lunes, 30 de enero de 2017

El Papa Francisco: un conservador inteligente



A Francisco le entendieron enseguida los obispos y sacerdotes con espíritu misionero, que van por la vida ligeros de equipaje, sonríen y se vuelca en ayudar a toda persona que se encuentran en su camino, sea de cualquier raza o religión
A los dos o tres meses de la elección del Papa Francisco, cuando muchos altos cargos del Vaticano seguían teniendo dificultades para tomarle la medida, un cardenal anciano y sabio me dijo: «A este Papa se le puede definir con una palabra». Me quede mirándole, incrédulo. Después de haber intentado en vano presentar su poliédrico perfil en artículos de cientos de palabras, no podía creer que pudiera hacerse simplemente en una. El anciano cardenal me leyó el pensamiento y me dijo, con una sonrisa: «Enamorado».
Tenía razón. Francisco multiplicaba sus energías y derrochaba gestos de cariño cada semana con miles de personas porque estaba enamorado de Jesucristo y de María. El amor da alas, y el corazón empuja con una fuerza irresistible. Quizá otra buena definición, pero en dos palabras, es la que él propone como modelo y se aplica en primer lugar a sí mismo: «Discípulo misionero». Un católico no es en primer lugar un miembro de alguna estructura eclesiástica como parroquia o movimiento, sino una persona que camina cerca de Jesús. Como las mujeres que le seguían en sus caminatas y extendían su mensaje con una rapidez y eficacia iguales a la de los discípulos enviados a predicar por los pueblos.
Al Papa le entendieron enseguida los obispos y sacerdotes con espíritu misionero, que van por la vida ligeros de equipaje, y se vuelcan en ayudar a toda persona que encuentran en su camino, sea de cualquier raza o religión.
Pero un Papa tiene que ser, además, un guía espiritual para todos, una especie de faro que orienta en los momentos complicados.
Bajo ese aspecto, se le podría definir en dos palabras como un conservador inteligente. Es conservador en todos los temas esenciales, pero los conserva del modo oportuno en cada momento, evitando que los ropajes anticuados terminen por ocultar el cristianismo o por hacerlo antipático.
Juan XXIII se deshizo de la silla gestatoria, ya completamente anacrónica. Pablo VI aceptó ponerse la triple corona que le habían regalado los fieles de Milán, pero luego la subastó para obras de caridad. Benedicto XVI la canceló de su escudo papal, sustituyéndola por una mitra, símbolo de los obispos.
Francisco se esfuerza por conservar y revalorizar los elementos centrales del cristianismo, que se perciben bien leyendo los Evangelios, y que suelen tener como terreno de juego el propio corazón. Y como vara de medida, la sinceridad con Dios.
Al mismo tiempo, se ha desprendido de costumbres que respondían más bien a la tradición de la corte de Versalles. Habían sido útiles durante siglos, pero se habían vuelto contraproducentes.
Lo curioso es que Francisco no solo revaloriza elementos centrales del cristianismo, como la alegría, la ternura y la misericordia, sino que los utiliza como poderosas palancas virtuales para lograr, por las buenas, resultados antes inalcanzables.
Su valía la descubrieron en primer lugar los grandes medios económicos norteamericanos como The Wall Street JournalForbes o Fortune, que siguen prestándole mucha atención por dos motivos: porque sabe revitalizar instituciones y porque entiende en profundidad el mundo en que vivimos.
En llamativo contraste con ciertos católicos que pontifican sobre lo que debe hacer el Pontífice, algunas de las personas con mayor responsabilidad social y económica se acercan a escucharle. El último Global Forum bianual organizado conjuntamente por Forbes y Time para líderes de las 500 mayores empresas del mundo tuvo lugar en Roma el 2 y 3 del pasado mes de diciembre. Lo celebraron allí para poder tener una audiencia exclusiva en el Vaticano y escuchar al Papa.
Ese perfil de conservador inteligente y su capacidad de comunicación son la envidia de estadistas y jefes de grandes empresas.
Así como Benedicto fue uno de los mayores intelectuales del siglo XX, Francisco es el primer Papa del siglo XXI porque se adapta de modo instintivo a un mundo cambiante y aplica de modo inmediato las nuevas reglas del juego.
Evangeliza al modo mental de hoy. De un mundo en que hemos pasado de los lenguajes oficiales a los coloquiales, de las estructuras piramidales a las de red, y de la primacía del coeficiente intelectual a la del coeficiente emocional.
Francisco es un caso asombroso de inteligencia emocional, que a veces falta a algunos pastores. Y un ejemplo de visión de futuro. Nos lo ha dicho varias veces: «No vivimos una era de cambios, sino un cambio de era».
Juan Vicente Boo
Corresponsal de ABC en el Vaticano.
Autor de El Papa de la alegría (Editorial Espasa)

El Papa pide que la burocracia no retrase las ayudas a las víctimas de los terremotos


