martes, 21 de junio de 2016

Compartiendo vida. Construir murallas.



Hay murallas que surgen en nuestra vida sin apenas darnos cuenta, son murallas que con frecuencia construimos nosotros mismos, en otras ocasiones las construyen los otros impidiéndonos atravesarlas para  llegar a ellos.

Construyo murallas dentro de mí cuando me cierro en mi mismo debilitando todas las posibilidades que Dios me concede para darme a los otros con gratuidad.

Construyo murallas cuando impido a los demás pasar la frontera de lo que simplemente ven sin dejarles pisar, aunque sea un poco, algo de mi tierra sagrada.

Construyo murallas cuando no dejo a nadie adentrarse en "mi terreno", dificultando con esto un conocimiento mayor de lo que soy y vivo.

Las murallas nunca unen, por el contrario, dividen y separan.

No construyamos una muralla dentro de nosotros mismos, no demos paso al rencor, al aislamiento ni a la soledad.

Abramos nuestras puertas al amor, a la compañía, a la amistad y al darnos a conocer.

Solo desde el conocimiento personal, desde el deseo de caminar por espacios abiertos, podremos vencer y destruir esas murallas que nos impiden llegar a los otros y... que los otros lleguen a nuestra vida.

Encar_AM

Te escucho, Señor




Te escucho, Señor, llamándome y prometiéndome tu paz, aun cuando yo esté todavía atrapada en los placeres y vanidades de este mundo. Pero tú deseas tanto que te ame, y procure la paz de tu compañía, que, de un modo u otro, no me dejas de llamar. 

Tú me has esperado ansiosamente muchos días, y aun muchos años. He sido, lo sé, lenta para responder, inhábil y poco dispuesta para cumplir enseguida tus mandatos. 

Pero no debo desconsolarme si tú puedes encontrar en mi corazón perseverancia y deseos de responder a tu llamado de paz. 

Porque si te tengo a ti, mi Dios, nada me faltará. Sólo tú bastas.

Fuente: Blog Reflejos de Luz

CRISTO ES REY Y SACERDOTE ETERNO.


Nuestro Salvador fue verdaderamente ungido, en su condición humana, ya que fue verdadero rey y verdadero sacerdote, las dos cosas a la vez, tal y como convenía a su excelsa condición. El salmo nos atestigua su condición de rey, cuando dice: Yo mismo he establecido a mi rey en Sión, mi monte santo. Y el mismo Padre atestigua su condición de sacerdote, cuando dice: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Aarón fue el primero en la ley antigua que fue constituido sacerdote por la unción del crisma y, sin embargo, no se dice: “Según el rito de Aarón”, para que nadie crea que el Salvador posee el sacerdocio por sucesión. Porque el sacerdocio de Aarón se transmitía por sucesión, pero el sacerdocio del Salvador no pasa a los otros por sucesión, ya que él permanece sacerdote para siempre, tal como está escrito: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. 

El Salvador es, por lo tanto, rey y sacerdote según su humanidad, pero su unción no es material, sino espiritual. Entre los israelitas, los reyes y sacerdotes lo eran por una unción material de aceite; no que fuesen ambas cosas a la vez, sino que unos eran reyes y otros eran sacerdotes; sólo a Cristo pertenece la perfección y la plenitud en todo, él, que vino a dar plenitud a la ley. Los israelitas, aunque no eran las dos cosas a la vez, eran, sin embargo, llamados cristos (ungidos), por la unción material del aceite que los constituía reyes o sacerdotes. Pero el Salvador, que es el verdadero Cristo, fue ungido por el Espíritu Santo, para que se cumpliera lo que de él estaba escrito: Por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros. Su unción supera a la de sus compañeros, ungidos como él, porque es una unción de júbilo, lo cual significa el Espíritu Santo. Sabemos que esto es verdad por las palabras del mismo Salvador. 

