martes, 6 de septiembre de 2016

Santa Teresa de Calcuta: El significado espiritual del relicario en su canonización


El relicario en el que se colocó las reliquias de Santa Teresa de Calcuta durante la Misa de canonización tenía un profundo significado espiritual.
La Oficina de Prensa del Vaticano, en colaboración con la postulación de la causa de canonización de la Madre Teresa, explicó que el relicario, que contiene un cabello y sangre de la Santa, está hecho de madera y tiene forma de cruz «porque desde el patíbulo de la Cruz Cristo hizo oír a la Madre Teresa sus tremendas palabras: ‘Tengo sed’. Cada leproso, enfermo, cada persona abandonada era como si repitiera estas sublimes palabras pronunciadas por el Señor».
La parte posterior de la cruz está tallada de un pedazo único de cedro del Líbano, y se ha elegido esta madera porque se considera emblema «de nobleza, magnificencia y belleza».
La parte anterior ha sido confeccionada con varias piezas de madera provenientes de personas y lugares «donde el sufrimiento aún prosigue», además de un pedazo de madera de un confesionario, «signo del perdón sacramental».
Como los miembros «del único cuerpo de Cristo aún sufren y piden el agua del amor», la parte donde están contenidas las reliquias de la Madre Teresa «tiene la forma de gota de agua para saciar la sed del sentido del sufrimiento vivido en la soledad».
La parte izquierda, «que muestra las tres líneas azules del sari (hábito) de la Madre Teresa, tiene forma curva que era como siempre estaba ella en oración y meditación, encorvada al servir a los pobres y para poder dar la idea de que ella siempre se nutría de la ternura de Dios».
La parte derecha tiene una superficie de color blanco, representando también el otro color del sari de Madre Teresa. Allí se han colocado las palabras en inglés «I thirst», en la caligrafía original de la Santa: las palabras que oyó de Jesús el 10 de septiembre de 1946.
Las dos partes del corazón resaltan porque están unidas por una línea circular que expresa el dinamismo de la misión de la Madre Teresa.
La elección de los colores blanco y azul, los colores del sari de las Misioneras de la Caridad, también representan a la Virgen María, de quien la Madre Teresa era muy devota.
La cruz de manera se colocó sobre una base metálica de fierro poco labrado para representar «cómo la sociedad siempre ha visto a la gente pobre que la Madre Teresa amaba con todo su corazón, a la que consideraba como un medio precioso para llegar a la plena unión con Jesús».
ACI

Francisco invita a pizza a 1500 pobres que asisten a la canonización de Madre Teresa


1.500 pobres, atendidos por las Misioneras de la Caridad en Italia, recibirán un regalo del Papa muy especial al finalizar la misa de canonización de Madre Teresa. Tal y como explica un comunicado distribuido por la oficina de prensa de la Santa Sede, en el atrio del Aula Pablo VI podrán comer pizza napolitana.
Los invitados, que proceden de los albergues que las hermanas gestionan en Italia –Milán, Bolonia, Florencia y Nápoles–, han viajado toda la noche en autobuses para participar primero en la canonización y después en la comida.
El almuerzo será servido por unas 250 hermanas de Madre Teresa, 50 hermanos de la congregación masculina y algunos voluntarios.
Las pizzas serán preparadas por una pizzería napolitana con su equipo de casi 20 personas y con el equipamiento móvil formado por 3 hornos.
Zenit

Padre Ángel: "Los voluntarios son los nuevos misioneros del siglo XXI"

Lleva años haciéndose presente en las catástrofes del mundo. Especialista en llevar consuelo a las tragedias más espeluznantes, el Padre Ángel quiso aprovechar su viaje a Roma, a la canonización de la Madre Teresa, para acercarse a Amatrice, la zona cero del reciente terremoto que sacudió el centro de Italia. Y para animar a los voluntarios de Remar que, en colaboración con Mensajeros, tiene allí montada su 'camper' desde el primer momento del seísmo.
Hay controles, como es lógico, en los accesos al pueblo. Nos dejan pasar porque vamos con David, uno de los voluntarios de Remar-Mensajeros. Me llama la atención que, cuando pasamos cerca de Rieti, la capital de la zona, no se percibe rastro alguno del seísmo. La comarca es bella, en plenos Apeninos, reluce de verdor y de vegetación en esta época del año.
Seguimos subiendo por carretera de montaña llena de curvas y llegamos a Montereale, una villa a 23 kilómetros de Amatrice, y ni rastro del terremoto. Pasamos por Aringo, a 13 kilómetros, y todo sigue incólume.
Por fin, divisamos Amatrice, en las faldas de dos impresionantes montañas. Desde la carretera se ve parte del pueblo en el fondo del valle con sus casas en pie. Solo cuando estamos entrando en la localidad, percibimos la primera señal del seísmo: el puente de los tres ojos, que cruza el río que pasa por el pueblo, se ha derrumbado. Pero los equipos de socorro italianos han levantado ya un nuevo puente, que permite cruzar el río sin problema.
Pero aún allí, a las puertas de Amatrice solo se palpa la cercanía de la tragedia por la abrumadora presencia de todo tipo de vehículos de protección civil, ambulancias, bomberos, cuerpos de seguridad, así como camiones, grúas y todo tipo de vehículos del Ejército. Hasta un helicóptero. 
Aparcamos la furgoneta al lado de la Camper de Remar-mensajeros y saludamos a los voluntarios. Seguimos sin  ver rastro de la tragedia. Pero no está lejos y todavía hoy, diez días después del terremoto, ha tenido que ser horrible. Se nota en la cara de pena de los voluntarios.
Guiados por ellos, nos acercamos a la zona cero, a unos 200 metros. Por el camino vemos los primeros signos de destrucción: una casa de cuatro pisos con los dos primeros destruidos y los otros dos prácticamente intactos.
Los voluntarios nos dan la primera explicación. Éste no fue un terremoto ondulatorio sino de sacudidas de abajo arriba. Por eso, se derrumbaron sobre sí mismas las construcciones cuyos cimientos fallaron. Las que aguantaron, algunas se rajaron, pero otras muchas se mantuvieron sin un rasguño. Sobre todo en la parte moderna de la localidad.
La panorámica cambia por completo en el centro del pueblo antiguo. Metido en un valle, sus casas se derrumbaron por completo. Hasta la iglesia se vino abajo y solo quedó de pie el campanario, con su reloj parado en las 3:37 de la madrugada. Y allí sigue, recordando la hora maldita.
En esta zona, que sólo nos permiten ver de lejos, la desolación es total. Las casas parecen tartas aplastadas por un gigante maligno. Algunas están absolutamente destruidas sobre sí mismas y conservan por encima de las ruinas parte del tejado y de la buhardilla.
"En esta casa perecieron aplastados una familia entera: padre, madre y dos hijos pequeños", nos cuentan los voluntarios. El padre Ángel se acerca, se agacha, señala tres peluches entre los escombros y coge un libro, un libro infantil sin tapas y con varias hojas arrancadas, y lo guarda en su bolsa de El Corte Inglés. "Son mis reliquias", dice, para explicar su gesto.

