jueves, 29 de septiembre de 2016

Papa: urgente imperativo proteger a los civiles en Alepo. Los responsables de los bombardeos rendirán cuentas a Dios

Una vez más, en la Plaza de San Pedro, se elevó la oración del Obispo de Roma por las trágicas noticias que llegan desde Siria.
En la última audiencia general de septiembre, ante el agravamiento del conflicto y de la crisis humanitaria que sufre la población civil en la ciudad siria de Alepo, el Papa Francisco renovó un apremiante llamamiento, reiterando su oración, su preocupación y su dolor por las víctimas inocentes:
«Mi pensamiento se dirige otra vez a la amada y masacrada Siria. Me siguen llegando noticias dramáticas sobre el destino de las poblaciones de Alepo, a las cuales me siento unido en el sufrimiento, a través de la oración y la cercanía espiritual. Mientras expreso profundo dolor y viva preocupación por lo que sucede en esta ya atormentada ciudad, en la que mueren niños, ancianos, enfermos, jóvenes, viejos, todos…
Renuevo a todos mi llamamiento a comprometerse con todas sus fuerzas en la protección de los civiles, como obligación imperativa y urgente.
Dirijo un llamamiento a la conciencia de los responsables de los bombardeos que deberán rendir cuentas ante Dios».
Ente los numerosos peregrinos que acudieron de tantas partes del mundo al encuentro semanal con el Santo Padre, también un grupo de la Diócesis del Papa, con motivo de la celebración de un encuentro organizado por la pastoral familiar:
«Saludo a la delegación de la Diócesis de Roma que ha preparado la Semana de la Familia, que tendrá lugar del 2 al 8 de octubre. Dentro de poco, encenderé  para ellos una antorcha, símbolo del amor de las familias de Roma y del mundo entero».
La cercanía del Santo Padre también ante las situaciones de desempleo y los problemas laborales, como en su saludo a un grupo de obreros de la ciudad italiana de Potenza, en la región de Basilicata encabezados por su Arzobispo:
«Dirijo un pensamiento especial al Arzobispo de Potenza y al grupo de obreros despedidos de Basilicata, con el anhelo de la grave coyuntura ocupacional pueda encontrar una solución positiva, mediante un incisivo compromiso de parte de todos para abrir caminos de esperanza. No puede subir más el porcentaje del desempleo».
También un saludo especial del Santo Padre a más de 800 peregrinos de la Diócesis italiana de Ascoli Piceno, con su cercanía ante el gran sufrimiento que vivieron debido al fuerte terremoto que asoló recientemente esa región.
En la víspera de la fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, el Papa Francisco alentó a encomendarnos a ellos, junto con nuestros seres queridos:
«En la liturgia de mañana celebramos la fiesta de los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. «Son todos ellos espíritus al servicio de Dios, enviados en ayuda de los que van a heredar la salvación» (Heb 1,14). Debemos tener conciencia de su invisible presencia. Invoquémoslos en la oración, para que en cada momento nos recuerden la presencia de Dios, nos apoyen en la lucha contra el mal y nos conduzcan seguros por las sendas de nuestra vida. Encomendémosles a nosotros mismos, a nuestros seres queridos y todo lo que llevamos en el corazón».
El ejemplo de San Vicente de Paúl, fundador de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, en las palabras de aliento del Papa a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados:
«Que el ejemplo de caridad de San Vicente de Paúl, que recordamos ayer como Patrono de las Asociaciones de caridad, los conduzca a ustedes, queridos jóvenes, a realizar los proyectos de su futuro con un alegre y desinteresado servicio al prójimo. Que los ayude a ustedes, queridos enfermos a afrontar el sufrimiento con la mirada puesta en Jesús. Y que los impulse a ustedes, queridos recién casados a construir una familia siempre abierta a los pobres y al don de la vida»
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)

“Jesús, misericordia del Padre ha venido para salvar lo que estaba perdido”, el Papa en la catequesis