En efecto, habiendo tomado el libro de Isaías, lo abrió y leyó: El Espíritu del Señor está sobre mi; porque él me ha ungido; y dijo a continuación que entonces se cumplía aquella profecía que acababan de oír. Y, además, Pedro, el príncipe de los apóstoles, enseñó que el crisma con que había sido ungido el Salvador es el Espíritu Santo y la fuerza de Dios, cuando, en los Hechos de los apóstoles, hablando con el centurión, aquel hombre lleno de piedad y de misericordia, dijo entre otras cosas: La cosa empezó en Galilea, cuando Juan predicaba el bautismo. Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo. Vemos, pues, cómo Pedro afirma de Jesús que fue ungido, según su condición humana, con la fuerza del Espíritu Santo. Por esto, Jesús, en su condición humana, fue con toda verdad Cristo o ungido, ya que por la unción del Espíritu Santo fue constituido rey y sacerdote eterno.

Del tratado de Faustino Luciferano, presbítero, sobre la Trinidad
(Núms. 39-40: CCL 69, 340-341)

El nuevo obispo de Palencia abandona el Palacio y se va a vivir al Seminario


El obispo de Palencia, Manuel Herrero, en un encuentro mantenido con los medios de comunicación, pidió al nuevo gobierno que se respete la libertad de educación, algo que calificó de «fundamental». Asimismo, el nuevo prelado insistió en que la Iglesia «no busca privilegios ni los pretende». Además, el recién ordenado obispo de la diócesis palentina demandó, en primera instancia, «el bien común para todos los ciudadanos».
Durante el desayuno informativo celebrado este lunes por el obispado de Palencia, Herrero hizo referencia a la crisis de los refugiados, aprovechando la celebración del Día Mundial del Refugiado, y reivindicó el papel de Cáritas como institución de la Iglesia que «acoge a muchos refugiados».
Por otro lado, el nuevo obispo destacó que ve en el envejecimiento y en la despoblación la problemática principal de la diócesis de Palencia y explicó que «hay que romper las fronteras y abrir los límites parroquiales», porque las comunidades cristianas «cada vez son más reducidas».
Asimismo, el prelado definió como una de sus actuaciones más inmediatas mantener encuentros con los disintios sacerdotes de las parroquias de la provincia para «palpar sus necesidades», unos encuentros que comenzaron ayer con el arciprestazgo del Cerrato y del Camino. En este sentido, el nuevo obispo aseguró que en su agenda tiene previsto mantener distintas reuniones con las instituciones palentinas para conocer a los representantes de las mismas.
Además, durante el encuentro celebrado esta mañana en el Palacio Espiscopal, Manuel Herrero mostró su voluntad de ser «un obispo cercano, ya que ello supone «eguir el estilo cristiano», concretó.
Como hecho anecdótico, el prelado desveló que ha fijado como residencia el antiguo seminario de Palencia, en lugar el Palacio, donde convivirá con otros 24 sacerdotes mayores, algo que atribuye a su condición de agustino y a que «siempre he vivido en comunidad», concluye.
Fuente: Religión digital


En ciudad más devastada Siria, los niños tienen un oratorio «a prueba de bombas»


En Aleppo -la ciudad más está devastada por la guerra en Siria- existe un oratorio «a prueba de bombas» donde 350 niños cristianos se reúnen bajo el lema ‘Sean misericordiosos como nuestro Padre’ para orar por su país y por la conversión de los yihadistas.
«No tenemos miedo debido a que cada día desafiamos a las bombas y a la muerte con nuestra alegría de vivir», expresó el P. Firas Lutfi, sacerdote responsable del oratorio de la parroquia latina de San Francisco en Aleppo, al diario Avvenire de la Conferencia Episcopal Italiana.
Los niños que lo conforman son de distintas confesiones cristianas - católicos, ortodoxos, armenios, melquitas- con edades entre 3 y 15 años. En este espacio también cantan, juegan y hacen amigos.
Según el sacerdote, esta iniciativa es «una luz para una ciudad mártir de la guerra civil siria» que, según la ONU, es la más sangrienta después de la Segunda Guerra Mundial con 250 mil muertos y millones de desplazados.
Este año la Asociación Pro Terra Sancta, que está al servicio de la Custodia de Tierra Santa, pidió que en las parroquias de Italia se replique este «oratorio» como una obra de misericordia para que los niños sirios sientan que no están solos.
También se espera que a través de esta iniciativa los niños italianos conozcan el tipo de vida que llevan los cristianos en Oriente.
Al respecto, el P. Lutfi, manifestó que «tenemos necesidad de esta comunión con ustedes».
Por su parte, el párroco de San Francisco, P. Ibrahim Alsabagh, indicó que en una Aleppo semidestruida la alegría de estar juntos logra sobreponerse dentro de la experiencia de vida y de la amistad en nombre de Jesús.
ACI/María Ximena Rondón

