miércoles, 14 de septiembre de 2016

Papa Francisco: “Matar en nombre de Dios es satánico”

 En la Cruz de Jesucristo –hoy la Iglesia celebra la fiesta de la Cruz de Jesucristo- entendemos plenamente el misterio de Cristo. Este misterio de anonadamiento, de cercanía a nosotros. Él estando en la condición de Dios -dice Pablo- no considera un privilegio de ser como Dios, sino que se vacío a sí mismo, asumiendo una condición de siervo, siendo similar a los hombres. Del aspecto reconocido como hombre, “se humilló así mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de Cruz”. Este es el misterio de Cristo. Este es un misterio que se hace martirio para la salvación de los hombres. Jesucristo, el primer mártir, el primero que da la vida por nosotros, y de este misterio de Cristo comienza toda, toda la historia del martirio cristiano, desde los primeros siglos hasta hoy.
  Los primeros cristianos han hecho la confesión de Jesucristo pagando con su vida; a los primeros cristianos era propuesta la apostasía, es decir, “digan que nuestro dios es el verdadero, no el tuyo. Hagan un sacrificio a nuestro dios o a nuestros dioses” y cuando no hacían esto, cuando rechazaban la apostasía eran asesinados. Esta historia se repite hasta hoy y hoy en la Iglesia hay más mártires cristianos que en los primeros tiempos. Hoy hay cristianos asesinados, torturados, encarcelados, degollados porque no reniegan a Jesucristo.
En esta historia, llegamos a nuestro padre Jacques: él forma parte de esta cadena de mártires.Los cristianos que hoy sufren -en la cárcel o con la muerte o con las torturas- por no renegar a Jesucristo, hacen ver la crueldad de esta persecución. Y esta crueldad que pide la apostasía, digamos la palabra, es satánica. Y cuánto gustaría que todas las confesiones religiosas dijeran: “Matar en nombre de Dios es satánico”.
Padre Jacques Hamel ha sido degollado en la Cruz, justo mientras celebraba el sacrificio de la Cruz de Cristo. Hombre bueno, manso, de fraternidad, que siempre buscaba hacer la paz ha sido asesinado como si fuera un criminal. Este es el hilo satánico de la persecución. Pero hay una cosa, en este hombre, que ha aceptado su martirio allí, con el martirio de Cristo, en el altar, una cosa que me hace pensar tanto: en medio al momento difícil que vivía, en medio también a esta tragedia que él veía venir, un hombre manso, un hombre bueno, un hombre que hacia fraternidad, no ha perdido la lucidez de acusar y decir claramente el nombre del asesino.
Y ha dicho claramente: “Vete, Satanás”. Ha dado la vida por nosotros, ha dado la vida por  no renegar a Jesús. Ha dado la vida en el mismo sacrificio de Jesús sobre el altar y desde allí ha acusado al autor de la persecución: “Vete, Satanás”. Y este ejemplo de valentía, pero también el martirio de la propia vida, de vaciarse así mismo para ayudar a los otros, de hacer fraternidad entre los hombres, nos ayude, a todos nosotros, a ir hacia adelante sin miedo.
Que nosotros –que él desde el Cielo, porque debemos rezarle ¿eh?: ¡es un mártir! Y los mártires son beatos –debemos rezarle, para que nos dé mansedumbre, fraternidad, paz, también la valentía de decir la verdad: matar en nombre de Dios es satánico.
(Traducción del italiano por Mercedes De La Torre – RV).
(from Vatican Radio)

El amor que mueve a todo el universo



La historia recoge un sinfín de acciones. Se escribe cada día. Se labra como algo imborrable. Se decide desde corazones libres, desde momentos de pasión y momentos de lucidez.

La historia deja de lado palabras o promesas no cumplidas. Lo que se hace es lo que cuenta. Lo que uno pone en práctica, ese propósito realizado, ese gesto de cariño en la familia, ese sí a un nuevo hijo que inicia el camino del embarazo.

¿Cuál es el motor secreto de la vida? ¿Qué es lo que permite que existamos? ¿Por qué los ríos, los volcanes y los jilgueros? ¿Por qué un hombre y una mujer deciden casarse y abrirse con amor a la vida de los hijos que Dios pueda concederles?

El motor es siempre el mismo: el amor. Por amor Dios quiso un mundo, una tierra entre soles, lunas y estrellas. Por amor contuvo el ímpetu del mar, envió suaves vientos y frescas lluvias. Por amor hizo crecer hierba y árboles, dio vida a petirrojos y caimanes, a coyotes y corderos.

Por amor un día Dios creó a alguien a su imagen en la tierra, a un hombre y una mujer. Los amó como a hijos, los cuidó con ternura, habló con ellos mientras soplaba la brisa de la tarde.

Por amor, tras el pecado, vino la promesa y el pueblo elegido. Israel ha sido señal de ese amor que “mueve el universo”. El amor llegó a la plenitud en la Encarnación y en el Calvario, cuando el Hijo, hecho hombre, dio su sangre y su espíritu por salvar a quien era tan amado por el Padre, al hombre débil, frágil y errabundo...

