jueves, 24 de agosto de 2017

24 de agosto: san Bartolomé, Apóstol


Con absoluta certeza solo sabemos su nombre; casi podríamos decir que es un Apóstol desconocido a causa de los poquísimos datos evangélicos que tenemos de él.
Aparece mencionado en las cuatro «listas» de Apóstoles, tanto la de los Hechos como en las de los Sinópticos. San Juan, que no pone en su Evangelio ninguna lista de Apóstoles, no lo nombra en su producción literaria sagrada.
Pero a partir de los datos neo-testamentarios, los estudiosos antiguos tomaron pistas para esclarecer más su personalidad y llegaron a conclusiones, generalmente bien aceptadas por la crítica moderna, inclinándose a identificarlo con otro personaje que está presente en el Evangelio y que se llama Natanael. Verás.
Natanael sí que es colocado por Juan dentro del círculo de los más íntimos de Jesús y esto ya es un buen indicio. Como es amigo de Felipe, este le habló de Jesús afirmando su mesianidad y recibiendo por parte de Natanael respuesta un tanto despreciativa por ser Cristo de Nazaret y de allí «nunca salió nada bueno»; pero Felipe tendrá el gesto de facilitarle una entrevista con Jesús y se lo presentará; el Señor, nada más verlo, hace de él un elogio: «este es un israelita en el que no hay engaño». El encomio es tan significativo que daría la sensación al lector cristiano para el que Juan escribe su Evangelio de quedarse incompleto y extraño de no tener ninguna respuesta posterior (parece como si la respuesta digna esperada fuera el llegar a ser incluido en el grupo apostólico); el relato joánico terminará con una explícita y rotunda confesión de fe de Natanael, cuando el Señor le diga –misteriosamente para nosotros– que le vio «cuando estaba debajo de la higuera». Además, esta escena sucede solo tres días antes del primer milagro de Jesús en las bodas de Caná de Galilea, realizado con la consecuencia de un fortalecimiento de la fe de sus discípulos en Él y, casualmente, Natanael es natural de Caná.
La segunda vez que Juan mencionará a Natanael será en el episodio post-pascual de la pesca milagrosa que tuvo lugar en el lago Tiberíades, como discípulo presente, testigo de Jesús resucitado, que es condición indispensable para pertenecer al grupo de los Apóstoles.
Así que Juan habla de un Natanael incluido dentro de los íntimos de Jesús y en la privilegiada situación cuyos indicios llevan a poder considerarlo Apóstol, pero que no se menciona en las «listas». Y los otros lugares neo-testamentarios incluyen en las «listas» un Bartolomé, ciertamente Apóstol, del que Juan no habla.
Si a esto se añade que Bartolomé es un nombre patronímico –como Barjona, Barrabás o Barjesú– que quiere decir hijo de Tholmaí –nombre que aparece en otros lugares de la Biblia, empleado por Josefo en la forma griega como Tholomaios– y que en las «listas» de los Apóstoles de Hechos y Sinópticos sale siempre emparejado Felipe con Bartolomé, se puede llegar bien y sin forzar los textos de que Bartolomé y Natanael son la misma persona con dos nombres distintos: un patronímico (Bartolomé –hijo de, Tholmaí–) y otro propio (Natanael –don de Dios–), como sucede de modo innegable con el nombre propio Simón que también es denominado con el patronímico Barjona o hijo de Jonás.
Y ya no se sabe más; solo que era un alma noble, sin dobleces ni recovecos y lo común con los demás Apóstoles, después del acontecimiento de Pentecostés en el que estuvo presente: el trajín por los pueblos y campos acompañando a Jesús; la existencia pobre –a expensas de las limosnas que les daban–, pero que bien valía la pena disfrutar con tal de quedarse boquiabiertos por lo que enseñaba aquel rabí joven que les enseñaba el valor del sufrimiento que no entendían; quisquillosos entre ellos porque les gustaba figurar; conscientes de sus limitaciones que les llevaron tantas veces a tener que pedir explicación a las parábolas y a que les enseñara a rezar. A pesar de todo, Él los hizo depositarios del poder de Dios para extender el Reino.
Para más detalle de su vida y muerte es preciso recurrir a la leyenda y fábula que la hay abundante en la literatura apócrifa. Las Actas de Felipe lo sitúan predicando en Licaonia y Frigia, El martirio de San Bartolomé en el Ponto y el Bósforo, Eusebio dice que evangelizó la India y otras leyendas más seguras dicen que fue por las tierras de Mesopotamia, Persia y Armenia donde murió degollado –quizá por eso sea patrono de carniceros y curtidores– y decapitado luego por el rey en un acceso de ira, después de haber convertido a la fe cristiana y bautizado a la hermana regia.
De ahí sacó motivo la iconografía para presentarlo con pellejo al hombro y cuchillo en la mano, símbolo de su martirio, dejando ver al demonio encadenado –en señal de dominio sobre él– que engañaba a la pobre gente cuando hacía hablar al ídolo Astaroth.
Para sus reliquias también existen caminos a gusto de todos, aunque nada fiables. Unas leyendas dicen que su cuerpo fue arrojado al mar, otros afirman que se trasladó a Mesopotamia, Gregorio de Tours comenta que sus restos llegaron milagrosamente a la isla de Lípari de donde se trasladaron en el 808 a Benevento por temor a los sarracenos. En el año 1000 llegaron a Roma y se pusieron en la isla Tiberina, en la iglesia de San Adalberto, que cambió el nombre por la de San Bartolomé.
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El Gobierno incluirá un censo de imanes y sacerdotes en el Registro de Entidades Religiosas


Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño

Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 45-51
En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dijo:
«Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret».
Natanael le replicó:
«¿De Nazaret puede salir algo bueno?».
Felipe le contestó:
«Ven y verás».
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».
Natanael le contesta:
«¿De qué me conoces?».
Jesús le responde:
«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».
Natanael respondió:
-«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
Jesús le contestó:
« ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».
Y le añadió:
«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».
Palabra del Señor.

miércoles, 23 de agosto de 2017

El Papa en la catequesis: La muerte y el odio no tienen la última palabra

En el penúltimo miércoles del mes de agosto de 2017 el Papa Francisco impartió su catequesis en el Aula Pablo VI del Vaticano. Prosiguiendo el ciclo sobre la esperanza cristiana, se centró en la novedad que ella nos trae, a partir del mensaje de Dios en el libro del apocalipsis cuando dice «yo hago nuevas todas las cosas».
El nuestro es el Dios de la novedad y de las sorpresas
Nuestro Dios es un Dios que crea novedad, dijo el Papa, es un Dios de sorpresas y no es cristiano que nosotros caminemos con la mirada baja como si no hubiera un horizonte. Dios no ha querido nuestras vidas “por error” obligándose a sí mismo a nosotros y a difíciles noches de angustia, sino que nos ha creado porque nos quiere felices, aseguró.
“En la catequesis de hoy hemos considerado cómo la esperanza cristiana está abierta a la novedad más grande, porque está abierta a Dios que sabe crear siempre cosas nuevas y sorprendentes en nuestra vida y en la historia. La Biblia nos muestra que el camino del creyente tiene una meta y un sentido. Es la Jerusalén del Cielo, donde Dios nos espera lleno de ternura para enjugar nuestras lágrimas y darnos descanso en nuestras luchas y fatigas”.
Dios nos espera, ésa es la esperanza de los cristianos
Ser cristianos, explicó también el Santo Padre, implica una perspectiva nueva, es decir, una mirada llena de esperanza. Ante tantas calamidades en el mundo que se leen en las páginas de los periódicos y a las cuales corremos el riesgo de habituarnos, se puede pensar que la vida no tiene sentido, pero los cristianos no creemos eso, creemos que en el horizonte del hombre hay un sol que ilumina siempre: somos gente más de primavera que de otoño.
“Frente a tanto sufrimiento en el mundo, a tantos niños que sufren por la guerra, al llanto de las madres, a los sueños rotos de tantos jóvenes, a las penurias de tantos refugiados, la esperanza cristiana nos asegura que tenemos un Padre que llora y se apiada de sus hijos, que nos espera para consolarnos, porque conoce nuestros sufrimientos y ha preparado para nosotros un futuro distinto”.
Dios, que llora con nosotros lágrimas de piedad, nos tiene preparado un futuro diferente
Jesús, nuestra salvación, es la gracia más grande de la vida. Él nos espera en el final pero ya nos consuela en el camino, mientras nos conduce a Dios, expresó Francisco. Entonces, será bello descubrir que nada fue desperdiciado: ni una sonrisa, ni una lágrima. Por cuán larga nos haya parecido nuestra vida, nos parecerá haber vivido en  un soplo.
“La esperanza nos lleva a creer con firmeza que la muerte y el odio no tienen la última palabra sobre la vida humana. Que el mal al final será eliminado como la cizaña del campo. Y, sobre todo, nos da a Jesucristo que nos acompaña y consuela en nuestro camino”.
"Me gustaría preguntarles, ¿nuestra alma está en la primavera o en otoño?"
Ya casi en el final de la catequesis en italiano, el pontífice recordó que los cristianos "creemos y sabemos que la muerte y el odio no son las últimas palabras pronunciadas sobre la parábola de la existencia humana". Ser cristianos - dijo- significa tener la mirada llena de esperanza hasta el día en que todo se cumplirá, hasta el instante en el que Dios pronunciará su última palabra de bendición «¡Yo hago nuevas todas las cosas!». 
(Griselda Mutual - Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