Flanqueado por dos niños de la diócesis de Roma, Francisco se refiere a las bienaventuranzas como «la Carta Magna del Nuevo Testamento»
El Sermón de la montaña «es la Carta Magna del Nuevo Testamento, donde Jesús manifiesta la voluntad de Dios de llevar a los hombres a la felicidad», explicó el Papa al comentar el pasaje evangélico de Mateo.
Para el Obispo de Roma, esta predicación de Jesús sigue un camino particular, que «comienza con el término “bienaventurados”, es decir, felices; y prosigue con la indicación de la condición para alcanzar esta felicidad; y concluye haciendo una promesa». El motivo de la bienaventuranza no está, aclaró, en la condición pedida, sino en la sucesiva promesa de recibirlo como don de Dios. En este sentido para ser bienaventurado, se necesita convertirse, para así estar en condiciones de recibir los dones de Dios.
El Papa se detuvo en particular en la primera bienaventuranza, «Felices los pobres de espíritu, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos». «El pobre de espíritu –aclaró– es aquel que ha asumido los sentimientos y las actitudes de los pobres que, en su condición, no se rebelan, sino saben ser humildes, dóciles, disponibles a la gracia de Dios».
«Pobreza de espíritu es sobriedad», aunque «no necesariamente renuncia, sino capacidad de gustar lo esencial, de compartir; capacidad de renovar cada día la maravilla por la bondad de las cosas, sin opacarse en el consumo voraz», que «mata el alma» y no permite a las personas alcanzar la felicidad. En cambio, «el pobre de espíritu es el cristiano que no confía en sí mismo, en sus riquezas materiales; no se obstina en sus propias opiniones, sino escucha con respeto y sigue con gusto las decisiones de los demás. ¡Si en nuestras comunidades existieran más pobres de espíritu, existirían menos divisiones, contrastes y polémicas!».
El rezo del Ángelus tenía este domingo un carácter especial, al celebrarse la ya tradicional peregrinación de la Caravana de la Paz, con chicos y chicas de la diócesis de Roma acompañados de sus padres y educadores. Un niño y una niña se asomaron con el Papa durante el rezo del Ángelus, mientras que muchos de ellos poblaban la plaza de San Pedro en esta iniciativa diocesana por la paz.
A continuación, Francisco recordó que se celebraba la Jornada mundial de los enfermos de lepra, con un llamamiento a atender a los que padecen esta enfermedad y a luchar contra la discriminación. Y volvió a manifestar su cercanía a las poblaciones del centro de Italia que han sufrido las consecuencias del terremoto. El Papa no se limitó a pedir la solidaridad de todos, sino que pidió además «por favor, que cualquier tipo de burocracia no haga que esperen y sufran más las víctimas de los terremotos».
 Alfa y Omega

JESÚS, HIJO DE DIOS ALTÍSIMO ( EVANGELIO DE HOY)



Lectura del santo evangelio según san Marcos (5,1-20):

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la orilla del lago, en la región de los gerasenos. 

Apenas desembarcó, le salió al encuentro, desde el cementerio, donde vivía en los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para domarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras.

Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante Él y gritó a voz en cuello: «¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes.»

Porque Jesús le estaba diciendo: «Espíritu inmundo, sal de este hombre.»

Jesús le preguntó: «¿Cómo te llamas?»

Él respondió: «Me llamo Legión, porque somos muchos.»

Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca. Había cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte. Los espíritus le rogaron: «Déjanos ir y meternos en los cerdos.»

Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al lago y se ahogó en el lago. Los porquerizos echaron a correr y dieron la noticia en el pueblo y en los cortijos. Y la gente fue a ver qué había pasado. 

Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Se quedaron espantados. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su país. 

Mientras se embarcaba, el endemoniado le pidió que lo admitiese en su compañía. Pero no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia.»

El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.

Palabra del Señor

domingo, 29 de enero de 2017

Los niños de Roma con el Papa por la paz

Renovándose, también en 2017, la tradicional peregrinación de la Caravana de la Paz, los chicos y chicas de la Diócesis del Papa llegaron a la Plaza de San Pedro, acompañados por sus padres y educadores. Y una vez más, una niña y un niño se asomaron al lado del Papa Francisco, a la ventana del estudio privado pontificio para proclamar su mensaje.
Después de la oración a la Madre de Dios, el Papa Francisco recordó la 64 Jornada mundial de los enfermos de lepra, con un llamamiento a atender a los que padecen esta enfermedad y a luchar contra la discriminación.
El Obispo de Roma reiteró su cercanía, una vez más, a las poblaciones de Italia central -  que siguen sufriendo las consecuencias del terremoto y del mal tiempo - y pidió que reciban el apoyo de las instituciones y la solidaridad de todos.
«Queridos hermanos y hermanas
Se celebra hoy la Jornada mundial de los enfermos de lepra. Esta enfermedad, aunque en disminución, es aún una de las más temidas  y afecta a los más pobres y marginados. Es importante luchar contra esta enfermedad, pero también contra las discriminaciones que genera. Aliento a cuantos están comprometidos en socorrer y en la reinserción social de las personas afectadas por la lepra, por las cuales aseguramos nuestra oración.
Quisiera renovar también mi cercanía a las poblaciones de Italia central que siguen sufriendo las consecuencias del terremoto y de las difíciles condiciones atmosféricas. Que no falte a estos nuestros hermanos y hermanas el apoyo de las instituciones y de la solidaridad de todos.
Me dirijo ahora a ustedes, chicos y chicas de la Acción Católica, de las parroquias y de las escuelas católicas de Roma.
También este año, acompañados por el Cardenal Vicario, han venido para culminar la Caravana de la Paz, cuyo lema es Rodeados de Paz. Gracias por vuestra presencia y por vuestro generoso empeño en construir una sociedad de paz.
Escuchemos el mensaje que leerán vuestros amigos, aquí a mi lado…»
Luego, como símbolo de paz, se soltaron y dejaron volar numerosos globos de colores
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)