Por amor hoy vivimos, tú y yo. Si es amor verdadero, si es amor cristiano, el mundo brillará con un poco de esperanza. Habrá más paz y armonía, habrá más justicia y entusiasmo. Habrá un poco de fe en un universo que gira y gira, como hace millones de años, movido por una sola fuerza: el amor...
P. Fernando Pascual

14 de septiembre: Exaltación de la Santa Cruz

Aquel era uno de los peores suplicios de los muchos que ha ideado la humanidad en su historia. Estaba previsto para el caso de los malvados que no debían vivir; para aquellos que quitarles la vida de un momento hubiera sido considerado como poco castigo. Tardaron tiempo los cristianos en representar a Cristo clavado en la cruz, era tan horroroso aquello… Fue en la puerta de Santa Sabina, en Roma, la primera vez que la piedad y el arte se juntaron y plasmaron el más horripilante de los martirios y el que tuvo mayor eficacia redentora.

El reo, en este caso Jesús, había de terminar en lenta y desgarradora agonía. Bien conocían los «ocupantes romanos» todos los extremos; tanto que recurrieron a los azotes para ver si podían cerrar el expediente de aquel caso nada claro, ante la insistencia feroz del odio de sus paisanos judíos. Algunos lo habían considerado como un chiflado anarquista que les arruinaba la idea de la liberación política que anhelaban, sofocando sin remedio su propio afán de mando con la nube que consideraron pasajera de una redención etérea por los caminos del espíritu. Otros solo lo hicieron por celos de perder su hegemonía en lo religioso; vieron muy, pero que muy en peligro su monopolio espiritual al contemplar la altura de la doctrina y lo portentoso de sus milagros.
Allá lo sacaron a las afueras de la ciudad. Impotente ante la fuerza y callado ante el odio que leía en los ojos turbios y el sarcasmo sonriente de los que se salían con la suya. Clavado, estaba para «ejemplo» de los que sintieran en sus carnes la tentación del mal, porque el miedo ha conseguido muchas veces lo que la buena educación no consiguió, aunque ese no era el caso. Y nadie tuvo una nube de insultos, de mofas y de befa tan densa sobre sí. Lo colocaron en medio del ladrón empedernido y del criminal que admitió su inocencia en diálogo que prometía vida eterna. El papel decía que era el Rey del país; pero Él tenía solo una fea corona de espinas y su rostro estaba maquillado por hilillos de sangre fresca y seca; su cuerpo desvestido estaba plagado de señales de azotes entre negrales cárdenos y heridas sin limpiar, con la carne abierta.
Esa piltrafa humana crucificada, aparente subproducto de la sociedad, es Jesús. El que mandó al mar y al viento que obedecieron en la noche de tormenta, haciéndose mansos. Él quiso hacerse «obediente hasta la muerte y muerte de cruz» para ayudar al hombre, con su ejemplo, en la fidelidad a Dios. Y le rescataba. Y pagaba la deuda. Y restablecía el honor de Dios. Y amaba infinito sin pérdida de dolor.
Ahora es consuelo y lección para el cristiano cuando llega el dolor, ese testigo habitual en el caminar ordinario de todo hombre, ese que puede hacerse más grande en momentos especiales, ese que resulta insufrible o intolerable si fortuitamente se mezcla con abandonos, soledades, traiciones, mentiras, envidias e injusticias. ¡Claro! Siempre queda el recurso bienhechor de saber que no fue en vano el inefable sufrir de Jesús el Nazareno y la verdad sincera de afirmar que «yo mucho malo hice, mientras que Él solo amó».
Enseñó con la entrega de su voluntad propia para que en adelante uno aprenda a no querer algo distinto de lo que quiere Dios, porque el querer divino, se entienda o no se entienda, por ser divino, siempre es lo mejor.
Desprendido de todo, por bueno que sea. ¿No dijo Él aquello –tan difícil y hasta contradictorio– del grano de trigo y lo otro de morir para vivir, o algo así? En la cruz, montado en su íntima desazón total, está tirando para arriba del sano y del enfermo, del culto y del ignorante, del bueno y del malo, del político, del médico, del economista, del tendero, de la madre, del jubilado, del militar, del niño y del viejo; arrastra hacia Sí al tabernero, a la novia, al rey, a la modista y al pedigüeño; da pistas de eternidad al que hace el pan, al de los libros, al deportista, al olímpico y al banquero; transmite esperanza al drogata, a la prostituta, al sidoso, al cura, al del circo y al del convento. Todos ¡y el cosmos universo! Son atraídos con fuerza irresistible incorporados a la cruz que lleva al Cielo: «Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».


Árbol de la cruz, árbol de la cruz…
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TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO QUE ENTREGÓ A SU HIJO ÚNICO.



Lectura del santo evangelio según san Juan (3,13-17):

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en Él tenga vida eterna. 

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él.»