Maduro pedirá al Papa ayuda "para impedir que Trump invada Venezuela"



El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, anunció que pedirá ayuda al Papa Francisco para "impedir que Trump lance sus tropas e invada Venezuela". En una conferencia de prensa en el palacio de Miraflores, Maduro aseguró no confiar "en el Vaticano y la Conferencia Episcopal (...). A ellos, que los juzgue el pueblo".
Tras el fracaso de la mediación vaticana (el régimen venezolano no cumplió ninguna de las condiciones impuestas por la Secretaría de Estado), y después de que la Santa Sede pidiera suspender la Asamblea Constituyente por el bien del país, Maduro invitó a "que el Papa nos ayude al diálogo respetuoso" frente a las "amenazas" de EE.UU.
"Le pido al Papa ayuda contra la amenaza militar de Estados Unidos", dijo el presidente de Venezuela, quien aseguró aspirar a que "el Papa siga ayudándonos porque creo en él. Otra cosa es el Vaticano y la Conferencia Episcopal, que pidieron suspender la Constituyente (...) a ellos que los juzgue el pueblo".
"Las relaciones con el Papa (Francisco), son buenas, de respeto. Yo respeto la ética y el espíritu del Papa y aspiro que siga ayudándonos para el camino del diálogo, de la paz, del entendimiento, de la defensa de la soberanía de Venezuela", añadió Maduro.
"Le pido al Papa ayuda contra la amenaza militar de los EE.UU. Que no nos abandone, que no permita que nos desaparezcan como pueblo. Clamo por el espíritu cristiano del Papa y creo en él", concluyó.
Jesús Bastante

El patriarca Cirilo: «Ha comenzado una nueva etapa en las relaciones» con el Vaticano