“Las Bienaventuranzas: camino hacia el Reino de Dios”, el Papa en el Ángelus


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
La liturgia de este domingo nos hace meditar sobre las Bienaventuranzas (Cfr. Mt 5,1-12a), que abren el gran discurso llamado el “de la montaña”, la “magna charta” del Nuevo Testamento. Jesús manifiesta la voluntad de Dios de llevar a los hombres a la felicidad. Este mensaje estaba ya presente en la predicación de los profetas: Dios está cerca de los pobres y de los oprimidos y los libera de cuantos los maltratan. Pero en esta predicación, Jesús sigue un camino particular: comienza con el término “bienaventurados”, es decir, felices; prosigue con la indicación de la condición para ser ello; y concluye haciendo una promesa. El motivo de la bienaventuranza, es decir, de la felicidad, no está en la condición pedida – «pobres de espíritu», «afligidos», «los que tienen hambre y sed de justicia», «perseguidos»… – sino en la sucesiva promesa, de recibirlo con fe como don de Dios. Se parte de la condición de dificultad para abrirse al don de Dios y acceder al mundo nuevo, el «reino» anunciado por Jesús. No es un mecanismo automático, sino un camino de vida de seguimiento del Señor, por la cual la realidad de dificultad y de aflicción es vista en una perspectiva nueva y experimentada según la conversión que se actúa. No se es bienaventurado si no se ha convertido, en grado de apreciar y vivir los dones de Dios.
Me detengo en la primera bienaventuranza: «Felices los pobres de espíritu, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos» (v. 4). El pobre de espíritu es aquel que ha asumido los sentimientos y las actitudes de los pobres que en su condición no se rebelan, sino saben ser humildes, dóciles, disponibles a la gracia de Dios. La felicidad de los pobres – de los pobres de espíritu – tiene una doble dimensión: en relación a los bienes y en relación a Dios. En relación a los bienes, a los bienes materiales, esta pobreza de espíritu es sobriedad: no necesariamente renuncia, sino capacidad de gustar lo esencial, de compartir; capacidad de renovar cada día la maravilla por la bondad de las cosas, sin opacarse en el consumo voraz. Más tengo, más quiero; más tengo, más quiero: este es el consumo voraz. Y esto mata el alma. Y el hombre o la mujer que hacen esto, que tienen esta actitud “más tengo, más quiero”, no son felices y no llegaran a la felicidad. En relación a Dios es alabanza y reconocimiento que el mundo es bendición y que en su origen está el amor creador del Padre. Pero es también apertura a Él, docilidad a su señoría: ¡Él es el Señor, es Él el grande, yo no soy grande porque tengo muchas cosas! Es Él el que ha querido el mundo para todos los hombres y lo ha querido para que los hombres sean felices.
El pobre de espíritu es el cristiano que no confía en sí mismo, en sus riquezas materiales, no se obstina en sus propias opiniones, sino escucha con respeto y sigue con gusto las decisiones de los demás. ¡Si en nuestras comunidades existieran más pobres de espíritu, existirían menos divisiones, contrastes y polémicas! La humildad, como la caridad, es una virtud esencial para la convivencia en las comunidades cristianas. Los pobres, en este sentido evangélico, se presentan como aquellos que tienen despierta la meta del Reino de los cielos, haciendo entrever que éste es anticipado en germen en la comunidad fraterna, que prefiere el compartir al poseer. Esto quisiera subrayarlo: preferir el compartir al poseer. Siempre tener el corazón y las manos así, no así. Cuando el corazón es así, es un corazón cerrado: que ni siquiera sabe cómo amar. Cuando el corazón es así, va por el camino del amor.
La Virgen María, modelo y primicia de los pobres de espíritu porque totalmente dócil a la voluntad del Señor, nos ayude a abandonarnos a Dios, rico en misericordia, para que nos colme de sus dones, especialmente de la abundancia de su perdón.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