Homilía del Papa: vencer la indiferencia, construir la cultura del encuentro

Trabajemos para construir una verdadera cultura del encuentro que venza la cultura de la indiferencia, fue la exhortación del Papa Francisco,  en su homilía de la Misa matutina, en la capilla de la Casa de Santa Marta. Invitó a reflexionar sobre el encuentro de Dios con su pueblo y puso en guardia contra las malas costumbres que nos distraen de escuchar a los demás, incluso en familia.
«Hoy la Palabra de Dios nos hace reflexionar sobre un encuentro», señaló el Santo Padre, con el Evangelio del martes de la XXIV semana del Tiempo Ordinario.  Para luego hacer hincapié en la diferencia que hay entre un encuentro y un mero cruzarse con otro, sin que haya un verdadero encuentro. Cada uno piensa en sus cosas, ve y no mira, oye y no escucha:
«El encuentro es otra cosa. Es lo que el Evangelio nos anuncia hoy: un encuentro. Un encuentro entre un hombre y una mujer, entre un hijo único vivo y un hijo único muerto. Entre una multitud feliz, porque había encontrado a Jesús y lo seguía, y un grupo de gente llorando, que acompañaba a aquella mujer, que salía por un puerta de la ciudad. Encuentro entre aquella puerta de salida y la puerta de entrada. El redil. Un encuentro que nos hace reflexionar sobre cómo encontrarnos entre nosotros».
En el Evangelio leemos que el Señor sintió una gran compasión. Jesús no hace como hacemos nosotros cuando vamos por la calle y vemos algo triste. Y pensamos ‘qué pena’ y seguimos nuestro caminar. Jesús no pasa de largo, se deja llevar por la compasión. Se acerca a la mujer, la encuentra de verdad y luego hace el milagro. Vemos no sólo la ternura de Jesús, sino también la fecundidad de un encuentro, reiteró el Papa, haciendo hincapié en que «todo encuentro es fecundo»:
«Estamos acostumbrados a una cultura de la indiferencia y tenemos que trabajar y pedir la gracia de realizar una cultura del encuentro. De este encuentro fecundo, este encuentro que restituya a cada persona su propia dignidad de hijo de Dios, la dignidad del viviente. Estamos acostumbrados a esta indiferencia, cuando vemos las calamidades de este mundo o las cosas pequeñas: ‘qué pena, pobre gente, cuánto sufre’… y seguimos de largo. El encuentro. Si no miro – no basta ver, no, hay que mirar – si no me detengo, si no miro, si no toco, si no hablo, no puedo hacer un encuentro y no puedo ayudar a hacer una cultura del encuentro».
Tras recordar que todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, porque Dios había visitado y encontrado a su pueblo, el Santo Padre dijo que le gusta ver en ello «el encuentro de cada día entre Jesús y su esposa», la Iglesia, que espera su regreso.
También en familia vivamos el verdadero encuentro, escuchémonos los unos a los otros
«Éste es el mensaje de hoy: el encuentro de Jesús con su pueblo», «todos tenemos necesidad de la Palabra de Jesús», tenemos necesidad del encuentro con Él, destacó el Papa, con su aliento a impulsar la cultura del encuentro también en los hogares:
«En la mesa, en familia, cuántas veces se come y se mira la televisión o se escriben mensajes con el teléfono. Cada uno es indiferente a ese encuentro. Tampoco en el núcleo de la sociedad, como es la familia, hay encuentro. Que esto nos ayude a trabajar por esta cultura del encuentro, como hizo simplemente Jesús. No sólo ver: mirar. No sólo oír: escuchar. No sólo cruzarse: detenerse. No sólo decir ‘qué pena, pobre gente’, sino dejarse llevar por la compasión. Y acercarse, tocar y decir en la lengua en que cada uno sienta en ese momento - la lengua del corazón -  ‘no llores’ y dar al menos una gota de vida».
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)

