viernes, 12 de agosto de 2016

¿Sabías que la Iglesia católica está constituida por 24 Iglesias autónomas?


¡Es así! La Iglesia Católica no se limita al rito romano. Es una gran comunión de 24 Iglesias, siendo 1 occidental y 23 orientales.
La rama occidental está representada por la tradición latina de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Es llamada “occidental” debido a la localización geográfica de Roma, y no porque su presencia se restrinja a países de Occidente: en realidad, la Iglesia Católica de rito romano está presente en el mundo entero y tiene diócesis en todos los continentes, de Portugal a Japón, de Brasil a Rusia, de Angola a China, de Canadá a Nueva Zelanda.
Las Iglesias católicas orientales también tienen fieles diseminados por el mundo, pero, por razones históricas, están más fuertemente presentes en los lugares donde surgieron. Poseen tradiciones culturales, teológicas y litúrgicas diferentes, así como estructura y organización territorial propias, pero profesan la misma e única doctrina y fe católica, manteniéndose, por tanto, en comunión completa entre si y con la Santa Sede.
Todas las 24 Iglesias que componen la Iglesia Católica son consideradas Iglesias “sui iuris”, o sea, son autónomas para legislar de modo independiente respecto a su rito y su disciplina, pero no respecto de los dogmas, que son universales y comunes a todas ellas y garantizan su unidad de fe – formando, esencialmente, una única Iglesia Católica obediente al Santo Padre, el Papa, que a todas preside en la caridad.
La legislación de cada Iglesia “sui iuris” es estudiada y aprobada por su respectivo sínodo, o sea, por la reunión de sus obispos bajo la presidencia de su arzobispo-mayor o patriarca. Por ejemplo, la Iglesia Melquita está presidida por Su Beatitud el Patriarca Gregorio III; la Iglesia Greco-Católica Ucraniana, por Su Beatitud el Arzobispo-Mayor Sviatoslav Shevchuk. El rebaño de los fieles católicos de rito latino está guiado directamente por el Papa Francisco, obispo de Roma, que es también el líder de toda la gran comunión de la Iglesia Católica en sus diversas tradiciones.
Es muy común incluso ahora, en especial en Occidente, confundir la Iglesia Católica con el rito latino, un error que viene teniendo lugar desde hace siglos y que, a lo largo de la historia, ha causado serios daños a los católicos de ritos orientales. Lo que es preciso entender es que todos los católicos latinos son, obviamente, católicos; mero no todos los católicos son católicos latinos. ¡Y esta es una de las muchísimas riquezas del infinito tesoro de la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica!
El Concilio Vaticano II reconoció que todos los ritos aprobados por las Iglesias que forman la Iglesia Católica tienen la misma dignidad y derecho y deben ser preservados y promovidos.
Además, si hablamos de los ritos, otra confusión frecuente es la que se produce entre el rito latino y el rito romano: los términos suelen usarse como sinónimos, pero, técnicamente, además del rito romano, también existen otros ritos latinos de ciertas Iglesias locales, como el ambrosiano o el mozárabe, y los de algunas órdenes religiosas, además del rito tridentino (o forma extraordinaria del rito romano). Pero no están vinculados a Iglesias autónomas “sui iuris“, sino que son diferentes ritos dentro de la misma tradición latina de la Iglesia Católica.
Respecto a los ritos orientales, las diferencias tienen más que ver con la diversidad de tradiciones y tiene vínculos históricos entre los ritos y las Iglesias “sui iuris” específicas que los adoptan: son el alejandrino o copto, el bizantino, el antioqueno o siríaco occidental, el caldeo o siríaco oriental, el armenio y el maronita.
Pero ¿cuáles son, en definitiva, las Iglesias “sui iuris” que forman la Iglesia Católica? Aquí la impresionante lista:
DE RITO OCCIDENTAL
Tradición litúrgica latina:
Rito latino de la Iglesia Católica Apostólica Romana (sede en Roma)
DE RITOS ORIENTALES
Tradición litúrgica alejandrina:
Iglesia Católica Copta (patriarcado; sede en El Cairo, Egipto)
Iglesia Católica Etíope (metropolitanado; sede en Addis Abeba, Etiopía)
Iglesia Católica Eritrea (metropolitanado; sede en Asmara, Eritrea)
Tradição litúrgica bizantina:
Iglesia Greco-Católica Melquita (patriarcado; sede en Damasco, Siria)
Iglesia Católica Bizantina Griega (eparquía; sede en Atenas, Grecia)
Iglesia Católica Bizantina Ítalo-Albanesa (eparquía; sede en Sicilia, Italia)
Iglesia Greco-Católica Ucraniana (arzobispado mayor; sede en Kiev, Ucrania)
Iglesia Greco-Católica Bielorrusa (también llamada Católica Bizantina Bielorrusa)
Iglesia Greco-Católica Rusa (sede en Novosibirsk, Rusia)
Iglesia Greco-Católica Búlgara (eparquía; sede en Sofía, Bulgaria)
Iglesia Católica Bizantina Eslovaca (metropolitanado; sede en Prešov, Eslovaquia)
Iglesia Greco-Católica Húngara (metropolitanado; sede en Nyíregyháza, Hungría)
Iglesia Católica Bizantina de Croacia y Serbia (eparquía; sedes en Križevci, Croacia, y Ruski Krstur, Serbia)
Iglesia Greco-Católica Rumana (arzobispado mayor; sede en Blaj, Rumanía)
Iglesia Católica Bizantina Rutena (metropolitanado; sede en Pittsburgh, Estados Unidos)
Iglesia Católica Bizantina Albanesa (eparquía; sede en Fier, Albania)
Iglesia Greco-Católica Macedónica (exarcado o exarquía; sede en Skopje, Macedonia)
Tradición litúrgica armenia:
Iglesia Católica Armenia (patriarcado; sede en Beirut, Líbano)
Tradición litúrgica maronita:
Iglesia Maronita (patriarcado; sede en Bkerke, Líbano)
Tradición litúrgica antioquena o siríaca occidental:
Iglesia Católica Siríaca (patriarcado; sede en Beirut, Líbano)
Iglesia Católica Siro-Malancar (arzobispado mayor; sede en Trivandrum, India)
Tradición litúrgica caldea o siríaca oriental:
Iglesia Católica Caldea (patriarcado; sede en Bagdad, Iraq)
Iglesia Católica Siro-Malabar (arzobispado mayor; sede en Cochín, India)
Aleiteia

