martes, 16 de julio de 2013

El Papa invita a ser misericordiosos a ejemplo del buen samaritano

En sus palabras previas al rezo del Ángelus esta mañana desde el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, el Papa Francisco animó a ser “misericordiosos” tal y como recuerda la “la famosa parábola del buen samaritano”. 

“¿Quién era este hombre? –cuestionó el Papa-. Era uno cualquiera, que descendía de Jerusalén hacia Jericó por el camino que cruzaba el desierto de Judea. Hacía poco, por ese camino, un hombre había sido asaltado por los delincuentes, robado, pegado y abandonado casi muerto. Antes del samaritano habían pasado un sacerdote y un levita, es decir, dos personas responsables del culto en el Templo del Señor. Vieron a aquel pobrecillo, pero pasaron sin detenerse. En cambio, el samaritano, cuando vio aquel hombre, tuvo
compasión”. 

El Papa señaló que el buen samaritano se acercó al hombre, “le vendó las heridas, cubriéndolas con aceite y vino; y luego lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y pagó por él. En definitiva, se hizo cargo de él como ejemplo del amor por el prójimo”. 

Francisco explicó que Jesús escogió a un samaritano como protagonista de esta parábola “porque en aquellos tiempos los samaritanos eran despreciados por los Judíos, a causa de diversas tradiciones religiosas”. Sin embargo “Jesús hizo ver que el corazón de aquel samaritano era bueno y generoso y que – a diferencia del sacerdote y del levita- él pone en práctica la voluntad de Dios , que quiere misericordia y no sacrificios”, subrayó. 

Por otro lado, el Santo Padre recordó que hoy se cumple el cuarto centenario de la muerte de San Camilo de Lelis, un hombre que “vivió plenamente este evangelio del buen samaritano”, fundador de los Hermanos de los Ministros de los Enfermos, patrón de los enfermos y de los agente sanitarios. 

“Saludo con gran afecto a todos los hijos e hijas espirituales de San Camilo, que viven con su carisma de caridad en contacto cotidiano con los enfermos, y también a los médicos y a aquellos que trabajan en los hospitales y en las casas de cura… ¡Sean como él buenos samaritanos!”, exclamó. 

domingo, 14 de julio de 2013

El Buen Samaritano

La liturgia de hoy pone ante nuestros ojos la figura del buen samaritano. Conocemos bien esta parábola que nos narra el evangelista San Lucas  (cf. Lc 10, 29-37).
En esta parábola del Señor, el buen samaritano se distingue claramente de otras dos personas –una de ellas un sacerdote y la otra un levita– que, recorriendo el mismo camino de Jerusalén a Jericó, se cruzan con el hombre asaltado por los malhechores. Ninguno de los dos se detiene ante aquel pobre desdichado, víctima de los ladrones sino que al verlo dan un rodeo y pasan de largo (cf. Ibíd. 10, 31-32).  Un samaritano, en cambio, refiere San Lucas, “llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima” (Ibíd. 10, 33),  es decir, siente compasión. El desdichado lo necesitaba, porque no sólo había sido despojado, sino también tan herido que había quedado junto al camino medio muerto.

El samaritano –al contrario de los otros dos que habían pasado anteriormente junto al herido– no lo abandonó, sino que “se le acercó, le vendó las heridas..., lo llevó a una posada y lo cuidó” (Ibíd. 10, 34).  Y cuando tuvo que proseguir su viaje, lo dejó al cuidado del dueño de la posada, comprometiéndose a pagar cualquier gasto que fuese necesario.

El Señor Jesús quería aclarar con esta parábola la dificultad que le había planteado un letrado: “¿Quién es mi prójimo?” (Lc 10, 29).  Después de escuchar el relato de Jesús, su interlocutor ya no encuentra ningún obstáculo para indicar quién era el que se había comportado como verdadero prójimo. Evidentemente es el samaritano, aquel que ha tenido compasión de otro hombre en la desgracia, aunque fuera un extraño y desconocido. Jesús le dice entonces: “Anda, haz tú lo mismo”. Con otras palabras el Apóstol Santiago pone de relieve la necesidad de la actitud del buen samaritano cuando escribe en su epístola: “¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no tiene obras?..., la fe, si no tiene obras, está muerta por dentro..., es inútil” (St 2, 14. 17. 20). 