En cambio, a unos 50 metros de la zona cero, hay algunas casas colapsadas junto a otras sin apenas un rasguño. Un pabellón entero de la escuela primaria se derrumbó, mientras los otros dos aguantaron. La iglesia de San Agustín, en la parte alta del pueblo parece bombardeada: perdió parte del campanario y la zona del ábside. El resto sigue en pie, testigo mudo del dolor y la tragedia.
Han pasado 10 días de la tragedia y las televisiones siguen aquí. Tienen instalado un set improvisado en la calle para las conexiones, con la casa que sólo conserva la buhardilla de fondo. "¡Ojalá sigan aquí mucho tiempo. Mientras estén ellos, no se irán los miembros de las instituciones oficiales!", explica un voluntario de Remar-Mensajeros.
El Padre Ángel no puede menos que comparar la destrucción de Amatrice con otras catástrofes que vivió en primera persona. "Comparado con el terremoto de Haití no es nada, a pesar de ser toda una tragedia, especialmente por los casi 300 muertos. En Haití estaba todo arrasado. Hasta la catedral. La verdad es que los pobres siempre pagan más estas tragedias".
Y, cuando nos cruzamos con un grupo de voluntarios que saludan a los de Remar-Mensajeros, el Padre vuelve a comentar: "Éstos, los voluntarios, son los nuevos misioneros del siglo XXI y los que plasman en sus vidas y con sus obras la enorme solidaridad que hay hoy en la sociedad". De hecho, nos cuentan que, tras el terremoto, se lanzó una campaña solidaria por sms y, en sólo una semana, se recogieron 11 millones de euros.
Ante una casa totalmente destruida, el Padre Ángel, acompañado del inspector de los salesianos españoles, Juan Carlos Pérez Godoy, se detiene y reza en silencio, mientras cae la tarde y, a los lejos, se oye el canto de un gallo.
A su lado, Rubenei, un voluntario brasileño de Remar-Mensajeros, comenta casi con lágrimas en los ojos: "Somos nosotros los que destruimos la naturaleza. Éste es otro recado que Dios nos manda, una señal para decirnos 'estad atentos a mi creación'". No sabía el joven maestro de capoeira que, estaba repitiendo, sin saberlo, algo muy parecido a lo que había dicho el Papa.
En su mensaje para la Jornada de la Creación, Francisco proclama: "La tierra grita, porque hemos pecado. Escuchemos el grito de la tierra y de los pobres". Se lo comento a Rubenei y se queda estupefacto. Profundamente evangélico, no había leído ni escuchado el mensaje del Papa, pero se alegra de coincidir con él. Y añade: "Rezo para que los gobernantes miren más a los pobres y terminen con el sistema corrupto que padecemos tanto aquí como en Brasil, en todo el mundo".
Y es que, en el ambiente flota la sospecha de que algunas de las casi 300 víctimas podrían haberse evitado, si las rehabilitaciones de las viviendas se hubiesen hecho a conciencia. Como siempre en Italia, planea la sombra de los negocios interesados de la mafia.
De vuelta a la zona donde está la Camper de Remar-Mensajeros, el padre Ángel les anima a seguir en la brecha, les entrega un donativo y regresamos a Roma. Con el corazón encogido y una oración en los labios por las víctimas inocentes de este seísmo. A lo lejos, las montañas impertérritas y majestuosas, testigos del dolor de Amatrice.
Religión Digital

Pasó la noche orando. Escogió a doce y los nombró apóstoles





Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 12-19
En aquellos días, Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Simón, llamado el Zelotes; Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Después de bajar con ellos, se paró en un llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.
Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y toda la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.
Palabra del Señor.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Santa Teresa de Calcuta – 5 de septiembre