Decálogo para saber envejecer

El verano y las vacaciones son, sin duda, una época propicia para rejuvenecer, para mostrar nuestra mejor silueta, para considerarnos más en forma.
Todo el mundo quiere ser joven y parecerlo. Incluso las personas de edad más avanzada. Quizás porque, como decía alguien, “nada nos hace envejecer con mayor rapidez que el pensar incesantemente en que nos hacemos viejos”. Por eso, lo mejor será pensar que aún somos jóvenes.
Como suele decir Manuel Alcántara, con su fino humor: “Y dentro de cien años, cuando todos seamos jóvenes…”. Pues, eso. Acaso lo más interesante, y además, gran verdad, sea pensar que “toda edad tiene sus propios frutos; hace falta saberlos recoger”. Para quien quiera conocer los secretos de “saber envejecer”, valga este decálogo fácil y sencillo.
1. “Cuidarás tu presentación cada día”. Arréglate como si fueras a una fiesta. ¡Qué más fiesta que la vida! Que al verte se alegren los ojos de los demás.
2. “No te encerrarás en tu casa ni en tu habitación”. Saldrás a la calle y al campo de paseo: “El agua estancada se pudre”.
3. “Amarás el ejercicio físico”. Un rato de gimnasia, una caminata razonable dentro o fuera de casa, por lo menos abrir la puerta, regar las rosas, contestar el teléfono.
4. “Evitarás actitudes y gestos de viejo derrumbado”. La cabeza gacha, la espalda encorvada, la mirada perdida, no favorecen nada. Que la gente diga un piropo cuando pasas: “¡Qué recto va el señor! ¡Qué guapa la señora!”.
5. “¡No hablarás de tu edad, ni te quejarás de tus achaques reales o imaginarios!”. Acabarás por creerte más viejo y más enfermo de lo que eres. A la gente no le gusta oír historias de hospital. Cuando te pregunten cómo estás, dirás que. ¡muy bien!
6. “Cultivarás el optimismo sobre todas las cosas”. Al mal tiempo, buena cara. Sé positivo y`de buen humor. La vejez no es cuestión de años sino un estado de ánimo. El corazón no envejece.
7. “Tratarás de ser útil a los demás”. Ayuda con una sonrisa, un consejo, un servicio. No te coloques el cartel de “inservible”.
8. “Trabajarás con tus manos y con tu mente”. Haz lo que puedas. El trabajo es la terapia infalible.
9. “Mantendrás vivas y cordiales las relaciones humanas”. Desde luego, las que se anudan en el hogar, integrándote a todos los miembros de tu familia.
10. “No pensarás que todo el tiempo pasado fue mejor”. Deja de estar condenando tu mundo y maldiciendo tu momento.
Fáciles consejos que todos podemos poner en práctica. Nos irá fenomenal.
Zenit

Cardenal Bagnasco: “La crisis del mundo es sobre todo una crisis espiritual”

Fue asesinado el 10 de agosto del 258 por orden del emperador romano Valeriano porque no estaba dispuesto a negociar su fe en Cristo. El martirio de san Lorenzo es todavía actual. Lo es en la medida en la que, en el mundo, muchos cristianos están dispuestos a aceptar sacrificios por no aceptar al pensamiento dominante.
Lo dijo este miércoles el cardenal Angelo Bagnasco, en la misa celebrada en ocasión de la fiesta de san Lorenzo, patrón de la catedral de Génova, de la que es arzobispo el presidente de la Conferencia Episcopal Italiana.
La historia de san Lorenzo sugiere al purpurado italiano una comparación con la época contemporánea: “mientras continúan las persecuciones clásicas, que conocemos de una historia que se creía lejana, hoy se añaden formas refinadas pero no menos crueles, legalizadas pero no menos injustas”. Su referencia es a “nuestro viejo occidente”, “enfermo como está en las propias ideologías fracasadas”, que presume de “derechos” mientras que “discriminan el cristianismo cada vez más”. Sin embargo –advirtió el cardenal– ningún poderoso de la tierra podrá poseer para siempre el corazón del hombre a través de la propaganda de las mentiras, con promesas trucadas, democracias aparentes.
Hoy, añadió el presidente de la CEI, en nombre de valores como la igualdad, la tolerancia, los derechos, se pretende marginar el cristianismo y se quiere crear un orden mundial sin Dios, donde la diversidad por una parte es exaltada y por otro es aplastada. Existe “la voluntad prepotente de homologar, de querer condicionar las visiones profundas de la vida y de los comportamientos, el sistemático restablecimiento de las identidades culturales”.
Se está llevando a cabo en Europa –según el cardenal Bagnasco– una refundación continental dañina que los pueblos sienten pesada y arrogante, donde el cristianismo viene considerado divisivo porque no se postrar a los emperadores de turno. Pero “la historia demuestra que cuando los poderosos se concentran en la propia supervivencia para ambiciones personales, y renuncian a los intereses públicos, es la hora de la decadencia”.
El arzobispo de Génova recordó que “la crisis del mundo es sobre todo una crisis espiritual” y “nuestro continente, frente a los desafíos actuales, tartamudea porque está perdido y asustado, porque ya no sabe quién es, habiendo cortado sus orígenes culturales y religiosos, hasta sentir vergüenza de las propias tradiciones, de los propios símbolos y de los propios ritos”.
A propósito de san Lorenzo, el cardenal Bagnasco precisó el valor que el cristianismo da al martirio: “El mártir no es aquel que pierde la vida en el intento de quitarla a los otros, sino aquel que ofrece su vida para que los otros la tengan”. Como recuerda el Evangelio de esta memoria litúrgica: “Si el grano de trigo muere, produce mucho fruto” y “los frutos verdaderos son vida, no muerte”.
Por otro parte, “la vida humana es sagrada porque viene de Dios” por tanto –la conclusión del arzobispo de Génova– es que “va siempre respetada y nadie se la puede quitar a sí mismo o a los otros”.
Zenit

Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero, al principio, no era así.