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Las palabras que Jesús pronuncia durante su Pasión encuentran su culmen en el perdón. Las palabras de Jesús encuentran su culmen en el perdón. Jesús perdona: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). No sólo son palabras, porque se hacen un acto concreto en el perdón ofrecido al “buen ladrón”, que estaba junto a Él. San Lucas narra de dos ladrones crucificados con Jesús, los cuales se dirigen a Él con actitudes opuestas.
El primero lo insulta, como lo insultaba toda la gente, ahí, como hacen los jefes del pueblo, pero este pobre hombre, llevado por la desesperación: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros» (Lc 23,39). Este grito testimonia la angustia del hombre ante el misterio de la muerte y la trágica conciencia que sólo Dios puede ser la respuesta liberadora: por eso es impensable que el Mesías, el enviado de Dios, pueda estar en la cruz sin hacer nada para salvarse. Y no entendían esto. No entendían el misterio del sacrificio de Jesús. Y en cambio, Jesús nos ha salvado permaneciendo en la cruz. Y todos nosotros sabemos que no es fácil “permanecer en la cruz”, en nuestras pequeñas cruces de cada día: no es fácil. Él, en esta gran cruz, en este gran sufrimiento, se quedó así y ahí nos ha mostrado su omnipotencia y ahí nos ha perdonado. Ahí se cumple su donación de amor y surge para siempre nuestra salvación. Muriendo en la cruz, inocente entre dos criminales, Él testimonia que la salvación de Dios puede alcanzar a todo hombre en cualquier condición, incluso en la más negativa y dolorosa. La salvación de Dios es para todos: ¡para todos! Ninguno es excluido. Y la oferta es para todos. Por esto el Jubileo es el tiempo de gracia y de misericordia para todos, buenos y malos, para aquellos que están bien y para aquellos que sufren. Pero acuérdense de aquella parábola que narra Jesús en la fiesta de bodas de un hijo de un poderoso de la tierra: cuando los invitados no querían ir, dice a sus servidores: “Vayan al cruce de los caminos, llamen a todos, buenos y malos…”. Todos somos llamados: buenos y malos. La Iglesia no es solamente para los buenos o para aquellos que parecen buenos o se creen buenos; la Iglesia es para todos, y preferiblemente para los malos, porque la Iglesia es misericordia. Y este tiempo de gracia y de misericordia nos hace recordar que ¡nada nos puede separar del amor de Cristo! (Cfr. Rm 8,39). Para quien esta inmovilizado en una cama de un hospital, para quien vive cerrado en una prisión, para cuantos están atrapados por las guerras, yo digo: miren el Crucifijo; Dios está con nosotros, permanece con ustedes en la cruz y a todos se ofrece como Salvador. Él nos acompaña, a todos nosotros, a ustedes que sufren tanto, crucificado por ustedes, por nosotros, por todos. Dejen que la fuerza del Evangelio penetre en sus corazones y los consuele, les de esperanza y la íntima certeza que ninguno está excluido de su perdón. Pero ustedes pueden preguntarme: “Pero Padre, ¿Quién que ha hecho las cosas más malas en la vida, tiene la posibilidad de ser perdonado?” “¡Sí! Si: ninguno está excluido del perdón de Dios. Solamente quien se acerca a Jesús, arrepentido y con las ganas de ser abrazado”.

Este era el primer ladrón. El otro es el llamado “buen ladrón”. Sus palabras son un maravilloso modelo de arrepentimiento, una catequesis concentrada para aprender a pedir perdón a Jesús. Primero, él se dirige a su compañero: «Pero tú, ¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? ?» (Lc 23,40). Así subraya el punto de partida del arrepentimiento: el temor de Dios. No el miedo de Dios, no: el temor filial de Dios. No es el miedo, sino aquel respeto que se debe a Dios porque Él es Dios. Es un respeto filial porque Él es Padre. El buen ladrón evoca la actitud fundamental que abre a la confianza en Dios: la conciencia de su omnipotencia y de su infinita bondad. Es este respeto confiado que ayuda a hacer espacio a Dios y a encomendarse a su misericordia.
Luego, el buen ladrón declara la inocencia de Jesús y confiesa abiertamente su propia culpa: «Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo» (Lc 23,41): así dice. Por lo tanto, Jesús está ahí en la cruz para estar con los culpables: a través de esta cercanía, Él ofrece a ellos la salvación. Lo que es un escándalo para los jefes y para el primer ladrón, para aquellos que estaban ahí y se burlaban de Jesús, esto en cambio es el fundamento de su fe. Y así el buen ladrón se convierte en testigo de la Gracia; lo impensable ha sucedido: Dios me ha amado a tal punto que ha muerto en la cruz por mí. La fe misma de este hombre es fruto de la gracia de Cristo: sus ojos contemplan en el Crucificado el amor de Dios por él, pobre pecador. Es verdad, era ladrón, era un ladrón: es verdad. Había robado toda su vida. Pero al final, arrepentido de aquello que había hecho, mirando a Jesús tan bueno y misericordioso ha logrado robarse el cielo: ¡éste es un buen ladrón!

Finalmente, el buen ladrón se dirige directamente a Jesús, invocando su ayuda: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino» (Lc 23,42). Lo llama por nombre, “Jesús”, con confianza, y así confiesa lo que este nombre indica: “el Señor salva”: esto significa “Jesús”. Aquel hombre pide a Jesús que se recuerde de él. ¡Cuánta ternura en esta expresión, cuánta humanidad! Es la necesidad del ser humano de no ser abandonado, que Dios le esté siempre cercano. De este modo un condenado a muerte se convierte en modelo del cristiano que confía en Jesús. Esto es profundo: un condenado a muerte es un modelo para nosotros. Un modelo de un hombre, de un cristiano que confía en Jesús; y también modelo de la Iglesia que en la liturgia muchas veces invoca al Señor diciendo: “Acuérdate… Acuérdate… Acuérdate de tu amor…”.
Mientras el buen ladrón habla en futuro: «Cuando vengas a establecer tu Reino», la respuesta de Jesús no se hace esperar; habla en presente: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso» (v. 43). En la hora de la cruz, la salvación de Cristo alcanza su culmen; y su promesa al buen ladrón revela el cumplimiento de su misión: es decir, salvar a los pecadores. Al inicio de su ministerio, en la sinagoga de Nazaret, Jesús había proclamado: «la liberación a los cautivos» (Lc 4,18); en Jericó, en la casa del publicano Zaqueo, había declarado que «el Hijo del hombre – es decir, Él – vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido» (Lc 19,9). En la cruz, el último acto confirma la realización de este diseño salvífico. Desde el inicio y hasta el final Él se ha revelado Misericordia, se ha revelado la encarnación definitiva e irrepetible del amor del Padre. Jesús es de verdad el rosto de la misericordia del Padre. Y el buen ladrón lo ha llamado por nombre: “Jesús”. Es una oración breve, y todos nosotros podemos hacerla durante la jornada muchas veces: “Jesús”. “Jesús”, simplemente. Hagámosla juntos tres veces, todos juntos, vamos: “Jesús”, Jesús, Jesús”. Y así háganlo durante todo el día. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

miércoles, 28 de septiembre de 2016

El Papa llevará esperanza a los pocos católicos de Georgia y Azerbaiyán en próximo viaje