El líder de la Iglesia Ortodoxa Rusa resaltó que el acontecimiento más importante después de la histórica reunión de La Habana con el Papa –la primera acaecida en la historia entre el líder de los católicos y el de los ortodoxos rusos– ha sido el envío a Moscú y luego a San Petersburgo de una reliquia de San Nicolás de Bari, patrono de Rusia, Grecia y Turquía, para su veneración por creyentes ortodoxos rusos
El patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, Cirilo, destacó hoy que las relaciones con el Vaticano han entrado en una nueva etapa, al reunirse con el secretario de Estado de la Santa Sede, el cardenal Pietro Parolin.
«Realmente ha comenzado una nueva etapa en el desarrollo de nuestras relaciones, marcada por importantes acontecimientos», dijo el cabeza de la Iglesia Ortodoxa, citado por medios locales.
Cirilo recordó que en la reunión que celebró con el Papa Francisco en La Habana, el 12 febrero de 2016, consensuaron posiciones sobre «problemas muy importantes de la actualidad».
«Las posturas comunes nos permiten diseñar planes y dotarlos de contenido real», añadió el patriarca.
Resaltó que el acontecimiento más importante después de la histórica reunión de La Habana con el Papa –la primera acaecida en la historia entre el líder de los católicos y el de los ortodoxos rusos– ha sido el envío a Moscú y luego a San Petersburgo de una reliquia de San Nicolás de Bari, patrono de Rusia, Grecia y Turquía, para su veneración por creyentes ortodoxos rusos.
El cardenal Parolin, que transmitió a Cirilo un «mensaje fraterno» del Papa Francisco, señaló por su parte que el envío de la reliquia de San Nicolás de Bari a Rusia, donde permaneció casi dos meses, contribuyó a crear una «atmósfera nueva, positiva, en las relaciones entre ambas Iglesias, que ayuda a avanzar».
«Confío en que mi visita a Moscú sea un pequeño ladrillo en la edificación de unas nuevas relaciones», agregó el secretario de Estado vaticano, cuyo cargo equivale al de primer ministro.
Cirilo apuntó la posibilidad de que la Iglesia Ortodoxa Rusa y la Iglesia Católica desarrollen proyectos conjuntos para aliviar la situación de las personas que sufren las consecuencias de los conflictos armados en Oriente Medio.
En este sentido, el patriarca indicó que poco después de su reunión con el Papa un grupo de trabajo conjunto de la Iglesia Ortodoxa Rusa y de la Iglesia Católica visitó Siria y el Líbano.
En el marco de su primera visita a Moscú, el secretario de Estado vaticano se reunió también con el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov.
Este miércoles, el cardenal Parolin se desplazará al balneario de Sochi, a orillas del mar Negro, para reunirse con el presidente ruso, Vladímir Putin.
EFE/Alfa y Omega