Evangelio según San Mateo 19,3-12.

Se acercaron a él algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: "¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?".

El respondió: "¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer; y que dijo: Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne?

De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido". 

Le replicaron: "Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno se separa?".

El les dijo: "Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era así.

Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio".

Los discípulos le dijeron: "Si esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse".

Y él les respondió: "No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido.

En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!".

jueves, 11 de agosto de 2016

5 Anécdotas de Santa Clara de Asís


El pan y la cruz
En una de las visitas del Papa al Convento, dándose las doce del día, Santa Clara invita a comer al Santo Padre pero el Papa no accedió. Entonces ella le pide que por favor bendiga los panes para que queden de recuerdo, pero el Papa respondió:
– Quiero que seas tú la que bendigas estos panes.
Santa Clara le dice que sería como un irrespeto muy grande de su parte hacer eso delante del Vicario de Cristo. El Papa, entonces, le ordena bajo el voto de obediencia que haga la señal de la Cruz. Ella bendijo los panes haciéndole la señal de la Cruz y al instante quedó la Cruz impresa sobre todos los panes.
Exceso de humildad
Santa Clara guardaba finas atenciones a las hermanas que mendigaban fuera del monasterio. Hasta llegaba a lavarles los pies.
En una ocasión, después de haber lavado los pies, quiso besarlos. La hermana, no soportando tanta humildad, retiró el pie y golpeó el rostro de Clara. Pese al moretón y quizás al hilo de sangre de la nariz, volvió a tomar con ternura el pie y bajo la misma planta estampó un apretado beso.
Esta santa monjita…
Santa Clara estuvo enferma 27 años en el convento de San Damián, soportando todos los sufrimientos de su enfermedad con paciencia heroica. En su lecho bordaba, hacía costuras y oraba sin cesar.
El Sumo Pontífice la visitó dos veces y exclamó:
– Ojalá yo tuviera tan poquita necesidad de ser perdonado como la que tiene esta santa monjita.

El Santísimo Sacramento
En 1241 los sarracenos atacaron la ciudad de Asís. Cuando se acercaban a atacar el convento que está en la falda de la loma, en el exterior de las murallas de Asís, las monjas se fueron a rezar muy asustadas y Santa Clara, cuya fe en el Santísimo Sacramento era prácticamente inquebrantable, tomó en sus manos la custodia con la hostia consagrada y se les enfrentó a los atacantes.
Ellos experimentaron en ese momento tan grande terror que huyeron despavoridos…

Patrona de la televisión
Hallándose una vez Santa Clara gravemente enferma, hasta el punto de no poder ir a la iglesia para rezar el oficio con las demás monjas, llegó la solemnidad de la natividad de Cristo. Todas las demás fueron a rezar, quedando ella sola en la cama, afligida por no poder ir con ellas. Pero Jesucristo, su esposo, no quiso dejarla sin aquel consuelo y la hizo transportar milagrosamente a la iglesia de San Francisco y asistir a todo el oficio de los maitines y de la misa de media noche. Además pudo recibir la comunión, y acto seguido, fue llevada de nuevo a su cama.
Las monjas, terminado el oficio en San Damián, fueron a ver a Santa Clara y le dijeron:

– Ay madre nuestra, sor Clara! ¡Cuánto consuelo hemos tenido en esta santa noche de Navidad! Quisiera Dios que hubieras estado con nosotras.
Y Santa Clara respondió:
– Yo doy gracias y alabanzas a mi Señor Jesucristo bendito, hermanas e hijas mías amadísimas, porque he tenido la dicha de asistir, con gran consuelo de mi alma, a toda la función de esta noche santa y ha sido mayor que la que han tenido ustedes. Por intercesión de mi padre San Francisco y por la gracia de mi Señor Jesucristo, me he hallado presente en la iglesia, y he oído con mis oídos espirituales y corporales todo el canto y la música del órgano, y hasta he recibido la sagrada comunión. Alégrense, entonces, y den gracias a Dios por esta gracia tan grande que me ha hecho.
Es por esto que Santa Clara fue nombrada patrona de la televisión.
Artículo originalmente publicado por recursoscatolicos.com.ar

José Alegre: "El carisma profético es un don de Dios"