CÓDIGOS DE FELICIDAD



Hoy se nos ofrece como mensaje evangélico uno de los textos más emblemáticos, el discurso de Jesús, que pronunció en el monte, a la manera mosaica, dando a conocer el nuevo código. Es en una composición un tanto paralela a la promulgación de los mandamientos.
No obstante las proposiciones de felicidad que hace Jesús, la manera de comprender mejor sus palabras es si las interpretamos como la revelación de su propia identidad. Porque si leemos las bienaventuranzas como títulos de bendición, al margen de la vida de Jesús, se hacen totalmente violentas y extrañas. ¿Quién se atreve a decirle al que sufre que está siendo bendecido?
Solo cuando contemplamos que Aquel que tuvo hambre y se dio en comida - “Tomad y comed” -, que quien tuvo sed se dio a Sí mismo como bebida - “Tomad y bebed” - , que el despojado de todo fue quien nos revistió con su túnica, y el que lloró nos ofreció consuelo…, solo entonces nos podemos sentir ungidos con la posibilidad de asociarnos a la entrega del Maestro y gozar del privilegio de ser de sus discípulos.
He comprendido que Jesús es el Bienaventurado, el que vivió la entrega total y el mayor anonadamiento, pero no como código ético, sino como desbordamiento de amor. Se hizo pobre para enriquecernos a todos.
Y creo que la forma de hacer el bien para no humillar con nuestra acción generosa, no es otra que desde las bienaventuranzas. Es fácil, aunque sea inconscientemente, ejercer las obras de misericordia con protagonismo, como apropiándonos de la situación con instinto vanidoso. Hasta cabe que mentalmente pasemos factura por el bien que hemos hecho.
Hoy Jesús nos enseña la clave evangélica de hacer el bien, no como quien se presenta benefactor, sino como quien camina menesteroso, necesitado y humilde. Esta es la consiga que da hoy el profeta Sofonías: “Buscad al Señor los humildes que cumplís sus mandamientos”. Y el salmita subraya: “El Señor hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos”.
Una prueba de cómo y por qué hacemos las cosas es el grado de alegría interior que sentimos, aun en el caso de que no obtengamos el resultado deseado, ni el cumplimiento de nuestros proyectos. En los contratiempos, san Francisco nos invita a la verdadera alegría, que se sustenta solo en Dios.
Ángel Moreno de Buenafuente

Una Iglesia más evangélica

Al formular las bienaventuranzas, Mateo, a diferencia de Lucas, se preocupa de trazar los rasgos que han de caracterizar a los seguidores de Jesús. De ahí la importancia que tienen para nosotros en estos tiempos en que la Iglesia ha de ir encontrando su propio estilo de vida en medio de una sociedad secularizada.
No es posible proponer la Buena Noticia de Jesús de cualquier forma. El Evangelio solo se difunde desde actitudes evangélicas. Las bienaventuranzas nos indican el espíritu que ha de inspirar la actuación de la Iglesia mientras peregrina hacia el Padre. Las hemos de escuchar en actitud de conversión personal y comunitaria. Solo así hemos de caminar hacia el futuro.
Dichosa la Iglesia «pobre de espíritu» y de corazón sencillo, que actúa sin prepotencia ni arrogancia, sin riquezas ni esplendor, sostenida por la autoridad humilde de Jesús. De ella es el reino de Dios.
Dichosa la Iglesia que «llora» con los que lloran y sufre al ser despojada de privilegios y poder, pues podrá compartir mejor la suerte de los perdedores y también el destino de Jesús. Un día será consolada por Dios.
Dichosa la Iglesia que renuncia a imponerse por la fuerza, la coacción o el sometimiento, practicando siempre la mansedumbre de su Maestro y Señor. Heredará un día la tierra prometida.
Dichosa la Iglesia que tiene «hambre y sed de justicia» dentro de sí misma y para el mundo entero, pues buscará su propia conversión y trabajará por una vida más justa y digna para todos, empezando por los últimos. Su anhelo será saciado por Dios.
Dichosa la Iglesia compasiva que renuncia al rigorismo y prefiere la misericordia antes que los sacrificios, pues acogerá a los pecadores y no les ocultará la Buena Noticia de Jesús. Ella alcanzará de Dios misericordia.
Dichosa la Iglesia de «corazón limpio» y conducta transparente, que no encubre sus pecados ni promueve el secretismo o la ambigüedad, pues caminará en la verdad de Jesús. Un día verá a Dios.
Dichosa la Iglesia que «trabaja por la paz» y lucha contra las guerras, que aúna los corazones y siembra concordia, pues contagiará la paz de Jesús que el mundo no puede dar. Ella será hija de Dios.
Dichosa la Iglesia que sufre hostilidad y persecución a causa de la justicia sin rehuir el martirio, pues sabrá llorar con las víctimas y conocerá la cruz de Jesús. De ella es el reino de Dios.
La sociedad actual necesita conocer comunidades cristianas marcadas por este espíritu de las bienaventuranzas. Solo una Iglesia evangélica tiene autoridad y credibilidad para mostrar el rostro de Jesús a los hombres y mujeres de hoy.
José Antonio Pagola