23 de agosto: santa Rosa de Lima, virgen


Es la Patrona de América Latina. Gaspar Flores y María Oliva forman uno de los muchísimos matrimonios limeños que viven en pobreza y rondan la necesidad. Son nacidos en España. En su casa del virreinato del Perú vio la luz una niña el 20 de abril del año 1586. Su nombre de pila es Isabel, pero su cara es una rosa y Rosa se le quedó. Era el último cuarto del Siglo de Oro español.
El Viejo Mundo vive en Renacimiento y Reforma; disfrutan las gentes la tragedia de la división; los príncipes cristianos se divierten con guerras de religión; en la sociedad y la cultura hay un desorbitado gorgoteo de valores naturales y, como por algún sitio tiene que romperse la cuerda, le toca perder a los valores sobrenaturales.
El Nuevo Mundo tiene otros aires. Aún no ha pasado ni tan siquiera un siglo desde que Colón lo pisó y ya la evangelización está dando abundantísimos frutos gracias al enorme esfuerzo que se ha desplegado. Otros llaman a este fenómeno, solo por una parte, diciéndole «colonización»; pero los dos mil misioneros llegados hablan solo con su número de ansias transmisoras de Cristo. La organización de las diócesis es cabal. Ya van por el pasado III Concilio Limense que fue capaz de parir el primer catecismo postridentino en lengua española con el impulso del santo arzobispo de la Ciudad de los Reyes, Toribio Alfonso de Mogrovejo, «la mayor lumbrera del episcopado en América». La gracia de Dios y un titánico esfuerzo evangelizador consiguen en menos de un siglo –sin infraestructuras ni comunicaciones y con distancias escritas en mayúsculas–, a golpe de pezuña de mula o de pie humano y mucho corazón, convertir un mundo pagano en cristiano. Muchos misioneros han muerto extenuados; otros, enfermos; bastantes, martirizados. Pero vale la pena el esfuerzo, a Cristo ya se le conoce y se le ama en el campo, en el puerto, en la ciudad y en las nacientes universidades.
Es el contexto en el que nace Rosa. Conoció las verdades sobrenaturales desde que se abría su mente y se habituó a valorarlas. Arrimaba el hombro a las cargas familiares con los ingresos de su trabajo como bordadora y jardinera. Quisieron buscarle buen partido sus padres –especialmente su madre– para arreglarle un futuro, pero en este punto tropezaron con el muro imbatible de su negativa; ella tenía forjados otros planes bien firmes a los que sus padres habían cooperado inadvertidamente cuando le enseñaron a amar a Dios y también los dominicos que la habían admitido en la Tercera Orden, sin que llegara por ello a vestir hábito ni a hacer profesión religiosa.
Toma en todo lo que está en su mano el espíritu dominicano. Afea voluntariamente su hermosura con el corte de su cabello largo; consigue hacer de la habitación que ocupa en la casa, un tanto aislada, una estancia que le sirve para todo. Allí vivirá en un retiro absolutamente voluntario y deseado al estilo casi de los antiguos eremitas. Ese lugar de apartamiento es testigo de sus largas horas de oración, de sus mortificaciones con cilicios y disciplinas, de ayunos y vigilias, queriendo buscar la semejanza más perfecta con Jesús «varón de dolores». El deseo que tiene de agradar más y más al Amado le lleva a meter allí alguna enferma incurable que encontró en la miseria.
Sus experiencias místicas pusieron en guardia a las autoridades religiosas y, gracias a ello, se dispone hoy de las actas del interrogatorio que nos permiten asomarnos a lo que fue su intimidad. Apasionada en el amor a Jesucristo en la Eucaristía y en la veneración y trato con la Virgen María; aunque por quince años sufrió desolación y aridez espiritual a la que supo resistir. Pero también gozó de apariciones del Ángel custodio, de Catalina de Siena; oyó a la Virgen –en aquella ocasión en que quiso quitarse el nombre de Rosa con el que todos la conocían por parecerle atrevido y presumido– que la llamaba «Rosa de Santa María»; y hasta de los mismos labios de Cristo pudo escuchar la frase «Rosa de mi corazón, sé mi esposa».
No impidieron su fe ni los mimos del Señor el natural desarrollo de su vida de trabajo de la que vivía y hacía vivir, sin traslucir la hondura de su penitencia. Con gracia y alegría, hace lo que puede con los necesitados en el orden moral. Va donde sabe que puede ser útil, sin hacer diferencias entre el español, mestizo, indio o negro; llegó el caso de lanzarse a pedir limosna para atenderles en situaciones perentorias e, incluso, lo hizo para ayudar a algún candidato al sacerdocio en apuros.
Ni el cuerpo ni el espíritu la dejaron envejecer; dejó este mundo siendo guapa, joven –tenía treinta y un años–, alegre y activísima. Fue el día de san Bartolomé, 24 de agosto de 1617, mientras la acompañaba Luisa de Santa María, una de sus discípulas, justo el mismo día que ella había predicho.
A partir de este hecho, parece que los habitantes de Lima tienen un hueco que no aciertan a llenar. Se corre la noticia de su muerte como un reguero de pólvora encendida por la ciudad, y el pueblo sencillo añade adornos a su vida santa –con visos de irrealidad– contando que las flores volvían su cáliz al verla pasar.
En 1671 fue canonizada por el Papa Clemente X.
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¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 20, 1-16a
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo:
"Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido".
Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
"¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?"
Le respondieron:
"Nadie nos ha contratado."
Él les dijo:
"Id también vosotros a mi viña".
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:
"Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros".
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.

Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:
"Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
Él replicó a uno de ellos:
"Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”
Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos».
Palabra del Señor.

martes, 22 de agosto de 2017

22 de agosto: santa María Virgen, Reina


Esta fiesta de la Virgen fue instituida por Pío XII en 1954, respondiendo a la creencia unánime de toda la Tradición que ha reconocido desde siempre su dignidad de Reina, por ser Madre del Rey de reyes y Señor de señores. La coronación de María como Reina de todo lo creado, que contemplamos en el quinto misterio glorioso del Santo Rosario, está íntimamente unida a su Asunción al Cielo en cuerpo y alma.
El dogma de la Asunción, que celebramos la pasada semana, nos lleva de modo natural a la fiesta que hoy celebramos, la Realeza de María. Ella fue trasladada al Cielo en cuerpo y alma para ser coronada por la Santísima Trinidad como Reina; así lo enseña el concilio Vaticano II: «terminado el decurso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria y fue ensalzada por el Señor como Reina universal con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores (cfr. Ap 19, 16) y vencedor del pecado y de la muerte». Esta verdad ha sido afirmada desde tiempos antiquísimos por la piedad de los fieles y enseñada por el Magisterio de la Iglesia.
Juan Pablo II, en la encíclica Redemptoris Mater, enseña: «La Madre de Cristo es glorificada como Reina universal. La que en la anunciación se definió como esclava del Señor fue durante toda su vida terrena fiel a lo que este nombre expresa, confirmando así que era una verdadera «discípula» de Cristo, el cual subrayaba intensamente el carácter de servicio de su propia misión: el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos (Mt 20, 28).
Por esto María ha sido la primera entre aquellos que, «sirviendo a Cristo también en los demás, conducen en humildad y paciencia a sus hermanos al Rey, cuyo servicio equivale a reinar» (Const. Lumen gentium, 36), y ha conseguido plenamente aquel «estado de libertad real», propio de los discípulos de Cristo: «¡servir quiere decir reinar! (…). La gloria de servir no cesa (…); asunta a los cielos, ella no termina aquel servicio suyo salvífico…».
Santa María es una Reina sumamente accesible, pues todas las gracias nos vienen a través de su mediación maternal.
En la institución de esta fiesta, Pío XII invitaba a todos los cristianos a acercarse a este «trono de gracia y de misericordia de nuestra Reina y Madre para pedirle socorro en las adversidades, luz en las tinieblas, alivio en los dolores y penas», quiso alentar a todos a pedir gracias al Espíritu Santo y a esforzarnos para llegar a aborrecer el pecado, «para poder rendir un vasallaje constante, perfumado con la devoción de hijos», a quien es Reina y tan gran Madre. Adeamus ergo cum fiducia ad thronum gratiae, ut misericordiam consequamur… Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de la gracia, a fin de que alcancemos misericordia y encontremos la gracia que nos ayude en el momento oportuno(Hb 4, 16).
De nuevo en la Biblia, concretamente en el Apocalipsis, leemos que «apareció en el cielo una señal grande, una mujer vestida de sol, con la luna debajo de sus pies y sobre su cabeza una corona de doce estrellas». Esta mujer, además de representar a la Iglesia, simboliza a María, la Madre de Jesús, confiada a Juan en el Calvario. Cuando, ya anciano, escribía estas visiones, María ejercía su realeza desde el Cielo.
Los tres rasgos descritos son símbolo de esta dignidad: vestida de sol, resplandeciente de gracia por ser Madre de Dios; la luna bajo sus pies indica la soberanía sobre todo lo creado; la corona de doce estrellas es la expresión de su corona real, de su reinado sobre los ángeles y los santos. Así se lo recordamos cada día en las letanías del Rosario: reina de los ángeles, de los patriarcas, de los profetas, de los apóstoles, de los mártires, de las vírgenes, de todos los santos…
Pero también es nuestra Reina. De ahí que sea muy frecuente expresar este título de María mediante la costumbre de coronar las imágenes de la Santísima Virgen de forma canónica solemne, y que el arte cristiano haya representado a María como Reina, sentada en trono real, con las insignias de la realeza y rodeada de ángeles. El pueblo cristiano le levanta ermitas y santuarios donde recurre a Ella con esas oraciones –Salve Regina, Ave Regina coelorum, Regina coeli laetare…– tantas veces repetidas.
El reinado de María se ejerce diariamente en toda la tierra, distribuyendo a manos llenas la gracia y la misericordia del Señor. A Ella acudimos en cada jornada; pedimos su protección musitando aquella entrañable Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura, esperanza nuestra… ¡o cantándola!
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El Arzobispado de Madrid ante las palabras de Santiago Martín: «No hay más culpables que los terroristas»