 Querida Kandi: Una vez regresado a mi monasterio después de asistir como invitado al Capítulo de vuestra Congregación de Castilla, quiero expresarte mi agradecimiento por la Semana que he pasado con vosotras en el monasterio de Santo Domingo de las Calzada.
Han sido unos días muy interesantes de convivencia y reflexión de todos los monasterios cistercienses femeninos, bajo tu presidencia y acompañados por el buen servicio espiritual de nuestro Abad General de la Orden.
Han sido unos días de reflexión en torno a la vida de nuestros monasterios, y de despertar la conciencia en torno a la importancia que tienen hoy nuestros valores monásticos, así como de la necesidad de hacer con ellos un buen servicio a nuestra sociedad. Por esto, he considerado que era interesante enviarte estas líneas al modo de una carta abierta.
La vida de una Congregación cisterciense ya es por sí interesante, pues va más allá de los vínculos jurídicos, es una relación, yo diría de familia, donde prevalecen los lazos de ayuda, de compartir, de estímulo mutuo: vida litúrgica, económica, espiritual...
No es, pues extraño que al inicio nos saludases a todos con la palabra del salmista: es hermoso vivir los hermanos unidos (Salm 132)
Un saludo que no era un mero cumplimiento, sino como el sello de un trabajo serio durante varios años, y en ocasiones con problemas nada fáciles, pero todo vivido y llevado a término con un servicio generoso, siempre necesario en la vida de la monja o del monje. Y aquí siempre con el mismo horizonte: potenciar la unidad de la Congregación.
Hoy, en nuestro tiempo, y en esta sociedad concreta tan amenazada de dispersión, cuando no de violencia y enfrentamiento, siempre es de agradecer poner en juego todo un esfuerzo de servicio para crecer en la unidad y en la reconciliación. Yo creo que es el signo de una fe madura.
En esta línea habló una palabra de profunda sabiduría nuestro Abad General en un comentario exegético de las parábolas del Hijo Prodigo y del Buen Samaritano, que venía a subrayar la fecundidad de un Dios Padre que siempre sorprende a nuestra infidelidad con nuevos signos de vida y de fecundidad. Lo cual es hoy algo trascendente cuando nosotros nos acostumbramos a "sobrevivir", dejando de vivir con "el deseo de la plenitud". Dios es la fuente de la vida, y quiere sumergirnos en su caudal de vida, para ser como hijos suyos creadores de vida, potenciadores de vida.
¿Y no es potenciar la vida, sugerir caminos de vida, de amor.... Exhortar a tener una vida de buena relación, a tener una comunicación fluida, una solidaridad fraterna... hechas verdades vividas en el afecto y el cariño y en la ayuda mutua.
Estas líneas, o estos sentimientos no son patrimonio exclusivo de monasterios sino de la misma existencia humana. Si quiere ser verdaderamente humana.
Bien, pues en todo esto se mueve la inquietud de la Congregación. No obstante ser una inquietud vivida dentro de una palpable debilidad: comunidades con dificultades de edad y de salud en sus miembros, con escasez de vocaciones... Pero, no obstante es una buena ocasión para vivir la Palabra, para mostrar la madurez de nuestra fe, recordando la enseñanza de san Pablo: Cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte (2Cor 12,10)
Sólo que esto estamos llamados a vivirlo no con lamentación sino con la confianza en un Dios Padre, siempre fecundo como fuente de vida nueva, y que nos quiere fecundos en estos tiempos nada fáciles para una fecundidad espiritual.
Pero todo resulta más fácil cuando se contempla y se vive bajo el prisma de la Misericordia. Todos estos sentimientos están también impulsados por este movimiento de misericordia que ha levantado como un vendaval bonancible la iniciativa del Papa Francisco, y que esperamos no pase a mejor vida con el final del año, sino con el final de nuestra vida, cuando verdaderamente caigamos en los brazos amorosos del Padre que nos recibe en su casa no ya como trabajadores sino como hijos, regalándonos la plenitud de la vida.
Una mirada de ternura. Mirar con el corazón... Un corazón que da la impresión que hemos subido al desván para quedarnos tranquilos. Hay que bajar el corazón de ese espacio de objetos inútiles que es el desván, para que vuelva a recobrar la alegría ejercitándose en lo que es propio suyo: mirar con sensibilidad humana, mirar con ternura, con amor...
Tomás Merton decía: ... ya no somos profetas. Nuestros monasterios no dan al mundo moderno ninguna vocación profética. El carisma profético es un don de Dios, no un deber del hombre. Por otro lado si no se nos ha dado el don de Dios, tal vez nosotros no nos hemos preparado para recibirlo. Los contemplativos tendrían que ser capaces de decir al hombre moderno alguna cosa de Dios.
Y me pregunto: ¿Acaso todo esto que vengo escribiendo no tiene fuerza para decir al hombre moderno alguna cosa de Dios? Pero, evidentemente, no desde un corazón recogido en el desván.
Querida Kandi, sigue con el corazón en tus manos.
(José Alegre, monje de Poblet)