El Papa Francisco emprende del 30 de septiembre al 2 de octubre una visita apostólica en Georgia y Azerbaiyán, en Europa oriental. Se trata de su viaje internacional número 14 y de la segunda parte del que ya efectuó el pasado mes de junio a Armenia. Será una visita de un marcado carácter ecuménico.
Georgia
Este pequeño país tiene una superficie de 69.700 km2 y una población de unos 4 millones y medio de habitantes de los cuales 112.000 son católicos.
En este país hay 32 parroquias, 2 obispos, 14 sacerdotes diocesanos y 14 sacerdotes religiosos. También hay 37 religiosas y 10 misioneros laicos, así como 45 catequistas.
En la actualidad se forman en este país 2 seminaristas menores y 12 seminaristas mayores.
Las escuelas maternas o de primaria que pertenecen a la Iglesia son 2 (con unos 50 estudiantes) y solo hay una única universidad católica con cerca de 2010 alumnos.
Además, hay 9 ambulatorios que pertenecen a la Iglesia, 1 residencia de ancianos y 1 orfanato.
Azerbaiyán
Posee 86.600 km2 y una población de 9.642 de los cuales sólo 570 personas son católicas.
En Azerbaiyán existe 1 sola parroquia y 1 centro pastoral. Tiene a un vicario apostólico (no obispo) y 7 sacerdotes. Además, hay 3 religiosos que no son sacerdotes, 7 religiosas profesas, 2 misioneros laicos y 4 catequistas. Sólo hay 1 seminarista mayor.
Existe 1 casa para ancianos propiedad de la Iglesia católica.
ACI/Alvaro de Juana

El Papa: “No se puede entender el cristianismo sin sus raíces judías”


El diálogo y la amistad entre judíos y católicos, y entre estos y los musulmanes, la acogida de los inmigrantes a pesar de los temores unidos al fundamentalismo terrorista y la memoria de la Shoah. Estos han sido los principales temas afrontados por el papa Francisco –indica una nota del Osservatore Romano– durante el diálogo con los miembros del Consejo judío mundial, reunidos en la tarde del 26 de septiembre en Santa Marta.
Siete intervenciones –una introducción y seis preguntas en varias lenguas– han guiado la conversación, en la que el Pontífice ha participado respondiendo en italiano.
El Santo Padre agradeció “esta visita tan amistosa” y el “esfuerzo de acercarse, porque la cercanía es una bendición de Dios”. Sin embargo –añadió– cuando nos alejamos vienen las cosas feas, las antipatías, las guerras. Y nuestra cercanía no es solamente física, de buena educación.
Asimismo, Francisco subrayó que “no se puede entender el cristianismo sin sus raíces judías. Y por eso un cristiano no puede ser antisemita”. El diálogo entre católicos y judíos –precisó– es un caminar juntos, acercarse el uno al otro, conocerse mejor, dialogar, hacer amistad e ir adelante.
Abordando la relación con los musulmanes, el Santo Padre respondió que en la base de la propio experiencia personal ayudan mucho en este proceso “la cercanía y la mansedumbre. No tener miedo de hablar”.
En esta línea observó que “el fundamentalismo es el enemigo del diálogo”. Y con los que no son fundamentalistas es necesario “hablar como hermanos”.
Zenit

Merkel rechaza por principios escoger a los refugiados según su religión


La canciller alemana, Angela Merkel, recordó hoy que la libertad religiosa forma parte del sistema de valores europeo e impide diferenciar entre refugiados según sus creencias, después de que algunos países de la UE hayan señalado que prefieren acoger a cristianos antes que a musulmanes.
En rueda de prensa en la Cancillería junto al primer ministro de Malasia, Najib Razak, Merkel reiteró que la Unión Europea (UE) tiene un "deber humanitario" ante los refugiados que huyen de la guerra en Siria y los que huyen de los terroristas del Estado Islámico en Irak.
"Nuestro sistema de valores reconoce la libertad religiosa y eso significa que no diferenciamos entre personas de creencias cristianos o musulmanas", ofreciendo a unos protección y a otros no, señaló la canciller.
Ese principio, añadió, debe reflejares en la política de todos los países europeos.
Países del este de la UE, como Hungría y Polonia, se han opuesto al sistema de reparto de refugiados en territorio comunitario y han alertado de los riesgos que, a su juicio, conlleva la masiva llegada de solicitantes de asilo musulmanes. (RD/EFE)

Te seguiré adondequiera que vayas


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 9, 57-62
En aquel tiempo, mientras Jesús y sus discípulos iban de camino, le dijo uno:
«Te seguiré adondequiera que vayas».
Jesús le respondió:
«Las zorras tienen madriguera, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
A otro le dijo:
-«Sígueme»
Él respondió:
-«Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre».
Le contestó:
-«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».
Otro le dijo:
-«Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia».
Jesús le contestó:
-«El que echa mano al arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».
Palabra del Señor.