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 1-12a



En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

Palabra del Señor.

sábado, 28 de enero de 2017

Dios también habla en chino: la vida de los católicos procedentes del gigante asiático


En un barrio de Madrid se encuentra el distrito de Europa con más densidad de población china: Usera, el Chinatown de la capital de España. Allí se levanta la parroquia de Nuestra Señora de la Soledad, que debido al aluvión de inmigrantes ha tenido que modificar su pastoral en los últimos años. Su párroco, Daniel Rodríguez, explica que «hemos apostado por formar pequeñas comunidades por nacionalidades: chinos, ecuatorianos, bolivianos…, para después en un segundo paso intentar la integración de todos en una sola comunidad parroquial».
Cuando llegó al barrio hace dos años y medio, Rodríguez se puso a estudiar chino para acercarse más a los inmigrantes del país asiático. Además, creó una pequeña escuela de español para que los nuevos vecinos se pudieran integrar mejor en su país de destino. «Lo mejor es apostar por la integración, ofrecer soluciones para acoger a la gente», dice convencido de que los guetos no favorecen la convivencia.
Además, en Usera estaba el problema de las sectas evangélicas: «Cuando vienen de su país, muchos católicos se meten en las sectas, porque es más fácil para ellos, las dirigen chinos y les acogen en su idioma. Por eso merece la pena cualquier esfuerzo por introducirlos en la parroquia».
Junto a las clases de español y alguna actividad cultural, la parroquia empezó a ofrecer la Eucaristía en chino gracias a varios sacerdotes de allí que estudiaban en Madrid, hasta que al final fue destinado de manera permanente el sacerdote Pablo Liu. A la primera Misa solo asistió una persona, pero hoy las Misas son más concurridas y además muchos bautizados en su país han podido ser rescatados de las sectas. En un año y tres meses de actividades, la comunidad china católica de Usera está formada por 90 adultos, 40 niños y 35 adolescentes. «El que apuesta por la integración se lleva a la gente», resume Daniel.
Una comunidad joven
La de Usera es una más de las diferentes iniciativas de acogida que se realizan en España para acoger a la comunidad china. Hay capellanías específicas para los inmigrantes chinos en Bilbao, Zaragoza, Valencia o Palma, pero la que tiene más historia es la de la diócesis de Madrid, alojada en la parroquia de Santa Rita, vinculada a los agustinos recoletos.
Desde 1923, la orden de los agustinos recoletos tiene misiones en China, donde llevan la pastoral de tres parroquias. Al principio trabajaron sin dificultad, pero la persecución que trajo el comunismo cortó la comunicación entre los agustinos españoles y sus misioneros en la China de Mao. Estuvieron 40 años sin saber nada de ellos, al cabo de los cuales empezaron a llegar las noticias: algunos murieron pero otros habían sobrevivido en la clandestinidad, y poco a poco se retomó la relación entre las dos comunidades. Gracias a la reciente apertura del Gobierno chino, algunos seminaristas y sacerdotes han podido salir a completar sus estudios en el extranjero, y de esta manera han llegado a Madrid en los últimos años algunos agustinos chinos. Poco a poco empezaron a contactar con sus compatriotas y así nació la capellanía, que cumple ahora diez años y que ofrece cada domingo por la tarde Misas, catequesis, cursos prematrimoniales y clases de español. A las actividades acuden familias, niños y jóvenes, porque la comunidad china en España es llamativamente joven.
El Santísimo en casa
En un país de 1.300 millones de personas, los católicos –entre 10 y 15 millones– no son muy numerosos. «En China, poder nacer en una familia católica es un milagro», dice Pedro Liu, sacerdote chino procedente de un pueblo a 500 kilómetros de Pekín, que cada domingo ayuda en las actividades de la capellanía en Santa Rita.
Al ser el menor de cuatro hermanos, los padres de Pedro tuvieron que pagar a las autoridades una suma de dinero para sortear la política del hijo único. Fueron ellos los que hicieron de su hogar una pequeña Iglesia doméstica en la que se reunían los católicos del pueblo para rezar y celebrar la Eucaristía. «En mi casa había una capilla con el Santísimo, y un sacerdote venía una vez al mes para celebrar la Misa de manera discreta. Invitábamos a los vecinos católicos, mientras el resto del pueblo se limitaba a saber que nosotros creíamos en un Dios extranjero, sin más». Pedro hacía de monaguillo en aquellas celebraciones, y ahí nació su vocación, una llamada que se fortaleció cuando un grupo de catequistas del Camino Neocatecumenal procedentes de varios países fue a su pueblo a catequizar. Estudió en el seminario Redemptoris Mater de Madrid. El año pasado recibió la ordenación sacerdotal en la catedral de la capital.
Repartiendo invitaciones
Pero Pedro resume todo su periplo así: «Yo estoy aquí porque Dios me llamó». Y por eso piensa que «si yo estoy aquí es por algo», también para hacer pastoral con la comunidad china en Madrid. De ahí que recientemente haya comenzado a convocar a sus compatriotas para la celebración de la Eucaristía los sábados por la tarde en la parroquia de Nuestra Señora de las Nieves. Siempre que sale, lleva consigo unas invitaciones que reparte en cada tienda de chinos que se encuentra, una labor en la que le ayudan también varios fieles de la parroquia. «Quiero hacerles llegar que hay un Dios, que existe la verdad, que puedan conocer nuestra fe, porque después de tantos años de comunismo muchos ya se están dando cuenta de que lo que les contaron en China no era verdad. El hombre es religioso por naturaleza, y sabe que Dios tiene que existir».
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Alfa y Omega