Santa Clara de Asís – 11 de agosto

Nació en Asís, Italia, entre 1193 y 1194 en el seno de una familia aristocrática. Era hija de Favarone di Offreduccio, conde de Sasso-Rosso, y de Ortolana di Fiume. Ésta era una mujer intrépida y generosa que atendía a los pobres, estaba al frente de la casa y peregrinaba a Roma, a Tierra Santa, a Santiago de Compostela y a otros santuarios esparcidos por Italia. Ella fue la artífice de la educación espiritual de Clara, que heredó muchas de sus virtudes, además de su amor a la oración y a las obras de caridad con los necesitados. Dado su origen nobiliario se cree que la santa debió recibir una formación cultural acorde con su estatus social, aunque no hay datos que lo corroboren, como también le enseñarían las labores propias de la época: hilar y tejer, así como cualquier aspecto apropiado para alguien de su alcurnia.
Nada más iniciarse el siglo XIII la guerra que enfrentó a los habitantes de Asís dividiéndolos en bandos, obligó a su familia a exiliarse a Perusa. En el transcurso de la misma cayó prisionero el joven Bernardone, futuro e incomparable santo, que luego sería liberado. Al final de esta contienda, hacia 1205, Clara y su familia regresaron a Asís. Poco después se produjo la conversión de Francisco, hecho que corrió como un reguero de pólvora al tratarse del hijo de un rico comerciante y líder absoluto de los jóvenes de la ciudad. Es posible que la santa fuese testigo del radical desprendimiento evangélico del Poverello efectuado ante el obispo y en presencia de su padre, además de muchos ciudadanos, porque su domicilio paterno se enclavaba en la céntrica plaza de la catedral (hoy con el nombre de San Rufino). Clara escuchaba con atención las noticias que circulaban por Asís sobre la conversión del heredero de los Bernardone y sus primeras correrías apostólicas con otros jóvenes de diversas clases sociales que habían quedado seducidos por Cristo. Ella se afanaba en cultivar el ayuno y la oración, al tiempo que socorría a los pobres, muchas veces ocultando los alimentos entre sus vestidos.
Sus padres la preparaban para casarla como correspondía a su alcurnia. Pero ya había elegido la virginidad y la pobreza como formas de vida. Le llamaba poderosamente la atención la austeridad de Francisco y sus seguidores. Conocía su lugar de reunión: la ermita de Santa María de los Ángeles (la Porciúncula). Y aunque contaba con la frontal oposición de su familia, durante cinco años estuvo sopesando la idea que se había clavado en sus entrañas de compartir el mismo ideal del Poverello. En ese tiempo se entrevistó con él a escondidas en varias ocasiones a las puertas de la Porciúncula. Finalmente, el Domingo de Ramos, bien de 1211 o de 1212, ella también abandonó familia, títulos, bienes, prestigio…, y se dirigió a la ermita. Fue recibida por Francisco y sus discípulos que entonaban solemnemente el Veni Creátor Spíritus. Dentro de la iglesia, la joven se desprendió de sus vestiduras y tomó el áspero hábito. En el suelo quedaron esparcidos sus cabellos cercenados por el fundador de los franciscanos dejando al descubierto la nuca que a partir de ese instante cubrió con negra toca.
A continuación, el santo la condujo al monasterio de San Pablo de las Abadesas, situado en Bastia Umbra. Así prevenía las gravísimas consecuencias que esta decisión tendría en su familia, como así fue. Pensó también que la tutela que la joven recibiría en el monasterio junto a los votos emitidos iban a preservarla de tener que regresar a casa. Además, al haber legado todos sus bienes, Clara no poseía dote alguna para ingresar en el convento, como habría hecho en condiciones normales. Tuvo que entrar como sierva, algo que aún incrementó más la contrariedad de sus padres que veían en ello algo humillante para una rica aristocrática. Cuando intentaron disuadirla y llevarla junto a ellos, se descubrió su cabeza tonsurada, y así ahuyentó sus propósitos. La determinación de la joven era irrevocable, y cuando las aguas se calmaron un poco, se trasladó a la comunidad del Santo Angel de Panzo, uniéndose a religiosas que llevaban vida comunitaria. Poco más tarde, su hermana Inés siguió sus pasos y tomó el hábito en presencia de Francisco. Después, establecidas ya en San Damián, lo hicieron Beatriz, su hermana pequeña, y su madre. El grupo fue creciendo, y de común acuerdo se abrazaron a los postulados que regía la naciente Orden franciscana, sometiéndose voluntariamente bajo obediencia.
Francisco le proporcionó las líneas que las religiosas debían seguir. Una de ellas era la limosna. En esa época ya estaban vigentes las indicaciones emanadas del IV concilio de Letrán que imponía a las nuevas órdenes regirse por una de las tres reglas existentes: la benedictina, la de san Basilio y la de san Agustín. En un primer momento, los recelos e incomprensiones les obligaron a adoptar la regla benedictina, pero Clara amaba profundamente la pobreza. De modo que acudió a Inocencio III, le solicitó y obtuvo de él, el privilegio de pobreza, y pudieron seguir plenamente el carisma franciscano, confiando únicamente en la divina Providencia. Ya entonces era abadesa de la comunidad de las Damas Pobres de San Damián, fundada por ella a petición de Francisco, quien puso el gobierno de la misma en sus manos. Clara siempre le asistió y apoyó, proporcionándole consuelo humano y espiritual.
Cuando San Damián pasó a depender de la Santa Sede, después del fallecimiento de Francisco, recibió el apoyo del cardenal Hugolino, futuro pontífice Gregorio IX. Ella fue la autora de la regla, primera de la historia de la Iglesia redactada por una mujer y dirigida a otras congéneres. La aprobó Inocencio IV que estuvo presente en su lecho de muerte, el 11 de agosto de 1253, donde acudió a visitarla y a darle su bendición. Había sido agraciada con numerosos carismas, entre otros, el don de milagros. Fue canonizada en Anagni por Alejandro IV el 15 de agosto de 1255. En 1958 Pío XII la declaró patrona de la televisión.
Zenit

No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete


Evangelio según San Mateo 18,21-35.19,1.

Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".


Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.

Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.

El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.

Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.

El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.

Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.

Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.

¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.

E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.

Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".

Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, dejó la Galilea y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán.

“Jubileo: inagotable tesoro de la misericordia de Dios”, el Papa en la catequesis

