martes, 30 de mayo de 2017

El Papa Francisco podría volver a Tierra Santa en otoño


¿Un nuevo viaje a Tierra Santa? Días después de la visita de Donald Trump al Vaticano, la prensa israelí está apuntando a la posibilidad de que el Papa Francisco pueda volver a visitar el país en otoño próximo, repitiendo destino que ya visitara en 2014.
Así, el Times of Israel, está dando a conocer que ya han arrancado negociaciones diplomáticas entre Jerusalén y la Santa Sede con visitas a que el Pontífice se persone de nuevo en la región para impulsar los procesos de paz entre israelíes y palestinos. Los planes estarían ya tan avanzados, de hecho, que una comitiva del Vaticano visitará Israel el mes que viene para sembrar los fundamentos de la visita y escoger las fechas definitivas para este otoño de tres posibles opciones.
¿Cuáles serían, así pues, las razones para otra visita del Papa a Tierra Santa? Cabría pensar, de entrada, que el presidente Trump ya ha reclutado al Papa para su nuevo plan de paz para Oriente Medio, la hoja de ruta que presentó en su gira por la región la semana pasada justo antes de reunirse con Francisco en el Vaticano.
Pero no es que el presidente haya cooptado al Papa para dar barniz a un plan descabalgado. Para analistas como Hussein Ibish en Foreign Policy, por ejemplo, el de Trump "es el único planteamiento hecho en muchos años que podría superar el punto muerto y quizás ofrecer una situación ideal para todos: Israel, los palestinos y los Estados árabes". No resultaría sorprendente, así pues, en caso de que el Papa sí decidiera respaldar ese plan, sea quién sea su autor.
¿Y cuáles, entonces, serían las novedades en la hoja de ruta que ha presentado Trump? Su nueva estrategia pasaría, en esencia, por implantar una política "de afuera-adentro", en la que buscaría primero alinear los estados árabes, junto con Israel, en un frente común en contra de Irán: y no, de entrada, de reconciliar a Israel y Palestina sin más. Esta especie de "OTAN árabe", en cambio, proveería protección a Israel pero también tanto apoyo político y diplomático como ayuda humanitaria a Palestina.
Pero como siempre, será una cuestión de quién quiere hacer la primera jugada. Para acercarse a los Estados árabes Israel necesitaría primero hacer concesiones a los palestinos, bajo los términos de la "Iniciativa de Paz Árabe" (la política de la Liga Árabe). Aunque al mismo tiempo, son notables los avances que han dado Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos en cuanto a aproximarse a Israel, con propuestas tales como mayor cooperación en telefonía y otros diversos tipos de negocios, por ejemplo.
El Papa es conocido por su ferviente apoyo a la solución de dos Estados, y aunque ésta sigue siendo el sueño, el plan "de afuera-adentro" de Trump puede ser un escalón a ello o si no, un intermedio temporal. El presidente salió de su audiencia con el Papa, como dijo, "más decidido que nunca a buscar la paz en nuestro mundo". Y es obvio que se ha dado cuenta de que esto no lo va a poder hacer sin Francisco, el campeón de la paz de nuestros tiempos.
(Cameron Doody)

Los profetas laicos




A partir de mediados del siglo XX no han dejado de aparecer profetas laicos del futuro de la globalización. Desde los clásicos prospectivistas como Toffler y McLuhan, hasta los visionarios del hombre pantalla como Sartori ó Baurdillard, o los descriptores de la posmodernidad como Lyotard, Vattimo o Bauman.
Llama la atención que tanto Giovanni Vattimo (1936-) como Zygmunt Bauman (1925-2017) coincidan en que el Papa Francisco es la única respuesta creíble a los desafíos del mundo contemporáneo. Vattimo, para quien hemos pasado de un pensamiento fuerte e ilusorio tendiente a establecer fundaciones absolutas del conocer y del actuar, a un pensamiento débil en el que perdidas las pretensiones por la verdad, la unidad y la totalidad, triunfa un nihilismo resignado, dice que el Papa es la gran oportunidad que tiene la humanidad hoy, y que tienen razón quienes los consideran una amenaza, pues lo es para todos los inmovilistas. Antes se consideraba un «ateo por la gracia de Dios». Ahora se considera «católico básico», que reza todas las noches. Sigue rechazando al «Dios capitalista». Ahora, un Papa le habla de un Dios completamente distinto.
Bauman, fallecido el pasado 9 de enero, advertía del advenimiento de una sociedad líquida en la que Dios es sustituido por el individualismo completado por una colectividad de consumo, en la que toda necesidad es consumible, y las necesidades espirituales se consumen en el mercado terapéutico. Pues bien, en su ensayo póstumo, Retropopía, se hace una pregunta hoy insoslayable: ¿puede inducirse el parto de una humanidad cosmopolitamente integrada de tal modo que sobreviva sana y salva al alumbramiento? Solo hay para Bauman una respuesta a esta «cuestión de vida y muerte para la humanidad». Y esa respuesta es el Papa Francisco y su propuesta de diálogo. Él, porque es «la única persona entre las grandes figuras públicas investidas con una autoridad planetaria que demuestra la suficiente audacia y determinación como para plantear y abordar esa clase de preguntas». Y el diálogo, porque se atreve proponer a toda la humanidad sacarlo del estrecho marco televisivo de la política y bajarlo a la vecindad, a los lugares de trabajo, a las escuelas, a las familias. Un diálogo solidario capaz además de pasar «de una economía líquida a una economía social». Concluye que, o unimos nuestras manos (como nos propone Francisco) «o nos unimos a la comitiva fúnebre de nuestro propio entierro en una misma y colosal fosa común».
Manuel María Bru
Alfa y Omega