Pocos dudan de que la vida de Teresa es conmovedora y fascinante, aunque determinadas críticas mordaces atenten contra su nombre y quehacer. A través de ella ha irradiado la misericordia de Dios en los deprimidos rincones de Calcuta con una fuerza tal que se siente la tentación de considerarla irrepetible. Y ciertamente cada ser humano lo es ante el Padre. Pero esta mujer, de la que hoy se hace eco este santoral de ZENIT, acogió la gracia con tanto brío que multiplicó con creces los numerosos talentos que recibió, sembrándolos en el tembloroso corazón de esos hermanos y hermanas que jamás conocieron otro consuelo que el que ella les dio. Digan lo que digan sus detractores cuesta dudar de la presencia de Dios y de su infinita bondad cuando se examina el testimonio de Agnes Gonxha Bojaxhiu. El sello de los justos es fácil de reconocer porque tras de sí dejan una huella inextinguible, como la suya.
«Soy un lápiz en manos de Dios», le gustaba decir. Era albanesa. Había nacido en Skopje, hoy Macedonia, el 26 de agosto de 1910. En 1950 adquirió la ciudadanía india. Fue la benjamina de la familia. Influenciada por la honda fe materna, poco antes de cumplir los 12 años, y cuatro después de morir su padre, ya barajó la posibilidad de hacerse misionera. Participaba activamente en la parroquia del Sagrado Corazón. Un día, hallándose ante la imagen de la Virgen de Letnice, sintió que debía consagrarse a Dios. A la espera de tener edad para entrar en una Orden, se afilió a las Hijas de María, donde nació su vocación por los desfavorecidos. A los 18 años ingresó en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María (hermanas de Loreto) sito en una localidad irlandesa. Y queriendo emular a la santa de Lisieux, tomó el nombre de Teresa. Pocos meses más tarde se trasladó a la India. Llegó a Calcuta el 6 de enero de 1929. En 1931 comenzó a ejercer la docencia en la escuela femenina St. Mary, regida por la comunidad. En 1944 fue designada directora de la misma, y como tal ejerció hasta 1948. Cesó al ser autorizada para dedicarse por entero a la atención de los«más pobres de entre los pobres». Poseía todas las cualidades para ello: audacia, abnegación, espíritu de sacrificio, compasión, osadía, temple, misericordia, fortaleza, fidelidad, dotes organizativas, una fe insondable, etc. Y todo lo que hacía estaba impregnado de alegría.
Pero antes, como era una mujer de profunda oración, en ella fue vislumbrando la nueva vía que debía seguir. La denominó «llamada dentro de la llamada». Sucedió el 10 de septiembre de 1946 cuando iba de camino a Darjeeling para realizar el retiro anual y marcó el inicio de una travesía irreversible en la que su anhelo de amar a Cristo y a los demás llenó su vida por completo. En medio de una serie de locuciones y visiones se fue incrementando su sed por hallar «víctimas de amor» para Cristo. En una de ellas sintió que Él le decía: «Ven y sé mi luz. No puedo ir solo». Y fue dirigida por Cristo hacia el colectivo más desfavorecido de la tierra, para lo cual, según Él mismo le indicó, debía fundar una Congregación. Pasó dos años de pruebas y dificultades hasta que en agosto de 1948, obtenido el permiso correspondiente y vestida con su inmaculado sari de algodón, se dispuso a paliar todo el sufrimiento humano que le fuese posible sin ahorrar ningún esfuerzo, ni escatimar sacrificios.
Tras brevísima estancia con las Hermanas Médicas Misioneras de Patna, especializándose para su misión, y con las Hermanitas de los Pobres, en diciembre de ese mismo año comenzó su labor. Recibía la Eucaristía, y salía rosario en mano a buscar a los enfermos y moribundos, «los no deseados, los no amados, aquellos de los que nadie se ocupaba»; tanto daban hombres, mujeres, niños o ancianos, y lo mismo sucedía con el tipo de enfermedades que padeciesen. Ni repugnancia, ni temor a contagios, ninguna selección, la Madre Teresa no tenía otro horizonte que cubrir con su ternura al sufriente. Atendía, lavaba y curaba con delicadeza y misericordia a todos ellos en las calles donde se encontraban y también en sus casas. Vio la simbiosis entre amor y oración: «Dios nos ha creado para amar y para ser amados, y este es el comienzo de la oración, saber que Él me ama, que yo he sido creado para obras mayores», y que la santidad no es un lujo selectivo sino un deber de todos.
Pronto se fueron uniendo a la labor algunas de sus antiguas alumnas y surgió la congregación de las Misioneras de la Caridad, fundada en octubre de 1950 y aprobada por Pablo VI en 1965. Después nacieron los Hermanos Misioneros de la Caridad, los Misioneros de la Caridad Contemplativos y los Padres Misioneros de la Caridad. Creó también los colaboradores de Madre Teresa, y los colaboradores Enfermos y Sufrientes. Además, inició el Movimiento Sacerdotal Corpus Christi. Luchó contra el aborto –«el niño es un regalo de Dios para la familia», decía, y la eutanasia. Abrió centros en distintos puntos del mundo para la atención de leprosos, ciegos, ancianos, enfermos de SIDA, así como orfanatos para niños pobres y abandonados. Consideraba que «las obras de amor son siempre obras de paz».
Espiritualmente vivió una prolongada «noche oscura» hasta el fin de sus días, que acrecentó su sed de amor divino. «El amor, para que sea auténtico, debe costarnos  […]. Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él»Por su heroica labor fue galardonada con premios significativos como el Nobel de la Paz que obtuvo en 1979. En 1986 Juan Pablo II la visitó en Calcuta, en la conocida «Casa del moribundo». El 5 de septiembre de 1997, con el gozo de haber dejado nombrada una nueva superiora general, y su fundación extendida por diversos países, murió. El gobierno le dispensó un funeral de Estado, y de forma inmediata fue aclamada con fama de santidad en todo el mundo. Juan Pablo II la beatificó el 19 de octubre de 2003. Fue canonizada el 4 de septiembre de 2016 por el papa Francisco.
Zenit

Los monjes de Silos inauguran una web para ayudar al discernimiento vocacional



Sermonje.eu es una «herramienta» con la que los monjes de la abadía de Silos pretenden «ayudar a aquellos que buscan la voluntad de Dios». Ofrece la posibilidad de inscribirse a realizar una experiencia monástica con los hermanos de la comunidad
«Una web para conocer el carisma monástico; una ayuda para discernir una vocación que nos llama a despertar el mundo». Así definen el nuevo sitio web que han creado los monjes benedictinos de Santo Domingo de Silos, un proyecto en el que llevan embarcados desde hace un año y que ahora ve por fin la luz en sermonje.eu. «Buscamos ser un instrumento de cara al discernimiento de la vocación monástica, una herramienta con la que poder ayudar a aquellos que buscan la voluntad de Dios», se lee en la web, en la que destacan grandes fotografías y una cuidada visualización.
Se trata de un nuevo sitio en el que los monjes de Silos pretenden «dar a conocer lo específico de la espiritualidad monástico-benedictina, mostrar la sencillez de una vida que gira en torno al ora et labora y la grandeza de una vocación que es capaz de iluminar no solo el presente sino también el futuro». Son las palabras que resumen este proyecto que queda reflejado en el editorial de su publicación «Ausculta», que se puede descargar en pdf desde esta página web.
Experiencia monástica
Con un diseño adaptado a todos los dispositivos y con una visualización moderna y sencilla basada en grandes fotografías, los monjes de Silos muestran en su web cómo es la vida de un monje y los votos que realiza, acompañados de testimonios de varios benedictinos del monasterio. Además, se ofrece la posibilidad de apuntarse a realizar una «experiencia monástica», «una ocasión para vivir unos días en el seno de una comunidad monástica y recibir ayuda para reflexionar sobre la vocación y los medios adecuados para responder al amor de Dios».
Archidiócesis de Burgos

CANONIZACIÓN DE LA BEATA TERESA DE CALCUTA

Estaban al acecho para ver si curaba en sábado


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 6-11
Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar.
Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.
Los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo.
Pero él conocía sus pensamientos y dijo al hombre de la mano atrofiada:
«Levántate y ponte ahí en medio».
Y, levantándose, se quedó en pie.
Jesús les dijo:
-«Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar una vida o destruirla?».
Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo:
«Extiende tu mano».
Él lo hizo y su mano quedó restablecida.
Pero ellos, ciegos por la cólera, discutían qué había que hacer con Jesús.
Palabra del Señor.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Homilía del Papa Francisco en la Santa Misa con Rito de Canonización de la Madre Teresa de Calcuta


«¿Quién comprende lo que Dios quiere?» (Sb 9,13). Este interrogante del libro de la Sabiduría, que hemos escuchado en la primera lectura, nos presenta nuestra vida como un misterio, cuya clave de interpretación no poseemos. Los protagonistas de la historia son siempre dos: por un lado, Dios, y por otro, los hombres. Nuestra tarea es la de escuchar la llamada de Dios y luego aceptar su voluntad. Pero para cumplirla sin vacilación debemos ponernos esta pregunta. ¿Cuál es la voluntad de Dios en mi vida?
La respuesta la encontramos en el mismo texto sapiencial: «Los hombres aprendieron lo que te agrada» (v. 18). Para reconocer la llamada de Dios, debemos preguntarnos y comprender qué es lo que le gusta. En muchas ocasiones, los profetas anunciaron lo que le agrada al Señor. Su mensaje encuentra una síntesis admirable en la expresión: «Misericordia quiero y no sacrificios» (Os 6,6; Mt 9,13). A Dios le agrada toda obra de misericordia, porque en el hermano que ayudamos reconocemos el rostro de Dios que nadie puede ver (cf. Jn 1,18). Y cada vez que nos hemos inclinado ante las necesidades de los hermanos, hemos dado de comer y de beber a Jesús; hemos vestido, ayudado y visitado al Hijo de Dios (cf. Mt 25,40): es decir, hemos tocado la carne de Cristo.
Estamos llamados a concretar en la realidad lo que invocamos en la oración y profesamos en la fe. No hay alternativa a la caridad: quienes se ponen al servicio de los hermanos, aunque no lo sepan, son quienes aman a Dios (cf. 1 Jn 3,16-18; St 2,14-18). Sin embargo, la vida cristiana no es una simple ayuda que se presta en un momento de necesidad. Si fuera así, sería sin duda un hermoso sentimiento de humana solidaridad que produce un beneficio inmediato, pero sería estéril porque no tiene raíz. Por el contrario, el compromiso que el Señor pide es el de una vocación a la caridad con la que cada discípulo de Cristo lo sirve con su propia vida, para crecer cada día en el amor.
Hemos escuchado en el Evangelio que «mucha gente acompañaba a Jesús» (Lc 14,25). Hoy aquella «gente» está representada por el amplio mundo del voluntariado, presente aquí con ocasión del Jubileo de la Misericordia. Vosotros sois esa gente que sigue al Maestro y que hace visible su amor concreto hacia cada persona. Os repito las palabras del apóstol Pablo: «He experimentado gran gozo y consuelo por tu amor, ya que, gracias a ti, los corazones de los creyentes han encontrado alivio» (Flm 1,7). Cuántos corazones confortan los voluntarios. Cuántas manos sostienen; cuántas lágrimas secan; cuánto amor derraman en el servicio escondido, humilde y desinteresado. Este loable servicio da voz a la fe - ¡da voz a la fe! y expresa la misericordia del Padre que está cerca de quien pasa necesidad.
El seguimiento de Jesús es un compromiso serio y al mismo tiempo gozoso; requiere radicalidad y esfuerzo para reconocer al divino Maestro en los más pobres y descartados de la vida y ponerse a su servicio. Por esto, los voluntarios que sirven a los últimos y a los necesitados por amor a Jesús no esperan ningún agradecimiento ni gratificación, sino que renuncian a todo esto porque han descubierto el verdadero amor. Y cada uno de nosotros puede decir: ‘Igual que el Señor ha venido a mi encuentro y se ha inclinado sobre mí en el momento de necesidad, así también yo salgo al encuentro de él y me inclino sobre quienes han perdido la fe o viven como si Dios no existiera, sobre los jóvenes sin valores e ideales, sobre las familias en crisis, sobre los enfermos y los encarcelados, sobre los refugiados e inmigrantes, sobre los débiles e indefensos en el cuerpo y en el espíritu, sobre los menores abandonados a sí mismos, como también sobre los ancianos dejados solos. Dondequiera que haya una mano extendida que pide ayuda para ponerse en pie, allí debe estar nuestra presencia y la presencia de la Iglesia que sostiene y da esperanza’ Y hacer esto con la memoria viva de la mano tendida del Señor sobre mí, cuando estaba caído.
Madre Teresa, a lo largo de toda su existencia, ha sido una generosa dispensadora de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos por medio de la acogida y la defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada. Se ha comprometido en la defensa de la vida proclamando incesantemente que «el no nacido es el más débil, el más pequeño, el más pobre». Se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes - ¡ante los crímenes! - de la pobreza creada por ellos mismos. La misericordia ha sido para ella la «sal» que daba sabor a cada obra suya, y la «luz» que iluminaba las tinieblas de los que no tenían ni siquiera lágrimas para llorar - para llorar - su pobreza y sufrimiento.
Su misión en las periferias de las ciudades y en las periferias existenciales permanece en nuestros días como testimonio elocuente de la cercanía de Dios hacia los más pobres entre los pobres. ¡Hoy entrego esta emblemática figura de mujer y de consagrada a todo el mundo del voluntariado: que ella sea vuestro modelo de santidad! Pienso, quizá, que tendremos un poco de dificultad en llamarla Santa Teresa: su santidad está tan cerca de nosotros, tan tierna y fecunda que espontáneamente la seguiremos llamando: ¿madre Teresa’... Esta incansable trabajadora de la misericordia nos ayude a comprender cada vez más que nuestro único criterio de acción es el amor gratuito, libre de toda ideología y de todo vínculo y derramado sobre todos sin distinción de lengua, cultura, raza o religión. Madre Teresa amaba decir: «Tal vez no hablo su idioma, pero puedo sonreír». Llevemos en el corazón su sonrisa y entreguémosla a todos los que encontremos en nuestro camino, especialmente a los que sufren. Abriremos así horizontes de alegría y esperanza a toda esa humanidad desanimada y necesitada de comprensión y ternura.


El Papa Francisco canonizó a la Madre Teresa de Calcuta: en toda la Iglesia sea venerada entre los Santos

 El Amén de la numerosísima asamblea en la Plaza de San Pedro y un intenso aplauso emocionado se elevó al cielo, en acción de gracias a Dios, uniéndose a los corazones llenos de fervor de todo el mundo, cuando el Papa Francisco pronunció la fórmula de canonización en latín e inscribió en el Libro de los Santos a la Madre Teresa de Calcuta. Y el canto gozoso y solemne del Jubilate Deo subrayó el momento en que las reliquias de la nueva Santa se colocaban al lado del altar.
Fórmula de la canonización de Teresa de Calcuta que pronunció el Papa Francisco:
«En honor de la Santísima e Indivisible Trinidad, para exaltación de la Fe católica y el incremento de la vida cristiana, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y la Nuestra, después de la debida reflexión y la oración frecuente implorando la asistencia divina, y después de haber oído el parecer de muchos de nuestros hermanos en el episcopado, declaramos y definimos Santa
a la Beata Teresa de Calcuta
y la inscribimos en el Libro de los Santos, decretando que en toda la Iglesia ella  sea venerada  entre los Santos. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo».
 (CdM – RV)
(from Vatican Radio)