Sin duda alguna, los dos que pasaron de largo conocían los libros sagrados y se consideraban no sólo creyentes, sino también profundos “conocedores” de las verdades de fe. Sin embargo, no fueron ellos sino el samaritano quien dio una prueba ejemplar de su fe. La fe dio fruto en él mediante una buena obra. Dios, en quien creemos, nos pide obras semejantes. Estas son las obras de amor al prójimo.

 La Palabra de Dios nos plantea a nosotros, los creyentes, en la liturgia de hoy, una pregunta fundamental: ¿Es fructuosa de veras nuestra fe?, ¿fructifica realmente en obras buenas?, ¿está viva o, tal vez está muerta?

Esta pregunta deberíamos hacérnosla todos los días de nuestra vida; hoy y cada día, porque sabemos que Dios nos juzgará por las obras cumplidas en espíritu de fe. Sabemos que Cristo dirá a cada uno en el día del juicio: Cada vez que hicisteis estas cosas a otro, al prójimo, a mi me lo hicisteis; cada vez que dejasteis de hacer estas cosas con el prójimo, conmigo las dejasteis de hacer (cf. Mt 25, 40-45). Exactamente igual que en la parábola del buen samaritano.

No sólo hay dar a los demás lo que uno tiene, sino también hay que entregarles lo que uno es, con un compromiso total. Cristo –el Buen Samaritano por excelencia, que cargó sobre Sí nuestros dolores–  (cf. Is 53, 4) seguirá actuando así a través de unos pocos, sino a través de todos, porque todos estamos llamados a una vocación de servicio. A todos nos ha dicho el Señor: “Amarás... a tu prójimo como a ti mismo” (Lc 10, 27).  

De la Homilía del Santo Padre Juan Pablo II
Miércoles 11 de mayo de 1988

viernes, 12 de julio de 2013

Dios se pone en contacto con los hombres

La historia de los hombres es una sucesión de tentativas de establecer un encuentro con Dios, de entablar diálogo con él, de obligarlo a abrirnos el cielo, de hacerlo descender, que nos permita subir, de hacer que nos revele sus secretos y nos introduzca en sus misterios.


No es el hombre el que establece el contacto con Dios; es Dios quien da el primer paso hacia el hombre, y lo hace sirviéndose de la boca de otros hombres, los profetas. " He aquí - dice un día el Señor a Jeremías - que pongo mis palabras en tu boca. (...)  Tú serás como mi boca" ( Jer 1,9; 15,19).



Pero hay una boca que supera incomparablemente a la de todos los profetas: es la boca de Jesús de Nazaret. La suya sí que es realmente la boca misma de Dios: " El que viene de lo alto está por encima de mí. Él da testimonio de lo que ha visto y oído. Aquél a quien Dios ha enviado profiere, en efecto, palabras de Dios" ( Jn 3, 31- 34).

El evangelista Mateo introduce solemnemente las primeras palabras pronunciadas por Jesús: " Al ver las multitudes subió al monte, se sentó y se le acercaron sus discípulos; él, abriendo la boca, se puso a enseñarles así: "Bienaventurados..." ( Mt 5, 1-2).

La tradición cristiana ha situado este sermón en el monte que domina Cafarnaún. El que sube a él, entra en un oasis de paz que invita al recogimiento, la reflexión y la oración. Allí uno se siente casi espontáneamente empujado a alzar la vista al cielo y el pensamiento de dirige a Dios.

Por sugestiva que pueda ser esta experiencia, el "monte" del que habla Mateo hay que entenderlo en su profundo significado bíblico.  La Biblia sitúa siempre en un monte los grandes encuentros con Dios, las grandes manifestaciones del Señor a los hombres. Más que un lugar real, el "monte" designa cualquier lugar o momento en que se revela la palabra de Dios.
Del libro "Tenía rostro y palabras de hombre" de Fernando Armellini-Guiseppe Moretti

jueves, 11 de julio de 2013

Cardenal Rouco Varela: “Era muy necesario que hubiese una Encíclica sobre la fe”


En su exposición, el Cardenal de Madrid ha afirmado que “era muy necesario que hubiese una encíclica sobre la fe. Y que el título fuese ese. La fe termina en la apertura de la luz para el conocimiento del hombre’. “Se trata de una interesantísima Encíclica, con una doble actualidad eclesial, porque sale materialmente hablando de un período histórico marcado por el Papa Benedicto XVI”, y “se publica y se hace documento de magisterio pontificio por parte y a cargo del Papa sucesor, viviendo el primero”

Algo que “nos remite a lo que podíamos llamar la tradición viva del magisterio pontificio, del magisterio de la Iglesia, que no se interrumpe, que continúa, que siempre se renueva pero que nunca pierde la línea de fidelidad que le caracteriza a través de los siglos. Y especialmente este ejercicio de magisterio entre el Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco con el Concilio Vaticano II”. Una línea “de magisterio vivo, de magisterio fiel y siempre renovado, fiel a los orígenes” y “al servicio del hombre”, que, teniendo en cuenta la fecha de su publicación, le aporta “una especie de acento muy atractivo y muy actual”. 

“A partir del Vaticano II, ha dicho, la Iglesia ha querido hacer al hombre contemporáneo la renovada propuesta de la vida cristiana, de ser cristiano y de cómo se es cristiano”, en un momento histórico “en que el hombre había quedado destrozado físicamente y materialmente”. “En ese intento de renovar y restaurar, abriendo horizontes de futuro no conocidos, surge el Vaticano II”, que “renueva la propuesta cristiana de la vida, que gira en torno a tres grandes virtudes: la virtud de la fe, la virtud de la esperanza y la virtud de la caridad”. 

“Era muy necesario que hubiese una encíclica sobre la fe y que el título fuese ese: la luz de la fe. La fe no es una fuente de enigmas, no plantea enigmas para el hombre, sino soluciones”, ha asegurado. “No termina un conocimiento indescifrable, sino que termina en la apertura de la luz para la inteligencia y para el corazón del hombre. Es lo que el Papa Francisco nos muestra en su encíclica de una forma muy bella y muy actual para los tiempos que corremos, sobre todo para la gente joven”. 

También ha hecho una valoración muy positiva del Pontificado del Papa Francisco, asegurando que “estamos muy agradecidos”. El Papa actual “viene de lejanas tierras, y ha traído un aire fresco, renovado, de estilos espontáneos… He tenido ocasión de tener una entrevista larga con él, y de estar a su lado en la celebración de la Eucaristía del domingo en San Pedro, para seminaristas y novicias/os de todo el mundo, y es una gracia poder acompañarle”. “Creo que nos va a ayudar a hacer una traducción espiritual profunda en relación con toda esa propuesta de renovación de la Iglesia que comienza con el Vaticano II dándole hondura, verdad y posibilidad de ser vivida a través de una gran una conversión a Cristo. Cuando habla me parece un gran padre espiritual para la Iglesia y de la Iglesia en este momento”. 

miércoles, 10 de julio de 2013

¿ DÓNDE ESTÁ TU HERMANO ?

“¿Dónde está tu hermano?”, la voz de su sangre grita hasta mí, dice Dios. Ésta no es una pregunta dirigida a otros, es una pregunta dirigida a mí, a ti, a cada uno de nosotros. Esos hermanos y hermanas nuestras intentaban salir de situaciones difíciles para encontrar un poco de serenidad y de paz; buscaban un puesto mejor para ellos y para sus familias, pero han encontrado la muerte. ¡Cuántas veces quienes buscan estas cosas no encuentran comprensión, no encuentran acogida, no encuentran solidaridad! ¡Y sus voces llegan hasta Dios!... 

“Hoy nadie en el mundo se siente responsable de esto; hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna; hemos caído en la actitud hipócrita del sacerdote y del servidor del altar, de los que hablaba Jesús en la parábola del Buen Samaritano: vemos al hermano medio muerto al borde del camino, quizás pensamos “pobrecito”, y seguimos nuestro camino, no nos compete; y con eso nos quedamos tranquilos, nos sentimos en paz. La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero no son nada, son la ilusión de lo fútil, de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los otros, o mejor, lleva a la globalización de la indiferencia. En este mundo de la globalización hemos caído en la globalización de la indiferencia. ¡Nos hemos acostumbrado al sufrimiento del otro, no tiene que ver con nosotros, no nos importa, no nos concierne!... La globalización de la indiferencia nos hace “innominados”, responsables anónimos y sin rostro”. 