martes, 13 de septiembre de 2016

Francisco instituye una jornada de oración por las víctimas de los abusos

La Comisión Pontificia para la Protección de los Menores (PCPM) que desarrolla su labor en Roma, dedicará de 5 al 11 de septiembre una semana a los grupos de trabajo reunidos en asamblea plenaria, para profundizar las líneas maestras de su labor y actualizar los proyectos y directrices de tutela niños, adolescentes y adultos vulnerables, los  que serán presentados al Santo Padre.
Además el Santo Padre aceptó la propuesta realizada por una víctima, de una Jornada de Oración cuya fecha será elegida por las Conferencias Episcopales de cada país.
Lo divulgó hoy la Oficina de prensa a través de un comunicado de dicha Comisión, precisando que los puntos principales de esta asamblea plenaria han sido los informes realizados por los miembros sobre los progresos de los programas de educación en marcha, tanto en el Vaticano como en los diversos países.
Entre las labores figuran charlas y grupos de trabajo organizados en Australia, en la arquidiócesis de Melbourne; en Sudáfrica (SACBC), un programa de orientación para nuevos misioneros; en Filipinas (CBCP), un taller de trabajo para la arquidiócesis de Manila; en Colombia, una charla con el clero de la arquidiócesis de Bogotá, un taller de trabajo con las comunidades religiosas, talleres de trabajo con el Seminario Mayor y un taller con los responsables de la evangelización; en Estados Unidos, una conferencia con “United States National Safe Enviroment and Victims Assistance Coordinators”; y un taller de trabajo en Fiji.
En Nueva Zelanda, se realizaron charlas y talleres con los obispos y los líderes religiosos; en Ghana, un encuentro de la Asociación SECAM con la secretaría general del simposium de Conferencias Episcopales de África y Madagascar; un encuentro en Tanzania con expertos en protección de los menores de la Asociación de Conferencias Episcopales del Este de África (AMECEA); en Argentina, un debate con seminaristas y clero de la diócesis de Morón, Buenos Aires; en Santo Domingo, un encuentro con cincuenta formadores de trece nacionalidades distintas pertenecientes al Consejo Episcopal Latinoamericano; un encuentro con obispos y canonistas de Eslovaquia y la República Checa; en Italia, un seminario para los abades de la Confederación Benedictina y la participación en la Conferencia Anglosajona de la Protección.
Además en el contexto del Vaticano, los miembros de la Comisión han sido invitados a conducir diversos encuentros en la Academia Eclesiástica Pontificia y en la Congregación para la Vida Consagrada.
La próxima semana, los miembros de la Comisión también han sido invitados a impartir formación a los nuevos obispos que pertenecen a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, a un encuentro en la Congregación para el Clero y a la formación de nuevos obispos que pertenecen a la Congregación para los Obispos.
Otros programas de educación que se planean llevar a cabo en los próximos meses incluyen talleres de trabajo en México, Ecuador y con la Conferencia Episcopal de Colombia. La Comisión también ha sido requerida para instruir a la Conferencia de Superiores de la rama Masculina en Estados Unidos y para organizar un taller de trabajo para la Federación de Conferencias Episcopales de Asia (FABC).
La PCPM cuenta con recursos y materiales para la Jornada Mundial de Oración que pondrá con mucho gusto a disposición de quienes lo soliciten.
Satisfacción de la Comisión por el MOTU PROPIO “Como una Madre Amorosa”
En febrero de 2015, la Comisión presentó una propuesta al Santo Padre relativa a la responsabilidad del obispo, y en el motu proprio “Como una madre amorosa” el Papa Francisco va más allá de la responsabilidad de los obispos haciéndola extensiva a otros cargos de la Iglesia, motivo por el que la Comisión indicó su propia satisfacción.
Zenit