El Arzobispado de Madrid ha salido al paso de las declaraciones del sacerdote de la diócesis Santiago Martín, que rápidamente se han hecho virales y en las que el presbítero aseguró que la alcaldesa de Barcelona tiene «una parte de culpa» en los ataques terroristas al no haber instalado bolardos en las ramblas tal y como sugirió el Ministerio del Interior.
«No hay más culpables que los terroristas», ha expresado el Arzobispado en un comunicado emitido poco después de que se conociera públicamente las declaraciones de Martín. Son estos «quienes solo buscan generar miedo y odio y cuyo comportamiento es intrínsecamente perverso, como señaló el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, en la Eucaristía de La Almudena» celebrada este domingo por las víctimas del atentado.
Asimismo, en el comunicado se subraya la necesidad, «en estos momentos», de «estar unidos», tal y como pidió el cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, en la Misa por las víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils y a la que acudieron un nutrido grupo de representantes políticos de todo signo político, así como los reyes de España.
Las declaraciones de Santiago Martín se produjeron este domingo durante su homilía de la Misa que celebró en la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles, de Madrid. En ellas, también afirmó que «si yo fuera abogado de las víctimas estaría ya planteando una denuncia contra el Ayuntamiento de Barcelona por cooperación».
El sacerdote se refirió igualmente a la alcaldesa de Madrid [Manuela Carmena], a la que tildó, como «la de Barcelona, de «comunistas radicales». Las palabras contra la regidora madrileña fueron justificadas por Santiago porque, según relató durante la homilía, el sábado estuvo paseando por la Puerta del Sol y la Plaza Mayor, que estaban «abarrotadas de gente» y «si un asesino hubiese querido hacer una matanza, la habría hecho».
A este respecto, el Arzobispado recuerda en su comunicado una cita bíblica: «No he venido para juzgar al mundo, sino para salvarlo»; y señala que «frente a la lacra del terrorismo, la tarea de la Iglesia es estar al lado de las víctimas y del pueblo que sufre, y recordar la dignidad de todo ser humano».
J. C. de A.
Alfa y Omega

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (19,23-30) POR SAN IRENEO DE LYON, OBISPO, MÁRTIR Y DOCTOR DE LA IGLESIA:




Tratado: Jesús no nos llama para quitarnos de nada
Por haber seguido la Palabra de Dios, su llamada, espontánea y libremente con la generosidad de su fe, Abrahán fue “el amigo de Dios” (Sant 2,23). No fue porque le faltase algo que el Verbo de Dios adquirió esta amistad de Abrahán, ya que el Verbo es perfecto desde su origen. “Antes que Abrahán, Yo soy!” (Jn 8,58) 

Lo hizo en su gran bondad para poder dar a Abrahán la vida eterna… Tampoco en el principio, cuando Dios modeló a Adán, no lo hizo por una necesidad, sino por tener a alguien en quien depositar sus beneficios.

Del mismo modo, Jesús tampoco necesita nuestro servicio, sino que nos llama a su seguimiento para darnos la salvación. Ya que seguir al Señor es tener parte en la salvación, como el que sigue la luz tiene parte en la luz. 

Cuando los hombres caminan en la luz, no son ellos los que iluminan la luz ni la hacen brillar, antes bien son iluminados y resplandecientes gracias a ella… 

Dios concede sus beneficios a los que le sirven porque le sirven y a los que lo siguen porque le siguen. Pero no recibe de ellos beneficio alguno ya que Él es perfecto y no necesita nada.

Si Dios solicita los servicios de los hombres es para poder conceder sus beneficios de bondad y misericordia a los que perseveran en su servicio. Porque, si Dios no necesita nada, el hombre sí que necesita de la comunión con Dios. 