Un sacerdote católico fue quien propuso la teoría del Big Bang


Para muchos el padre de la teoría del Big Bang (la gran explosión), es el físico ruso nacionalizado estadounidense, George Gamov; sin embargo, pocos saben que años antes esta teoría que busca explicar el origen del universo ya había sido propuesta por el sacerdote jesuita Georges Lemaître.
Este domingo se han cumplido 50 años del fallecimiento de este formidable matemático que desde muy joven, descubrió su doble vocación de religioso y científico.
El P. Lemaître nació en Charleroi (Bélgica), en 1894. Era hijo de un médico y ya desde su infancia se distinguió por su habilidad para las matemáticas y su espíritu curioso. Atracción por las ciencias que enriquece con su vocación sacerdotal.
Gracias a sus estudios, en la década de 1920 tuvo la intuición de que el universo tenía una historia y se encontraba en evolución; oponiéndose así a la concepción de todos los científicos de época, especialmente Albert Einstein.
Así, en 1930 propuso un modelo de universo bajo el nombre de universo Lemaître-Esinstein o hipótesis del átomo primitivo, el cual más tarde fue conocido como Big- Bang. Su reflexión se apoyó en los datos brindados por la observación de los espectros de ciertas galaxias recientemente descubiertas.
Según el sacerdote, la historia del universo se divide en tres periodos.
El primero es llamado «la explosión del átomo primitivo», según la cual hace cinco mil millones de años existía un núcleo de materia hiperdensa e inestable que explotó bajo la forma de una super-radioactividad. Esta explosión se propagó durante mil millones de años y los astrónomos perciben sus efectos en los rayos cósmicos y las emisiones X.
Luego viene el período de equilibrio o el universo estático de Einstein. Afirma que finalizada la explosión, se establece un equilibrio entre las fuerzas de repulsión cósmicas en el origen del acontecimiento, y las fuerzas de gravitación, durante esta fase de equilibrio que dura dos mil millones de años, se forman los nudos y dan nacimiento a las estrellas y galaxias.
Finalmente siguen los períodos de expansión, iniciados hace dos mil millones de años. Afirma que el universo se encuentra en expansión a una velocidad de 170 km. por segundo de manera indefinida.
En Estados Unidos recibe rechazo, al igual que de parte de Albert Einstein. El P. Lemaître, que nunca buscó honores ni reconocimiento, deja sus trabajos de cosmología.
Años después, en 1948, Gamov propone una nueva descripción del comienzo del universo; y aunque es considerado hoy como el padre de la teoría del Big Bang, las líneas maestras estaban nítidamente presentes en la cosmología del P. Lemaître, que presidió la Pontificia Academia de las Ciencias en 1960. Finalmente, fallece en 1966.
Fuente:Archimadrid

Lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo con ellos


Evangelio según San Mateo 7,6.12-14.
No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos. 

Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas. 

Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. 

Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.

lunes, 20 de junio de 2016

Cáritas Europa denuncia que la situación de los refugiados pone en entredicho los valores europeos