13 de septiembre: san Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia

En Dialogus historicus de Paladio, obispo de Hierápolis, encontramos datos de su vida y también en otras fuentes históricas del mismo siglo V, pero el principal arranque de documentación está en sus propios escritos. Es uno de los Padres de la Iglesia Oriental que poseyó una elocuencia fuera de lo común y difícilmente igualable que le valió el apelativo de Crisóstomo –«boca de oro»– con el que ha pasado a la historia, que lo considera como uno de los más grandes oradores de la humanidad. El Papa san Pío V lo declaró Doctor de la Iglesia en el año 1568.
Nació en Antioquía alrededor del año 350. Su padre era cristiano y posiblemente latino; se llamaba Secundo y era uno de los generales de la armada de Siria; su madre, Antusa, de ascendencia griega, se tuvo que ocupar de la educación de Juan casi en exclusiva, por la muerte prematura de su esposo; pero lo hizo con gran esmero y responsabilidad, poniéndolo en manos de los mejores maestros. Quizá heredó de su madre la ternura, la persuasión y la firme defensa de los derechos de Dios; y también es posible que de su padre tomara algunas características que le hicieron hombre brusco, violento y nada diplomático. A este carácter suyo se atribuyen las desdichas que se abatieron sobre él en la Constantinopla que hervía de intrigas, lujos y vanidades, cuando sonó su voz sin contemplaciones, sin miedo.
Estudió filosofía en la escuela de Andragathius y retórica con el sofista Libanios. Fue la oportunidad de relacionarse con Teodoro, futuro obispo de Mopsuestia, y con Máximo, que más tarde sería obispo de Seleucia, en Isauria.
A los 18 años comienza a sentir aprecio por la doctrina sagrada que profesan los católicos; por eso quiso acompañar al confesor de la fe Melecio de Armenia en sus frecuentes viajes. Recibió el bautismo, después de un largo tiempo de preparación, cuando Juan tenía 21 años, y en Antioquía lo nombraron lector, que debía tener a su cargo la narración de las Escrituras Santas en las asambleas litúrgicas.
El nuevo converso sintió la voz de la soledad y se retiró al silencio del desierto porque, antes de hablar de Dios, hay que aprender a callar y a escucharle; dos años vivió en una cueva con mucha oración; pero el poco dormir e intenso estudio del testamento de Cristo hicieron que su salud se quebrantara y se viera en la necesidad de dejar aquel estilo de vida y regresar a Antioquía; ahora le confiere el obispo Melecio el diaconado y, desde el año 386, es el sacerdote que durante 12 años ilumina a la Iglesia de Antioquía con su doctrina, mostrándose en todo momento como modelo ejemplar para el clero.
Murió Nectario, el obispo de Constantinopla, el año 397, y a la sede le salieron muchos novios. Pero eligieron, nombraron y consagraron obispo a Juan; lo hizo Teófilo, el patriarca de Alejandría, en el mes de febrero del 398.
Entre sus actividades como pastor, se dedicó preferentemente a la atención del clero que estaba necesitado de reforma: no eran infrecuentes los clérigos y diáconos cuya conducta sabía a escándalo para el resto de los fieles por su afición a la avaricia y a la lujuria. Tuvo que armarse de fortaleza para deponer de sus funciones a algunos colaboradores directos que se mostraban recalcitrantes impenitentes. No aceptó los dispendios, enredos y mal gobierno en que estaba sumida la administración de los bienes económicos de la Iglesia o del propio obispo. Fundó un hospital para la atención de peregrinos y de los pobres. Se ocupó de las viudas, dedicó su tiempo a la pastoral directa con sus fieles en lo que se refiere a la catequesis, la administración de los sacramentos y al cuidado en lo tocante a la dignidad del culto.
No tardó en hacerse notar la envidia –el vicio de los mediocres– incluida la de sus colegas en el episcopado.
Echando leña al fuego, supieron aprovechar –entre los intrigantes estaba también Teófilo de Alejandría, que no había sabido aguantar el tirón de ser pospuesto para la sede de Constantinopla– el conflicto que se originó entre la emperatriz Eudoxia y el Patriarca. Este, sin pelos en la lengua, había recriminado en público, delante de la corte imperial, los frecuentes abusos de poder y dejaba en su predicación bien claro el peligro que encierra para el alma el afán de riquezas; no se quedó mudo a la hora de criticar el desenfrenado lujo y el despilfarro, que era como quitar el pan a los pobres; censuraba los modos de vivir no cristianos que se introducían suave y sutilmente en el palacio del emperador. El asunto terminó con la deposición de Crisóstomo y su destierro en el 404 a Bitinia; regresará a petición de la misma emperatriz, hasta la nueva expulsión en la noche de Pascua del mismo año, sin que le dejaran terminar –por la violencia de las armas– el bautismo de los trescientos catecúmenos que estaban dispuestos y preparados. Esta vez lo desterraron a Cúcuso, en Armenia. Pero como la relativa proximidad provoca espontáneas peregrinaciones de gente que quiere ver y oír al santo, llega una nueva orden imperial que manda un traslado forzoso a Pitio, que es lugar más lejano. No pudo llegar; murió, yendo de camino, en Cumana.
Su cuerpo se trasladó a Constantinopla y lo enterraron en la iglesia de los Apóstoles.
La herencia teológica que deja en sus obras escritas no es sistemática. Entre sus numerosísimas homilías pueden distinguirse las que tienen como desarrollo un tema bíblico, comentando la Sagrada Escritura. Otras son apologéticas, contra los errores de los herejes. Algunas tienen un marcado fin catequético litúrgico. También se conservan bastantes de sus panegíricos y otros discursos circunstanciales, algún tratado teológico y multitud de cartas.
En la iconografía bizantina se le representa con un pergamino en la mano del que mana un río cuyas aguas beben los fieles. Su emblema es una colmena de abeja que simboliza a su elocuencia, dulce como la miel.
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DIOS HA VISITADO A SU PUEBLO



Lectura del santo evangelio según san Lucas (7,11-17):

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.

Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.» Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!».

El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. 

Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.» La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

El Papa en Santa Marta: el diablo quiere dividir a la Iglesia en la raíz de la unidad, la Eucaristía

Comentando la Carta de San Pablo a los Corintios, reprendidos por el apóstol por sus peleas, el Papa Francisco reiteró que “el diablo tiene dos armas potentísimas para destruir a la Iglesia: las divisiones y el dinero”. Y esto sucedió desde el comienzo: “divisiones ideológicas, teológicas, que laceraban a la Iglesia. El diablo siembra celos, ambiciones, ideas, ¡pero para dividir! O siembra codicia”. Y como sucede después de una guerra “todo está destruido. Y el diablo se va contento. Y nosotros, ingenuos, seguimos su juego”. “Es una guerra sucia la de las divisiones – repite una vez más el Papa – es como un terrorismo", aquel de las habladurías en las comunidades, aquel de la lengua que mata, "tira la bomba y destruye":
“Y las divisiones en la Iglesia no dejan que el Reino de Dios crezca, no dejan que el Señor se haga ver bien, como Él es. Las divisiones hacen que se vea esta parte, esta otra parte en contra ésta y contra de… ¡Siempre contra! No hay aceite de la unidad, el bálsamo de la unidad. Pero el diablo va más allá, no sólo en la comunidad cristiana, va precisamente a la raíz de la unidad cristiana. Y esto es lo que sucede aquí, en la ciudad de Corinto, a los corintios. Pablo los reprende porque las divisiones llegan justamente, precisamente a la raíz de la unidad, es decir, a la celebración eucarística”.
En el caso de los Corintios, se hacen divisiones entre los ricos y los pobres justamente durante la celebración eucarística. Jesús – subraya el Papa – “ha rezado al Padre por la unidad. Pero el diablo trata de destruir hasta ahí”:
“Yo les pido que hagan todo lo posible para no destruir a la Iglesia con las divisiones, ya sean ideológicas, que de codicia o de ambición, o de celos. Y sobre todo, recen para custodiar la fuente, la raíz propia de la unidad de la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo y del que nosotros – todos los días – celebramos el sacrificio en la Eucaristía”.
San Pablo habla de las divisiones entre los Corintios, 2000 años atrás…
“Esto puede decirlo Pablo hoy a todos nosotros, a la Iglesia de hoy. ‘¡Hermanos, en esto, no puedo alabarlos, porque se reúnen no para lo mejor, sino para lo peor!’. La Iglesia reunida toda para lo peor, para las divisiones: ¡para lo peor! ¡Para ensuciar el Cuerpo de Cristo en la celebración eucarística! Y el mismo Pablo nos dice, en otro pasaje: ‘Quien come y bebe el Cuerpo y Sangre de Cristo indignamente, come y bebe la propia condena’. Pidamos al Señor la unidad de la Iglesia, que no haya divisiones. Y la unidad también en la raíz de la Iglesia, que es precisamente el sacrificio de Cristo, que cada día celebramos”.
En la celebración estaba presente también Mons. Arturo Antonio Szymanski Ramírez, arzobispo emérito de San Luis de Potosí (México), que cumplirá 95 años el próximo mes de enero. Al comienzo de la homilía el Papa lo citó, recordando que participó en el Concilio Vaticano II y que hoy ayuda en la parroquia. El Pontífice lo recibió en audiencia el pasado 9 de setiembre.
(María Cecilia Mutual - RV)
(from Vatican Radio)