28 de enero: santo Tomás de Aquino O.P., Doctor de la Iglesia


El último de los hijos varones –en total eran doce hermanos– del matrimonio de aristócratas formado por Landolfo de Aquino y Teodora de Teate nació en Roccaseca, localidad de la Italia, meridional, a finales de 1225. Sus padres quisieron que siguiera la carrera eclesiástica, por lo que sus padres le enviaron al famoso monasterio benedictino de Montecassino. De ahí pasó a Nápoles, donde se formó en Artes y en Teología y entró en contacto con la Orden de Predicadores –los dominicos–, en la que expresó su deseo de ingresar.
Pero sus padres se oponían, llegando incluso su madre a obtener el permiso del Emperador Federico II para que sus hermanos arrestaran a Tomás, que permaneció preso durante un año en el Castillo de San Giovanni, hasta que una mediación de Juan el Teutónico, a la sazón Maestro General de la Orden de Predicadores, ante el Emperador motivó su puesta en libertad. Su siguiente destino fue París. En la capital francesa estuvo una década, profundizando en Teología, especialidad de la que acabó convirtiéndose en un maestro universal.
Allí su referente fue san Alberto Magno, con quien la simbiosis intelectual y personal fue plena. Bajo su batuta, empezó Santo Tomás a escribir sus primera obras y a forjar su estilo intelectual; por ejemplo, distinguiéndose en ciertos aspectos –que no renegando– de la Teología de San Agustín.
Su primer gran aporte fue la resolución del dilema planteado por Averrroes, para quien existía contradicción entre las verdades del entendimiento y la de la Revelación. Santo Tomás, por el contrario, afirmo que eran compatibles, al proceder ambas de Dios, y complementarias pues lo sobrenatural debía ser conocido por la revelación y lo natural por el entendimiento.
Su reputación llegó a Roma, convirtiéndose en consultor del Papa. Un cargo importante que, sin embargo, no mermó su producción intelectual; durante esos años escribió varias obras -como los comentarios al Pseudo-Dionisio y a Aristóteles- e inició la redacción de la Suma Teológica, cima y compendio de su pensamiento. Santo Tomás de Aquino murió en Fossanuova en 1274 a la edad de 49 años.
J.M. Ballester Esquivias (@jmbe12)
Alfa y Omega

¿Quién es este? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!


Lectura del santo Evangelio según san Marcos 4, 35-41
Aquel día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vamos a la otra orilla».
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban . Se levantó una fuerte tempestad, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un cabezal.
Lo despertaron, diciéndole:
«Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar:
«¡Silencio, enmudece!».
El viento cesó y vino una gran calma.
Él les dijo:
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?»
Se llenaron de miedo y se decían unos a otros:
« ¿Pero quién es éste? ¡ Hasta el viento y las aguas le obedecen! ».
Palabra del Señor.