 
Con motivo del Día Mundial del Refugiado, Cáritas Europa recuerda a la Unión Europea y sus Estados miembros que existen soluciones a la actual crisis de solidaridad en Europa. No es necesario poner las vidas de los migrantes y los refugiados en peligro, y prolongar innecesariamente su sufrimiento. Cáritas sigue creyendo que valores europeos como la dignidad, la igualdad y el respeto de los derechos humanos no son meras palabras huecas, sino que tienen más sentido que nunca.
"Nuestro hermano fue secuestrado por ISIS y no tenemos ninguna noticia de él. Nuestra situación se volvió insoportable, así que decidimos salir de Afganistán a pie y hemos viajado un mes y medio para llegar a Grecia. Lamentablemente, durante el viaje, en Irán, perdimos a nuestro padre y no sabemos dónde está. Para llegar desde Turquía a Grecia tuvimos que pagar a los contrabandistas 1.000 euros por persona para un trayecto de 5 horas, sin saber si íbamos a sobrevivir al viaje. Esperamos que nuestro padre y nuestro hermano estén vivos y que nos podamos reunir con ellos en un lugar más seguro. No fue un viaje. Fue una ruta asesina", explican Mujdah y Mohebullah, hermanos afganos de 15 y 8 años.
Según las Naciones Unidas, desde 2014 al menos 10.000 personas han perdido la vida al intentar encontrar refugio seguro en Europa. Las políticas restrictivas de la Unión Europea impiden que las personas puedan entran en Europa de forma segura, lo que da como resultado un insoportable peaje de muerte. La creciente externalización de las políticas de asilo y migración de la UE a través de acuerdos con terceros países revela una flagrante falta de solidaridad con las personas que huyen de la guerra y la persecución.
"Sueño una Europa que promueva y proteja los derechos de cada uno, sin olvidar los deberes para con todos. Sueño una Europa de la cual no se pueda decir que su compromiso por los derechos humanos ha sido su última utopía ", afirmó el Papa Francisco en su discurso de recepción del Premio Carlomagno 2016.
Europa tiene los medios para poner fin a las muertes innecesarias y el sufrimiento de personas que necesitan de manera urgente protección, solidaridad y compasión. Cáritas Europa aboga por soluciones políticas que son factibles y realistas. Voluntad política y compromiso con los derechos humanos son los únicos elementos que faltan en la ecuación que permita convertir en realidad estas soluciones.
Cáritas Europa pide a la UE y, especialmente, a sus Estados miembros:
- Invertir con eficacia para salvar vidas en el mar
- Abrir más canales seguros y legales de entrada en la UE, como introducir visados humanitarios más asequibles y accesibles y participar en más reasentamientos.
- Facilitar la reunificación familiar de refugiados y migrantes, y por lo tanto, fomentar la integración en los países de acogida.
- Detener y revertir la externalización de las políticas de migración.
- Deje de utilizar los acuerdos de retorno y readmisión como condición para la ayuda al desarrollo.

HOY, JORNADA MUNDIAL DEL REFUGIADO. PAPA FRANCISCO: ACOGER AL OTRO ES ACOGER A DIOS



Queridos amigos, hoy se celebra la Jornada Mundial del Refugiado, promovida por la ONU. Les ofrecemos a continuación algunos fragmentos del mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado de este año: 

"Queridos hermanos y hermanas:

Cada vez con mayor frecuencia, las víctimas de la violencia y de la pobreza, abandonando sus tierras de origen, sufren el ultraje de los traficantes de personas humanas en el viaje hacia el sueño de un futuro mejor. Si después sobreviven a los abusos y a las adversidades, deben hacer cuentas con realidades donde se anidan sospechas y temores. 

Además, no es raro que se encuentren con falta de normas claras y que se puedan poner en práctica, que regulen la acogida y prevean vías de integración a corto y largo plazo, con atención a los derechos y a los deberes de todos. 

Más que en tiempos pasados, hoy el Evangelio de la misericordia interpela las conciencias, impide que se habitúen al sufrimiento del otro e indica caminos de respuesta que se fundan en las virtudes teologales de la fe, de la esperanza y de la caridad, desplegándose en las obras de misericordia espirituales y corporales...

Los emigrantes son nuestros hermanos y hermanas que buscan una vida mejor lejos de la pobreza, del hambre, de la explotación y de la injusta distribución de los recursos del planeta, que deberían ser divididos ecuamente entre todos. ¿No es tal vez el deseo de cada uno de ellos el de mejorar las propias condiciones de vida y el de obtener un honesto y legítimo bienestar para compartir con las personas que aman?...

Queridos hermanos y hermanas emigrantes y refugiados. En la raíz del Evangelio de la misericordia el encuentro y la acogida del otro se entrecruzan con el encuentro y la acogida de Dios: Acoger al otro es acoger a Dios en persona. 

No se dejen robar la esperanza y la alegría de vivir que brotan de la experiencia de la misericordia de Dios, que se manifiesta en las personas que encuentran a lo largo de su camino. 

Los encomiendo a la Virgen María, Madre de los emigrantes y de los refugiados, y a san José, que vivieron la amargura de la emigración a Egipto. Encomiendo también a su intercesión a quienes dedican energía, tiempo y recursos al cuidado, tanto pastoral como social, de las migraciones. Sobre todo, les imparto de corazón la Bendición Apostólica".

