
Si tienes miedo, te llevo sobre mis espaldas.
Si quieres caminar, iré contigo.
Si me llamas, vengo siempre.
Si te pierdes, no duermo hasta encontrarte.
R. Prieto
Fuente: Catholic.net

San Bartolomé

Bartolomé es un sobrenombre o segundo nombre que le fue añadido a su antiguo nombre que era Natanael (que significa "regalo de Dios") Muchos autores creen que el personaje que el evangelista San Juan llama Natanael, es el mismo que otros evangelistas llaman Bartolomé. Porque San Mateo, San Lucas y San Marcos cuando nombran al apóstol Felipe, le colocan como compañero de Felipe a Natanael.

"Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»


-Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?»
-Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»


-Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
-Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.» (Jn 1:47-51)

El libro muy antiguo, y muy venerado, llamado el Martirologio Romano, resume así la vida posterior del santo de hoy: "San Bartolomé predicó el evangelio en la India. Después pasó a Armenia y allí convirtió a muchas gentes. Los enemigos de nuestra religión lo martirizaron quitándole la piel, y después le cortaron la cabeza".

Para San Bartolomé, como para nosotros, la santidad no se basa en hacer milagros, ni en deslumbrar a otros con hazañas extraordinarias, sino en dedicar la vida a amar a Dios, a hacer conocer y amar mas a Jesucristo, y a propagar su santa religión, y en tener una constante caridad con los demás y tratar de hacer a todos el mayor bien posible.

 

lunes, 22 de agosto de 2011

Y VOSOTROS, ¿QUIÉN DECIS QUE SOY YO?

En el evangelio que hemos escuchado (cf. Mt 16, 13-20), vemos representados como dos modos distintos de conocer a Cristo. El primero consistiría en un conocimiento externo, caracterizado por la opinión corriente. A la pregunta de Jesús: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?», los discípulos responden: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Es decir, se considera a Cristo como un personaje religioso más de los ya conocidos. Después, dirigiéndose personalmente a los discípulos, Jesús les pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro responde con lo que es la primera confesión de fe: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». La fe va más allá de los simples datos empíricos o históricos, y es capaz de captar el misterio de la persona de Cristo en su profundidad.


Pero la fe no es fruto del esfuerzo humano, de su razón, sino que es un don de Dios: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos». Tiene su origen en la iniciativa de Dios, que nos desvela su intimidad y nos invita a participar de su misma vida divina. La fe no proporciona solo alguna información sobre la identidad de Cristo, sino que supone una relación personal con Él, la adhesión de toda la persona, con su inteligencia, voluntad y sentimientos, a la manifestación que Dios hace de sí mismo. Así, la pregunta de Jesús: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?», en el fondo está impulsando a los discípulos a tomar una decisión personal en relación a Él. Fe y seguimiento de Cristo están estrechamente relacionados. Y, puesto que supone seguir al Maestro, la fe tiene que consolidarse y crecer, hacerse más profunda y madura, a medida que se intensifica y fortalece la relación con Jesús, la intimidad con Él. También Pedro y los demás apóstoles tuvieron que avanzar por este camino, hasta que el encuentro con el Señor resucitado les abrió los ojos a una fe plena.



Queridos jóvenes, también hoy Cristo se dirige a vosotros con la misma pregunta que hizo a los apóstoles: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Respondedle con generosidad y valentía, como corresponde a un corazón joven como el vuestro. Decidle: Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone.


Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tu fe sirva igualmente de apoyo para la de otros. Os pido, queridos amigos, que améis a la Iglesia, que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor. Para el crecimiento de vuestra amistad con Cristo es fundamental reconocer la importancia de vuestra gozosa inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la participación en la Eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón, y el cultivo de la oración y meditación de la Palabra de Dios.


BENEDICTO XVI- Eucaristía 21 de agosto

sábado, 20 de agosto de 2011

Pinceladas de la catequesis dada por el Obispo Munilla en la Parroquia

EVANGELIZACIÓN:

La clave de la evangelización no es tener más medios, es la santidad. Muchas veces nos quejamos de que es difícil evangelizar a las personas cercanas, si en el trabajo o en casa fuéramos más santos la evangelización nos saldría por los poros.
Debemos poner los medios donde está el soplo del Espíritu Santo y sobre todo, lo principal, nuestro corazón debe estar enamorado de Jesús.

Hay que tener modelos: es importante seguir a buenos modelos, en estos tiempos, el demonio ha conseguido sustituir los modelos de la vida de los santos por modelos de las revistas del corazón, de los programas basura de la televisión.
Faltan liderázgos cristianos, no siempre debemos ser ovejas dóciles, en algunas ocasiones hay que dar un paso adelante, como han hecho muchos santos.
El liderazgo no es el estrellato, el liderazgo es servicio, hay que ser humildes, mirar a los demás, no mirarse a sí mismo. Por eso algunas veces los líderes cristianos pasan desapercibidos.

La fe es como el fuego, crece dándola y se apaga guardándola.
También hay que tener en cuenta que predicamos en nombre de Jesús: "El que a vosotros os escucha, a mí me escucha, el que a vosotros os rechaza, a mí me rechaza"

Dificultades: Confundir la tolerancia con la indiferencia. La tolerancia es para con el mal, la tolerancia con el bien es indiferencia.
Otra dificultad es que hay mucho miedo en nosotros, miedo al rechazo, miedo al ridículo. Debemos sobreponernos y utilizar todos los talentos que Dios nos ha dado.

Para hacer apostolado:
1- Oración y sacrificio.
2.-Buscar el tú a tú, el encuentro debe ser personal.
3.-Formarse bien. Emplear tiempo en nuestra formación. (Benedicto XVI insiste en una buena formación racional).
4.- Confiar mucho en María, sabemos que antes de llegar nosotros Ella ya estaba allí.