Papa: el miedo a todo, el pecado que paraliza al cristiano

  Que Dios nos libre del pecado que nos paraliza como cristianos: la pusilanimidad, el tener miedo de todo, que no nos permite tener memoria, esperanza, coraje y paciencia. Es, en síntesis, cuanto afirmó el Santo Padre durante la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
La Carta a los Hebreos propuesta por la liturgia del día – afirmó el Papa Francisco – exhorta a vivir la vida cristiana con  tres puntos de referencia: el pasado, el presente y el futuro. Ante todo nos invita a hacer memoria, porque “la vida cristiana no comienza hoy: continúa hoy”. Hacer memoria es “recordar todo”: las cosas buenas y las menos buenas, es poner mi historia “ante Dios”, sin cubrirla o esconderla:
“‘Hermanos, recuerden los primeros tiempos’: los días del entusiasmo, de ir adelante en la fe, cuando se comenzó a vivir la fe, la pruebas sufridas… No se comprende la vida cristiana, incluso la vida espiritual de cada día, sin memoria. No sólo no se comprende: no se puede vivir cristianamente sin memoria. La memoria de la salvación de Dios en mi vida, la memoria de los problemas de mi vida. Pero, ¿cómo me ha salvado el Señor de estos líos? La memoria es una gracia: una gracia que hay que pedir. ‘Señor, que yo no olvide tu paso en mi vida, que yo no olvide los buenos momentos, también los feos; las alegrías y las cruces’. Pero el cristiano es un hombre de memoria”.
Vivir con la esperanza de encontrar a Jesús
Después el autor de la Carta nos hace entender que “estamos en camino, en espera de algo” – dijo el Papa Bergoglio –  en espera de “llegar a un punto: un encuentro; encontrar al Señor”. “Y nos exhorta a vivir con fe”:
“La esperanza: mirar al futuro. Así como no se puede vivir una vida cristiana sin la memoria de los pasos dados, no se puede vivir una vida cristiana sin mirar al futuro con la esperanza del encuentro con el Señor. Y Él dice una frase bella: ‘Todavía un poco…’. ¡La vida es un soplo, eh! Pasa. Cuando uno es joven, piensa que tiene tanto tiempo por delante, pero después la vida nos enseña aquella palabra que decimos todos: ‘¡Cómo pasa el tiempo! A éste lo conocí de niño, ¡ahora se casa! ¡Como pasa el tiempo!’. Pasa rápido. Pero la esperanza de encontrarlo es una vida en tensión, entre la memoria y la esperanza, el pasado y el futuro”.
Vivir el presente con coraje y paciencia
En fin la Carta a los Hebreos invita a vivir el presente, “tantas veces doloroso y triste”, con “coraje y paciencia”: es decir, con franqueza, sin vergüenza y soportando las vicisitudes de la vida, llevando todo sobre los hombros. “Somos pecadores – dijo Francisco – todos lo somos. Pero vayamos adelante con coraje y con paciencia. No nos quedemos ahí, detenidos, porque esto no nos hará crecer”.
El pecado que paraliza al cristiano: la pusilanimidad
Por último, el Pontífice comentó que el autor de la Carta a los Hebreos exhorta a no cometer el pecado que no nos hace tener memoria, esperanza, coraje y paciencia: la pusilanimidad.
“‘No correr el riesgo, por favor, no… la prudencia…’. Los mandamientos, todos, todos… Sí, es verdad, pero esto te paraliza también, te hace olvidar las tantas gracias recibidas, te quieta la memoria, te quita la esperanza porque no te deja ir. Y el presente de un cristiano, de una cristiana así es como cuando uno va por la calle y viene una lluvia inesperada y el vestido no es tan bueno y se encoge la tela… Almas estrechas… ésta es la pusilanimidad: éste es el pecado contra la memoria, el coraje, la paciencia y la esperanza. Que el Señor nos haga crecer en la memoria, nos haga crecer en la esperanza, nos dé cada día coraje y paciencia y nos libere de esa cosa que es la pusilanimidad, tener miedo de todo…. Almas restringidas para conservarse. Y Jesús dice: ‘El que quiera conservar su propia vida, la pierde’”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

viernes, 27 de enero de 2017

Los obispos de México y Estados Unidos, unidos contra la construcción de muro en la frontera

Los obispos mexicanos y estadounidenses se han unido en contra del muro con el que Donald Trump quiere "proteger" a su país de la inmigración. En dos comunicados, los prelados del norte y el sur del Río Grande mostraron su "profundo dolor" por el anuncio del presidente de EE.UU., que "pondrá innecesariamente en peligro las vidas de inmigrantes".
En su nota, la Conferencia del Episcopado Mexicano calificó el muro de "inhumana intereferencia" en la vida de millones de personas. Al tiempo, advierte a Trump que la Iglesia, en México o en EE.UU. "seguirá apoyando cercana y solidariamente" a los migrantes a ambos lados de la frontera, como llevan haciéndolo desde hace más de dos décadas.
"Expresamos nuestro dolor y rechazo a la construcción de este muro, e invitamos respetuosamente a hacer una reflexión más profunda acerca de los modos como puede procurarse la seguridad, el desarrollo, la activación del empleo y otras medidas, necesarias y justas, sin provocar más daños de los que ya sufren los más pobres y vulnerables", afirma el comunicado de la CEM.
"Seguiremos apoyando cercana y solidariamente a tantos hermanos nuestros que provienen de Centro y Sudamérica, y que van en tránsito a través de nuestro país hacia Estados Unidos", recalca el episcopado mexicano, que concluye pidiendo a las autoridades del país que continúen "en la búsqueda de acuerdos" que el país vecino para que "se salvaguarde la dignidad y el respeto" de los migrantes, quienes sólo buscan "mejores oportunidades de vida".
 Por su parte, los obispos de Estados Unidos señalaron que la construcción del muro prometido por Trump en la frontera con México "aumentará significativamente la detención y deportación de inmigrantes" y hará "caso omiso de la sentencia de cumplimiento de la ley estatal y local sobre la mejor manera de proteger a sus comunidades".
El obispo Joe Vásquez, presidente del Comité de Migración y Obispo de la Diócesis de Austin, declaró: "Estoy descorazonado porque el presidente ha dado prioridad a construir un muro en nuestra frontera con México" y porque "esta acción pondrá innecesariamente en peligro las vidas de inmigrantes".
"La construcción de ese muro solo hará que los migrantes, especialmente las mujeres y niños, sean más vulnerables a los traficantes y a los contrabandistas"dijo. Y añadió que "la construcción de un muro de tales dimensiones desestabiliza a muchas comunidades vivas y muy bien conectadas entre ellas que viven en paz a lo largo de la frontera".
"En lugar construir ahora muros, mis hermanos obispos y yo continuaremos a seguir el ejemplo de Francisco. Nosotros buscaremos construir puentes entre las personas, los puentes que nos permiten romper las barreras de la exclusión y la explotación", indicó.
Consideró además que "el anunciado incremento de espacio de detención para inmigrantes y las actividades de control de la inmigración es alarmante", porque "desgarrará a familias y provocará miedo y pánico en las comunidades".
"Respetamos el derecho de nuestro gobierno federal de controlar nuestras fronteras y garantizar la seguridad para todos los estadounidenses, pero no creemos que una acción en gran escala para la detención de inmigrantes y el creciente intensivo uso de control en comunidades inmigrantes sea el camino para obtener esas metas", afirma el obispo.
"Seguiremos -concluye el comunicado- apoyando y solidarizándonos con las familias inmigrantes. Recordamos a nuestras comunidades y a nuestra nación, que estas familias tienen un valor intrínseco como hijos de Dios. Y a todos los afectados por la decisión de hoy, de que estamos aquí para caminar con ellos y acompañarlos en esta ocasión".
Jesús Bastante