Fuente: News. Va.

Papa: Que los cristianos se miren al espejo antes de juzgar


Antes de juzgar a los demás hay que mirarse al espejo para ver cómo somos. Fue la exhortación del Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice subrayó la diferencia existente entre el juicio de Dios y el nuestro que no está en la omnipotencia, sino en la misericordia.  
El juicio pertenece sólo a Dios, por tanto, si no queremos ser juzgados, tampoco nosotros debemos juzgar a los demás. Lo subrayó el Pontífice en su homilía centrada en el Evangelio del día en que observó que todos nosotros queremos que en el Día del Juicio, “el Señor nos mire con benevolencia, que Jesús se olvide de tantas cosas feas que hemos hecho en la vida”.
Jesús nos llama hipócritas cuando juzgamos a los demás
Por esta razón, dijo textualmente el Obispo de Roma, si “tú juzgas continuamente a los demás, con la misma medida serás juzgado”. Y añadió que el Señor nos pide que nos miremos al espejo:
“Mírate al espejo, pero no para maquillarte, para que no se vean las arrugas. No, no, no, ¡ese no es el consejo! Mírate al espejo para ver cómo eres. ‘¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que tienes en el tuyo?’ ¿O como dirías a tu hermano: ‘Deja que te quite la paja de tu ojo’, mientras en tu ojo hay una viga?’ ¿Y cómo nos califica el Señor, cuando hacemos esto? Una sola palabra: ‘Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo y entonces verás bien para quitar la paja del ojo de tu hermano’.
Rezar por los demás, en lugar de juzgarlos
Se ve que el Señor – dijo también el Santo Padre – “aquí se enoja un poco”, nos llama hipócritas cuando nos ponemos “en el lugar de Dios”. Y recordó que la serpiente convenció a Adán y a Eva cuando les dijo: “Si ustedes comen esto, serán como Él”. Y ellos – añadió Francisco – “querían ponerse en el lugar de Dios”:
“Por esto es tan feo juzgar. El juicio ¡sólo a Dios, sólo a Él! A nosotros el amor, la comprensión, rezar por los demás cuando vemos cosas que no son buenas, pero también hablarles a ellos: ‘Escucha, yo veo esto, quizás…’. Pero jamás juzgar. Jamás. Esto es la hipocresía, si nosotros juzgamos.”
A nuestro juicio le falta la misericordia, sólo Dios puede juzgar
Cuando juzgamos – reafirmó el Papa– “nos ponemos en el lugar de Dios”, pero “nuestro juicio es un pobre juicio”, jamás “puede ser un juicio verdadero”. “¿Por qué el nuestro no puede ser como el de Dios? – se preguntó Francisco –. ¿Por qué Dios es Omnipotente y nosotros no?”. No – fue la respuesta del Pontífice – “porque a nuestro juicio le falta la misericordia. Y cuando Dios juzga, juzga con misericordia”:
“Pensemos hoy en esto que el Señor nos dice: no juzgar, para no ser juzgado; la medida, el modo, la medida con la que juzgamos será la misma que usarán con nosotros; y, tercero, mirémonos al espejo antes de juzgar. ‘Pero ésta hace esto… éste hace aquello…’. ‘Pero, espera un momento…’, mi miro al espejo y después pienso. De lo contrario seré un hipócrita, porque me pongo en el lugar de Dios y, además, mi juicio es un pobre juicio; le falta algo sumamente importante que tiene el juicio de Dios, le falta la misericordia. Que el Señor nos haga entender bien estas cosas”. 
(María Fernanda Bernasconi - RV) (from Vatican Radio)


NO JUZGUEN, PARA NO SER JUZGADOS.


Evangelio según San Mateo 7,1-5. 

Jesús dijo a sus discípulos: 

"No juzguen, para no ser juzgados. Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes. 

¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: 'Deja que te saque la paja de tu ojo', si hay una viga en el tuyo? 

Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano". 

domingo, 19 de junio de 2016

“Sólo en Cristo es posible encontrar la paz verdadera y el cumplimiento de toda aspiración humana”, el Papa en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El pasaje evangélico de este domingo (Lc 9,18-24) nos llama una vez más a confrontarnos, por así decir, “cara a cara” con Jesús. En uno de sus raros momentos tranquilos, en el cual se encuentra solo con sus discípulos, Él les pregunta a ellos: «¿Quién dice la gente que soy yo?» (v. 18). Y ellos responden: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado» (v. 19). Pues la gente tenía estima por Jesús y lo consideraba un gran profeta, pero aún no eran conscientes de su verdadera identidad, es decir que Él fuera el Mesías, el Hijo de Dios enviado por el Padre para la salvación de todos.
Jesús, entonces, se dirige directamente a los Apóstoles – porque es esto lo que más le interesa – y pregunta:  «Pero ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Enseguida, a nombre de todos, Pedro responde: «Tú eres el Mesías de Dios» (v. 20), es decir: Tú eres el Mesías, el Consagrado de Dios, enviado por Él a salvar su pueblo según la Alianza y la promesa. Así Jesús se da cuenta que los Doce, y en particular Pedro, han recibido del Padre el don de la fe; y por esto inicia a hablar con ellos abiertamente – así dice el Evangelio: “abiertamente” – de aquello que le espera en Jerusalén: «El Hijo del hombre – dice – debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día» (v. 22).
Aquellas mismas preguntas hoy son propuestas a cada uno de nosotros: “¿Quién es Jesús para la gente de nuestro tiempo? Pero la otra es más importante: ¿Quién es Jesús para cada uno de nosotros?”. ¿Para mí, para ti, para ti, para ti, para ti…? ¿Quién es Jesús para cada uno de nosotros? Estamos llamados a hacer de la respuesta de Pedro nuestra respuesta, profesando con alegría que Jesús es el Hijo de Dios, la Palabra eterna del Padre que se ha hecho hombre para redimir la humanidad, vertiendo sobre ella la abundancia de la misericordia divina. El mundo tiene más que nunca necesidad de Cristo, de su salvación, de su amor misericordioso. Muchas personas experimentan un vacío a su alrededor y dentro de sí – tal vez, algunas veces, también nosotros –; otras viven en la inquietud y en la inseguridad a causa de la precariedad y de los conflictos. Todos tenemos necesidad de respuestas adecuadas a nuestras interrogantes, a nuestras preguntas concretas. En Cristo, solo en Él, es posible encontrar la paz verdadera y el cumplimiento de toda humana aspiración. Jesús conoce el corazón del hombre como ningún otro. Por esto lo puede sanar, dándole vida y consolación.
Después de haber concluido el diálogo con los Apóstoles, Jesús se dirige a todos diciendo: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga» (v. 23). No se trata de una cruz ornamental, o ideológica, sino es la cruz de la vida, es la cruz del propio deber, la cruz del sacrificarse por los demás con amor – por los padres, por los hijos, por la familia, por los amigos, también por los enemigos –, la cruz de la disponibilidad a ser solidario con los pobres, a comprometerse por la justicia y la paz. En el asumir esta actitud, estas cruces, siempre se pierde algo. No debemos olvidar jamás que «el que pierda su vida – por Cristo – la salvará» (v. 24). Es perder, para ganar. Y recordemos a tonos nuestros hermanos que todavía hoy ponen en práctica estas palabras de Jesús, ofreciendo su tiempo, su trabajo, sus fatigas e incluso su propia vida para no negar su fe a Cristo. Jesús, mediante su Santo Espíritu, nos dará la fuerza de ir adelante en el camino de la fe y del testimonio: hacer aquello en lo cual creemos; no decir una cosa y hacer otra. Y en este camino siempre está cerca de nosotros y nos precede la Virgen: dejémonos tomar de la mano por ella, cuando atravesamos los momentos más oscuros y difíciles.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano) (from Vatican Radio)

EL DON DE CONOCER A CRISTO

No creo que sea forzada, en las lecturas de este domingo, la concurrencia de las referencias al bautismo, y que a partir de ellas, destaque la confesión del apóstol Pedro.
El profeta Zacarías adelanta la visión mesiánica: “Derramaré sobre la dinastía de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de clemencia”. Que no puede ser otro que el Mesías del Señor, proclamado por Pedro en el Evangelio, a instancias del Maestro: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro tomó la palabra y dijo: - «El Mesías de Dios.»
Se cita entre los personajes con los que se compara al Nazareno a Juan el Bautista, testigo de la unción de Jesús cuando la voz del cielo lo proclamó Hijo Amado. San Pablo se refiere explícitamente a los bautizados cuando dice: “Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis revestido de Cristo”.


