martes, 27 de enero de 2015

LAS MUJERES, PRINCIPALES TRANSMISORAS DE LA FE -"NO HAY QUE SER TÍMIDOS NI VERGONZOSOS A LA HORA DE VIVIR NUESTRA FE"


Son sobre todo las mujeres las que transmiten la fe. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta al comentar la segunda Carta de San Pablo a Timoteo.
Son las mamás y las abuelas las que transmiten la fe
Pablo recuerda a Timoteo de dónde proviene su “fe pura”: la ha recibido del Espíritu Santo “a través de la mamá y de la abuela”. “Son las mamás, las abuelas – afirmó el Papa – quienes transmiten la fe.
Y añadió que “una cosa es transmitir la fe y otra es enseñar las cosas de la fe. La fe es un don. La fe no se puede estudiar. Se estudian las cosas de la fe, sí, para comprenderla mejor, pero con el estudio jamás tú llegas a la fe. La fe es un don del Espíritu Santo, es un regalo, que va más allá de toda preparación”.
Y es un regalo que pasa a través del “hermoso trabajo de las mamás y de las abuelas, el hermoso trabajo de estas mujeres” en una familia; aunque “puede ser también una empleada doméstica, puede ser una tía” quien transmite la fe:
“¿Pero por qué son principalmente las mujeres las que transmiten la fe? Sencillamente porque aquélla que nos ha dado a Jesús es una mujer. Es el camino elegido por Jesús. Él ha querido tener una madre: el don de la fe pasa por las mujeres, como Jesús por María”.
“Debemos pensar hoy – subrayó el Papa – si las mujeres tienen esta conciencia del deber de transmitir la fe”.
Custodiar el don de la fe para que no se diluya

Pablo invita a Timoteo a custodiar la fe, evitando “las vacías habladurías paganas, las vacías charlas mundanas”. “Todos nosotros – afirmó Francisco – hemos recibido el don de la fe. Debemos custodiarlo, para que al menos no se diluya, para que siga siendo fuerte con el poder del Espíritu Santo que nos lo ha regalado”. Y la fe se custodia reavivando este don de Dios:
“Si nosotros no ponemos atención, cada día, en reavivar este regalo de Dios que es la fe, la fe se debilita, se diluye, termina por ser una cultura: ‘Sí, pero, sí, sí, soy cristiano, sí, sí…’, sólo una cultura. O una gnosis, un conocimiento: ‘Sí, yo conozco bien todas las cosas de la fe, conozco bien el catecismo’. Pero tú, ¿cómo vives tu fe? Y ésta es la importancia de reavivar cada día este don, este regalo: de hacerlo vivo”.
El temor y la vergüenza no hacen crecer la fe
Contrastan “esta fe viva” – dice San Pablo – dos cosas: “El espíritu de timidez y la vergüenza”:
“Dios no nos ha dado un espíritu de temor. El espíritu de timidez va contra el don de la fe, no deja que crezca, que vaya adelante, que sea grande. Y la vergüenza es aquel pecado: ‘Sí, tengo fe, pero la cubro, que no se vea tanto…’. Y un poco de acá, un poco de allá, esa fe, como dicen nuestros antepasados, se vuelve superficial, así. Porque me avergüenzo de vivirla fuertemente. No. Ésta no es la fe: ni timidez, ni vergüenza. ¿Pero qué cosa es? Es un espíritu de fuerza, de caridad y de prudencia. Ésta es la fe”.
La fe no se negocia
El espíritu de la prudencia – explicó el Francisco – es “saber que nosotros no podemos hacer todo lo que queremos”, significa buscar “los caminos, las calles, las maneras” para llevar adelante la fe, pero con prudencia. El Papa concluyó diciendo: “Pidamos al Señor la gracia de tener una fe pura, una fe que no se negocia según las oportunidades que vienen”. Una fe que cada día trato de reavivarla o, al menos, “pido al Espíritu Santo que la reavive y de este modo fructifique grandemente”.

lunes, 26 de enero de 2015

LOS ENVÍO COMO OVEJAS EN MEDIO DE LOBOS



Evangelio según San Lucas 10,1-9.

El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde Él debía ir.

Y les dijo: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.

¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.
No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.