Papa: vencer la desolación espiritual con la oración

Qué sucede en nuestro corazón cuando experimentamos la “desolación espiritual”? Es la pregunta que el Papa Francisco planteó en su homilía de la Misa matutina centrada en la figura de Job. El Santo Padre hizo hincapié en la importancia del silencio y de la oración para vencer los momentos más oscuros. Y con ocasión de la memoria litúrgica de San Vicente de Paúl, ofreció esta celebración eucarística por las religiosas vicentinas, las Hijas de la Caridad, que presentan servicio precisamente en la Casa de Santa Marta.
“Job tenía problemas: había perdido todo”. El Papa Bergoglio desarrolló su homilía a partir de la Primera Lectura que nos muestra a Job que ha perdido todos sus bienes, e incluso a sus hijos, si bien aunque se siente perdido, no maldice al Señor.
Todos antes o después vivimos una gran desolación espiritual
Job vive una gran “desolación espiritual” y de deshago ante Dios. Es el desahogo de un “hijo ante el padre”. Así se comporta también el profeta Jeremías quien se desahoga con el Señor. Pero ambos jamás blasfeman:
“La desolación espiritual es algo que nos sucede a todos nosotros: puede ser más fuerte, más débil… Pero aquel estado oscuro del alma, sin esperanza, difidente, sin ganas de vivir, sin ver el fin del túnel, con tanta agitación en el corazón y también en las ideas… La desolación espiritual nos hace sentir como si tuviéramos el alma aplastada: no logra, no logra, y tampoco quiere vivir: ‘¡Es mejor la muerte!’. Es el deshago de Job. Mejor morir que vivir así. Nosotros debemos comprender cuando nuestro espíritu se encuentra en este estado de tristeza extendida, que casi no hay respiración: a todos nosotros nos sucede esto. Fuerte o no fuerte… A todos nosotros. Entender qué sucede en nuestro corazón”.
Esta es la pregunta que podemos hacernos, añadió el Papa: ¿Qué se debe hacer cuando nosotros vivimos estos momentos oscuros, a causa de una tragedia familiar, de una enfermedad, o cualquier cosa que nos deprima? Y agregó que hay quien piensa en tomar una pastilla para dormir y alejarse de los hechos, o tomar dos, tres o cuatro copas. A la vez que recordó que esto no ayuda. Mientras la liturgia del día – dijo Francisco – “nos hace ver qué hacer con esta desolación espiritual, cuando somos tibios, estamos decaídos y sin esperanza”.
Cuando nos sintamos perdidos, rezar a Dios con insistencia
En el Salmo responsorial, el 87, está la respuesta, recordó el Papa: “Que llegue a ti  mi oración Señor”. Es necesario rezar – dijo el Obispo de Roma –, rezar con fuerza, como hizo Job: gritar día y noche a fin de que Dios nos escuche:
“Es la oración de llamar a la puerta, ¡pero con fuerza! ‘Señor, estoy lleno de desventuras. Mi vida está al borde del infierno. Estoy entre aquellos que descienden a la fosa, soy como un hombre ya sin fuerzas’. Cuántas veces nos sentimos así, sin fuerzas… Y ésta es la oración. El mismo Señor nos enseña a rezar en estos momentos feos. ‘Señor, me has echado en lo profundo de la fosa. Pesa sobre mí tu furor. Que mi oración llegue hasta ti’. Ésta es la oración: así debemos rezar en los momentos más feos, más oscuros, de mayor desolación, más aplastados, que precisamente nos aplastan. Esto es rezar con autenticidad. Y también desahogarse como se desahogó Job con sus hijos. Como un hijo”.
El Libro de Job también habla del silencio de los amigos. Ante una persona que sufre – dijo elPapa – “las palabras pueden hacer mal”. Lo que cuenta es estar cerca, hacer sentir la cercanía, “y no hacer razonamientos”.
Silencio, presencia y oración, así se ayuda verdaderamente a quien sufre
“Cuando una persona sufre, cuando una persona se encuentra en la desolación espiritual – reafirmó Francisco – se debe hablar lo menos posible y se debe ayudar con el silencio, la cercanía, las caricias y su oración ante el Padre”:
“Primero: reconocer en nosotros los momentos de la desolación espiritual, cuando estamos en la oscuridad, sin esperanza, y preguntarnos por qué. Segundo: rezar al Señor como nos enseña hoy la liturgia con este Salmo 87 en el momento de la oscuridad. ‘Que mi oración llegue a ti, Señor’. Y tercero: cuando yo me acerco a una persona que sufre, tanto por enfermedad como por cualquier tipo de sufrimiento, pero que es propio de la desolación, silencio; pero silencio con tanto amor, cercanía, caricias. Y no hacer razonamientos que al final no ayudan, sino que incluso le hacen mal”.
“Oremos al Señor  –  concluyó Francisco – para que nos dé estas tres gracias: la gracia de reconocer la desolación espiritual, la gracia de rezar cuando nosotros nos encontremos sometidos a este estado de desolación espiritual, y también la gracia de saber acompañar a las personas que sufren momentos feos de tristeza y de desolación espiritual”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

lunes, 26 de septiembre de 2016

"Estuve preso y me visitasteis"


En este mes de septiembre, el calendario nos ofrece la oportunidad de acercarnos al mundo de la cárcel: el pasado día 24 se celebró la fiesta de la Virgen de la Merced, patrona de las Instituciones Penitenciarias. Ella, en efecto, es la buena Madre que nos acerca a Aquel que nos libera de todas nuestras esclavitudes. Y esta fiesta, en el Año Jubilar de la Misericordia, tiene para nosotros una resonancia especial.
Cuando hablamos de «redimir al cautivo», que es una de las obras de misericordia que hemos querido ir recorriendo a lo largo de este tiempo, resuenan en nosotros los textos bíblicos que nos invitan a acordarnos de los que están encarcelados y a sentir con ellos su sufrimiento y su esperanza de liberación. No olvidemos aquel pasaje relativo al juicio final donde el mismo Jesús nos recuerda algo que al hacerlo a los demás se hace a Él mismo: «...estuve preso y me visitásteis» (Mt 25).
Tenemos que reconocer que el mundo de la prisión nos queda bastante alejado: las casi cuatrocientas personas que viven en nuestra prisión de Burgos, para muchos no dejan de ser exclusivamente un simple número. Por eso, la cárcel es hoy una de esas periferias a las que tenemos que acercarnos. Yo mismo, una de las primeras visitas que realicé a mi llegada a Burgos fue precisamente a la cárcel, visita de la que guardo un hondo recuerdo. Me alegra también que, a lo largo del año, bastantes parroquias os hayáis acercado a la prisión para celebrar vuestra fe con esas personas privadas de libertad y compartir con ellas un rato de animosa y cálida tertulia.
Igualmente me alegra que un grupo numeroso de sacerdotes de nuestro presbiterio realice labores de voluntariado, que permiten ayudar a normalizar su vida a las personas que están a punto de recobrar la libertad. Agradezco también al grupo de voluntariado que, desde la Capellanía de la Cárcel, comparten semanalmente diferentes actividades formativas, culturales, lúdicas y, por supuesto, de celebración de la fe.
En este sentido es obligado e imprescindible por parte de la Iglesia diocesana resaltar y agradecer el magnífico e incalculable servicio que durante estos 25 últimos años ha realizado D. José Baldomero Fernández de Pinedo Arnáiz. Los sacerdotes que toman ahora el relevo en la Capellanía, D. Fermín Ángel González López y D. Jesús María Álvarez Martínez, proseguirán sin duda esta ejemplar tarea realizada.
Todas las iniciativas mencionadas no dejan de ser pequeños gestos de misericordia que, desde el trato cercano y personal, contrarrestan la vorágine de despersonalización que puede manifestarse en la cárcel.
Me uno al diagnóstico que el papa Francisco hacía en la visita a un penal en Ciudad Juárez (Méjico): «Las cárceles son un síntoma de cómo estamos en la sociedad, son un síntoma en muchos casos de silencios y de omisiones que han provocado una cultura del descarte. Son un síntoma de una cultura que ha dejado de apostar por la vida; de una sociedad que, poco a poco, ha ido abandonando a sus hijos». En efecto, pensamos que los problemas se solucionan apartando, aislando, encarcelando, alejando, olvidando, castigando... Y así solo alentamos el círculo de la violencia y de la exclusión.
Jesús nos indica, sin embargo, que hay otros caminos diferentes que sí que son capaces de rehabilitar y reinsertar: caminos que pasan siempre por la misericordia entrañable que a lo largo de este año venimos celebrando. Dios siempre nos ama infinita e incondicionalmente, por encima de nuestro actuar. Dios abraza, acoge, perdona, comprende, acompaña, nos lleva de la mano y nos reconcilia con nosotros mismos recordándonos siempre nuestra inviolable dignidad de hijos. Sólo la medicina de la misericordia sabe poner a cada persona en el centro, sanándola de sus actos y comportamientos, y reinsertándola así en la sociedad.
Cuando miramos como Dios, desde la misericordia, nuestra mirada a cada persona privada de libertad también se transforma: no es una mirada que condena, sino que es la mirada que posibilita el acompañamiento, la liberación y la esperanza. Es la mirada que se interroga interiormente y que hasta llega a preguntarse, como hace el papa Francisco cuando entra en una cárcel: «¿Por qué ellos y no yo?» Todos cuantos están privados de libertad, por los motivos que sean, esperan ser liberados de su situación. Son hermanos nuestros que necesitan ser visitados por el Evangelio y por sus mensajeros. Son personas que necesitan nuestra oración, nuestro recuerdo, nuestro apoyo, nuestro tiempo.
Mis últimas palabras quisiera que fueran para las personas privadas de libertad: me gustaría que cada uno de vosotros viváis este tiempo no como tiempo perdido, sino como una nueva e importante oportunidad en vuestras vidas. No cuenta tanto el por qué estamos aquí, sino el para qué. Que Dios os ayude, os bendiga y derrame su misericordia entre vosotros, a través de nuestra Virgen de la Merced.
(Fidel Herráez, arzobispo de Burgos)

Manos manchadas de sangre


El reciente discurso de Ban Ki-moon en la 71 Asamblea General de las Naciones Unidas no debe pasar inadvertido. Luego de 10 años de Secretario General de la ONU, el estadista surcoreano se despide de sus funciones haciendo un balance de su gestión con un discurso sumamente realista, duro y desolador, aunque con signos de esperanza.
El mundo es un lugar terrible, muchos, muchos niños y jóvenes, viven en peligro día a día. La tierra nos ataca con océanos que se alzan, records de temperatura, tormentas extremas. La vida de la humanidad está en peligro.
En estos años los conflictos armados han crecido. Ban Ki-moon cita entre otros, los conflictos de Yemen, Irak, Afganistán, Ucrania. Corea del Norte y sobre todo la guerra de Siria, una guerra que no tiene solución militar. Aquí sus palabras se vuelven duras: poderosos mecenas siguen alimentando la máquina de la guerra de Siria, tienen las manos machadas de sangre. Y se dirige a los representantes de gobiernos allí presentes para denunciar a los gobiernos que ignoran, facilitan, organizan y llevan a cabo las atrocidades infligidas contra civiles sirios. Directamente menciona la crueldad del gobierno sirio.
Critica también a los líderes palestinos e israelíes por falta de avances para resolver el conflicto de Oriente Medio. Negar a los palestinos su libertad y su futuro es una locura, abandonar la idea de los dos Estados, está condenado a la perdición.
Ban Ki-moon constata también la brecha de confianza que separa a los ciudadanos de sus líderes, lo cual es aprovechado por los extremistas. Y critica a los dirigentes que cambian la Constitución para agarrarse al poder: los líderes han de prestar servicio al pueblo, no ir contra la democracia ni eliminar las críticas.