lunes, 12 de septiembre de 2016

Santo Rosario


En 1963, el Papa Juan XXIII tuvo una audiencia privada donde recibió a Rada Kruschev y a su esposo… Rada era la hija de Nikita Kruschev, primer ministro de Rusia… durante su reunión, el Papa le pidió a Rada que le dijera el nombre de sus hijos… después, a pesar de que él sabía que Rada era atea, le regaló un Rosario… el Papa le explicó que se notaba el amor inmenso que ella sentía por sus hijos… y que el Rosario, para los católicos, representa la maravillosa relación entre una Madre y su Hijo… mientras se reza, se van recordando los momentos tristes y alegres de su vida a través de los Misterios… ellos son, le dijo el Papa, la mejor Madre y el mejor Hijo de todos los tiempos: la Virgen María y Jesucristo… Rada Kruschev lloró de la emoción…
Hoy comenzamos un nuevo día y una nueva semana… y que mejor forma de hacerlo que de la mano de la Madre y de su Hijo…
Hoy meditamos los Misterios Gozosos…
Dios te salve, María;
llena eres de gracia;
el Señor es contigo;
bendita tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

Si no sabes rezar el Rosario o quieres más información sobre esta hermosa devoción, puedes accesar: http://www.tengoseddeti.org/article-category/santo-rosario/
Tengo sed de Ti.

Jon Sobrino: "El principio de la misericordia es bajar de la cruz a los pueblos crucificados"


Hoy, en su cuarto día de conferencias, el II Congreso Mundial de Biblia y Mística, ha contado con destacados ponentes. Anselm Grün, Jon Sobrino e Inés Serrano Fernández enriquecieron el tema de la misericordia con sus propias aportaciones.
Anselm Grün es monje benedictino alemán, Doctor en teología. Reside en el Monasterio de Münsterschwarzach (Alemania). Es reconocido mundialmente por sus escritos sobre espiritualidad, siendo autor de más de 300 libros relativos al tema. Más de 14 millones de copias de sus libros han sido vendidas y traducidas a una treintena de idiomas.
El Dr. Grün, bajo el tema de la "La misericordia sana" ofreció su aporte original integrando espiritualidad y psicología de una manera dinámica y sanadora, a través del desarrollo de la misericordia en el evangelio como camino de sanación.
Desarrolló los siguientes puntos: Jesús, fundamento principio y fin de toda sanación espiritual, el buen samaritano como ejemplo de misericordia sanadora y modelo de Dios Padre, importancia de la sanación personal para acompañar la sanación del otro, la importancia de la misericordia consigo mismo para compadecer a los demás y culminó su conferencia mistagógica con una oración.
La segunda conferencia estuvo a cargo del sacerdote Jesuita Jon Sobrino. El se formó en España, Alemania y Estados Unidos, donde cursó estudios de ingeniería. Ingresó en la Compañía de Jesús en 1956. Es profesor de Teología y director del Centro Monseñor Romero de la Universidad Centroamericana de San Salvador. Es miembro del Consejo Editorial de Concilium.
Desarrolló su ponencia "El Principio de la Misericordia. Bajar de la cruz a los pueblos crucificados". En ella, trató sobre aspectos de la misericordia del Padre, principalmente la imagen de Dios Padre y de un Padre que es Dios, aludiendo a la parábola del hijo pródigo y aludió al gozo del Padre.
El P. Sobrino enfatizó el primer momento de la misericordia refiriéndose al Libro de Éxodo cuando el Padre se revela a Moisés como el que es Misericordioso y busca liberar a su pueblo. Actualizó este ejemplo de dos maneras, preguntando cómo podríamos bajar de la cruz a los que sufren y proponiendo una parábola comparando el bajar de la cruz a los crucificados con el empujar una carreta, es decir, actualizar la imagen de una iglesia misericordiosa.
La Dra. Inés Serrano Fernández, Psicoterapeuta, introdujo el tema "El Valor terapéutico del Perdón". Habló del qué, cómo y porqué del perdón; de los conceptos fundamentales a tener en cuenta en una terapia de perdón y cómo con la ayuda de la misericordia de Dios se logra la sanación terapéutica. Explicó el perdón como proceso de sanación mental y psicológica y el efecto del perdón en la salud, proporcionando datos valiosos y procesos específicos refiriéndose a reconocidos autores.
La mesa redonda "La misericordia en la acción social de la Iglesia" con aportaciones del Lic. Sebastian Mora Rosado, Secretario General de Cáritas, Lic. Javier Menéndez Ros, Director de Ayuda a la Iglesia necesitada y Lic. Carla Gil, presidenta de Manos Unidas. Los aportes de los participantes enriquecieron notablemente las facetas de la misericordia vistas anteriormente desde su experiencia en las organizaciones caritativas que presiden.
El día concluyó con las comunicaciones: "Acción misericordiosa". El Dr. Esteban Monjas Ayuso, propuso la Misericordia de Dios en "El Quijote" y por último el Dr. Javier Marín Marín, "Vínculo entre la acción educativa y la misericordia".
(Universidad de la Mística)