“Adán, ¿dónde estás?”, “¿Dónde está tu hermano?”, son las preguntas que Dios hace al principio de la humanidad y que dirige también a todos los hombres de nuestro tiempo, también a nosotros


Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia de llorar, de “sufrir con”: ¡la globalización de la indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar! En el Evangelio hemos escuchado el grito, el llanto, el gran lamento: “Es Raquel que llora por sus hijos… porque ya no viven”. Herodes sembró muerte para defender su propio bienestar, su propia pompa de jabón. Y esto se sigue repitiendo… Pidamos al Señor que quite lo que haya quedado de Herodes en nuestro corazón; pidamos al Señor la gracia de llorar por nuestra indiferencia, de llorar por la crueldad que hay en el mundo, en nosotros, también en aquellos que en el anonimato toman decisiones socio-económicas que hacen posibles dramas como éste”. 

“Señor, en esta liturgia, que es una liturgia de penitencia, pedimos perdón por la indiferencia hacia tantos hermanos y hermanas, te pedimos, Padre, perdón por quien se ha acomodado y se ha cerrado en su propio bienestar que anestesia el corazón, te pedimos perdón por aquellos que con sus decisiones a nivel mundial han creado situaciones que llevan a estos dramas”.
PAPA FRANCISCO en Lampedusa.

martes, 9 de julio de 2013

La mies es abundante y los obreros pocos.

Jesús envía a setenta y dos discípulos a la gran mies que es el mundo, invitándoles a rezar para que el Señor de la mies, mande obreros a su mies; pero no les envía con medios potentes sino "como corderos en medio de lobos", sin bolsa ni cayado, ni sandalias. 

San Juan Crisóstomo, en una de sus homilías, comenta: "Siempre que seamos corderos, venceremos y aunque estemos rodeados de muchos lobos, conseguiremos superarlos. Pero si nos convertimos en lobos, seremos derrotados, porque nos faltará la ayuda del Pastor [...] 

Jesús envió a los "setenta y dos discípulos" y estos partieron con una sensación de miedo por el posible fracaso de su misión. 

También Lucas destaca el rechazo recibido en las ciudades en las que el Señor ha predicado y ha realizado signos prodigiosos. Pero los setenta y dos vuelven llenos de alegría, porque su misión ha tenido éxito; han constatado que, con la potencia de la palabra de Jesús, los males del hombre son vencidos, 

(Benedicto XVI, 26 de octubre y 7 de diciembre de 2011

También nosotros debemos evangelizar, en nuestras familias, en nuestro trabajo, en el mundo en que vivimos. Y debemos ir con humildad, practicando la caridad y las buenas obras, que vean en nosotros el amor del Padre. Y con la confianza puesta totalmente en el Señor.

viernes, 5 de julio de 2013

SIN MIEDO A LA NOVEDAD

            El Papa Francisco está llamando a la Iglesia a salir de sí misma olvidando miedos e intereses propios, para ponerse en contacto con la vida real de las gentes y hacer presente el Evangelio allí donde los hombres y mujeres de hoy sufren y gozan, luchan y trabajan.
         Con su lenguaje inconfundible y sus palabras vivas y concretas, nos está abriendo los ojos para advertirnos del riesgo de una Iglesia que se asfixia en una actitud autodefensiva: “cuando la Iglesia se encierra, se enferma”; “prefiero mil veces una Iglesia accidentada a una que esté enferma por encerrarse en sí misma”.
         La consigna de Francisco es clara: “La Iglesia ha de salir de sí misma a la periferia, a dar testimonio del Evangelio y a encontrarse con los demás”. No está pensando en planteamientos teóricos, sino en pasos muy concretos: “Salgamos de nosotros mismos para encontrarnos con la pobreza”.
         El Papa sabe lo que está diciendo. Quiere arrastrar a la Iglesia actual hacia una renovación evangélica profunda. No es fácil. “La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros, si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida según nuestros esquemas, seguridades y gustos”.
         Pero Francisco no tiene miedo a la “novedad de Dios”. En la fiesta de Pentecostés ha formulado a toda la Iglesia una pregunta decisiva a la que tendremos que ir respondiendo en los próximos años: “¿Estamos decididos a recorrer caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheraremos en estructuras caducas que han perdido la capacidad de respuesta?
         No quiero ocultar mi alegría al ver que el Papa Francisco nos llama a reavivar en la Iglesia el aliento evangelizador que Jesús quiso que animara siempre a sus seguidores. El evangelista Lucas nos recuerda sus consignas. “Poneos en camino”. No hay que esperar a nada. No hemos de retener a Jesús dentro nuestras parroquias. Hay que darlo a conocer en la vida.
         “No llevéis bolsas, alforjas ni sandalias de repuesto”. Hay que salir a la vida de manera sencilla y humilde. Sin privilegios ni estructuras de poder. El Evangelio no se impone por la fuerza. Se contagia desde la fe en Jesús y la confianza en el Padre.
         Cuando entréis en una casa, decid :”Paz a esta casa”. Esto es lo primero. Dejad a un lado las condenas, curad a los enfermos, aliviad los sufrimientos que hay en el mundo. Decid a todos que Dios está cerca y nos quiere ver trabajando por una vida más humana. Esta es la gran noticia del reino de Dios.
José Antonio Pagola
        