La Naciones Unidas no escapan de la crítica, hay que reformar la ONU para que la decisión de un país no detenga su maquinaria...
En medio de este panorama desolador hay señales de esperanza como la paz en Colombia o los juicios contra genocidas de Ruanda y la ex Yugoeslavia, los avances técnicos favorecen la comunicación...
El motor del cambio es el pueblo, el poder popular puede cambiar el mundo. Pero para el cambio se requiere reconocer los derechos humanos universales, cerrar las brecha entre ricos y pobres, poner en práctica los acuerdos de París sobre el medio ambiente, fomentar un desarrollo inclusivo y sostenible (reducir la emisión de gases en un 50 %), promover los derechos de la mujer y empoderarla, responder a las crisis humanitarias, evitar discursos demagógicos contra refugiados y migrantes y no demonizar a los migrantes musulmanes, prevenir los conflictos...
Este audaz canto de cisne de Ban Ki-moon nos recuerda a los pronunciamientos de los profetas bíblicos o del mismo Jesús de Nazaret contra los que oprimen al pobre, los hipócritas, los abusivos...Las palabras del Secretario General sintonizan con expresiones del Papa Francisco contra la idolatría del dinero, contra un sistema que mata, contra el armamentismo, contra el paradigma tecnocrático y en favor de los pobres, la paz y el cuidado de nuestra casa común.
Ojalá estas palabras no caigan en el vacío, sino que susciten en todos nosotros un deseo de cambio profundo de mentalidades, valores y actitudes para construir un mundo mejor, más conforme al proyecto de Dios.
(Víctor Codina sj)

Éxito de la Fiesta del Perdón y la Misericordia celebrada en La Almudena. Osoro: "La familia es el lugar que más se parece a Dios, donde se ama, se perdona, donde se da la vida"


La catedral de Santa María la Real de la Almudena y su explanada han acogido, entre el jueves y el sábado la Fiesta del Perdón y la Misericordia, convocada por el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, por primera vez en la capital
Durante tres días, cientos de madrileos han participado en diferentes actividades festivas como el concierto de Toño Casado, la proyección de la película Cartas de la madre Teresa, las canciones del grupo de alabanza Nuevo Tiempo, el concierto Su amor infinito y su ternura entrañable, con piezas de música clásica, gospel y rociera que sirvieron para ambientar algunos textos acerca de la misericordia de la carta pastoral del arzobispo de Madrid, Ungidos y urgidos por la misericordia.
También ha habido espacio para las familias y los niños, con la actuación del mago Antonio Grande, suelta de globos, música del grupo One Way y el musical al aire libre: Los Miserables, a cargo del grupo de teatro Áncora.
En su catequesis a las familias el sábado, monseñor Osoro recordó que "hay un lugar especial para sentir el cariño: es la familia, el nido en el que nacemos. Cuando vosotros erais pequeños, tuvisteis quien os quisiera. Eso lo necesita todo ser humano".
"El Papa Francisco nos habla de la alegría del amor. El ser humano está contento cuando le quieren, cuando tenemos personas alrededor que nos quieren. Y el primero que nos quiere es Dios, que nos ama. Sabemos que Él nos quiere y no estamos solos", subrayó el prelado, quien abundó que "la familia es el lugar que más se parece a Dios, un lugar donde se ama, donde se perdona, donde se da la vida".


El más pequeño de vosotros es el más importante


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 9, 46-50
En aquel tiempo, se suscitó entre los discípulos una discusión sobre quién sería el más importante.
Entonces Jesús, conociendo los pensamientos de sus corazones, tomó de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo:
«El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mi; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. Pues el más pequeño de vosotros es el más importante».
Entonces Juan tomó la palabra y dijo:
«Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir».
Jesús le respondió:
-«No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro».
Palabra del Señor.

Papa Francisco en el Jubileo de los Catequistas: "Somos portadores de alegría"