Ni en Israel he encontrado tanta fe

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 7, 1-10
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de exponer todas sus enseñanzas al pueblo, entró en Cafarnaún.
Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, el centurión le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente:
«Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro gente y nos ha construido la sinagoga».
Jesús se puso en camino con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle:
«Señor, no te molestes; porque no soy digno de que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir a ti personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque también yo soy un hombre sometido a una autoridad y con soldados a mis órdenes; y le digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; y a mi criado: "Haz esto", y lo hace».
Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo:
-«Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe».
Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.
Palabra del Señor.

Dios nos espera con los brazos abiertos, con su gracia podemos renacer: el Papa en el Ángelus


Queridos hermanos y hermanos, ¡buenos días!
La liturgia de hoy nos propone el capítulo 15 del Evangelio de Lucas, considerado el capítulo de la misericordia, que contiene tres parábolas con las cuales Jesús responde a las murmuraciones de los escribas y de los fariseos. Ellos critican su comportamiento y dicen: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos” (v. 2). Con estos tres relatos Jesús quiere hacer entender que Dios Padre es el primero en tener una actitud acogedora y misericordiosa hacia los pecadores. Dios tiene esta actitud. En la primera parábola Dios es presentado como un pastor que deja las noventa y nueve ovejas para ir a la búsqueda de aquella perdida. En la segunda, es comparado con una mujer que perdió una moneda y la busca hasta que la encuentra. En la tercera parábola Dios es imaginado como un padre que acoge al hijo que se había alejado; la figura del padre desvela el corazón de Dios, de Dios misericordioso manifestado en Jesús.
Un elemento común de estas parábolas es aquel expresado por los verbos que significan alegrarse juntos, festejar. No se habla de estar de luto. Se goza, se festeja. El pastor llama a amigos y vecinos y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido" (v.6); la mujer llama a las amigas y a las vecinas diciendo: "Alégrense conmigo, porque encontré la moneda que se me había perdido" (v. 9); el padre dice al otro hijo: “Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado" (v.32). En las primeras dos parábolas el acento está puesto en la alegría tan incontenible que es necesario compartirla con “amigos y vecinos”. En la tercera parábola, el acento se pone en la fiesta que parte del corazón del padre misericordioso y se expande a toda su casa. ¡Esta fiesta de Dios por aquellos que regresan a Él arrepentidos se entona como nunca con el Año Jubilar que estamos viviendo, como dice el mismo término “Jubileo”! Es decir, júbilo.
 Con estas tres parábolas, Jesús nos presenta el rostro verdadero de Dios, un Padre de brazos abiertos, que trata a los pecadores con ternura y compasión.La parábola que más conmueve, - a todos - porque manifiesta el infinito amor de Dios, es aquella del padre que estrecha hacia él y abraza al hijo reencontrado. Y lo que impresiona no es tanto la triste historia de un joven que precipita en la degradación sino sus palabras decisivas: “Ahora mismo iré a la casa de mi padre” (v. 18). El camino de regreso a casa es el camino de la esperanza y de la vida nueva. Dios espera siempre nuestro ponernos en viaje, nos espera con paciencia, nos mira cuando estamos lejanos, nos viene al encuentro, nos abraza, nos besa, nos perdona. ¡Así es Dios! ¡Así es nuestro Padre! Y su perdón cancela el pasado y nos regenera en el amor. Olvida el pasado: y ésta es la debilidad de Dios. Cuando nos abraza y nos perdona, pierde la memoria. ¡No tiene memoria! Olvida el pasado. Cuando nosotros pecadores nos convertimos y nos hacemos encontrar por Dios, no nos esperan reproches y durezas, porque Dios salva, vuelve a recibirnos en casa con alegría y festeja. Jesús mismo en el Evangelio de hoy, dice así: “Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta más que por  99 justos que no tienen necesidad de conversión”. Y les hago una pregunta:
¿Alguna vez han pensado que cada vez que nos acercamos al confesionario, hay alegría y fiesta en el cielo? ¿Han pensado esto? ¡Es hermoso!
Esto nos infunde gran esperanza porque no hay pecado en el que hayamos caído del cual, con la gracia de Dios, no podemos renacer; no hay una persona irrecuperable: ¡nadie es irrecuperable! Porque Dios no deja jamás de querer nuestro bien, ¡aun cuando pecamos!
La Virgen María, Refugio de los pecadores, haga nacer en nuestros corazones la confianza que se encendió en el corazón del hijo pródigo: “Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: "Padre, pequé contra el Cielo y contra ti” (v. 18). Por este camino, podemos dar alegría a Dios, y su alegría puede volverse su fiesta y la nuestra.
(Traducción del italiano: María Cecilia Mutual, Radio Vaticano)