         

jueves, 4 de julio de 2013

Tener el coraje de huir del pecado cuando se es débil

El cristiano está llamado a ser valiente en su propia debilidad. Así lo dijo el papa Francisco este martes en la misa diaria celebrada en la Casa Santa Marta. Añadió que, a veces hay que reconocer que somos débiles y por eso tenemos que huir sin nostalgia del pecado, sin mirar atrás.

"Es tan difícil de cortar con una situación de pecado. ¡Es difícil! Incluso en una tentación, ¡es difícil! Pero la voz de Dios nos dice esta palabra: `¡Escapa! No se puede luchar allí, porque el fuego, el azufre te matarán. ¡Escapa!`. Santa Teresita del Niño Jesús nos enseña que a veces, en algunas tentaciones, la única solución es escapar y no tener vergüenza de escapar; reconocer que somos débiles y que tenemos que escapar. Y nuestro pueblo en su sencilla sabiduría lo dice un poco irónicamente: ‘Soldado que huye sirve para otra guerra’. Escapar para seguir adelante por el camino de Jesús".

"Ante el pecado, huir sin nostalgia. ¡La curiosidad no ayuda, sino que daña! ‘Pero, en este mundo tan pecaminoso, ¿cómo se puede hacer? Pero, ¿cómo será este pecado? Me gustaría saber...’. ¡No, no lo hagas! ¡La curiosidad te hará daño! ¡Huye y no mires atrás! Somos débiles, todos, y tenemos que defendernos.


 El miedo no nos ayuda". La cuarta actitud, dijo, "es la gracia del Espíritu Santo." Cuando Jesús trae la calma al agitado mar, los discípulos en la barca se llenaron de temor. "Siempre, ante el pecado, delante de la nostalgia, ante el temor", debemos volver al Señor.


"Mirar al Señor, contemplar al Señor. Esto nos da estupor, tan hermoso, por un nuevo encuentro con el Señor. ‘Señor, tengo esta tentación: quiero quedarme en esta situación de pecado; Señor, tengo la curiosidad de saber cómo son estas cosas; Señor, tengo miedo’. Y ellos vieron al Señor: ‘¡Sálvanos, Señor, estamos perdidos!` Y llegó la sorpresa del nuevo encuentro con Jesús. No somos ingenuos ni cristianos tibios, somos valientes, valerosos. Somos débiles, pero hay que ser valientes en nuestra debilidad. Y nuestro valor muchas veces debe expresarse en una fuga y no mirar hacia atrás, para no caer en la mala nostalgia. ¡No tener miedo y mirar siempre al Señor!".
Papa Francisco

miércoles, 3 de julio de 2013

Papa Francisco: Rezar con el coraje e insistencia con la que Abraham negociaba con Dios

Debemos orar al Señor con valentía, incluso con insistencia como lo hizo Abraham. Es lo que ha dicho la mañana del lunes el papa Francisco en la misa de la Casa Santa Marta. Explicó que la oración es también "negociar con el Señor", volverse incluso inoportuno como Jesús nos enseña.