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El pasaje del Evangelio de Lucas que hemos escuchado (7,11-17) nos presenta un milagro de Jesús verdaderamente grandioso: la resurrección de un joven. Sin embargo, el corazón de esta narración no es el milagro, no: sino la ternura de Jesús hacia la madre de este joven. La misericordia toma aquí el nombre de una gran compasión hacia una mujer que había perdido al marido y que ahora acompaña al cementerio a su único hijo. Es este gran dolor de una madre que conmueve a Jesús y lo induce al milagro de la resurrección.
Al presentar este episodio, el evangelista se entretiene en muchos particulares. En la puerta de la ciudad de Naím – un pueblo – se encuentran dos grupos numerosos que provienen de direcciones opuestas y que no tienen nada en común. Jesús, seguido por sus discípulos y por una gran multitud está por entrar en la zona habitada, mientras de ella está saliendo la procesión fúnebre que acompaña a un difunto, con la madre viuda y mucha gente. Ante la puerta los dos grupos se acercan solamente recorriendo cada uno por su propio camino, pero es ahí que san Lucas precisa el sentimiento de Jesús: «Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: ¡No llores! Después se acercó y tocó el féretro. Los que los llevaban se detuvieron» (vv. 13-14). Una gran compasión guía las acciones de Jesús: es Él quien detiene la procesión tocando el féretro y, conmovido por una profunda misericordia por esta madre, decide afrontar la muerte, por así decir, de tú a tú. Y la afrontará definitivamente, de tú a tú, en la Cruz.
Durante este Jubileo, sería una buena cosa que, al pasar por la Puerta Santa, la Puerta de la Misericordia, los peregrinos recordaran este episodio del Evangelio, sucedido en la puerta de Naím. Cuando Jesús vio a esta madre en lágrimas, ¡ella entró en su corazón! A la Puerta Santa cada uno llega llevando la propia vida, con sus alegrías y sus sufrimientos, los proyectos y los fracasos, las dudas y los temores, para presentarlas a la misericordia del Señor. Estemos seguros que, ante la Puerta Santa, el Señor se acerca para encontrar a cada uno de nosotros, para llevar y ofrecer su poderosa palabra consoladora: “¡No llores!” (v. 13). Ésta es la Puerta del encuentro entre el dolor de la humanidad y la compasión de Dios. Y pensemos en esto: un encuentro entre el dolor de la humanidad y la compasión de Dios. Cruzando el umbral nosotros realizamos nuestra peregrinación hacia la misericordia de Dios que, como al joven muerto, repite a todos: «Yo te lo ordeno, levántate» (v.14). A cada uno de nosotros: “levántate”. Dios nos quiere de pie. Nos ha creado para estar de pie: por esto, la compasión de Jesús lleva a aquel gesto de la curación, a curarnos… Y la palabra clave es: “Levántate”. Ponte de pie, como te ha creado Dios”. De pie… “Pero padre, nosotros caemos muchas veces”. “Adelante, levántate”. Esta es la palabra de Jesús, siempre. Al cruzar la Puerta Santa, tratemos de sentir en nuestro corazón esta palabra: “Levántate”. La palabra poderosa de Jesús puede levantarnos y obrar también en nosotros el paso de la muerte a la vida. Su Palabra nos hace revivir, dona esperanza, consuela los corazones cansados, abre a una visión del mundo y de la vida que va más allá del sufrimiento y de la muerte. ¡En la Puerta Santa esta esculpido para cada uno el inagotable tesoro de la misericordia de Dios!
Alcanzado por la Palabra de Jesús, «el muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre» (v. 15). Esta frase es tan bella, indica la ternura de Jesús: “Lo restituyó a su madre”. La madre encuentra al hijo. Recibiéndolo de las manos de Jesús ella se hace madre por segunda vez, pero el hijo que ahora le es restituido no es de ella de quien ha recibido la vida. Madre e hijo reciben así la respectiva identidad gracias a la palabra poderosa de Jesús y a su gesto amoroso. Así, especialmente en el Jubileo, la madre Iglesia recibe a sus hijos reconociendo en ellos la vida donada por la gracia de Dios. Es en virtud de tal gracia, la gracia del Bautismo, que la Iglesia se hace madre y que cada uno de nosotros se hace su hijo.
Ante el joven resucitado a la vida y restituido a la madre, «todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: ¡Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo!». Cuanto Jesús ha hecho no es por lo tanto solo una acción de salvación destinada a la viuda y a su hijo, o un gesto de bondad limitada a aquella ciudad. En la ayuda misericordiosa de Jesús, Dios va al encuentro de su pueblo, en Él surge y continuará a surgir para la humanidad toda la gracia de Dios. Celebrando este Jubileo, que he querido que fuera vivido en todas las Iglesias particulares, es decir, en todas las iglesias del mundo, y no solo en Roma, es como si toda la Iglesia extendida por el mundo se uniera en un único canto de alabanza al Señor. También hoy la Iglesia reconoce ser visitada por Dios. Por esto, acercándonos a la Puerta Santa de la Misericordia, cada uno sabe de acercarse a la puerta del corazón misericordioso de Jesús: es Él de hecho la verdadera Puerta que conduce a la salvación y nos restituye a una vida nueva. La misericordia, sea en Jesús sea en nosotros, es un camino que parte del corazón para llegar a las manos… ¿Qué cosa significa esto? Jesús te mira, te cura con su misericordia, te dice: “Levántate”, y ti corazón es renovado. Pero esto del camino del corazón a las manos… “Eh, si, ¿Y ahora qué hago yo? Con el corazón nuevo, con el corazón sanado por Jesús realizo las obras de misericordia con las manos, y trato de ayudar, de sanar a muchos que tienen necesidad”. La misericordia es un camino que parte del corazón y llega a las manos, es decir, a las obras de misericordia. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

miércoles, 10 de agosto de 2016

10 de agosto, san Lorenzo, mártir



San Lorenzo (mártir), nació en Huesca, Aragón, España , en el siglo III. Era uno de los diáconos de la iglesia romana, fue una de las víctimas de la persecución de Valeriano en el año 258, al igual que lo fueron el Papa Sixto II y muchos otros clérigos romanos.

A comienzos del mes de agosto del año 258, el emperador emitió un edicto ordenando matar inmediatamente a todos los obispos, curas y diáconos.

Esta orden imperial se ejecuto inmediatamente en Roma. El 6 de agosto, el Papa Sixto II fue capturado en una catacumba y ejecutado de inmediato.

Cuatro días más tarde, el 10 de agosto del mismo año, Lorenzo, el último de los siete diáconos, también sufrió la muerte de un mártir.

San Ambrosio de Milán y el poeta Prudencio, dieron detalles concretos sobre la muerte de San Lorenzo. Ambrosio relata ( De officiis min. Xxviii ) cuando se le preguntó a San Lorenzo por los tesoros de la Iglesia, este, hizo comparecer a los pobres entre los que, en lugar de darles limosna, había repartido el tesoro.

También contó que cuando se llevaban al Papa Sixto II para ejecutarlo, éste reconfortó a San Lorenzo que deseaba compartir su martirio, diciéndole que le seguiría en tres días.

El santo Obispo de Milán también explica que San Lorenzo fue quemado hasta la muerte en una parrilla de hierro (De offic., xli). De igual manera, pero con más detalles poéticos, Prudencio describe el martirio del diácono romano en su himno a San Lorenzo("Peristephanon", Hymnus II).


“Roma no se entiende sin su aportación española”