Nada nos impida ser amigos de Jesús y testimoniar la misericordia, alienta el Papa a peregrinos del mundo

 Acerquémonos sin temor a Jesús, acogiendo su gracia para que sane nuestras heridas, nos reconcilie con nuestros hermanos y renueve nuestras vidas en la paz y en la alegría de los hijos de Dios. Fue la exhortación del Papa Francisco a los peregrinos de tantas partes del mundo,  en su audiencia jubilar del sábado 10 de septiembre.
Reiterando y sintetizando su catequesis central en italiano, sobre «Misericordia y Redención» el Obispo de Roma alentó a los peregrinos jubilares a testimoniar el don que recibimos de Cristo: la verdadera libertad, que nos hace hijos de Dios. El don de la redención y de la vida nueva en el Señor:
«Hermanos y hermanas, la audiencia jubilar de hoy nos recuerda que no estamos solos en nuestras dificultades, en nuestras angustias y  dolores.  A nuestro lado está siempre Dios Redentor, que nos fortalece y nos sostiene con su Palabra; nos libera del pecado; nos levanta y eleva hacia Él y nos conduce a una vida nueva. ¡Tengamos confianza siempre en su misericordia!
Les deseo que nada ni nadie les pueda impedir vivir y crecer en la amistad de Dios. Dejen más bien que su amor los regenere como hijos y los reconcilie con Él y con los hermanos».
Con su cordial bienvenida, el Santo Padre dirigió un saludo especial a los participantes en dos peregrinaciones nacionales, la de la República Checa y la de Rumanía.
A la primera, encabezada por el Cardenal Vlk, agradeció la imagen que le donaron de Santa Inés de Bohemia, alentó a poner en práctica las obras de misericordia y pidió también que lleven el saludo del Papa a sus compatriotas:
«Queridos hermanos y hermanas, les deseo que vivan con fe este Jubileo, redescubriendo la belleza de cumplir las obras de misericordia, manifestación concreta del amor de Dios para cada uno de sus hijos. Lleven mi saludo a sus connacionales y, al tiempo que les pido que sigan rezando por mí, imparto de corazón la Bendición Apostólica a ustedes y a sus familias ¡alabado sea Jesucristo!»
En las palabras del Papa a los peregrinos rumanos, su exhortación a las obras de misericordia y a la unidad de los cristianos, a ser signos visibles de que Dios nunca quiere dejar a nadie solo y necesitado:
«Queridos hermanos y hermanas, obrar la misericordia quiere decir servir a la vida y a la comunión. Cada uno de nosotros puede ser levadura de vida e instrumento de comunión en su propia familia, en su trabajo, en su parroquia y en los grupos a los que pertenece. Los invito a ser,  en su día a día, un signo visible de la misericordia de Dios, que no quiere dejar a nadie en la soledad y en la necesidad. Fortalecidos con la oración y las obras de caridad, vayamos adelante juntos, con todos los cristianos, por el camino hacia la unidad. Los bendigo de corazón a ustedes y a sus familias. Cuento con sus oraciones ¡Alabado sea Jesucristo!»
Con especial emoción, el Santo Padre saludó al grupo del Servicio Nacional italiano de la Protección Civil, que no pudo estar presente para «proseguir la preciosa obra de socorro y asistencia a las poblaciones asoladas por el terremoto del pasado 24 de agosto». Y agradeció de corazón su dedicación y generosa ayuda.
A todos deseó el Papa Francisco que el pasar por la Puerta Santa suscite en cada uno el anhelo de ser cada vez más testimonios de misericordia, impulsando así la fe y el espíritu misionero en sus comunidades. Y después de expresar a los participantes en el Jubileo de las Universidades y de los Centros de investigación su anhelo de que «la enseñanza sea rica de valores, para formar a personas que sepan hacer fructificar los talentos que Dios les ha donado», resonó la invitación a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, a invocar los Nombres de Jesús y de María:
«Exhorto a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados a invocar con especial intensidad los Nombres de Jesús y de María para que nos enseñen a amar plenamente a Dios y al prójimo».
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)