"Abraham es un valiente y ora con valentía". Abraham, dijo, "siente la fuerza de hablar cara a cara con el Señor y busca defender esa ciudad". Y lo hace con tanta insistencia. En la Biblia, dice el papa, vemos que "la oración debe ser valiente". 


"¡Convencer al Señor con las virtudes del Señor! ¡Esto es hermoso! La exposición de Abraham va al corazón del Señor y Jesús nos enseña lo mismo: ‘El Padre sabe las cosas. El padre --no se preocupen--, hace llover sobre los justos y los pecadores, el sol para los justos y para los pecadores’. Con este argumento, Abraham continúa. Yo me detendría aquí: orar y negociar con el Señor, incluso volverse inoportuno con el Señor. Orar y alabar al Señor en las cosas buenas que tiene, y decirle que estas cosas bellas que tiene, las envíe a nosotros. ¡Y si Él es tan misericordioso, tan bueno, que nos ayude!". 

"Quisiera que hoy --prosiguió Francisco--, todos nosotros, por cinco minutos, no más, durante el día, tomemos la biblia y lentamente dijéramos el salmo 102.

El Señor es compasivo y misericordioso.
Bendice, alma mía, al Señor, 
y todo mi ser a su santo nombre. 

Bendice, alma mía, al Señor 

y no olvides sus beneficios.
El perdona todas tus culpas, 
y cura todas tus enfermedades;

él rescata tu vida de la fosa 

y te colma de gracia y de ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.

No nos trata como merecen nuestros pecados,

ni nos paga según nuestras culpas.
Como dista el oriente del ocaso, 
así aleja de nosotros nuestras culpas,

como un padre siente ternura por sus hijos, 

siente el Señor ternura por sus fieles.

lunes, 1 de julio de 2013

"Ama y haz lo que quieras".


Mientras ames a Cristo y por Cristo a los hombres y por Cristo a la vocación de cristiano o de consagrado, puedes hacer lo que quieras; el amor te mantendrá en el justo orden.


Si se dice a la inversa: "Haz lo que quieras y no ames", estarás perdido; perdido estuviste tantas veces por querer hacer tu vida sin amor, perdido estás ahora por querer hacer y hacer, y no darte tiempo para amar.

Amar a Cristo es tarea sencilla. Se logra con los detalles de cada día. Sumados todos los pequeños sacrificios de una jornada, forman una gran cosecha. A veces hace uno las cosas, las tiene que hacer, pero el amor brilla por su ausencia; tantas otras el amor se supone, pero no existe, y las más, existe moribundo, enclenque, enflaquecido, que da pena.
Eres lo que amas, vives o mueres del corazón.

"Ama y haz lo que quieras": entonces, ama y despreocúpate de todo. Cada día es una oportunidad de amar, cada día debes verlo con la ambición, con la ilusión del enamorado, que no se conforma con un amorcillo cualquiera, sino que sólo descansa en el amor eterno y en el amor total.

El amor es la respuesta, amor apasionado, amor gigante al Gigante del amor. Si dejas de amar, nadie te salva, pero, si el amor vigila, no hay porqué temer.

Tienes un peligro ante la vista, el tomar los propósitos con estilo militar, el olvidarte del amor por anclarte en el hacer. Por amor te levantas y por amor te acuestas, por amor luchas y trabajas y por amor, descansas. La oración te lanza al amor y el apostolado lo haces por amor. Si el amor en ti es más fuerte que la muerte, también tú podrás gritar: "¿Quién me arrancará del amor a Cristo?"

"Ama y haz lo que quieras". No quieras complicar tu trabajo por las almas ni la vida misma, debes concentrarte en este sólo amar con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Pregúntate al despertar cada mañana: ¿De qué nueva forma voy a amar a Cristo?
No seas prisionero de la rutina o del cansancio: algo nuevo, vivo, fresco debes encontrar cada día, que transforme esa jornada en una aventura.

"Ama y haz lo que quieras": Ama cuando rezas, cuando trabajas en el colegio o en la oficina, cuando te encierras en tu cuarto, cuando conduces el coche o caminas por los campos.