 Pasear y vivir en Roma y leer sobre su rica y abundante historia, ha llevado al profesor Sergio Rodríguez López-Ros, director del Instituto Cervantes en esta ciudad, a escribir este libro para profundizar en la “lectura española” que ofrece la ciudad eterna. “Un Jubileo en español. Itinerario por la Roma iberoamericana“, publicado por la Libreria Editrice Vaticana, ofrece a los lectores un recorrido por las calles y plazas de esta urbe donde se puede ver y sentir esta aportación española. 
Cuatro doctores de la Iglesia son españoles: san Isidoro de Sevilla, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Ávila y san Juan de Ávila. Los países de lengua española están a la cabeza en cuanto a número de santos canonizados, con un total de 802. Cinco de las grandes órdenes – dominicos, jerónimos, mercedarios, jesuitas, escolapios-  fueron fundadas por un español. Son solo algunos datos que ayudan a entender la huella española en la historia de la Iglesia. Y como no podía ser de otra manera, Roma, centro de la Iglesia católica, refleja también esta marca.
Fue un español, Joan B. Vives, quien fundó en 1622 el Colegio de Propaganda Fide, actual Congregación para la Evangelización de lo Pueblos. De las 7 universidad pontificias en Roma, 4 han sido fundadas por españoles: Angelicum, Gregoriana, Urbaniana y la Santa Cruz. El cardenal español Francisco de Lorenzana, arzobispo de México, fundó la Pontificia Accademia di Religione Cattolica en 1801, institución que en 1879 se transformó en la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino. Hoy en día, el español es el idioma del 46% de los católicos. Y España es el primer contribuyente a las misiones.
Sergio Rodríguez cree que esta ciudad no se entiende plenamente sin su aportación española y así lo muestra en este volumen. “Poner en valor que Roma tiene un carácter universal pero también es lo que es gracias a la aportación española de personas e instituciones”, este sería el objetivo de su libro “Un Jubileo en español. Itinerario por la Roma iberoamericana”, según explica a ZENIT.
Asimismo, explica que es una obra muy didáctica porque no está pensada como tratado de historia, está pensada para alguien que viene a Roma y tiene que hacer una lectura rápida y descodificar rápido los elementos que se ofrecen. Es una análisis muy estructurado, sintetizado y organizado a través de recorridos que permiten “pasear” por la ciudad en clave de fe.
Sobre todo, precisa, en clave de fe desde las pautas culturales españolas. Es decir, “uno ve los lugares donde se han fundado órdenes españolas, donde españoles han escrito libros, iglesias vinculadas a España”. Además, subraya Rodríguez López-Ros, como este año es el año del Jubileo, la guía está vista en esta clave.
El director del Instituto Cervantes en Roma reconoce que la labor de documentación ha sido muy intensa porque se han consultado muchos archivos, bibliotecas e ir in situ a los lugares. De este modo se han preparado unas fichas con una introducción sobre la larga vinculación entre Roma y España. Arranca con la España romana, continúa con la etapa de esplendor de las coronas de Aragón y Castilla en Roma, luego con la Roma española desde el siglo XVI al XVIII y finalmente la etapa del siglo XIX desde la visión iberoamericana. De este modo, explica Rodríguez López-Ros, se pone en valor la gran comunidad iberoamericana de naciones, que tiene como colofón que hoy en día el 46% de los católicos habla español.
En este trabajo han surgido algunos “elementos especiales” sobre los vínculos Roma  – España. Se sabe, explica, que plaza Navona acogió una comunidad española, por tanto en torno a ella surgieron iglesias españolas y luego el centro de gravedad pasa a la plaza España. Y en torno a ella, muchas órdenes fueron ubicando sus casas y se crea así un barrio español. Estas dos zonas “son las más españolas de Roma”, precisa. Pero también existe una vinculación muy estrecha con Santa María la Mayor. Una curiosidad, por ejemplo, es el caso de un santo español, san Lorenzo, que después de san Pedro es el santo con más iglesias dedicadas en Roma, ocho en total.
Este trabajo, asegura el autor de libro, también ha llevado a descubrir muchas zonas desconocidas de Roma. Por ejemplo, San Lorenzo in fonte, antigua terma romana donde san Lorenzo estuvo recluido, una pequeña iglesia detrás de Largo de Torre Argentina, donde se puede bajar y ver la celda. Y como este detalle se encuentran muchos más.  
Por otro lado, también asegura que España no solo crea obras sino que crea modelos, formas de hacer. Y esto es lo que configura una influencia muy grande en toda la cristiandad durante los siglos. ¿Cómo ayudará este libro a los peregrinos que vengan a Roma para vivir el Jubileo? El director del Instituto Cervantes en Roma insiste en la idea de “poner en valor” y así los peregrinos españoles al conocer Roma se reconozcan a ellos mismos y la aportación de sus antepasados y su cultura.
A propósito de la huella de América Latina en Roma, recuerda que el país que tiene relaciones diplomáticas más antiguas con la Santa Sede es España, desde 1480. Pero de Iberoamérica también nos encontramos por ejemplo con Colombia, desde 1831. Además, México y Argentina tienen iglesias nacionales propias en esta ciudad.
Finalmente el profesor Rodríguez López-Ros subraya que es fácil darse cuenta en Roma que el diálogo entre fe y cultura es esencial. En esta ciudad se ve que “a lo largo de la historia la Iglesia siempre ha trabajado en obras que sean perceptibles por la gente de esa época”. Esa es la clave: que la transmisión de la fe sea comprendida por las personas de cada época.
Zenit

El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.


Evangelio según San Juan 12,24-26. 

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. 


El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna. 


El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre. 

Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein



Edith  Stein, un itinerario hacia la verdad
«Una se siente trasladada en el tiempo en que nuestra Santa Madre Teresa, la fundadora del Carmelo reformado, atravesaba España de norte a sur y de este a oeste, plantando  nuevas viñas para el Señor. Y querría trasplantar en nuestro tiempo algo del espíritu que invadía a esta gran mujer que, en un siglo de luchas y turbulencias, construyó un maravilloso edificio. Quiera ella enviarnos su bendición para que, al menos esta pequeña descripción sobre su vida y obras, reciba algunos rayos de su espíritu y los contagie en el corazón de los lectores; y que despierte el deseo de conocerla más cercanamente en las fuentes, en el rico tesoro de sus propios escritos; y quien aprenda a beber de estas fuentes, no se cansará de recoger allí de nuevo ánimo y fuerza».
(Edith Stein,  Amor con amor. Vida y obra de Santa Teresa de Jesús ).

Hoy, 9 de agosto de 2015 celebramos la fiesta de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, carmelita descalza mártir que entregó su vida en el campo de concentración de Auschwitz, hace 73 años. Su vida y sus escritos constituyen el mejor legado de esta mujer judía que desde niña mostró una profunda sed de verdad, que la llevaría a descubrirla en su vida, en los acontecimientos, en el ser humano, en la naturaleza, en Dios.

Resulta indudable que Santa Teresa de Jesús provocó en Edith un fuerte deseo de centrar su vida en la auténtica Verdad. Sin embargo, este acontecimiento no se puede considerar un hecho aislado sino que vino precedido  por la influencia de personas y acontecimientos que la llevaron a disponerse a ese encuentro con la persona de Jesucristo, en el seno de la Iglesia católica.