La gloria del hombre es que persevere en el servicio de Dios. Por esto, el Señor dijo a sus discípulos: “No me elegisteis vosotros a mí; fui yo quien os elegí a vosotros,” (Jn 15,16) indicando así que…por haber seguido al Hijo de Dios, serían glorificados con Él: “Padre, quiero que todos estos que tú me has dado puedan estar conmigo donde esté yo, para que contemplen la gloria que me has dado, porque Tú me amaste antes de la creación del mundo.” (Jn 17,24).

EVANGELIO DE HOY: DIOS LO PUEDE TODO



Lectura del santo evangelio según san Mateo (19,23-30):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.»

Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»

Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.»

Entonces le dijo Pedro: «Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?»

Jesús les dijo: «Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. 

El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.»

Palabra del Señor

“Dialogo”. Cardenal Parolin lleva la Palabra del Papa a Rusia

La visita a Moscú del Secretario de Estado vaticano, cardenal Pietro Parolin, se encuentra bajo el signo de un renovado dialogo ecuménico. Lo resalta el mismo purpurado italiano en una entrevista a la agencia de noticias rusa Tass.  El Secretario de Estado vaticano subraya que el encuentro con la "Jerarquía ortodoxa testimonia la apertura que se ha instaurado en los últimos años, hasta el encuentro en la Habana del año pasado" entre el Papa Francisco y el Patriarca Kirill.  Aquel encuentro, observa Parolin, ha servido "a dar nuevos ojos para mirarse no con el trasfondo del pasado" sino con aquel de la "comunión deseada y perseguida".  Es esta la condición, agrega, "para que se puedan dar nuevos y, agregaría, inéditos pasos para el desarrollo del dialogo ecuménico" entre católicos y ortodoxos.
El cardenal Parolin responde también sobre el terrorismo, peligro - subraya - que "debe ser enfrentado", pero ponderando "con mucha atención las eventuales modalidades de intervención, con la finalidad de evitar que acciones de fuerza desaten a su vez nuevas espirales de violencia". Es ampliando el horizonte, advierte, que en las relaciones internacionales "madura cada vez más la conciencia que las políticas o estrategias basadas sobre la confrontación abierta y encendida", casi "un dialogo entre sordos", o peor aún "alimentadas por el miedo y el terror de las armas atómicas o químicas, no abran la puerta hacia soluciones justas y duraderas a los problemas entre las naciones".  Es necesario escuchar al Papa Francisco, observa el purpurado en la entrevista, cuando  pide a  los líderes mundiales "construir la paz" y "no cerrarse en intereses nacionales o parciales".
(RC-RV)
(from Vatican Radio)

lunes, 21 de agosto de 2017

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (19,16-22)




Una vez les pregunté: ¿Dónde está su tesoro? ¿En qué descansa su corazón?

Nuestros corazones pueden apegarse a tesoros verdaderos o falsos, en los que pueden encontrar auténtico reposo o adormecerse, haciéndose perezosos e insensibles.

El bien más precioso que podemos tener en la vida es nuestra relación con Dios. ¿Lo creen así de verdad? ¿Son conscientes del valor inestimable que tienen a los ojos de Dios? ¿Saben que Él los valora y los ama incondicionalmente? 

Cuando esta convicción desaparece, el ser humano se convierte en un enigma incomprensible, porque precisamente lo que da sentido a nuestra vida es sabernos amados incondicionalmente por Dios. 

¿Recuerdan el diálogo de Jesús con el joven rico? El evangelista Marcos dice que Jesús lo miró con cariño, y después lo invitó a seguirle para encontrar el verdadero tesoro.

Les deseo... que esta mirada de Cristo, llena de amor, les acompañe durante toda su vida.» 
(Del Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud 2015).

EVANGELIO DE HOY: VENDE TODO LO QUE TIENES, VEN Y SÍGUEME





Lectura del santo evangelio según san Mateo (19,16-22):

En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: «Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?».

Jesús le dijo: «¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos».

«¿Cuáles?», preguntó el hombre. 

Jesús le respondió: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo».

El joven dijo: «Todo esto lo he cumplido: ¿qué me queda por hacer?».

«Si quieres ser perfecto -le dijo Jesús- ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme».

Al oír estas palabras, el joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes. 

Palabra del Señor