COMENTARIO DE BENEDICTO XVI AL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (17,1-11a)



Hoy centramos nuestra atención en la oración que Jesús dirige al Padre en la «Hora» de su elevación y glorificación. Como afirma el Catecismo de la Iglesia católica: «La tradición cristiana acertadamente la denomina la oración «sacerdotal» de Jesús. Es la oración de nuestro Sumo Sacerdote, inseparable de su sacrificio, de su «paso» [pascua] hacia el Padre donde Él es «consagrado» enteramente al Padre» (n. 2747).

Esta oración de Jesús es comprensible en su extrema riqueza sobre todo si la colocamos en el trasfondo de la fiesta judía de la expiación, el Yom kippur. Ese día, el Sumo Sacerdote realiza la expiación primero por sí mismo, luego por la clase sacerdotal y, finalmente, por toda la comunidad del pueblo. El objetivo es dar de nuevo al pueblo de Israel, después de las transgresiones de un año, la consciencia de la reconciliación con Dios, la consciencia de ser el pueblo elegido, el «pueblo santo» en medio de los demás pueblos. 

La oración de Jesús, presentada en el capítulo 17 del Evangelio según san Juan, retoma la estructura de esta fiesta. En aquella noche, Jesús se dirige al Padre en el momento en el que se está ofreciendo a sí mismo. Él, sacerdote y víctima, reza por sí mismo, por los apóstoles y por todos aquellos que creerán en Él, por la Iglesia de todos los tiempos.

La oración que Jesús hace por sí mismo es la petición de su propia glorificación, de su propia «elevación» en su «Hora». En realidad es más que una petición y que una declaración de plena disponibilidad a entrar, libre y generosamente, en el designio de Dios Padre que se cumple al ser entregado y en la muerte y resurrección. 

Esta «Hora» comenzó con la traición de Judas y culminará en la ascensión de Jesús resucitado al Padre. Jesús comenta la salida de Judas del cenáculo con estas palabras: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en Él». No por casualidad, comienza la oración sacerdotal diciendo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti».

La glorificación que Jesús pide para sí mismo, en calidad de Sumo Sacerdote, es el ingreso en la plena obediencia al Padre, una obediencia que lo conduce a su más plena condición filial: «Y ahora, Padre, glorifícame junto a ti con la gloria que yo tenía junto a ti antes que el mundo existiese». Esta disponibilidad y esta petición constituyen el primer acto del sacerdocio nuevo de Jesús, que consiste en entregarse totalmente en la cruz, y precisamente en la cruz —el acto supremo de amor— Él es glorificado, porque el amor es la gloria verdadera, la gloria divina.

El segundo momento de esta oración es la intercesión que Jesús hace por los discípulos que han estado con Él. Son aquellos de los cuales Jesús puede decir al Padre: «He manifestado tu Nombre a los que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y Tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra». 

«Manifestar el nombre de Dios a los hombres» es la realización de una presencia nueva del Padre en medio del pueblo, de la humanidad. Este «manifestar» no es sólo una palabra, sino que es una realidad en Jesús; Dios está con nosotros, y así el Nombre —su presencia con nosotros, el hecho de ser uno de nosotros— se ha hecho una «realidad». Por lo tanto, esta manifestación se realiza en la encarnación del Verbo. 

En Jesús Dios entra en la carne humana, se hace cercano de modo único y nuevo. Y esta presencia alcanza su cumbre en el sacrificio que Jesús realiza en su Pascua de muerte y resurrección.
(Audiencia general 25 de mayo 2012)

EVANGELIO DE HOY- ESTA ES LA VIDA ETERNA: CONOCER AL PADRE Y A JESÚS





Lectura del santo evangelio según san Juan (17,1-11a):

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: 

«Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que Tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.

Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese. 

He manifestado tu Nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y Tú me los diste, y ellos han guardado tu Palabra. 

Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que Tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que Tú me has enviado. 

Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que Tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti.»

Palabra del Señor

Papa: Sin el Espíritu Santo se puede caer en la fe ideológica

Es necesario dejarse interpelar por el Espíritu Santo, aprender a escucharlo antes de tomar decisiones. Es la  exhortación que hizo el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa MartaFrancisco destacó que si no se discierne acerca de lo que sucede, se corre el riesgo de caer en una fe ideológica.
El Espíritu Santo, que mueve el corazón, inspira, suscita las emociones fue el tema central de la reflexión del Papa. Y recordó que en preparación a la fiesta de Pentecostés, la Iglesia pide que se rece para que el Espíritu Santo llegue al corazón, a la parroquia y a la comunidad. El Pontífice comenzó a partir de la Primera Lectura del día que  – dijo – podríamos llamar “la Pentecostés de Éfeso”. Y explicó que, en efecto, la comunidad de Éfeso había recibido la fe, pero ni siquiera sabía que existía el Espíritu Santo. Era “gente buena, gente de fe”, pero no conocía este don del Padre. Y cuando después Pablo les impuso las manos, descendió sobre ellos el Espíritu Santo y se pusieron a hablar en lenguas.
El Espíritu Santo mueve el corazón
En efecto, el Espíritu Santo mueve el corazón, tal como se lee en los Evangelios donde tantas personas – Nicodemo, la hemorroísa, la samaritana, la pecadora – se sienten impulsadas a acercarse a Jesús precisamente por el Espíritu SantoFrancisco invitó asimismo a preguntarse cuál es el lugar que el Espíritu Santo tiene en nuestra vida:
“¿Yo soy capaz de escucharlo? ¿Yo soy capaz de pedir inspiración antes de tomar una decisión o de decir una palabra o de hacer algo? ¿O mi corazón está tranquilo, sin emociones, un corazón fijo? Pero, algunos corazones, si nosotros hiciéramos un electrocardiograma espiritual tendrían un resultado lineal, sin emociones. También en los Evangelios están éstos. Pensemos en los Doctores de la Ley: eran creyentes en Dios, conocían todos los mandamientos, pero el corazón estaba cerradodetenido, no se dejaban inquietar”.
Dejarse interpelar por el Espíritu Santo, no a la fe ideológica
La exhortación central del Papa Francisco fue la de “dejarse inquietar”, es decir, dejarse interpelar por el Espíritu Santo que nos hace discernir y no tener una fe ideológica:
Dejarse inquietar por el Espírito Santo: “Eh, he oído esto… Pero, padre, ¿aquello es sentimentalismo?”. No, puede ser, pero no. Si tú vas por el camino justo no es sentimentalismo”. “He sentido las ganas de hacer esto, de ir a visitar a aquel enfermo, o de cambiar de vida o de dejar esto…”. Sentir y discernir: discernir lo que siente mi corazón, porque el Espíritu Santo es el maestro del discernimiento. Una persona que no tiene estos movimientos en su corazón, que no discierne lo que sucede, es una persona que tiene una fe fría, una fe ideológica. Su fe es una ideología. Eso es lo que sucede”.
Interrogarse acera de la propia relación con el Espíritu Santo
Era éste el “drama” de aquellos Doctores de la Ley que se enfadaban con Jesús. Por último, el Obispo de Roma exhortó a interrogarse acerca de la propia relación con el Espíritu Santo:
“¿Pido que me guíe por el camino que debo elegir en mi vida y también todos los días? ¿Pido que me dé la gracia de distinguir lo bueno de lo menos bueno? Porque lo bueno de lo malo se distingue inmediatamente. Pero está ese mal escondido que es el menos bueno, pero que tiene escondido el mal. ¿Pido esta gracia? Yo quisiera sembrar esta pregunta en su corazón”.
Sería necesario preguntarse – añadió el Papa Francisco – si tenemos un corazón inquieto porque está movido por el Espíritu Santo. El Pontífice invitó también a interrogarse cuando “nos llegan las ganas de hacer algo” si le| pedimos al Espíritu Santo que nos inspire, que “diga que sí o que no”, o si sólo hacemos “cálculos mentales”.
Y recordó que en el Apocalipsis de Juan comienza invitando a las “siete Iglesias” – las  siete diócesis de aquel tiempo –  a escuchar lo que el Espíritu Santo les dice. “Pidamos también nosotros esta gracia de escuchar lo que el Espíritu  Santo dice a nuestra Iglesia, a nuestra comunidad, a nuestra parroquia, a nuestra familia” y a “cada uno de nosotros”,  finalizó el Papa. Pidamos “la gracia de aprender este lenguaje para escuchar al Espíritu Santo”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

lunes, 29 de mayo de 2017

Arturo Sosa, General de los Jesuitas: "He sentido la serenidad de quien se pone en las manos del Señor y de los compañeros"



Apenas unos meses después de acceder al cargo, el P. Arturo Sosa, Prepósito General de la Compañía de Jesús, nos concede esta entrevista en la que nos deja rasgos absolutamente originales de quien ejerce un liderazgo
 tan significativo y resonante en la Iglesia y el mundo. Incide Arturo Sosa en el valor explícito de la pluralidad con el texto en el cual hay que saber leer en este presente la misión. Este jesuita, venezolano, doctor en ciencias políticas, representa bien el perfil de la vida consagrada con porvenir: deseuropeizada, integradora de nuevos carismas, iluminada desde las periferias y capaz de dialogar con el presente.
¿Cómo se encuentra el P. Sosa tras estos primeros meses como General de la Compañía de Jesús?
Acabo de cumplir siete meses desde la elección. Ha sido una temporada intensa desde todo punto de vista. Afectivamente me ha supuesto el proceso que todos vivimos cuando recibimos inesperadamente una nueva misión comprometedora.
Inmediatamente he tenido que tomar las responsabilidades del cargo, al mismo tiempo que continuaban los trabajos de la Congregación General (duró un mes más). Es una experiencia de aprendizaje sobre la marcha, solo posible por el apoyo cualificado del equipo de Consejeros, Asistentes, Secretarios, compañeros y compañeras que hacen de la Curia General un auténtico equipo de consulta y discernimiento. Me he sentido también espiritualmente consolado y desafiado. He sentido la serenidad de quien se pone en las manos del Señor y de los compañeros. He sentido profundamente lo que significa pertenecer a la Compañía de Jesús. Un grupo de compañeros dispuestos a 
servir la misión de Cristo, por tanto, confiados en que es Jesús quien se ocupa de ella, nos acompaña todos los días e inspira nuestro discernimiento.

¿Considera el P. Sosa que en la vida consagrada estamos decididos a ganar en agilidad para responder mejor a los retos de la pobreza en el mundo? ¿Estamos liberándonos de inmuebles del pasado para servir a la misión?
En la vida religiosa percibo dos actitudes distintas. Unos son los que se ubican ante los cambios del mundo, la Iglesia y las congregaciones de vida consagrada resignados a aceptar lo inevitable, aunque no siempre deseado. Otros, en cambio, los viven como llamada a contribuir a sembrar el evangelio en tierra nueva y desean adentrarse en la situación cambiante, aunque asuste no conocer bien el terreno. La primera se alimenta de la nostalgia del pasado y se resigna a "hacer lo que se puede" en el presente, con menos personal, instituciones con menor impacto social y sociedades secularizadas. Se plantean, entonces, los reacomodos necesarios para prolongar el testimonio y el servicio.
La segunda acepta el consejo del Concilio Vaticano II de ir a las fuentes carismáticas, al origen de cada congregación, y se dispone a escuchar el llamado que le hace hoy el Espíritu. Se preocupa menos del número de personas con las que cuenta o de la preservación de obras (inmuebles incluidos) que de responder con creatividad a lo que nos indican los signos de los tiempos. Se plantea, entonces, nuevas formas de vida comunitaria, de organización apostólica y de vinculación con la Iglesia y el mundo.
Considero que la vida religiosa está en un proceso de descubrir su identidad propia en la "Iglesia en salida" que propone el papa Francisco. Una vida religiosa que contribuya al fortalecimiento de una Iglesia Pueblo de Dios, en la que los laicos (hombres, mujeres, jóvenes, niños y niñas) constituyen el sujeto eclesial, con sacerdotes y obispos pastores, con consagrados y consagradas creativamente fieles a los carismas que el Espíritu Santo regala a la historia humana a través de ellos.
Usted es venezolano, pero lleva años sirviendo a la compañía desde la curia general. ¿Siguen siendo nuestras instituciones eurocéntricas? ¿Qué se puede hacer para "descentralizarlas" adecuadamente?
La clave está en mantener los binomios propios de la vida religiosa: discernimiento-obediencia e inculturación-interculturalidad. Son binomios en tensión creativa que hacen posible la apertura a la novedad de Dios y la estabilidad necesaria para la vida humana. 

El discernimiento permite ponernos en sintonía con la voluntad de Dios, adquirir la libertad personal e institucional que hace posible la disponibilidad para la misión, o sea, para la obediencia. Los signos de los tiempos nos llevan hacia la periferia, nos descentralizan interiormente y también apostólicamente.

La inculturación comienza por tomar conciencia crítica de la propia cultura, permite relativizarla y entrar en relación con otras culturas a la luz del evangelio. La evangelización comienza por casa, comienza por recibir el evangelio. Por tanto, descentraliza, te saca de tu propio centro, para iluminar con la luz del Señor la propia realidad y poder ver de otra manera la propia cultura. También ilumina el descubrimiento de las otras culturas como oportunidad de enriquecimiento de la propia y de compartir la alegría de la Buena Noticia.
En estos tiempos en los que la globalización impulsa la imposición de unos mismos modos de comportarse que lleva a empobrecer las expresiones humanas, la vida religiosa puede ser testimonio de "universalidad inclusiva", resultado de su propia descentralización.
Las congregaciones religiosas admiten en su seno diversas culturas. Los misioneros de unas partes se integran fraternalmente en otras. Disfrutamos de nuestra multiculturalidad. Si avanzamos hacia la interculturalidad, es decir, la experiencia continuada de enriquecimiento mutuo, podremos también ser signos de cómo la globalización puede ser enriquecedora.
Formamos parte de un plan de Dios. El Espíritu está suscitando las vocaciones que quiere y como quiere. ¿Entendemos en la vida religiosa esta reducción drástica de nuestros números? ¿Estamos trabajando para recrear una nueva vida consagrada que comparta vida y misión con otras formas de seguimiento?
Con todos los cristianos buscamos hacernos discípulos del Señor Jesús y compartimos la misión evangelizadora. Con muchos otros seres humanos nos comprometemos en la tarea de humanizar este mundo roto por la injusticia social, la explotación personas y pueblos, la pobreza, las guerras, la violencia cotidiana... La fecundidad de la vida religiosa depende más de la calidad de su compromiso cristiano que del número de sus miembros. La reducción del número podemos leerla como una llamada a la radicalidad de nuestra consagración, preocuparnos más del ser que del hacer. Seguimos deseando muchas vocaciones y pidiéndoselas al Señor. Al mismo tiempo nos esforzamos en mejorar nuestra calidad de vida consagrada y colaborar generosamente en la misión de toda la Iglesia en la que cada quien responde a su vocación.

Como un monje de Silos, durante una semana



¿Vivir en un monasterio sin ser monje? Se puede, en la Abadía benedictina de Santo Domingo de Silos. Los requisitos: tener entre 18 y 45 años y pensar «que el Señor te puede estar llamando a la vida monástica». La próxima experiencia monástica se celebrará del 31 julio al 6 de agosto
Si eres hombre, tienes entre 18 y 45 años y te interesa la vida monástica puedes tener una experiencia monástica en el monasterio benedictino de Santo Domingo de Silos, de la Congregación de Solesmes.
Los participantes se incorporarán progresivamente en el ora et labora de la vida monástica:«Trabajarán con los monjes y recibirán charlas de formación» en las que se les introducirá en los principales aspectos de la vida monástica: «oración litúrgica mediante el canto gregoriano, lectio divina, silencio, vida fraterna…».
El objetivo último de la experiencia es dar a conocer la vida monástica benedictina a quienes puedan estar interesados en ella. Se trata, apuntan desde la congregación, de «orientar y ayudar a aquellos que se sienten llamados a una vida de seguimiento radical del Señor».
La experiencia monástica es gratuita al estar financiada en su totalidad por el monasterio. Quien se inscriba, según el dossier que los monjes han preparado para la ocasión, solo necesitará una Biblia y un cuaderno, así como ropa adecuada para la realización de actividades en el monasterio y en la naturaleza (chándal, zapatillas de deporte y/o botas) y útiles de aseo personal.
La iniciativa se desarrollará del lunes 30 de julio hasta el domingo 6 de agosto y estará sujeta al siguiente horario:
06:00 Vigilias
07:30 Laudes
08:10 Desayuno
09:00 Eucaristía
10:30 Conferencia
12:00 Actividad de la mañana
13:45 Sexta
14:00 Comida/Recreo/Descanso
16:10 Nona
16:30 Conferencia/Actividad de la tarde
19:00 Vísperas
19:50 Lectivo divina compartida
20:30 Cena/Recreo
21:40 Completas
22:15 Descanso nocturno
Quienes deseen participar en la iniciativa, pueden inscribirse a través del correo electrónico info@sermonje.eu, en el teléfono 947 390 049 (de 10:30 a 13:30 y de 16:30 a 18:30) o a través del formulario de contacto de la página web sermonje.eu.
J. C. de A

El Papa recuerda a las víctimas de los atentados de Egipto y Manchester




Francisco rezó durante el Regina Coeli por las 29 víctimas del atentado del viernes en Egipto y los 22 asesinados el lunes anterior en el Reino Unido
El Papa reiteró este domingo a su a la comunidad copta ortodoxa por el atentado del viernes 26 de mayo, que provocó la muerte de 29 fieles egipcios, entre ellos varios niños, que se dirigían al monasterio de San Samuel, asesinados tras haberse negado a renunciar a su fe cristiana:
«Deseo volver a expresar mi cercanía al querido hermano el papa Tawadros y a toda la nación egipcia, que hace dos días sufrió otro acto de violencia feroz», dijo el Papa a los firles congregados en la plaza de San Pedro para el rezo del Regina Coeli. «Las víctimas, entre las cuales también niños, son fieles que se dirigían hacia un santuario para rezar, y fueron asesinados después de que se negaron a renunciar a su fe cristiana. Que el Señor reciba en su paz a estos testigos valientes, estos mártires, y convierta los corazones de los terroristas».
«Rezamos también por las víctimas del horrible atentado del lunes pasado en Manchester, donde tantas jóvenes vidas fueron cruelmente destrozadas», prosiguió Francisco. «Estoy cerca de las familias y de todos los que lloran su pérdida».
El Papa recordó también que en el Domingo de la Ascensión se celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Según el Papa, «los medios de comunicación social ofrecen la posibilidad de compartir y difundir inmediatamente noticias de manera capilar; estas noticias pueden ser bonitas o feas, verdaderas o falsas; recemos para que la comunicación, en todas sus formas, sea efectivamente constructiva, al servicio de la vida rechazando los prejuicios, y difunda esperanza y confianza en nuestro tiempo».
Alfa y Omega

«El Papa Francisco ha ganado en transparencia»


El sacerdote y periodista Manuel Bru presenta su libro «Diez cosas que el Papa Francisco propone a los periodistas»
El sacerdote y periodista Manuel Bru acaba de presentar su nuevo libro, «Diez cosas que el Papa Francisco propone a los periodistas». La publicación, editada por Publicaciones Claretianas, forma parte de una colección en el que se recoge de una manera ágil y breve el magisterio del Santo Padre sobre temas muy concretos como la familia, la ecología, el sacerdocio…
Para el también delegado de Catequesis de la Archidióceis de Madrid, este libro es «una síntesis de la propuesta esperanzadora del Papa Francisco a todos los periodistas». Su presentación estos días coincide con la celebración de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

Juan Pablo II y Benedicto XVI se han preocupado por la labor de los medios de comunicación, ¿podemos decir que ese interés es mayor en el Papa Francisco?
Yo no me atrevería a decir que es mayor porque todos los papas contemporáneos han tomado conciencia, cada uno en el momento que les ha tocado vivir, del desarrollo de las comunicaciones. Creo que el Papa Francisco sí aporta un cierto giro, al centrarse más en la dimensión humanística de la comunicación. No renuncia a dar un mensaje ético de la comunicación, la infoética, de la que tanto habló Benedicto XVI, pero prefiere detenerse en temas más de fondo.

¿Cuáles son esos temas de fondo?
Se trata de las preguntas fundamentales de la comunicación. Para qué comunicar, qué es noticia y qué relación establecen los medios de comunicación y los comunicadores con la realidad social y personal del mundo en el que vivimos. Yo creo que ahí está la novedad de Francisco. Es curioso porque contrasta con el mensaje que muchas veces se da de que Francisco no es un papa sabio como Benedicto XVI o con un Pontificado tan hondo como el de Juan Pablo II. El pontificado de Francisco, siendo muy comunicativo, conciso y directo es igual o más hondo que el de sus antecesores. La hondura filosófica de su magisterio también se manifiesta en sus mensajes sobre la comunicación social. Ningún Papa, por ejemplo, había insistido tanto en la vinculación que hay entre la comunicación social y los trascendentales del ser, como son la verdad, la bondad y la belleza. Esa visión, donde lo estético forma parte de lo ético y forma parte también de la relación con la verdad de los hechos, es un mensaje muy hondo y muy novedoso.

El Papa Francisco, ¿es crítico con la labor de los medios de comunicación?
Es crítico pero creo que es suave en las formas porque lo que plantea es una visión mucho más propositiva sin esconder una visión de fondo. Lo que pasa es que a diferencia de sus antecesores ha puesto el acento en otras cosas, como el colonialismo cultural del que ya había hablado Juan Pablo II o los temas sociales relacionados con la comunicación. Por ejemplo, qué parte de responsabilidad tiene el mundo de los medios de comunicación con un mundo en el cual aunque haya un desarrollo económico hay cada vez una separación mayor entre pobres y ricos. Este es un tema que ya había tratado sobre todo Juan Pablo II pero en Francisco es evidente. Son críticas muy serias pero la manera de plantearlas no es en clave de confrontación sino en una clave de proposición.

¿Qué es la «comunicación de proximidad» de la que tanto habla el Santo Padre?
La comunicación de proximidad tiene que ver con su propia impronta teológica. Tiene que mucho que ver con los principios de la Teología del Pueblo. Es parte de una visión muy sociológica que hace una crítica a las desigualdades sociales en la clave exclusión e inclusión. No se basa tanto en la distinción entre opresores y oprimidos que es más típica del lenguaje marxista y más propio de la Teología de la Liberación. La Teología del Pueblo abraza y reconoce también la opresión porque no deja de ser una exclusión pero es mucho más integradora de la complejidad de las relaciones sociales. Aquí se trata de si existen sectores sociales, grupos o personas excluidas o se busca más bien la integración. La integración tiene como mecanismo la proximidad. La gran labor de la comunicación social a favor de la integración es la proximidad, en contacto con la realidad de la gente. El único modo de poder contar la realidad es vivir y estar inmersos en la realidad. No el periodismo de despacho. La proximidad siempre favorecerá la integración frente a la exclusión. Todo lo que tenga que ver con estar próximo a la realidad, buscando que esa realidad se integre en la sociedad ya se está haciendo un periodismo comprometido y solidario.

En cuatro años de Pontificado, Francisco se ha referido a los medios de comunicación en un centenar de mensajes y discursos, ¿pero cómo es la relación del Papa con los medios de comunicación?
Yo creo que los trata con mucho respeto, con naturalidad. Todos los papas han ido ganando en naturalidad con respecto a los medios de comunicación, pero este mucho más. No hace falta más que ver las conversaciones en los aviones con los periodistas. Creo que ha ganado en transparencia. Eso no quiere decir que todavia puede haber muchas limitaciones pero creo que ha ganado en transparencia. Todavía queda mucho recorrido pero yo creo que se está avanzando mucho.

Una información subrayaba estos días lo permisivas que son algunas redes sociales como Facebook con contenidos que hacen apología de la violencia o que se saltan las leyes contra el honor, ¿cree que hace falta un magisterio sobre estos nuevos medios que también se han convertido en editores de contenido?
Tiene que seguir desarrollándose. El magisterio de la Iglesia está haciéndose, está en ciernes. El tema de las redes sociales lo afrontó de forma muy clara Benedicto XVI. El Papa Francisco está haciendo una valoración global, pero todavía no ha hecho una valoración más detenida. Desde el punto de vista global, su reflexión es muy acertada y tiene que ver esa visión ambigua –no en sentido negativo sino necesariamente ambigua– que plantean las redes sociales. Por un lado se plantean que las posibilidades que abren son inmensamente positivas, pero por otro se advierten que los peligros también pueden ser enormes. El Papa sigue insistiendo en esa idea pero hay nuevas situaciones que todavía no se ha afrontado.

Laura Danielle (ABC)

Tened valor: yo he vencido al mundo


Lectura del santo Evangelio según san Juan 16,29-33
En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús:
- «Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios».
Les contestó Jesús:
- ¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».
Palabra del Señor.

«Anunciar al mundo el Evangelio es el mayor honor en la Iglesia», el Papa en la fiesta de la Ascensión

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy se celebra, en Italia y en otros países, la Ascensión de Jesús al cielo, que tuvo lugar cuarenta días después de Pascua. El pasaje del Evangelio de hoy (Mt 28,16-20), con el cual concluye el Evangelio de Mateo, presenta el momento de la despedida final del Resucitado a sus discípulos.
La escena se desarrolla en Galilea, lugar donde Jesús les había llamado a seguirlo para formar el primer núcleo de su nueva comunidad. Aquí por tanto, los discípulos han pasado por el "fuego" de la pasión y de la resurrección; a la vista del Señor resucitado se postran ante Él, aunque algunos siguen todavía dudosos. A esta comunidad llena de miedo, Jesús deja la inmensa tarea de evangelizar el mundo; y concreta este encargo con la orden de predicar y bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (cf. v. 19).
Por tanto, la Ascensión de Jesús al cielo constituye el fin de la misión que el Hijo ha recibido del Padre y el inicio de la continuación de esta misión por parte de Iglesia. De hecho, a partir de este momento, la presencia de Cristo en el mundo es mediada por sus discípulos, aquellos que creen en Él y lo proclaman. Esta misión durará hasta el final de la historia y gozará de la ayuda del Señor resucitado, el cual asegura: “Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (v. 20) .
Su presencia aporta fortaleza en la persecución, consuelo en el sufrimiento, apoyo en las situaciones de dificultad a las que se enfrentan la misión y el anuncio del Evangelio. La Ascensión de Jesús nos recuerda de esta ayuda de Jesús y de su Espíritu que da confianza y seguridad a nuestro testimonio cristiano en el mundo. Nos revela porqué existe la Iglesia: ¡existe para anunciar el Evangelio!, ¡sólo para ésto! La Iglesia somos todos nosotros, los bautizados. Hoy, estamos invitados a comprender mejor que Dios nos ha dado una gran dignidad y la responsabilidad de anunciarlo al mundo, de "hacerlo accesible a la humanidad". Esta es nuestra dignidad, ¡este es el mayor honor en la Iglesia!
  En esta fiesta de la Ascensión, mientras volvemos nuestra mirada al cielo, donde Cristo ascendió y está sentado a la derecha del Padre, fortalecemos nuestros pasos sobre la tierra para continuar con entusiasmo y coraje nuestro camino, nuestra misión de testimoniar y vivir el Evangelio en cualquier entorno. Sin embargo, somos conscientes de que ésto no depende, ante todo, de nuestras fuerzas ni de la capacidad de organización o de los recursos humanos. Sólo con la luz y el poder del Espíritu Santo podemos cumplir eficazmente nuestra misión de dar a conocer y experimentar cada vez más a los demás, el amor y la ternura de Jesús.
  Pidamos a la Virgen María que nos ayude a contemplar los bienes celestiales, que el Señor nos promete, y a convertirnos en testigos más creíbles de la resurrección, de la verdadera Vida.
(from Vatican Radio)

domingo, 28 de mayo de 2017

Dios, puerta abierta a la vida eterna


Ocupados solo en el logro inmediato de un mayor bienestar y atraídos por pequeñas aspiraciones y esperanzas, corremos el riesgo de empobrecer el horizonte de nuestra existencia perdiendo el anhelo de eternidad. ¿Es un progreso? ¿Es un error?
Hay dos hechos que no es difícil comprobar en este nuevo milenio en el que vivimos desde hace unos años. Por una parte está creciendo en la comunidad humana la expectativa y el deseo de un mundo mejor. No nos contentamos con cualquier cosa: necesitamos progresar hacia un mundo más digno, más humano y dichoso.
Por otra está creciendo al mismo tiempo el desencanto, el escepticismo y la incertidumbre ante el futuro. Hay tanto sufrimiento absurdo en la vida de las personas y de los pueblos, tantos conflictos envenenados, tales abusos contra el planeta, que no es fácil mantener la fe en el ser humano.
Es cierto que el desarrollo de la ciencia y la tecnología están logrando resolver muchos males y sufrimientos. En el futuro se lograrán, sin duda, éxitos todavía más espectaculares. Aún no somos capaces de intuir la capacidad que se encierra en el ser humano para desarrollar un bienestar físico, psíquico y social.
Pero no sería honesto olvidar que este desarrollo prodigioso nos va "salvando" solo de algunos males y solo de manera limitada. Ahora precisamente que disfrutamos cada vez más del progreso humano empezamos a percibir mejor que el ser humano no puede darse a sí mismo todo lo que anhela y busca.
¿Quién nos salvará del envejecimiento, de la muerte inevitable o del poder extraño del mal? No nos ha de sorprender que muchos comiencen a sentir la necesidad de algo que no es ni técnica ni ciencia, tampoco ideología o doctrina religiosa. El ser humano se resiste a vivir encerrado para siempre en esta condición caduca y mortal. Busca un horizonte, necesita una esperanza más definitiva.
No pocos cristianos viven hoy mirando exclusivamente a la tierra. Al parecer no nos atrevemos a levantar la mirada más allá de lo inmediato de cada día. En esta fiesta cristiana de la Ascensión del Señor quiero recordar unas palabras de aquel gran científico y místico que fue P. Teilhard de Chardin: "Cristianos a solo veinte siglos de la Ascensión. ¿Qué habéis hecho de la esperanza cristiana?".
En medio de interrogantes e incertidumbres, los seguidores de Jesús seguimos caminando por la vida trabajados por una confianza y una convicción. Cuando parece que la vida se cierra o se extingue, Dios permanece. El misterio último de la realidad es un misterio de amor salvador. Dios es una puerta abierta a la vida eterna. Nadie la puede cerrar.
José Antonio Pagola