Una de estas personas que, durante sus años universitarios de Gotinga, ejerció influencia en su espíritu, fue el filósofo Max Scheler, del que Edith refiere en su Autobiografía :

«Tanto para mí como para otros muchos, la influencia de Scheler en aquellos años fue algo que rebasaba los límites del campo estricto de la filosofía. (…) Este fue mi primer contacto con este mundo hasta entonces para mí completamente desconocido. No me condujo todavía a la fe, pero me abrió a una esfera de “fenómenos” ante los cuales ya nunca más podía pasar ciega. No en vano nos habían inculcado que debíamos tener todas las cosas ante los ojos sin prejuicios y despojarnos de toda “anteojera”. Las limitaciones de los prejuicios racionalistas en los que me había educado, sin saberlo, cayeron, y el mundo de la fe apareció súbitamente ante mí. Personas con las que trataba diariamente y a las que admiraba, vivían en él. Tenían que ser, por lo menos, dignos de ser considerados en serio. Por el momento no pasé a una dedicación sistemática sobre las cuestiones de la fe; estaba demasiado saturada de otras cosas para hacerlo. Me conformé con recoger sin resistencia las incitaciones de mi entorno y  –casi sin notarlo–, fui transformada poco a poco ».

Esta última afirmación de Edith podría dar la clave de su itinerario de conversión. Evoca rasgos de una personalidad abierta a lo diferente, resuelta a permanecer siempre en constante búsqueda y acogida de todo aquello que le pueda ir enriqueciendo y haciendo madurar, y constituye de alguna manera, su seña de identidad, como mujer reflexiva y ponderada que era.

“Recoger sin resistencia”, “dejarse transformar poco a poco” son actitudes interiores, que, a su vez, comportan decisiones que afectan la vida de la persona. La trayectoria espiritual de Edith viene jalonada por una serie de acontecimientos que hemos conocido en sus escritos y en los testimonios de personas que la trataron a lo largo de su fecunda vida.

En este sentido, resulta particularmente  iluminador el testimonio de Paulina Reinach, hermana de Adolf Reinach, filósofo y profesor en la Universidad de Gotinga, al que Edith admiraba por su grandeza de espíritu y afabilidad en el trato, y que murió en el campo de batalla (1917). 

Paulina refiere en los Procesos de Beatificación de Edith lo siguiente:
«En el verano de 1921, cuando la Sierva de Dios se iba a despedir de nosotras, mi cuñada (Ana Reinach) y yo le pedimos que escogiera un libro de nuestra biblioteca. Su elección recayó en una biografía de Santa Teresa de Ávila, escrita por ella misma. De este detalle, estoy absolutamente segura» (Cf. SACRA CONGREGATIO PRO CAUSIS SANCTORUM,  Canonisationis servae Dei Teresiae Benedictae a Cruce , Roma, 1983, p. 437).

Con toda probabilidad, este libro no lo pudo leer en la Universidad de Gotinga, así que seguramente se lo llevaría a Bergzabern, a casa de los Conrad-Martius, Theodor y Hedwig, matrimonio de filósofos, con los que Edith trabó profunda amistad. Podría ser, por tanto, que la lectura de la Vida de la Santa la efectuara en la casa de los amigos Martius, si bien Edith ya llevaba consigo el libro, regalo de Ana y Paulina Reinach.

Dado que Edith era una persona reflexiva, la lectura de la Vida de Teresa de Jesús, la rumiaría con sosiego en el tiempo de vacaciones que pasó junto a sus amigos, a quienes les regaló dicha obra, de la que Hedwig, hizo un asiento a mano en el libro: “Bergzabern, verano de 1921”. Es probable que más tarde, cuando Edith ya estaba en el Carmelo de Colonia, la señora Conrad-Martius, se lo volviera a regalar, pues el libro lleva el sello del convento. Y actualmente, se encuentra en la casa parroquial de Bergzabern.

Por tanto, se puede atisbar que la conversión de Edith no se produjo de manera espectacular ni inmediata, sino que fue a lo largo de un itinerario, en que la tierra  fértil de un espíritu abierto como el suyo, iba asumiendo con profunda convicción, su paso a la Iglesia católica, de la mano de Teresa de Jesús. De hecho, su experiencia de conversión cabría situarla a finales de 1918 y no en el verano de 1921, con la lectura de la Vida de Santa Teresa. Edith no afirma que en el Libro de la Vida encontrase la verdad, sino que «puso fin a mi larga búsqueda de la verdadera fe» ( Cómo llegué al Carmelo de Colonia)¹.
Y a quien fue uno de sus compañeros de estudios y con quien mantuvo una intensa correspondencia epistolar, el filósofo polaco Roman Ingarden, le escribe:

«Si realmente se toma usted en serio la búsqueda de la verdad en las cosas religiosas, es decir, la búsqueda de Dios, no de la prueba de la experiencia religiosa, entonces encontrará usted, sin lugar a dudas, un camino. Solo puedo aconsejarle lo que ya le escribí una vez: apoyarse en los escritos de los grandes santos y místicos, ahí tiene usted la mejor documentación: la Vida de santa Teresa, escrita por ella misma (no le recomendaría empezar con el Castillo interior, si bien esta es la principal obra mística), los escritos de san Juan de la Cruz» (Bergzabern, 1 de enero de 1928).

Hace referencia a una carta fechada un mes antes, en la que Edith le decía:
«Uno debe apoyarse en testimonios de  homines religiosi . De esto no hay escasez. Según mi modo de entender, los más impresionantes son los místicos españoles Teresa de Jesús y Juan de la Cruz» (Espira, 20 de noviembre de 1927).

Concluyo con un texto que puede resultar iluminador, porque expresa la esencia de la vida de Edith Stein y Teresa de Jesús, dos mujeres profundamente libres que, en la medida que se dejaron alcanzar por el Espíritu, fueron capaces de vivir en plenitud su entrega a la humanidad:
 «La autoentrega es la más libre obra de la libertad. Quien se entrega a la gracia tan enteramente despreocupado de sí mismo –de su libertad y de su individualidad- se fundirá en ella de ese mismo modo, siendo enteramente libre y enteramente él mismo. Sobre este trasfondo destaca claramente la imposibilidad de encontrar el camino mientras uno  aún se mire a sí mismo» (Naturaleza, libertad y gracia).
Paqui Sellés, ocd Puzol