Madre Teresa, una santa para todos


 Miles de peregrinos serán testigos este domingo de la canonización, en la plaza de San Pedro, de Anjeze Gonxhe Bojaxhiu, más conocida como Madre Teresa de Calcuta. Asimismo, 600 periodistas de todo el mundo darán cobertura a este gran evento del Año de la Misericordia. El Vaticano ha informado que han sido 100 mil las entradas repartidas para la misa, aunque se prevé que  acudirán muchas más personas. 
El día anterior, el Santo Padre celebrará en la plaza de San Pedro la audiencia general y dará la catequesis para el mundo del voluntariado y los trabajadores de Misericordia. Y posteriormente, el lunes 5 de septiembre, por primera vez se celebra la fiesta de santa Teresa de Calcuta y el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, presidirá una misa en la plaza de San Pedro.
Además, con ocasión de la canonización, la Secretaría para la Comunicación implementará, en cooperación con MC360PHOTO, el proyecto “Yo estuve allí”, una foto panorámica de altísima resolución de la plaza de San Pedro que, partiendo de la visión completa de la plaza repleta de fieles, permitirá hacer zoom sobre el rostro de cada participante. Se podrá visitar, desde el día después de la ceremonia, en la página webwww.motherteresasaint.com. Lo ha anunciado el director de la oficina de prensa de la Santa Sede, Greg Burke, durante la rueda de prensa de presentación de la canonización.
En la rueda de prensa ha participado también sor Mary Prema Pierick, M.C., superiora general de las Misioneras de la Caridad, quien ha recordado los momentos compartidos con la futura santa. “Era siempre muy humilde con nosotras”, ha señalado. Asimismo ha explicado que la Madre Teresa “aceptaba todo, también las cosas difíciles” y “nos alentaba a continuar”.
Por otro lado ha asegurado que las llevaba “cada vez más cerca a Jesús, a la Virgen María”. No hacía nada para unir a la gente a ella –ha observado– pero con su ejemplo lo conseguía.
La superiora también ha querido recordar que a la oración de las 5 de mañana, Madre Teresa era la primera en llegar. Y después de la misa “estaba lista para ayudar a todos”. Y ha añadido: “su sonrisa era el mejor regalo para Jesús y para nosotras”. Sor Mary ha recordado también que la futura santa, de origen albanés, era siempre muy obediente. Si el médico la recomendaba ciertas medicinas, ella obedecía.
Su visión del mundo y de las personas –ha recordado– estaba inspirado en el amor infinito por el Señor. Y su trabajo con los más pobres deriva “de este profundo amor por el Señor”. Finalmente ha querido precisar que “tenemos que continuar su ejemplo y herencia”.
En segundo lugar ha participado el padre Brian Kolodiejchuk, M.C., superior general de los padres Misioneros de la Caridad y postulador de la causa de canonización de Madre Teresa. Él ha observado que le parece justo que sea canonizada en el año de la misericordia porque “era muy consciente de la necesidad de la misericordia”. Por otro lado ha hablado también de la pobreza interior que Madre Teresa reconocía en sí misma, “la Calcuta de mi corazón” que la llevaba a decir “Calcuta está en todos lados”. El postulador ha asegurado que Madre Teresa es “una santa para todos”, porque compartió el sufrimiento de Jesús.
Finalmente, ha tomado la palabra Marcílio Haddad Andrino, de Brasil, quien recibió el milagro por intercesión de la beata Teresa de Calcuta, que ha permitido la canonización. Marcílio, acompañado por su mujer, ha narrado cómo fue el proceso de la curación inexplicablemente en diciembre del 2008, cuando sufrió una infección bacteriana en el cerebro que le generó ocho abscesos cerebrales graves y un dolor de cabeza insoportable. Todo comenzó cuando un amigo sacerdote animó a Marcílio, recién casado, y a su esposa a orar pidiendo la intercesión de la Madre Teresa. Por su parte, su esposa, ha recordado que “cuanto más difícil era la situación, más rezábamos”. Cuando la medicina ya no podía hacer nada –ha recordado– he rezado mucho y he pedido a Madre Teresa que intercediera para curar a su marido, si era la voluntad de Dios.
¿Te has preguntado alguna vez por qué yo?, le ha preguntado una periodista a Marcílio. “Dios es misericordioso con todos, sin distinción”, ha aseverado Marcílio.

Francisco pide imitar el ejemplo de Madre Teresa para realizar una revolución de la ternura


El ejemplo de vida de Madre Teresa como “testigo privilegiado de caridad y de generosa atención a los pobres y a los últimos” contribuya a llevar cada vez más a Cristo “al centro de la vida” y a vivir generosamente su Evangelio “en el continuo ejercicio de las obras de misericordia para ser constructores de un futuro mejor, iluminado por el esplendor de la verdad”.
Este es el deseo del papa Francisco, que expresa en un telegrama –firmado por el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin– enviado al padre Bernardo Cervellera, director de AsiaNews.
El mensaje lo ha enviado con ocasión del congreso internacional que la agencia ha organizado en Roma, en la Universidad Pontificia Urbaniana, dedicado a Madre Teresa “como icono de la Misericordi hacia Asia y el mundo”.
Finalmente, el Papa reza para que los devotos de Madre Teresa, “imitando el ardor apostólico” puedan realizar “esa revolución de la ternura iniciada por Jesucristo con su amor de predilección a los pequeños”.
Zenit

Realismo responsable



Los ejemplos que emplea Jesús son muy diferentes, pero su enseñanza es la misma: el que emprende un proyecto importante de manera temeraria, sin examinar antes si tiene medios y fuerzas para lograr lo que pretende, corre el riesgo de terminar fracasando.
Ningún labrador se pone a construir una torre para proteger sus viñas, sin tomarse antes un tiempo para calcular si podrá concluirla con éxito, no sea que la obra quede inacabada, provocando las burlas de los vecinos. Ningún rey se decide a entrar en combate con un adversario poderoso, sin antes analizar si aquella batalla puede terminar en victoria o será un suicidio.
A primera vista, puede parecer que Jesús está invitando a un comportamiento prudente y precavido, muy alejado de la audacia con que habla de ordinario a los suyos. Nada más lejos de la realidad. La misión que quiere encomendar a los suyos es tan importante quenadie ha de comprometerse en ella de forma inconsciente, temeraria o presuntuosa.
Su advertencia cobra gran actualidad en estos momentos críticos y decisivos para el futuro de nuestra fe. Jesús llama, antes que nada, a la reflexión madura: los dos protagonistas de las parábolas «se sientan» a reflexionar. Sería una grave irresponsabilidad vivir hoy como discípulos de Jesús, que no saben lo que quieren, ni a dónde pretenden llegar, ni con qué medios han de trabajar.
¿Cuándo nos vamos a sentar para aunar fuerzas, reflexionar juntos y buscar entre todos el camino que hemos de seguir? ¿No necesitamos dedicar más tiempo, más escucha del evangelio y más meditación para descubrir llamadas, despertar carismas y cultivar un estilo renovado de seguimiento a Jesús?
Jesús llama también al realismo. Estamos viviendo un cambio sociocultural sin precedentes. ¿Es posible contagiar la fe en este mundo nuevo que está naciendo, sin conocerlo bien y sin comprenderlo desde dentro? ¿Es posible facilitar el acceso al Evangelio ignorando el pensamiento, los sentimientos y el lenguaje de los hombres y mujeres de nuestro tiempo? ¿No es un error responder a los retos de hoy con estrategias de ayer?
Sería una temeridad en estos momentos actuar de manera inconsciente y ciega. Nos expondríamos al fracaso, la frustración y hasta el ridículo. Según la parábola, la «torre inacabada» no hace sino provocar las burlas de la gente hacia su constructor. No hemos de olvidar el lenguaje realista y humilde de Jesús que invita a sus discípulos a ser «fermento» en medio del pueblo o puñado de «sal» que pone sabor nuevo a la vida de las gentes.
José Antonio Pagola

El Papa en la Audiencia Jubilar: "los voluntarios sois artesanos de la misericordia"