¡Ama! Ama todo lo que puedas, pon tu corazón a mil revoluciones; el amor, verás, terminará con todas tus cadenas, las cadenas antiguas que te hicieron agonizar en la mazmorra. El amor te llevará a la cumbre de la santidad, el amor te volverá intrépido en la batalla del Reino; ama y despreocúpate; pero, cuidado con los enemigos del amor. Si tu amor muere, habrás muerto tú, y asistirán a tu sepultura, la sepultura de tus grandes ideales, las pasiones guiadas por el Padre de la mentira.

domingo, 30 de junio de 2013

DIOS Y NUESTRO DESTINO

SEGUIR A JESÚS


Cristo mismo le dice: "Sígueme", pidiéndole un corte radical con los vínculos familiares. Estas exigencias pueden parecer demasiado duras, pero en realidad expresan la novedad y la prioridad absoluta del reino de Dios, que se hace presente en la Persona misma de Jesucristo.

En última instancia, se trata de la radicalidad debida al Amor de Dios, al cual Jesús mismo es el primero en obedecer. Quien renuncia a todo, incluso a sí mismo, para seguir a Jesús, entra en una nueva dimensión de la libertad, que san Pablo define como "caminar según el Espíritu". "Para ser libres nos libertó Cristo" -escribe el Apóstol- y explica que esta nueva forma de libertad que Cristo nos consiguió consiste en estar "los unos al servicio de los otros". Libertad y amor coinciden. Por el contrario, obedecer al propio egoísmo conduce a rivalidades y conflictos.

Queridos amigos, está llegando a su fin el mes de junio, caracterizado por la devoción al Sagrado Corazón de Cristo. Precisamente en la fiesta del Sagrado Corazón renovamos con los sacerdotes del mundo entero nuestro compromiso de santificación. Hoy quiero invitar a todos a contemplar el misterio del Corazón divino-humano del Señor Jesús, para beber de la fuente misma del Amor de Dios. 

Quien fija su mirada en ese Corazón atravesado y siempre abierto por amor a nosotros, siente la verdad de esta invocación: "Sé tú, Señor, mi único bien", y está dispuesto a dejarlo todo para seguir al Señor. ¡Oh María, que correspondiste sin reservas a la llamada divina, ruega por nosotros!
(Benedicto XVI, 27 de junio de 2010).


Jesús, ayúdanos a seguirte con generosidad, a seguirte con todo nuestro amor hacia Ti. Que TÚ seas el centro de nuestra vida, que todos nuestros actos sean por Ti y para Ti. Que seas nuestro compañero en el camino, nuestro guía en los momentos de duda, nuestro apoyo en los momentos difíciles.
Te queremos, Señor, pero necesitamos tu ayuda, solos no podemos, QUEREMOS QUE SEAS NUESTRO GUÍA EN EL CAMINO HACIA TI.  

sábado, 29 de junio de 2013

Pedro y Pablo, mártires de Jesucristo

Dice san Agustín que el martirio de san Pedro y san Pablo significan una misma realidad, por eso la Iglesia los celebra juntos en un mismo día… es el celo del discípulo que está dispuesto a llegar al extremo con tal de llevar el Mensaje del Evangelio a todos


De los Sermones de san Agustín

Sermón 295, 1-2. 4. 7-8: PL 38, 1348-1352

El día de hoy es para nosotros sagrado, porque en él celebramos el martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo. No nos referimos, ciertamente, a unos mártires desconocidos. A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. Estos mártires, en su predicación, daban testimonio de lo que habían visto con un desinterés absoluto, dieron a conocer la verdad hasta morir por ella.


San Pedro, el primero de los apóstoles, que amaba ardientemente a Cristo, y que llegó a oír de él estas palabras: Ahora te digo yo: Tú eres Pedro. Él había dicho antes: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y Cristo le replicó: «Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Sobre esta piedra edificaré esta misma fe que profesas. Sobre esta afirmación que tú has hecho: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, edificaré mi Iglesia. Porque tú eres «Pedro». «Pedro» es una palabra que se deriva de «piedra», y no al revés. «Pedro» viene de «piedra», del mismo modo que «cristiano» viene de «Cristo».
De Tengo sed de Ti.   Ver más

viernes, 28 de junio de 2013

¿Quién es justo ante el Señor?



Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente 
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,
el que no hace mal a su prójimo 
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,
el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará.
 
 
Salmo 14