Al entrar en una casa, digan primero: '¡Que descienda la paz sobre esta casa!'. Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.

Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.

En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: 'El Reino de Dios está cerca de ustedes'."
De News.va

La unidad de los cristianos es instrumento de reconciliación para el mundo, dijo el Papa

 Impulsar el encuentro, el diálogo y la escucha, como nos enseña Jesús, que es paciente y nos ofrece un camino de conversión interior, que nos hace crecer en la caridad y en la verdad. Y nos impulsa a rogar el don de la comunión plena de todos los cristianos, sedientos de paz y fraternidad, para que brille ‘el sagrado misterio de la unidad de la Iglesia’ como signo e instrumento de reconciliación para el mundo entero. Fue la exhortación del Obispo de Roma, que presidió las segundas Vísperas de  la Solemnidad de la Conversión de San Pablo Apóstol, como es tradicional en la basílica papal dedicada al Apóstol de las gentes, culminando así la Semana de oración por la unidad de los cristianos 2015.

Reflexionando sobre el tema de este año, con las palabras de Jesús a la samaritana: ‘Dame de beber’, del Evangelio de San Juan, el Papa Francisco se refirió a las controversias entre los cristianos, heredadas del pasado, e hizo hincapié en la importancia de comprender lo que nos une. Es decir, «la llamada a participar en el misterio del amor del Padre, revelado por el Hijo a través del Espíritu Santo». «Nos necesitamos unos a otros, necesitamos encontrarnos y confrontarnos guiados por el Espíritu Santo, que armoniza la diversidad y supera los conflictos».

Jesús es la fuente de Agua viva que apaga la sed de amor, de justicia y libertad. Y ante una multitud de hombres y mujeres cansados y sedientos, los cristianos estamos llamados a ser evangelizadores: «todos estamos al servicio del único y mismo Evangelio», señaló el Santo Padre, reiterando que Jesús es la fuente de la que brota el agua del Espíritu Santo, es decir, «el amor de Dios derramado en nuestros corazones» (Rm 5,5) el día del Bautismo.

«Queridos hermanos y hermanas, hoy nosotros, que estamos sedientos de paz y fraternidad, invocamos con corazón confiado que el Padre celestial, por medio de Jesucristo, único Sacerdote, y la intercesión de la Virgen María, el apóstol Pablo y todos los santos, nos dé el don de la plena comunión de todos los cristianos, para que pueda brillar «el sagrado misterio de la unidad de la Iglesia» (Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Unitatis redintegratio,  sobre el ecumenismo, 2), como signo e instrumento de reconciliación para el mundo entero».

El Papa se refirió finalmente al ecumenismo de la sangre. En este momento quisiera recordar a todos nuestros mártires perseguidos y asesinados porque son cristianos, dijo.
Con estas palabras concluyó su homilía, en la que dirigió un saludo cordial y fraterno a los respectivos representantes del Patriarcado Ecuménico, del Arzobispo de Canterbury, y a todos los representantes de las diversas Iglesias y Comunidades eclesiales. A los miembros de la Comisión Mixta para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas orientales, a los estudiantes del Ecumenical Institute of Bossey y a los jóvenes que se benefician de las becas ofrecidas por el Comité de Colaboración Cultural con las Iglesias ortodoxas, que actúa en el Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.

Sin olvidar a los religiosos y religiosas pertenecientes a diferentes Iglesias y Comunidades eclesiales, que han participado estos días en un encuentro ecuménico, organizado por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, en colaboración con el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, con ocasión del Año de la vida consagrada.

(CdM – RV)

LA PRIMERA VEZ (Jn 1,35-42)

La escena que la liturgia nos presenta este domingo en el Evangelio, es sin duda alguna una de las más estremecedoras: el encuentro de Jesús con sus dos primeros discípulos. Aquí está el comienzo de toda una aventura insospechada e inimaginable.
            Jesús pasa, el profeta lo señala. Una mirada que se hace en seguida confesión. “Es el Cordero de Dios”: el cordero sacrificado como ofrenda, el cordero comido como recuerdo de la salvación y fidelidad de Dios. Es importante esa mirada y esa confesión del Bautista, sin las cuales aquellos dos discípulos no habrían sabido quién era Aquel que pasaba ni habría sucedido todo lo que aconteció tras su paso. El Bautista simplemente miró, señaló y confesó; no hizo lo más importante, pero esto no habría acontecido sin lo que le correspondió a él. El resto lo hizo Dios.
            Una pregunta y una casa. Aquellos dos discípulos comenzaron a seguir a Jesús, con un seguimiento henchido de búsquedas y de preguntas: el haber encontrado al maestro de su vida, el querer conocer su casa, el comenzar a convivir con él y a vivirle a él. El Evangelio dará cuenta de todas las consecuencias de este encuentro, de estas búsquedas y preguntas iniciales. Aquí está sólo el germen, pero tan incisivo e imprescindible, tan fundamental y tan fundante para el resto de sus vidas, que Juan evangelista no olvidará anotar cuando escriba esta página, ya anciano, la hora en que esto sucedió: las 4 de la tarde. Así sucede siempre con todo amor-Amor: no olvida jamás el instante de la 1ª vez aunque se le olviden tantas otras cosas.
            Este fue el inicio. Luego vendrá toda una vida, consecuencia de aquello que sucedió a la hora décima cuando vieron pasar a Jesús: el Tabor y su gloria, la última cena con su intimidad junto al costado del Maestro, Getsemaní y su sopor, el pie de la cruz, el sepulcro vacío y la postrera pesca milagrosa, el cenáculo y María en la espera del Espíritu, Pentecostés y la naciente Iglesia... tantas cosas con todos los matices que la vida siempre dibuja. Todo comenzó entonces a las 4 de la tarde, hace ahora 2000 años.
            La misión incontenible. Finalmente, aquellos discípulos no se encerraron en la casa de Jesús ni detuvieron el reloj del tiempo. Salieron de allí, y dieron las cinco y las seis, y las mil horas siguientes. Y a los que encontraban les narraban con sencillez lo que a ellos les había sucedido, permitiendo así que Jesús hiciera con los demás lo que con ellos había hecho. ¿No es esto el Cristianismo?

+ Fr. Jesús Sanz Montes

Arzobispo de Oviedo 

viernes, 23 de enero de 2015

Jesús es Salvador e Intercesor dijo el Papa en su homilía

Lo más importante no es la gracia de una curación física, sino el hecho de que Jesús nos salva e intercede por nosotros. Lo dijo el Papa Francisco al reanudar la celebración de la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta con la participación de algunos fieles.
El pueblo ve una esperanza en Jesús
Al comentar el Evangelio del día, que refiere que la gente iba a ver a Jesús procedente de todas las regiones, el Pontífice observó que el pueblo de Dios ve una esperanza en el Señor, porque su modo de actuar, de enseñar, les toca el corazón, llega al corazón, porque tiene la fuerza de la Palabra de Dios”:
“El pueblo siente esto y ve que en Jesús se cumplen las promesas, que en Jesús hay una esperanza. El pueblo estaba un poco aburrido por el modo de enseñar la fe, de los doctores de la ley de aquel tiempo, que cargaban sobre los hombros tantos mandamientos, tantos preceptos, y que no llegaban al corazón de la gente. Y cuando ve a Jesús y siente a Jesús, las propuestas de Jesús, las bienaventuranzas… siente dentro algo que se mueve – ¡es el Espíritu Santo que despierta eso! –  y el pueblo va a ver a Jesús”.

Pureza de intención al buscar a Dios

La gente va a ver a Jesús para ser curada: es decir, busca su propio bien: “Jamás – afirmó el Papa –podemos seguir a Dios con una intención pura desde el inicio, siempre nos reservamos algo para nosotros, un poco para nosotros, un poco para Dios… Y el camino es purificar esta intención. Y la gente va, sí, busca a Dios, pero también busca la salud, la curación. Y se acercaban a Él para tocarlo, para que saliera esa fuerza y los curara”.
Jesús salva
Pero lo más importante “no es que Jesús cure” – explicó el Papa Francisco – esto “es signo de otra curación”; y ni siquiera el hecho de que “Jesús diga palabras que lleguen al corazón”: esto, ciertamente ayuda a encontrar a Dios. La cosa más importante la dice la Carta a los Hebreos: “Cristo puede salvar perfectamente a aquellos que por medio de Él se acercan a Dios. Y destacó que “Jesús salva y Jesús es el intercesor”. “Éstas – dijo el Pontífice –  son las dos palabras clave”:

“¡Jesús salva! 

Estas curaciones, estas palabras que llegan al corazón son el signo y el inicio de una salvación. El itinerario de la salvación de tantos que comienzan a ir para escuchar a Jesús o para pedir una curación y después vuelven a Él y sienten la salvación. Pero lo más importante de Jesús ¿es que cure? No, no es lo más importante. ¿Qué nos enseñe? No es lo más importante. ¡Qué nos salve! Él es el Salvador y nosotros somos salvados por Él. Y esto es lo más importante. Y ésta es la fuerza de nuestra fe”.

Jesús intercede

Jesús subió al Padre “y desde allí intercede aún, todos los días, en todos los momentos, por nosotros”:
“Y ésta es una cosa actual. Jesús ante el Padre, ofrece su vida, la redención, hace ver al Padre las llagas, el precio de la salvación. Y todos los días, así, Jesús intercede. Y cuando nosotros, por una cosa o por otra, estamos un poco deprimidos, recordamos que es Él quien reza por nosotros, intercede por nosotros continuamente. Tantas veces olvidamos esto: ‘Pero Jesús… sí, ha terminado, se fue al Cielo, nos ha enviado al Espíritu Santo, fin de la historia’. ¡No! Actualmente, en cada momento, Jesús intercede. En esta oración: ‘Pero, Señor Jesús, ten piedad de mí’. Intercede por mí. Dirigirse al Señor, pidiendo esta intercesión”.

Jesús es Salvador e Intercesor

Éste es el punto central – afirmó el Papa– que Jesús es “Salvador e Intercesor. Te hará bien recordar esto”. “Así la gente busca a Jesús con esa intuición de la esperanza del pueblo de Dios, que esperaba al Mesías, y trata de encontrar en Él la salud, la verdad, la salvación, porque Él es el Salvador y como Salvador aún hoy, en este momento, intercede por nosotros. Que nuestra vida cristiana – fue la oración conclusiva del Papa – esté cada vez más convencida de que nosotros hemos sido salvados, que tenemos un Salvador, Jesús a la diestra del Padre, que intercede. Que el Señor, el Espíritu Santo, nos haga entender estas cosas”.

(María Fernanda Bernasconi - RV).

Dios perdona siempre, perdona todo, dijo el Papa en su homilía

La confesión no es un “juicio”, sino un “encuentro” con un Dios que perdona y olvida cada pecado de la persona que no se cansa de pedir su misericordia. Lo explicó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta a la que asistió un grupo de fieles.
Es el “trabajo de Dios, y es un trabajo “hermoso”: reconciliar. Porque “nuestro Dios perdona” cualquier pecado, lo perdona “siempre”, hace “fiesta” cuando uno le pide perdón y “olvida” todo. Francisco reflexionó sobre el pasaje de san Pablo a los Hebreos, en el que el Apóstol habla insistentemente de la “nueva alianza” establecida por Dios con su pueblo elegido, y en su homilía ofreció una meditación sobre el perdón.
Dios perdona siempre
El Papa Bergoglio explicó asimismo que “el Dios que reconcilia”, eligió enviar a Jesús para restablecer un nuevo pacto con la humanidad y el fundamento de este pacto es básicamente uno: el perdón. Un perdón que, como explicó el Santo Padre, tiene muchas características:
“Ante todo, ¡Dios perdona siempre! No se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. Pero Él no se cansa de perdonar. Cuando Pedro pregunta a Jesús: “¿Cuántas veces debo perdonar? ¿Siete veces?”. “No siete veces: setenta veces siete”. Es decir siempre. Así perdona Dios: siempre. Y si tú has vivido una vida de tantos pecados, de tantas cosas feas, pero al final, un poco arrepentido, pides perdón, ¡te perdona inmediatamente! Él perdona siempre”.
Dios perdona todo y olvida
Sin embargo, la duda que podría surgir en el corazón humano está en el “cuánto” Dios está dispuesto a perdonar. Y bien – repitió Francisco –basta “arrepentirse y pedir perdón”: “No se debe pagar nada”, porque ya “Cristo ha pagado por nosotros”. El modelo es el hijo pródigo de la Parábola, que arrepentido prepara un razonamiento para exponerle a su padre, el cual ni siquiera lo deja hablar, sino que lo abraza y lo tiene junto a sí:
“Non hay pecado que Él no perdone. Él perdona todo. ‘Pero, padre, yo no voy a confesarme porque hice tantas cosas feas, tan feas, tantas de esas que no tendré perdón...’ No. No es verdad. Perdona todo. Si tú vas arrepentido, perdona todo. Cuando… ¡eh!, tantas veces ¡no te deja hablar! Tú comienzas a pedir perdón y Él te hace sentir esa alegría del perdón antes de que tú hayas terminado de decir todo”.
La Confesión no es un juicio sino un encuentro
Además – prosiguió diciendo el Papa – cuando perdona, Dios “hace fiesta”. Y, en fin, Dios “olvida”. Porque lo que le importa a Dios  es “encontrarse con nosotros”. De ahí que el Papa Francisco haya sugerido un examen de conciencia a los sacerdotes en el confesionario: “¿Estoy dispuesto a perdonar todo?”, “¿a olvidarme de los pecados de aquella persona?”. La confesión –  concluyó –  “más que un juicio, es un encuentro”:
“Tantas veces las confesiones parecen una práctica, una formalidad : ‘Bla, bla, bla…, bla, bla, bla…, bla, bla … Vas”. ¡Todo mecánico! ¡No! ¿Y el encuentro dónde está? El encuentro con el Señor que reconcilia, te abraza y hace fiesta. Éste es nuestro Dios, tan bueno. También debemos enseñar: para que aprendan nuestros niños, nuestros muchachos a confesarse bien, porque ir a confesarse no es ir a la tintorería para que te quiten una mancha. ¡No! Es ir a encontrar al Padre, que reconcilia, que perdona y que hace fiesta”.

(María Fernanda Bernasconi - RV).

SAN ILDEFONSO, OBISPO DE TOLEDO, EL SANTO AL QUE LA VIRGEN REGALÓ UNA CASULLA


Queridos amigos, la Iglesia se alegra hoy al recordar a San Ildefonso, Obispo de Toledo, a quien el Martiriologio Romano elogia de este modo: 

«En la ciudad de Toledo, en la Hispania Tarraconensis, san Ildefonso fue monje y rector de su cenobio, y después elegido obispo. Autor fecundo de libros y de textos litúrgicos, se distinguió por su gran devoción hacia la santísima Virgen María, Madre de Dios (667)».

Ildefonso, nacido en Toledo el año 608, fue instruido primero por el santo obispo toledano Eugenio, y posteriormente en la escuela de san Isidoro de Sevilla.

Abrazó la vida monástica, llegando a ser Abad de su monasterio. El 26 de noviembre del año 657 fue consagrado Arzobispo de Toledo. 

Entre sus obras destaca el libro “De la Perpetua Virginidad de la Bienaventurada Virgen María”, en el que defiende este gran privilegio de la Madre de Dios. 

Según refiere el Obispo Cixila, en premio a esta defensa mereció recibir de la Madre de Dios un don del cielo, hecho que conmemora la Archidiócesis Primada de España el 24 de enero. 

El milagro del encuentro con la Virgen

La noche del 18 de diciembre del 665, San Ildefonso, sus clérigos y algunos otros fueron a la iglesia para cantar himnos en honor a la Virgen María. Encontraron la capilla brillando con una luz tan deslumbrante que sintieron temor. Ildefonso y sus dos diáconos entraron y se acercaron al altar. 

Ante ellos se encontraba la Virgen María, sentada en la silla del obispo, rodeada por una compañía de vírgenes entonando cantos celestiales. María hizo una seña para que se acercara, y dijo: "Tu eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla la cual mi Hijo te envía de su tesorería." (La casulla es la vestidura que se pone el sacerdote sobre las demás para celebrar la Misa). 

Habiendo dicho esto, la Virgen misma lo invistió, dándole las instrucciones de usarla solamente en los días festivos designados en su honor. 

Esta aparición y la casulla fueron pruebas tan claras, que el concilio de Toledo ordenó un día de fiesta especial para perpetuar su memoria. El evento aparece documentado en el Acta Sanctorum como El Descendimiento de la Santísima Virgen y su Aparición.

Los árabes, durante la dominación musulmana, al convertirse la Basílica cristiana en Mezquita respetaron escrupulosamente este lugar y la piedra allí situada por tratarse de un espacio sagrado relacionado con la Virgen María, a quien se venera en el Corán. Esta circunstancia permite afirmar que el milagro era conocido antes de la invasión musulmana. 

En la catedral de Toledo, los peregrinos pueden aún venerar la piedra en que la Virgen Santísima puso sus pies cuando se le apareció a San Ildefonso. El santo entregó su alma a Dios el 23 de enero del año 667.

Oración de San Ildefonso a la Santísima Virgen: 

Tomada de su obra “De la Perpetua Virginidad de María”: 

«Ahora me llego a ti, la única Virgen y Madre de Dios; caigo de rodillas ante ti, la sola obra de la encarnación de mi Dios; me humillo ante ti, la sola hallada Madre de mi Señor; te suplico, la sola hallada esclava de tu Hijo, que logres que sean borrados mis pecados, que hagas que yo ame la gloria de tu virginidad, que me encuentres la magnitud de la dulzura de tu Hijo, que me concedas hallar y defender la sinceridad de la fe en tu Hijo, que me otorgues también consagrarme a Dios, y ser esclavo de tu Hijo y tuyo y servir a tu Señor y a ti... 

Por esto yo soy tu siervo, porque mi Señor es tu Hijo. Por eso tú eres mi señora, porque eres esclava de mi Señor. Por esto yo soy esclavo de la esclava de mi Señor, porque tú, mi señora, has sido hecha Madre de mi Señor. Por esto yo he sido hecho esclavo, porque tú has sido hecha Madre de mi Hacedor ».
Fuente: News.va

martes, 20 de enero de 2015

Quien conoce a Dios es como un faro que alumbre a otros con la luz del Evangelio


«Tú que vives bajo la protección del Dios altísimo y moras a la sombra del Dios omnipotente, di al Señor: “Eres mi fortaleza y mi refugio, eres mi Dios, en quien confío”» (Salmo 91, 1-2).
Día 6 | Hoy pídele a Dios sed de más
“No le pongas un techo a la fe que Dios quiere volcar en ti; no le pongas un límite a la esperanza; no le pongas un tope al amor. Los techos, los límites y los topes están sólo en tu mente. Deja que Dios te conduzca a nuevas fronteras de crecimiento espiritual.”
— Padre Gustavo Jamut
El día de nuestro bautismo recibimos tres regalos maravillosos... les conocemos con las virtudes teologales... la fe, la esperanza y la caridad... estas son como pequeñas semillitas que han sido sembradas en el jardín de nuestro corazón... y que van germinando y creciendo según el cariño y cuidado que le damos... la fe es como una luz que nos impulsa a reconocer a Dios y a ver su mano en todas las cosas que suceden a nuestro alrededor... la esperanza es el deseo ardiente de estar con Él y la confianza para esperar que sus promesas se cumplan en nuestra vida... y la caridad o amor cristiano es lo que nos impulsa a vivir nuestra vida de la misma forma que Jesús vivió la suya: AMANDO, con mayúsculas y con todo lo que el verdadero amor conlleva...
Estas tres virtudes son la base de nuestra relación con Dios... son como los cimientos de nuestra vida espiritual... pero a diferencia de un edificio de concreto, que tiene un tamaño fijo y predeterminado... nuestra relación con Dios va creciendo y creciendo y creciendo y creciendo... así que necesitamos que las virtudes sobre las que nos apoyamos también vayan creciendo de la misma forma... lamentablemente, muchas veces nos estancamos... pensamos que ya hemos recorrido todo el camino de la fe... nos creemos “convertidos” y “evangelizados”, como si ya no quedara nada nuevo que aprender sobre Dios... o peor aún, nos acostumbrados a vivir un cristianismo mediocre, sin esforzarnos por seguir creciendo y sin aspiraciones de santidad... ¡nada más lejos de la verdad...!!!
Déjame contarte una historia... cuando Noemí y yo éramos novios queríamos conocer todo sobre el otro: ¿cómo eras de pequeño... qué te gusta comer... cuáles son tus pasatiempos...? Las preguntas iban desde tonterías sin sentido hasta temas profundos como nuestra relación con Dios o los planes que teníamos para el futuro... el conocimiento mutuo no fue inmediato... hay que ir conociéndose en distintos ambientes y diferentes situaciones... descubriendo lo que la otra persona siente, cree y piensa... todavía, después de años de casado, descubrimos cosas nuevas que no habíamos visto antes...
Con Dios nos sucede lo mismo... heredamos la fe de nuestros padres... y poco a poco —demasiado poco a poco en la mayoría de nosotros— vamos conociendo a Dios... descubriendo a Dios... cultivando una relación personal con Dios... si tenemos suerte y nuestros padres son practicantes, es posible que hayamos desarrollado nuestra amistad con el Señor desde pequeños... pero en muchas ocasiones, es un momento de prueba o de enfermedad lo que nos impulsa a agarrarnos de su mano... y encontrarnos con Él por primera vez...
Si has experimentado ese “primer amor” con el Señor entiendes lo que voy a decirte... pero es que cada cosa que descubrimos nos empuja a querer saber más y más... realmente es una historia de amor... queremos saber lo que nos dice el Señor... queremos pasar tiempo con Él... sentir su amor llenándonos por dentro... quemándonos por dentro... es como las maripositas que sienten en el estomago los novios cuando se toman de la mano o se dan un beso... así son esos primeros encuentros con Dios... en la oración... en los ratos de adoración... al recibirle en la Eucaristía...
Entonces... nos vamos acostumbrando a tenerle cerca... e igual que una pareja de esposos que llevan muchos años de casados, podemos llegar a caer en la rutina si no mantenemos nuestra relación renovándose continuamente... de eso se trata el día de hoy... de no pensar que ya lo sabemos todo sobre Dios... o que ya hemos experimentado todo su amor... ambas cosas están lejísimo de la realidad... Dios es siempre el mismo... pero también es siempre nuevo... su amor es transformador... y la acción del Espíritu Santo, si se lo permitimos, nos va cambiando cada día haciéndonos crecer en nuestro amor y conocimiento de Dios...
Fuente: Tengo sed de Ti

Las 10 mejores frases del Santo Padre en Sri Lanka y Filipinas

1. “Espero que la cooperación interreligiosa y ecuménica demuestre que los hombres y las mujeres no tienen que renunciar a su identidad, ya sea étnica o religiosa, para vivir en armonía con sus hermanos y hermanas”. (Encuentro interreligioso y ecuménico, Colombo, 13 de enero de 2015)
2. “Lalibertad religiosa es un derecho humano fundamental”. (Santa Misa y Canonización del beato José Vaz, Colombo, 14 de enero de 2015).
3. “Jesús es el único con poder para curar heridas abiertas y devolver la paz”. (Oración mariana en el Santuario de Nuestra Señora del Rosario, 14 de enero de 2015).
4. “No se puede provocar, no se puede insultar la fe de los demás, no se pude ridiculizar la fe”. (Encuentro del Santo Padre con los periodistas durante el vuelo hacia Manila, 15 de enero de 2015)
5. “La reforma de las estructuras sociales que perpetúan la pobreza y la exclusión de los pobres requiere en primer lugar la conversión de la mente y el corazón”. (Encuentro con las Autoridades y el Cuerpo Diplomático, Manila, 16 de enero de 2015).
6. “Los pobres son el corazón del Evangelio”. (Santa Misa con los Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, Manila, 16 de enero de 2015).
7. “Rechacen la colonización ideológica que destruye a la familia”. (Encuentro con las familias, Manila, 16 de enero de 2015).
8. “Tenemos un Señor que es capaz de llorar con nosotros, que es capaz de acompañarnos en los momentos más difíciles de la vida. (Homilía del Santo Padre, Tacloban, 17 de enero de 2015)
9. “Al mundo de hoy le falta llorar” (Encuentro con los jóvenes, Manila, 18 de enero de 2015)

10. “Tenemos que ver a cada niño como un regalo que acoger, querer y proteger”. (Homilía del Santo Padre, Manila, 18 de enero de 2015)
Fuente: Agencia de Noticias Zenit.