Hemos escuchado el himno de la caridad que el apóstol Pablo escribió a la comunidad de Corinto, y que constituye una de las páginas más hermosas y más exigentes para el testimonio de nuestra fe (cf. 1 Co 13,1-13). San Pablo ha hablado muchas veces del amor y de la fe en sus escritos; sin embargo, en este texto se nos ofrece algo extraordinariamente grande y original. Él afirma que el amor, a diferencia de la fe y de la esperanza, «no pasará jamás» (v. 8), y para siempre. Esta enseñanza debe ser para nosotros una certeza inquebrantable; el amor de Dios no cesará nunca, ni en nuestra vida ni en la historia del mundo. Es un amor que permanece siempre joven, activo y dinámico, y que atrae hacia sí de un modo incomparable. Es un amor fiel que no traiciona, a pesar de nuestras contradicciones. Es un amor fecundo que genera y va más allá de nuestra pereza. En efecto, de este amor todos somos testigos. El amor de Dios nos sale al encuentro, como un río en crecida que nos arrolla pero sin aniquilarnos; más bien, es condición de vida: «Si no tengo amor, no soy nada», dice san Pablo (v. 2). Cuanto más nos dejamos involucrar por este amor, tanto más se regenera nuestra vida. Verdaderamente deberíamos decir con toda nuestra fuerza: soy amado, luego existo.
            El amor del que nos habla el Apóstol no es algo abstracto ni vago; al contrario, es un amor que se ve, se toca y se experimenta en primera persona. La forma más grande y expresiva de este amor es Jesús. Toda su persona y su vida no es otra cosa que una manifestación concreta del amor del Padre, hasta llegar al momento culminante: «la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores» (Rm 5,8). Esto es amor, ¿eh?. No son palabras, ¿eh? ¡Es amor! Del Calvario, donde el sufrimiento del Hijo de Dios alcanza su culmen, brota el manantial de amor que cancela todo pecado y que todo recrea en una vida nueva. Llevemos siempre con nosotros, de modo indeleble, esta certeza de la fe: Cristo «me amó y se entregó por mí» (Ga 2,20). Esta es la grandeza de la certeza: Cristo me ha amado, y se ha entregado así mismo por mí, por tu, por todos, ¡por cada uno de nosotros! Nada ni nadie podrá separarnos del amor de Dios (cf. Rm 8,35-39). Por tanto, el amor es la expresión más alta de toda la vida y nos permite existir.
            Ante este contenido tan esencial de la fe, la Iglesia no puede permitirse actuar como lo hicieron el sacerdote y el levita con el hombre abandonado medio muerto en el camino (cf. Lc 10,25-36). No se puede mirar para otro lado y dar la espalda para no ver muchas formas de pobreza que piden misericordia. Y esto de girarse hacia el otro lado para no ver: el hambre, las enfermedades, las personas explotadas… ¡Esto es un pecado grave! También, es un pecado moderno, ¡es un pecado de hoy! Nosotros cristianos no podemos permitirnos esto. No sería digno de la Iglesia ni de un cristiano «pasar de largo» y pretender tener la conciencia tranquila sólo porque se ha rezado ¡o porque hemos ido a Misa el domingo! No.  El Calvario es siempre actual; no ha desaparecido ni permanece sólo como un hermoso cuadro en nuestras iglesias. Ese vértice de com-pasión, del que brota el amor de Dios hacia la miseria humana, nos sigue hablando hoy, animándonos a ofrecer nuevos signos de misericordia. No me cansaré nunca de decir que la misericordia de Dios no es una idea bonita, sino una acción concreta: no hay misericordia sin concreción; la misericordia no es hacer el bien de paso. Es involucrarse ahí donde existe el mal, donde hay enfermedad, donde hay hambre, donde hay tantas explotaciones humanas. La misericordia humana no será auténtica –es decir humana-  hasta que no se concrete en el actuar diario. La admonición del apóstol Juan sigue siendo válida: «Hijitos míos, no amemos solamente con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad» (1 Jn 3,18). De hecho, la verdad de la misericordia se comprueba en nuestros gestos cotidianos que hacen visible la acción de Dios en medio de nosotros.
            Hermanos y hermanas, vosotros representáis el gran y variado mundo del voluntariado. Entre las realidades más hermosas de la Iglesia os encontráis vosotros que cada día, casi siempre de forma silenciosa y oculta, dais forma y visibilidad a la misericordia. Vosotros sois artesanos de misericordia: con vuestras manos, con vuestros ojos, con vuestro escuchar, con vuestra cercanía, con vuestras caricias… Artesanos…Vosotros manifestáis uno de los deseos más hermosos del corazón del hombre: hacer que una persona que sufre se sienta amada. En las distintas condiciones de indigencia y necesidad de muchas personas, vuestra presencia es la mano tendida de Cristo que llega a todos. Sois la mano tendida de Cristo: ¿habéis pensado esto? La credibilidad de la Iglesia pasa también de manera convincente a través de vuestro servicio a los niños abandonados, los enfermos, los pobres sin comida ni trabajo, los ancianos, los sintecho, los prisioneros, los refugiados y los emigrantes, así como a todos aquellos que han sido golpeados por las catástrofes naturales... En definitiva, dondequiera que haya una petición de auxilio, allí llega vuestro testimonio activo y desinteresado. Vosotros hacéis visible la ley de Cristo, la de llevar los unos los pesos de los otros (cf. Ga 6,2; Jn 13,24). Queridos hermanos y hermanas, vosotros tocáis la carne de Cristo con vuestras manos: no olvidéis esto. Vosotros tocáis la carde de Cristo con vuestras manos. Sed siempre diligentes en la solidaridad, fuertes en la cercanía, solícitos en generar alegría y convincentes en el consuelo. El mundo tiene necesidad de signos concretos, de signos de solidaridad, sobre todo ante la tentación de la indiferencia, y requiere personas capaces de contrarrestar con su vida el individualismo, el pensar sólo en sí mismo y desinteresarse de los hermanos necesitados. Estad siempre contentos y llenos de alegría por vuestro servicio, pero no dejéis que nunca sea motivo de presunción que lleva a sentirse mejores que los demás. Por el contrario, vuestra obra de misericordia sea la humilde y elocuente prolongación de Jesucristo que sigue inclinándose y haciéndose cargo de quien sufre. De hecho, el amor «edifica» (1 Co 8,1) y, día tras día, permite a nuestras comunidades ser signo de la comunión fraterna.
            También, hablad al Señor de esto. Llamadle. Haced como ha hecho Hermana Preymar, como nos ha contado la Hermana: ha llamado a la puerta del tabernáculo. Así con coraje, ¿eh? El Señor nos escucha: ¡llamadle! Señor, ¡mira esto! Mira cuanta pobreza, tanta indiferencia, tanto mirar hacia el otro lado: “Esto a mí no me toca, a mí no me importa”. Habladlo con el Señor: “Señor por qué? Señor, ¿por qué? Por qué soy tan débil y tú me has llamado para hacer este servicio? Ayúdame, y dame fuerza. Y dame humildad”. El centro de la misericordia es este diálogo con el corazón misericordioso de Jesús.
            Mañana, tendremos la alegría de ver a Madre Teresa proclamada santa. ¡Y se lo merece! Este testimonio de misericordia de nuestro tiempo se añade a la innumerable lista de hombres y mujeres que han hecho visible con su santidad el amor de Cristo. Imitemos también nosotros su ejemplo, y pidamos ser instrumentos humildes en las manos de Dios para aliviar el sufrimiento del mundo, y dar la alegría y la esperanza de la resurrección. Gracias.
Y antes de daros la bendición, os invito a todos a rezar en silencio por todas aquellas personas, tantas personas que sufren; por todo el sufrimiento, por todos aquellos que viven descartados en la sociedad. Rezad también por todos aquellos voluntarios como vosotros, que han encontrado la carne de Cristo por tocarla, curarla, sentirla cerca. Y rezad también por todos aquellos que delante de tanta misericordia miran hacia otro lado y en el corazón escuchan la voz que les dice: A mí no me toca, a mi no me importa”. Recemos en silencio.
Y lo hacemos también con la Virgen. Ave María…. 

(from Vatican Radio)

Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.



Evangelio según san Lucas 14, 25-33 

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:

«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.

Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.

Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, sí echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:

"Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar."

¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil?

Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.

Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».

Palabra del Señor.