Gracias por todo


La palabra gracias proviene del latín gratia, la cual deriva de gratus (agradable, agradecido). Gratia significa la honra o alabanza que se tributa a otro, para luego significar el reconocimiento de un favor.
Todos sabemos que el agradecimiento es algo indispensable en la vida, pues cada uno de nosotros hemos recibido algo de alguien. En general, todos hemos recibido muchísimos favores desde que nacimos. Las bendiciones de nuestra vida son difíciles de contar.
El hecho de ser agradecidos tiene mucho que ver con nuestra humildad o falta de ésta. Un corazón humilde recibe y luego agradece. Un corazón soberbio, por más que reciba, nunca agradecerá. Nuestra soberbia comúnmente nos hace pensar que merecemos más de lo que tenemos, y que lo que tenemos no es suficiente, o no es precisamente lo que queremos.
Pero si reflexionamos en ello, podemos hacer el siguiente planteamiento: si no valoramos lo que tenemos, ¿qué nos hace pensar que merecemos más? O ¿qué nos hace creer que si pedimos y recibimos más seremos felices, si no somos agradecidos con lo que ya tenemos?
Una persona que agradece, comúnmente recibe más y se siente feliz con lo que tiene, es decir, se siente satisfecha y en paz. Una persona que no agradece, es común que carezca de muchas cosas, así como que se sienta frustrada y ansiosa, es decir, infeliz. En otras palabras, el ser agradecidos nos lleva a la alegría, mientras que el ser malagradecidos nos conduce a la amargura.
La falta de agradecimiento está ligada a un estado de insaciedad, a la exigencia, al afán, al enojo, a un falso sentimiento de “injusticia” en el que creemos que somos mucho mejores de lo que en verdad somos.
Es aceptable querer tener más y luchar por tenerlo, pero lo que no es aceptable es no reconocer ni valorar lo que ya tenemos. Todo proviene de la fuente de abundancia que es Dios, sus favores son nuevos cada mañana, siempre hay mucho que agradecer. Sin embargo, a veces nos levantamos y nos enrolamos en la rutina de manera tan apurada y repentina que no tenemos el tiempo ni el cuidado de ver todo lo que nos rodea, toda la provisión que ya ha sido puesta delante de nosotros, mucho antes de abrir los ojos.
Si nos proponemos el ejercicio de agradecer por la mañana todo lo que nos venga a la mente, mientras nos vestimos o manejamos, encontraremos una visión nueva, una perspectiva más objetiva entre lo que tenemos y lo que nos hace falta. Esto traerá paz a nuestra alma y agradecimiento sincero a nuestro corazón. Cuando le damos las gracias al Creador, Él multiplica las bendiciones, nos otorga nuevos talentos, pues nos considera seres responsables, sencillos y capaces de multiplicar dichos talentos.
A una persona que siempre pide, pero nunca agradece, ¿para qué habría de darle más? Alguien que valora lo que tiene, así sea mucho o poco, le da el mejor uso y procura aprovecharlo al máximo, sin quejarse. La felicidad no proviene de los objetos sino de una actitud correcta del corazón.
Dios espera nuestra gratitud ante todo lo que nos da, y también quiere corazones agradecidos. Si nos dio mucho, mucho nos demandará cuando estemos en su presencia.
Zenit