El Apóstol Pablo, en la segunda lectura, dirige a Timoteo, y también a nosotros, algunas recomendaciones muy importantes para él. Entre otras, pide que se guarde «el mandamiento sin mancha ni reproche» (1 Tm 6,14). Habla sencillamente de un mandamiento. Parece que quiere que fijemos nuestros ojos fijos en lo que es esencial para la fe. San Pablo, en efecto, no recomienda una gran cantidad de puntos y aspectos, sino que subraya el centro de la fe. Este centro, alrededor del cual gira todo, este corazón que late y da vida a todo es el anuncio pascual, el primer anuncio: el Señor Jesús ha resucitado, el Señor Jesús te ama, ha dado su vida por ti; resucitado y vivo, está a tu lado y te espera todos los días. Nunca debemos olvidarlo. En este Jubileo de los catequistas, se nos pide que no dejemos de poner por encima de todo el anuncio principal de la fe: el Señor ha resucitado. No hay un contenido más importante, nada es más sólido y actual. Cada aspecto de la fe es hermoso si permanece unido a este centro, si está permeado por el anuncio pascual. Si se le aísla, pierde sentido y fuerza. Estamos llamados a vivir y a anunciar la novedad del amor del Señor: «Jesús te ama de verdad, tal y como eres. Déjale entrar: a pesar de las decepciones y heridas de la vida, dale la posibilidad de amarte. No te defraudará».
El mandamiento del que habla san Pablo nos lleva a pensar también en el mandamiento nuevo de Jesús: «Que os améis unos a otros como yo os he amado» (Jn 15,12). A Dios-Amor se le anuncia amando: no a fuerza de convencer, nunca imponiendo la verdad, ni mucho menos aferrándose con rigidez a alguna obligación religiosa o moral. A Dios se le anuncia encontrando a las personas, teniendo en cuenta su historia y su camino. El Señor no es una idea, sino una persona viva: su mensaje llega a través del testimonio sencillo y veraz, con la escucha y la acogida, con la alegría que se difunde. No se anuncia bien a Jesús cuando se está triste; tampoco se transmite la belleza de Dios haciendo sólo bonitos sermones. Al Dios de la esperanza se le anuncia viviendo  hoy el Evangelio de la caridad, sin miedo a dar testimonio de él incluso con nuevas formas de anuncio.
El Evangelio de este domingo nos ayuda a entender qué significa amar, sobre todo a evitar algunos peligros. En la parábola se habla de un hombre rico que no se fija en Lázaro, un pobre que «estaba echado a su puerta» (Lc 16,20). El rico, en verdad, no hace daño a nadie, no se dice que sea malo. Sin embargo, tiene una enfermedad peor que la de Lázaro, que estaba «cubierto de llagas» (ibíd.): este rico sufre una fuerte ceguera, porque no es capaz de ver más allá de su mundo, hecho de banquetes y ricos vestidos. No ve más allá de la puerta de su casa, donde yace Lázaro, porque no le importa lo que sucede fuera. No ve con los ojos porque no siente con el corazón. En su corazón ha entrado la mundanidad que adormece el alma. La mundanidad es como un «agujero negro» que engulle el bien, que apaga el amor, porque lo devora todo en el propio yo. Entonces se ve sólo la apariencia y no se fija en los demás, porque se vuelve indiferente a todo. Quien sufre esta grave ceguera adopta con frecuencia un comportamiento «estrábico»: mira con deferencia a las personas famosas, de alto nivel, admiradas por el mundo, y aparta la vista de tantos Lázaros de ahora, de los pobres y los que sufren, que son los predilectos del Señor.
Pero el Señor mira a los que el mundo abandona y descarta. Lázaro es el único personaje de las parábolas de Jesús al que se le llama por su nombre. Su nombre significa «Dios ayuda». Dios no lo olvida, lo acogerá en el banquete de su Reino, junto con Abraham, en una profunda comunión de afectos. El hombre rico, en cambio, no tiene siquiera un nombre en la parábola; su vida cae en el olvido, porque el que vive para sí no construye la historia. ¡Y un cristiano tiene que hacer historia! Tiene que salir de sí mismo, ¡para hacer historia! Quien vive para sí mismo no hace la historia. La insensibilidad de hoy abre abismos infranqueables para siempre. Y nosotros hemos caído en este momento, en esta enfermedad de la indiferencia, del egoísmo de la mundanidad.
En la parábola vemos otro aspecto, un contraste. La vida de este hombre sin nombre se describe como opulenta y presuntuosa: es una continua reivindicación de necesidades y derechos. Incluso después de la muerte insiste para que lo ayuden y pretende su interés. La pobreza de Lázaro, sin embargo, se manifiesta con gran dignidad: de su boca no salen lamentos, protestas o palabras despectivas. Es una valiosa lección: como servidores de la palabra de Jesús, estamos llamados a no hacer alarde de apariencia y a no buscar la gloria; ni tampoco podemos estar tristes y disgustados. No somos profetas de desgracias que se complacen en denunciar peligros o extravíos; no somos personas que se atrincheran en su ambiente, lanzando juicios amargos contra la sociedad, la Iglesia, contra todo y todos, contaminando el mundo de negatividad. El escepticismo quejoso no es propio de quien tiene familiaridad con la Palabra de Dios.
El que proclama la esperanza de Jesús es portador de alegría y sabe ver más lejos, tiene horizontes, no un muro que lo cierra; ve lejos porque sabe mirar más allá del mal y de los problemas. Al mismo tiempo, ve bien de cerca, pues está atento al prójimo y a sus necesidades. El Señor nos lo pide hoy: ante los muchos Lázaros que vemos, estamos llamados a inquietarnos, a buscar caminos para encontrar y ayudar, sin delegar siempre en otros o decir: «Te ayudaré mañana, hoy no tengo tiempo, te ayudaré mañana». Y esto es una pena. El tiempo para ayudar a los demás es tiempo regalado a Jesús, es amor que permanece: es nuestro tesoro en el cielo, que nos ganamos aquí en la tierra.
En conclusión, queridos catequistas y queridos hermanos y hermanas, que el Señor nos conceda la gracia de vernos renovados cada día por la alegría del primer anuncio: Jesús nos ama personalmente. Que nos dé la fuerza para vivir y anunciar el mandamiento del amor, superando la ceguera de la apariencia y las tristezas del mundo. Que nos vuelva sensibles a los pobres, que no son un apéndice del Evangelio, sino una página central, siempre abierta ante todos.
(from Vatican Radio)

domingo, 25 de septiembre de 2016

Omella, a los líderes catalanes: "Unidos podremos más que separados"


El arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, ha pedido unidad a los líderes sociales y políticos catalanes este sábado en la homilía de su primera misa por la patrona de la capital catalana, La Mercè, a la que han asistido unas 1.000 personas y en la que ha pedido tender puentes: "Unidos podremos más que separados".
Omella ha defendido una sociedad más fraterna y humana y ha explicado que muchas personas le preguntan su opinión sobre la situación social y política de Catalunya, ante lo que pide que las personas que tienen alguna responsabilidad e influencia social y política "trabajen por el bien común y por una sociedad más unida, más libre y más justa".
"Y para conseguirlo hace falta unir fuerzas", ha defendido, dirigiéndose tanto a los gobernantes como a la sociedad civil, empresarios, intelectuales, educadores y juristas, en una misa a la que ha asistido el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont; el expresidente Artur Mas; los consellers Santi Vila y Jordi Jané; la delegada del Gobierno en Catalunya, Llanos de Luna, y el inspector general del Ejército de Tierra, Ricardo Álvarez Espejo.
En representación del Ayuntamiento de Barcelona han asistido el segundo teniente de alcalde, el socialista Jaume Collboni, aunque no ha asistido la alcaldesa, Ada Colau, en una misa en la que no estaba previsto que acudiera ningún edil de BComú pero finalmente ha asistido la concejal de Movilidad, Mercedes Vidal, que no se ha sentado en el banco de autoridades.
También ha presenciado la misa el exalcalde y líder municipal de CiU, Xavier Trias; la de C's, Carina Mejías; el de ERC, Alfred Bosch, y el del PP, Alberto Fernández, entre otras autoridades militares y políticas, ante las que Omella ha pedido a la Mercè que proteja a todos los barceloneses y todos los catalanes.
"No deberíamos excluir a nadie en la tarea de crear puentes, de atender las demandas sociales, empezando por los pobres y necesitados, de establecer ámbitos de cultura, de formación en valores morales", ha expresado Omella, en una homilía que ha dedicado a los dirigentes, a los jóvenes y a la familia, a los que ha dirigido sus deseos y peticiones.
La familia
"Hace falta, asimismo, que los que dirigen los destinos de las naciones e influyen con sus ideas en la sociedad, valoren y ayuden a las familias con auténticas políticas sociales y económicas", por ser para Omella un medio para lograr los demás ámbitos de la vida cotidiana.
Ha observado que hay familias que lo pasan mal y no solo económicamente, "sino, sobre todo, porque les falta la unión, la estima", y ha destacado que es imprescindible que las familias tomen conciencia de su importancia en la sociedad y la Iglesia.
También se ha mostrado "impresionado" por la participación de los jóvenes de Barcelona y Catalunya en la Jornada Mundial de la Juventud, en la que ha dicho que participaron casi un millar de jóvenes. (RD/EP)

AVISOS PARA LAS FIESTAS

En el mes de septiembre y en los primeros días de octubre, muchos pueblos celebran sus fiestas patronales, por la tradición de que se terminaban las tareas del campo la recolección de las cosechas. Es una manifestación necesaria en todas las comunidades.
Sin embargo, según las Sagradas Escrituras, no es bueno entregarse a la diversión descontrolada, en la que por abuso de bebida y de comida, de charangas y festejos, se llegue a perder el sentido de la solidaridad, y caigamos en cierto embrutecimiento. “¡Ay de los que se fían de Sión y confían en el monte de Samaria! Os acostáis en lechos de marfil; arrellanados en divanes, coméis carneros del rebaño y terneras del establo; canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales; bebéis vino en copas, os ungís con perfumes exquisitos y no os doléis del desastre de José” (Am).
La fiesta es una dimensión esencial del ser humano, y la comida y la bebida son elementos que entrañan relaciones familiares y amigas. El Señor nos ha dado el mejor testimonio al participar de una boda o comiendo en casa de muchos pecadores, y, sobre todo, al dejarnos el banquete de la Eucaristía. El salmista profetiza los gestos de Jesús: “Él da pan a los hambrientos. Sustenta al huérfano y a la viuda”.
El consejo de San Pablo es oportuno: “Hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza”. Todo en su medida es bueno, mientras con los excesos se vuelven contra uno mismo.
Jesús presenta una parábola que denuncia el modo insolidario de vida, y también para explicar cuándo debemos hacer el bien. El texto evangélico parece que contradice el principio de la misericordia y del perdón al impedir que el pobre Lázaro alivie la sed del rico Epulón, quien está arrojado al abismo de los tormentos. Pero lo que desea exponer la enseñanza evangélica es cuál es el tiempo oportuno para hacer el bien: mientras vivimos en esta vida.
Mientras vivimos es el momento de la hospitalidad, de dar pan al hambriento y bebida al sediento. Hay más dicha en dar que en recibir, y al final de la fiesta y de toda acción humana, la paz interior y la felicidad dependen de la generosidad del propio comportamiento.
Los musulmanes, en la fiesta del cordero, tienen el precepto de dar parte de las viandas a los pobres. Los cristianos tenemos el ejemplo de Jesús y siguiéndolo, tenemos que darnos a nosotros mismos, por amor, en todo lo que hacemos por los demás.
Ángel Moreno de Buenafuente