¿Que supone haber sido incorporado a Cristo? ¿Cuál es la ganancia de haberlo conocido? El salmista lo expresa de manera plástica: “Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío”.

Gracias al bautismo y a la incorporación a la vida de Cristo, nos hacemos partícipes de la bendición divina, por la que recibimos el perdón: “Aquel día, se alumbrará un manantial, a la dinastía de David y a los habitantes de Jerusalén, contra pecados e impurezas” (Zac).
Gracias al bautismo, podemos cantar: “Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos” (Sal).
Gracias al bautismo, “Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús. Y, si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos de la promesa” (Gál).
Gracias al bautismo nos convertimos en discípulos de Jesús, en seguidores suyos, y Él nos dice: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.» (Lc).
Estamos en vísperas de cambio de estación, en el hemisferio norte entra el verano. Buen momento para no perder la memoria del agua bautismal y de permanecer como signos de la alegría del Evangelio.
Ángel Moreno de Buenafuente

¿Creemos en Jesús?

12 Tiempo ordinario - C (Lucas 9,18-24)
Las primeras generaciones cristianas conservaron el recuerdo de este episodio evangélico como un relato de importancia vital para los seguidores de Jesús. Su intuición era certera. Sabían que la Iglesia de Jesús debería escuchar una y otra vez la pregunta que un día hizo Jesús a sus discípulos en las cercanías de Cesárea de Filipo: «Vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Si en las comunidades cristianas dejamos apagar nuestra fe en Jesús, perderemos nuestra identidad. No acertaremos a vivir con audacia creadora la misión que Jesús nos confió; no nos atreveremos a enfrentarnos al momento actual, abiertos a la novedad de su Espíritu; nos asfixiaremos en nuestra mediocridad.
No son tiempos fáciles los nuestros. Si no volvemos a Jesús con más verdad y fidelidad, la desorientación nos irá paralizando; nuestras grandes palabras seguirán perdiendo credibilidad. Jesús es la clave, el fundamento y la fuente de todo lo que somos, decimos y hacemos. ¿Quién es hoy Jesús para los cristianos?
Nosotros confesamos, como Pedro, que Jesús es el «Mesías de Dios», el Enviado del Padre. Es cierto: Dios ha amado tanto al mundo que nos ha regalado a Jesús. ¿Sabemos los cristianos acoger, cuidar, disfrutar y celebrar este gran regalo de Dios? ¿Es Jesús el centro de nuestras celebraciones, encuentros y reuniones?
Lo confesamos también «Hijo de Dios». Él nos puede enseñar a conocer mejor a Dios, a confiar más en su bondad de Padre, a escuchar con más fe su llamada a construir un mundo más fraterno y justo para todos. ¿Estamos descubriendo en nuestras comunidades el verdadero rostro de Dios encarnado en Jesús? ¿Sabemos anunciarlo y comunicarlo como una gran noticia para todos?
Llamamos a Jesús «Salvador» porque tiene fuerza para humanizar nuestras vidas, liberar nuestras personas y encaminar la historia humana hacia su verdadera y definitiva salvación. ¿Es esta la esperanza que se respira entre nosotros? ¿Es esta la paz que se contagia desde nuestras comunidades?
Confesamos a Jesús como nuestro único «Señor». No queremos tener otros señores ni someternos a ídolos falsos. Pero ¿ocupa Jesús realmente el centro de nuestras vidas? ¿Le damos primacía absoluta en nuestras comunidades? ¿Lo ponemos por encima de todo y de todos? ¿Somos de Jesús? ¿Es él quien nos anima y hace vivir?
La gran tarea de los cristianos es hoy aunar fuerzas y abrir caminos para reafirmar mucho más la centralidad de Jesús en su Iglesia. Todo lo demás viene después.
José Antonio Pagola

El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.



Evangelio según San Lucas 9,18-24. 
Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?". 
Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado". 
"Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?". Pedro, tomando la palabra, respondió: "Tú eres el Mesías de Dios". 
Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie. 
"El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día". 
Después dijo a todos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. 
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará.