domingo, 14 de agosto de 2011

¡Qué difícil es a veces aceptar tu voluntad!

Cuando todo va bien en nuestras vidas, estamos alegres, nos sentimos muy cercanos a Dios y el amor a Dios y a los demás nos sale por todos nuestros poros. Nos sentimos fuertes y capaces de realizar todo por nuestro Dios y por nuestro prójimo.

Pero cuando se tuerce nuestra vida, cuando el dolor y la tristeza inunda nuestra existencia, nos hundimos, no sentimos tan cerca a nuestro Señor, aunque sabemos ¡que es cuando más cerca se encuentra de nosotros!.

Pablo presenta el tema del sufrimiento al resumir las bendiciones que los hijos de Dios reciben: : "Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados" (Rom. 8:17).

No tenemos que perder la esperanza, debemos confiar en Dios, ya que sabemos que Jesús dijo:

"No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.
Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan." Lucas 5 ; 31-32
Señor, ayúdanos a aceptar siempre tu voluntad, Juan Pablo II nos dijo: "Los verdaderos discípulos de Cristo tienen conciencia de su propia debilidad. Por esto ponen toda su confianza en la gracia de Dios que acogen con corazón indiviso, convencidos de que sin Él no pueden hacer nada. Lo que les caracteriza y distingue del resto de los hombres no son los talentos o las disposiciones naturales. Es su firme determinación de caminar tras las huellas de Jesús."

Ayúdanos a tener plena confianza en Ti, a saber que siempre estás a nuestro lado y sobre todo cuando más te necesitamos.

H de Carmen

miércoles, 10 de agosto de 2011

CARTA DE AMOR DEL PADRE

Es probable que no me conozcas, pero yo te conozco perfectamente bien... Salmos 139.1
Sé cuando te sientas y cuando te levantas... Salmos 139.2
Todos tus caminos me son conocidos... Salmos 139.3
Pues aún tus cabellos están todos contados... Mateo 10.29-31
Porque fuiste creado a mi imagen... Génesis 1.27
En mi vives, te mueves y eres... Hechos 17.28
Porque linaje mío eres... Hechos 17.28
Antes que te formase en el vientre, te conocí... Jeremías 1.4-5
Fuiste predestinado conforme a mi propósito... Efesios 1.11-12
No fuiste un error... Salmo 139.15
En mi libro estaban escritos tus días... Salmos 139.16
Yo determiné el momento exacto de tu nacimiento y donde vivirías... Hechos 17.26
Tu creación fue maravillosa... Salmos 139.14
Te hice en el vientre de tu madre... Salmos 139.13
Te saqué de las entrañas de tu madre... Salmos 71.6
He sido mal representado por aquellos que no me conocen... Juan 8.41-44
No estoy enojado ni distante de ti; soy la manifestación perfecta del amor... 1 Juan 4.16
Y deseo derramar mi amor sobre ti... 1 Juan 3.1
Simplemente porque eres mi hijo y yo soy tu padre... 1 Juan 3.1
Te ofrezco mucho más de lo que te podría dar tu padre terrenal... Mateo 7.11
Porque soy el Padre perfecto... Mateo 5.48
Toda buena dádiva que recibes viene de mi... Santiago 1.17
Porque yo soy tu proveedor que suple tus necesidades... Mateo 6.31-33
Mi plan para tu futuro está lleno de esperanza... Jeremías 29.11
Porque te amo con amor eterno... Jeremías 31.3
Mis pensamientos sobre ti se multiplican más que la arena en la orilla del mar... Sal 139,17-18
Y me regocijo sobre ti con cánticos... Sofonías 3.17
Nunca me volveré atrás de hacerte bien... Jeremías 32.40
Tú eres mi especial tesoro... Éxodo 19.5
Deseo afirmarte de todo corazón y con toda mi alma... Jeremías 32.41
Y te quiero enseñar cosas grandes y ocultas que tú no conoces... Jeremías 33.3
Me hallarás, si me buscas de todo corazón... Deuteronomio 4.29
Deléitate en mí y te concederé las peticiones de tu corazón... Salmo 37.4
Porque yo inspiro tus deseos... Filipenses 2.13
Yo puedo hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pides o entiendes... Efesios 3.30
Porque yo soy quien más te alienta... 2 Tesalonicenses 2.16-17
Soy también el Padre que te consuela en todos tus problemas... 2 Corintios 1.3-4
Cuando tu corazón está quebrantado, yo estoy cerca a ti... Salmos 34.18
Como el pastor lleva en sus brazos a un cordero, yo te llevo cerca de mi corazón... Isaías 40.11
Un día enjugaré toda lágrima de tus ojos... Apocalipsis 21.3-4
Y quitaré todo el dolor que has sufrido en esta tierra... Apocalipsis 21.3-4
Yo soy tu Padre, y te he amado como a mi hijo, Jesucristo... Juan 17.23
Porque te he dado a conocer mi amor en Jesús... Juan 17.26
Él es la imagen misma de mi sustancia... Hebreos 1.3
Él vino a demostrar que yo estoy por ti y no contra ti... Romanos 8.31
Y para decirte que no tomaré en cuenta tus pecados... 2 Corintios 5.18-19
Porque Jesús murió para reconciliarnos... 2 Corintios 5.18-19
Su muerte fue mi máxima expresión de amor por ti... 1 Juan 4.10
Entregué todo lo que amaba para ganar tu amor... Romanos 8.31-32
Si recibes el regalo de mi Hijo Jesucristo, me recibes a mí... 1 Juan 2.23
Y nada te podrá volver a separar de mi amor... Romanos 8.38-39
Vuelve a casa y participa en la fiesta más grande que el Cielo ha celebrado... Lucas 15.7
Siempre he sido y por siempre seré tu Padre... Efesios 3.14-15
Mi pregunta es... ¿Quieres ser mi hijo? Juan 1.12-13
Aquí te espero... Lucas 15.11-32

Con amor, tu Padre

martes, 9 de agosto de 2011

¡NO TENGÁIS MIEDO!

«¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!» Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.» Él le dijo: «Ven.» Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús. Pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, ¡sálvame! » En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado? » (Mt. 14)


¡Cuántas veces dudar de Dios nos hace naufragar! Cuando dudamos, nos alejamos de él y nos hundimos en el abismo por falta de fe. Pero Jesús no nos abandona. “¡Ánimo, soy yo!” Siempre está ahí, nunca se aparta de nosotros y nos sigue para tendernos la mano. Su presencia nos devuelve la calma.

Hoy el mundo se debate en medio de muchas tragedias, que nos hacen sangrar el corazón a todos, porque todos tenemos corazón al ver las angustias que aplastan a tantos hermanos nuestros. Y no se arreglará nada con las armas, sino con el amor a Jesucristo. Si hoy el mundo quiere respirar otros aires, nosotros no queremos respirar más que a Jesucristo, en quien tenemos nuestra paz y el descanso de nuestras almas.


¿Quién es Jesucristo?... Muchas veces nos hacemos y nos vamos a repetir esta pregunta. Pero nadie nos lo ha respondido como el apóstol San Pablo, cuando escribe:

- En Cristo tenemos la redención, el perdón de los pecados. ¡Jesucristo es nuestro Salvador!

- Él es imagen del Dios invisible, primogénito de Dios, existente antes que cualquier criatura. ¡Jesucristo es Dios! ¡Dios verdadero! ¿Más grande que Jesucristo, que es Dios? Nada ni nadie...

- Todas las cosas han sido creadas por él y en vistas a él. ¡Jesucristo es el Creador, y el centro de todo lo que existe, porque todo converge en Él, y en Él se resume todo!

- Él es el Cabeza de la Iglesia, el primero en haber resucitado de entre los muertos.

¡Jesucristo es y será siempre el primero en todo!

¡No tangáis miedo!
 No tengáis miedo" fueron las primeras palabras que Juan Pablo II lanzó al mundo entero desde la Plaza de San Pedro, cuando inauguró su pontificado, el 22 de octubre de 1978. Esas palabras recorrieron, como una melodía, todo su trabajo como Vicario de Cristo, hasta su muerte santa en el 2005.

"No tengáis miedo a la verdad de vosotros mismos"; es decir, el Papa propuso superar el miedo "del hombre y de lo que ha creado": " ¡no tengáis miedo de vosotros mismos!".

Desde el inicio hasta el fin de su pontificado el Papa exhortó a confiar en el hombre, desde la humilde aceptación de su contingencia y de su pecado, dirigiendo la mirada al único horizonte de esperanza: Jesucristo.

Jesucristo es el vencedor del mal y del pecado, el Autor de una nueva creación y de una humanidad reconciliada por su Muerte y Resurrección.

¡No tengáis miedo a abrir de par en par las puertas a Cristo! Esta expresión es, posiblemente, uno de los gritos más esperanzadores y revolucionarios del mundo contemporáneo, que se debate entre la angustia y los miedos hacia los monstruos que él mismo ha creado: la guerra, la cultura de la muerte, la pérdida de la dignidad humana...

viernes, 5 de agosto de 2011

TOMA TU CRUZ Y SÍGUEME

Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame" (Lc 9,23)


Estas palabras indican la radicalidad de una elección que no admite vacilaciones ni segundo. Es un requisito que exige sin resolver aún los discípulos y que, a lo largo de los siglos, ha impedido que muchos hombres y mujeres de seguir a Cristo. Pero precisamente este radicalismo también ha producido admirables ejemplos de santidad y de martirio que fortaleció y confirmó el camino de la Iglesia. Incluso hoy en día estas palabras son consideradas como un obstáculo y una locura (cf. 1 Cor 1, 22-25) Sin embargo, hay que afrontar, ya que el camino trazado por Dios para su Hijo es el camino que ha de realizar el discípulo que ha decidido seguir a Jesús. No hay dos caminos, pero sólo uno: el recorrido por el Maestro. El discípulo no puede inventar una manera diferente.

Jesús camina delante de sus seguidores y pide a cada uno hacer lo que él mismo ha hecho. Él dice: No he venido a ser servido, sino para servir, así, el que quiera ser como yo debe estar al servicio de todos. He venido a vosotros como el que no posee nada, por eso, puedo pedirle que deje detrás de todas las riquezas que le impiden entrar en el reino de los cielos. Acepto la negación y el rechazo de la mayoría de mi pueblo, por lo que se puede pedir a aceptar la negación y la oposición venga de donde venga.

En otras palabras, Jesús nos pide que valientemente elija el mismo camino. Tenemos que elegir entre nuestros corazones, porque las situaciones externas no dependen de nosotros. En la medida de lo posible, la voluntad de ser tan obediente como estaba con el Padre y estar dispuestos a aceptar el plan que Él tiene para cada persona hasta el final depende de cada uno de nosotros

"Niéguese a sí mismo". Negarse a sí mismo es renunciar a los propios planes, a menudo limitados y mezquinos, para aceptar el plan de Dios Este es el camino de la conversión, algo indispensable en la vida cristiana, y que Pablo llevó San decir, "que ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí" (Gal 2:20).

Jesús no nos pide renunciar a vivir, pero para aceptar una novedad y una plenitud de vida que sólo Él puede dar. El ser humano tiene una tendencia profundamente arraigada a "pensar sólo en sí mismo", lo que se refiere a la persona de uno mismo como el centro de interés y de verse a sí mismo como el estándar contra el cual medir todo. Quien sigue a Cristo, por el contrario, rechaza este repliegue en sí mismo y no valora las cosas según su interés personal. Se ve la vida en términos de don y la gratuidad, no en términos de conquista y posesión. La vida en su plenitud sólo se vive en el don de sí, y que es el fruto de la gracia de Cristo: una existencia libre y en comunión con Dios y al prójimo.

La elección es entre ser y tener, entre una vida plena y una existencia vacía, entre la verdad y la falsedad.

"Tome su cruz cada día y sígame". A medida que la cruz puede ser reducido a ser un adorno ", a llevar la cruz" puede llegar a ser sólo una manera de hablar. En la enseñanza de Jesús, sin embargo, no implica la preeminencia de la mortificación y la negación. No se refiere principalmente a la necesidad de soportar pacientemente las tribulaciones, grandes y pequeños de la vida, ni mucho menos, a la exaltación del dolor como una forma de agradar a Dios. No es el sufrimiento por sí mismo que un cristiano tiene por objeto, sino el amor. Cuando la cruz acogida se transforma en un signo de amor y de entrega total. Llevarla en pos de Cristo significa estar unidos con él en la oferta de la mayor prueba de amor.

No podemos hablar de la cruz sin considerar el amor de Dios por nosotros, el hecho de que Dios quiere colmarnos de bienes. Con la invitación "sígueme", Jesús no sólo dice de nuevo a sus discípulos: tómame como modelo, sino también: comparte mi vida y mis decisiones y arriesgar la vida por amor a Dios y al prójimo junto a mí. Así es como Jesús nos abre el "camino de la vida". Desafortunadamente, esto está siendo constantemente amenazado por el "camino de la muerte. El pecado es así que separa a una persona de Dios y al prójimo y provoca la división y socava la sociedad desde dentro.

La "forma de vida", continúa y se renueva la mente de Cristo en nosotros y se convierte en el camino de la fe y la conversión. De hecho, es el camino de la cruz Es el camino que lleva a confiar en él y en su plan de salvación, y creer que Él murió el fin de mostrar el amor de Dios para cada uno. Es el camino de la salvación en una sociedad a menudo dividida, confusa y contradictoria. Es el camino a la felicidad en seguir a Cristo hasta el final, en las circunstancias a veces dramáticas de la vida cotidiana. Es la forma en que no temen al fracaso, las dificultades, el aislamiento, la soledad, porque llena nuestros corazones con la presencia de Jesús Es el camino de la paz, el autocontrol y la alegría del corazón
Juan Pablo II

miércoles, 3 de agosto de 2011

¿Cuánto resiste nuestra fe?

Cuántas angustias y necesidades experimentamos en la vida. El dolor nos visita, los problemas abundan, las tristezas nos sofocan. ¡Ten compasión de mí, Señor! Es el grito del alma a un Dios que siente lejano.

Sin duda, buscamos una respuesta inmediata. Y nos desalentamos si no llega. ¡Cuántas veces pedimos y, quizás, sin resultado! ¿Por qué Dios no nos escucha?

Nos desconcertamos, llegamos a dudar de Dios y hasta nos desesperamos. ¿No será que Dios nos pone a prueba? ¿Hasta cuánto resiste nuestra fe?

Espera un poco. Insiste. Dios permite esa angustia para purificar tu intención, para que sigas creyendo en Él aunque no te atienda a la primera. La mujer cananea del evangelio seguía a Jesús gritando. Los discípulos perdieron la paciencia y obligaron a Jesús a detenerse para atenderla. Nos sorprende la primera reacción de Cristo.

¿Acaso no se conmovió su Corazón, lleno de misericordia? Desde luego que sí. Pero prefirió esperar y ver hasta qué punto la mujer confiaba en Él. Como su fe era grande, Jesús le dijo finalmente: “que se cumpla lo que deseas”.
P. Clemente González  Fuente: Catholic.net

Y nosotros, ¿somos como la mujer cananea? o ¿cuando la vida se nos hace dura nustra fe se ve afectada?.
Debemos tener confianza en el Señor, tanto en los momentos alegres y felices como en los duros. Sabemos que Jesús está siempre a nuestro lado, es el camino para llegar al Padre, es nuestro amigo que nos conforta en los momentos difíciles. Y sabemos que Dios siempre quiere lo mejor para nosotros, pero debemos pedírselo con confianza, debemos orar, sabiendo que el Padre sabe todas nuestras necesidades antes de que se las pidamos. Porque el Señor recoge nuestras lágrimas en su odre y a él no se le ocultan nuestros gemidos, pues todo lo creó por medio de aquel que es su Palabra, y no necesita las palabras humanas.

Señor, ayúdanos a mantener siempre nuestra fe y que tengamos siempre muy presente el salmo:
Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo.
MEMM

jueves, 28 de julio de 2011

Himno de Saludo al Señor

Buenos días, Señor, te noto dentro,
transitas por mi sangre como niño
que juega junto a mí con mis juguetes.
Me gusta verte así.
Tu presencia sostiene mi sonrisa.

Eres sencillo, Dios. Sencillamente
vas tejiendo mis horas con tus hilos
de las gracias actuales.
Te encuentro al despertar. Abres mis ojos
y me llenas del alba adolescente.

La frescura del agua me recorre
como caricia de tu primavera.
Me das papel en blanco y permaneces
mirándome a los ojos, esperando
que manuscriba corazón con alas...

Por eso te suplico ser pequeño:
dejarme cobijar en el asombro
que irradia lo sencillo; sorprenderme
libando la hermosura de las rosas
o sembrando gorgojeos en el aire
con la pequeña alondra.

Quiero llegar al corazón del hombre.
Quiero que el hombre en tu querer descanse
y en tu querer alumbre su existencia...
un abrazo filial que nunca cesa.
Tomado del Magnificat, es una preciosa oración para decirle al Señor al despertarnos

martes, 26 de julio de 2011

Diálogos con Cristo

Señor, tuyo es el mundo porque Tú lo has creado, tuyo es el Reino porque tú lo has instaurado, tuyas son las almas porque Tú las has amado y salvado. Haz, Señor misericordioso, que no nos cerremos a tus palabras y a tu gracia. Transforma los corazones que se han alejado de ti para que no caigan en manos del enemigo que busca perderlos. También concede a mi alma ser la tierra fértil donde caiga la semilla de tu Palabra para que pueda dar fruto, para ayudar a otros y para hacer crecer tu Reino de paz, de vida y de gracia en mí y en el mundo entero.


Jesús nos enseña a ver las cosas con realismo cristiano y a afrontar cada problema con claridad de principios, pero también con prudencia y paciencia. Esto supone una visión trascendente de la historia, en la que se sabe que todo pertenece a Dios y que todo resultado es obra de su Providencia. Juan Pablo II, audiencia general 25 de septiembre de 1991

jueves, 21 de julio de 2011

CONSEJOS DEL PAPA PARA LAS VACACIONES

"No se trata de irse por irse para encontrar descanso, más bien se trata de vivir de una manera nueva nuestras relaciones con nuestros prójimos, con Dios, tomando el tiempo que esto requiere".
“La fe en su presencia nos ofrece la serenidad de quien se sabe siempre amado por el Padre.” Por eso: “Dejemos amplio espacio a la lectura de la Palabra de Dios, en particular al Evangelio, que no dejaréis de meter en vuestras maletas en estas vacaciones!”.

Y en el mensaje que pronunció desde su ventana, comentando el evangelio dominical, explicó: "Jesús promete que dará a todos “descanso”, pero pone una condición: “Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. ¿En qué consiste este “yugo”, que en lugar de pesar aligera, y en lugar de aplastar levanta?

El “yugo” de Cristo es la ley del amor, es su mandamiento, que ha dejado a sus discípulos (cf. Juan 13, 34; 15,12). El verdadero remedio para las heridas de la humanidad --tanto materiales, como es el hambre y las injusticias, y psicológicas y morales, causadas por un falso bienestar-- es una regla de vida basada en el amor fraterno, que tiene su manantial en el amor de Dios. Por esto es necesario abandonar el camino de la arrogancia, de la violencia utilizada para procurarse posiciones cada vez de mayor poder, para asegurarse el éxito a toda costa. También por respeto del ambiente es necesario renunciar al estilo agresivo que ha dominado en los últimos siglos y adoptar una razonable “mansedumbre”. Pero sobre todo en las relaciones humanas, interpersonales, sociales, la regla del respeto y de la no violencia, es decir, la fuerza de la verdad contra todo abuso, puede asegurar un futuro digno del hombre."

Queridos amigos, ayer celebramos una particular memoria litúrgica de María Santísima, al alabar a Dios por su Corazón Inmaculado. Que la Virgen nos ayude a “aprender” de Jesús la humildad verdadera, a tomar con decisión su yugo ligero, para experimentar la paz interior y ser capaces de consolar a otros hermanos y hermanas que recorren con fatiga el camino de la vida.

martes, 19 de julio de 2011

LOS FARISEOS LE PIDIERON UN SIGNO A JESÚS

Los egipcios dudaron del Señor cuando Moisés los sacaba de Egipto:

-« ¿No había sepulcros en Egipto?, nos has traído a morir en el desierto; ¿qué es lo que nos has hecho sacándonos de Egipto? ¿No te lo decíamos en Egipto: "Déjanos en paz, y serviremos a los egipcios; más nos vale servir a los egipcios que morir en el desierto"?»

Los escribas y fariseos no creían en Jesús y le pedían un signo, una prueba. No les bastaba con todos los hechos realizados por Jesús, su palabra, sus milagros, el amor a los más desfavorecidos, su entrega total. Pero Jesús no quiso darles ningún signo, excepto el de Jonás, refiriéndose así a su muerte y resurrección.

"Esta generación malvada y adúltera reclama un signo, pero no se le dará otro que el del profeta Jonás. Porque así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez, así estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra tres días y tres noches. El día de Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay alguien que es más que Jonás."

Los israelitas dudaron del Señor, los coetáneos de Jesús no creyeron en Él. Nosotros sí creemos en Jesús, pero eso no es suficiente, debemos cumplir sus mandamientos. No basta con creer en Él, hay que quererle, confiar en él, no pedirle ni signos ni pruebas, seguirle con la confianza de que siempre hará lo mejor para nosotros.

Señor, ¡ayúdame a quererte y a aceptar siempre tu voluntad!

H de Carmen

domingo, 17 de julio de 2011

Oración a la Virgen del Carmen

Oración a la Virgen del Carmen
Súplica para tiempos difíciles

"Tengo mil dificultades:
ayúdame.
De los enemigos del alma:
sálvame.
En mis desaciertos:
ilumíname.
En mis dudas y penas:
confórtame.
En mis enfermedades:
fortaléceme.
Cuando me desprecien:
anímame.
En las tentaciones:
defiéndeme.
En horas difíciles:
consuélame.
Con tu corazón maternal:
ámame.
Con tu inmenso poder:
protégeme.
Y en tus brazos al expirar:
recíbeme.
Virgen del Carmen, ruega por nosotros.
Amén."

Dos nuevos mensajes. Pan, vino y agua en la Eucaristía

Tenemos dos nuevos mensajes entrados por el formulario, uno es de Paz que nos comenta:

Me ha encantado leer este Blog,.... seguiré visitándoos.
Muchas gracias Paz, encantados de servirte de ayuda. Hasta una próxima vez

Otro mensaje es de José Antonio: Deseo adentrarme más en los elementos de la Santa Cena; copa, vino y agua. Gracias vivo en san José Costa Rica.

José Antonio, gracias por visitarnos y por tu pregunta. La respuesta que yo creo la mejor se encuentra en le Catecismo de la Iglesia Católica y nos dice los siguiente:

En el corazón de la celebración de la Eucaristía se encuentran el pan y el vino que, por las palabras de Cristo y por la invocación de Espíritu Santo, se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Fiel a la orden del Señor, la Iglesia continúa haciendo, en memoria de El, hasta su retomo glorioso, lo que El hizo la víspera de su pasión: “Tomó pan...”, “tomó el cáliz lleno de vino...”.

Al convertirse misteriosamente en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, los signos del pan y del vino siguen significando también la bondad de la creación. Así, en el ofertorio, damos gracias al Creador por el pan y el vino (cf Sal 104, 13-15), fruto “del trabajo del hombre”, pero antes, “fruto de la tierra” y “de la vid”, dones del Creador La Iglesia ve en el gesto de Melquisedec, rey y sacerdote, que “ofreció pan y vino” (Gn 14, 18), una prefiguración de su propia ofrenda (cf MR, Canon Romano 95).

En la Antigua Alianza, el pan y el vino eran ofrecidos como sacrificio entre las primicias de la tierra en señal de reconocimiento al Creador. Pero reciben también una nueva significación en el contexto del Éxodo: los panes ácimos que Israel come cada año en la Pascua conmemoran la salida apresurada y liberadora de Egipto. El recuerdo del maná del desierto sugerirá siempre a Israel que vive del pan de la Palabra de Dios (Dt 8, 3). Finalmente, el pan de cada día es el fruto de la Tierra prometida, prenda de la fidelidad de Dios a sus promesas. El “cáliz de bendición” (1 Co 10, 16), al final del banquete pascual de los judíos, añade a la alegría festiva del vino una dimensión escatológica, la de la espera mesiánica del restablecimiento de Jerusalén. Jesús instituyó su Eucaristía dando un sentido nuevo y definitivo a la bendición del pan y del cáliz.

Los milagros de la multiplicación de los panes, cuando el Señor dijo la bendición, partió y distribuyó los panes por medio de sus discípulos para alimentar la multitud, prefiguran la sobreabundancia de este único pan de su Eucaristía (cf Mt 14, l3- 21; 15, 32-29). El signo del agua convertida en vino en Caná (cf Jn 2, 11) anuncia ya la Hora de la glorificación de Jesús. Manifiesta el cumplimiento del banquete de las bodas en el Reino del Padre, donde los fieles beberán el vino nuevo (cf Mc 14, 25) convertido en sangre de Cristo.
Y el agua:
No se echa agua en el vino para “rebajar” el vino, entre otras cosas porque un vino “rebajado” ya no es vino-vino, y además, porque sólo se echan unas pocas gotas. La razón es únicamente simbólica. Las gotas de vino son un símbolo de nosotros mismos. El sacerdote, mientras echa el agua en el cáliz, dice: “El agua unida al vino sean signo de nuestra participación en la vida divina de Aquél que quiso compartir con nosotros nuestra condición humana”. Es decir: igual que las gotas de agua se mezclan con el vino para fundirse con el cáliz, también nosotros, cuando comulgamos con el Cuerpo y la Sangre del Señor, nos mezclamos con Él. Y en la Eucaristía ofrecemos al Padre a su mismo Hijo Jesús, unido a nosotros. Nosotros mismos nos ofrecemos al Padre con Él.
Cristo tomó nuestra condición humana, le “prestamos” nuestra humanidad, y ahora le pedimos que nos “preste” su divinidad. Hay un “intercambio”, como decían los Padres de la Iglesia. Dios se ha hecho Hombre, para que el Hombre se haga Dios (San Agustín). Y este “intercambio” está simbolizado en la mezcla del agua y el vino.
La costumbre de echar agua en el cáliz es muy antigua, y ya san Justino, un Padre de la Iglesia del siglo II, da testimonio de que en la liturgia eucarística en Palestina se presentaba pan, vino y agua.
Espero que la respuesta sea lo que querías, en caso contrario, vuelve a hacernos la pregunta pero concretando más lo que necesitas saber.

martes, 12 de julio de 2011

Cristo es la felicidad de los hombres

Cristo es la felicidad de los hombres, y puede por lo tanto ser también la tuya. ¿Dónde está el secreto? Esta frase lo puede indicar: "Aunque Cristo naciese mil veces en Belén, si no nace en ti seguirás eternamente perdido". Dicho de otra manera: hay que conocerlo, conocer al Cristo verdadero. Pero Cristo no se da regalado. Vale mucho, demasiado, y hay que luchar por merecerlo.Yo podría decirte, pero de memoria, que Cristo es el camino, la verdad y la vida. Que es tu salvación, que es la persona que tiene en su mano el secreto de tu felicidad, que es la persona que más te quiere del mundo, pero prefiero que no te lo digan de memoria, sino con su experiencia otros.

Tomemos cuatro ejemplos. El primero es Agustín de Tabaste, un hombre que buscaba, ansiosamente, apasionadamente, la verdad, la felicidad, pero siempre en sus propios caminos y nunca la encontró. Llegó a tal punto que un día caminando con sus amigos por una calle de Milán, encontraron a un borrachito haciendo eses, y uno comentó: "ese hombre es más feliz que nosotros"; nadie le contradijo. Nunca pensó encontrar aquella verdad y aquella felicidad, hasta que por fin un día a la fuerza tuvo que reconocer, que la única felicidad de su vida y de la vida de cualquiera era Cristo. Lo expresó con aquellas palabras: " Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón estará insatisfecho hasta que descanse en ti".
Tomemos el segundo caso: Pablo de Tarso, que odiaba a Cristo y a los cristianos y que los persiguió hasta la cárcel y la muerte. Pero aquel Cristo le hizo ver que era duro dar coces contra el aguijón, y le hizo caso. Cuando le preguntó, ¿Pablo porqué me persigues?, ¿qué quieres que haga? le respondió Él. Andando el tiempo, este hombre, antiguo perseguidor de Cristo y de cristianos, llegó a decir: "Para mi el vivir es Cristo, Cristo me amó y se entregó a la muerte por mi".

Ignacio de Loyola, para quien lo único importante en este mundo, eran las damas, la guerra y su reina, una bala de cañón le dijo la verdad cuando sitiaban la ciudad de Pamplona. Este hombre es el que compuso aquella oración tan conocida, "Alma de Cristo- santifícame, Cuerpo de Cristo- sálvame, No permitas que me aparte de ti".
Un cuarto ejemplo, Francisco de Borja, aquel guerrero, que estaba entusiasmado por defender a su Reina, la Reina de España, famosa por su belleza. Mientras guerreaba en Italia le avisaron que había muerto su Reina, y a uña de caballo, regresó, para ver si podía dar el ultimo adiós a quien había sido su ídolo de nobleza. Alcanzó a llegar en el momento de la sepultura y pidió permiso para abrir la caja y por última vez ver el rostro de su Reina. Aquel rostro tan hermoso en otro tiempo, estaba ya muy desfigurado y ante él dijo aquellas famosas palabras: "No volveré a servir a un Señor, que se me pueda morir".
Los que no oyen a Cristo, los que sienten indiferencia por Él, no son malos, simplemente, no lo conocen, como no lo conocían, Agustín de Tajaste, Pablo de Tarso, Ignacio de Loyola, Francisco de Borja, Teresa de Ávila y tantos otros.
El Dios que muchos rechazan también yo lo rechazo. Pero a mi Dios no lo rechaza nadie. Porque nadie rechaza el amor, la felicidad, la plenitud. Dios es la Plenitud, la Felicidad, porque Dios es el Amor.
Autor: P. Mariano de Blas. Fuente: Catholic.net

lunes, 11 de julio de 2011

El sembrador. Benedicto XVI

-«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron.
Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.
Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron.
El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta."

¿Qué tienen que ver con mi vida estas semillas? Todo. Sencillamente todo. En ellas está nuestra realización personal, y la verdadera autenticidad como cristianos. Las semillas son la palabra de Dios, lo dijo Cristo; pero no sólo son la palabra de Dios sino cualquier regalo que nos hace. Lo interesante es qué hacemos con estas semillas.

Las primeras caen al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Esto es cuando al escuchar la palabra de Dios - que nos puede hablar de muchas maneras, por el sacerdote que nos da la homilía en la Santa misa, por un amigo que nos ayuda, por una situación que estamos pasando, por nuestros padres, etc. - le hacemos caso más bien a esas otras muchas voces y no a lo que Dios quiere de nosotros ajenas al querer de Dios. Cuando un amigo nos dice que necesitamos ser más maduros y serios en nuestra vida, pero le preferimos hacer “oídos sordos” y escuchar a los medios de comunicación que nos enseñas que sólo conseguimos la madures madurez y la felicidad abandonando nuestros principios...Echamos en saco roto la palabra y los regalos de Dios.

Las siguientes caen en terreno pedregoso. Oyes los consejos y quieres ponerlos en práctica. En tu interior ves brotar los primeros retoños de una primavera prometedora, pero el viento sopla muy fuerte. En un inicio las otras voces que te quieren alejar de Dios parecen brisas que se apagan, pero luego se levantan tornados. Tu tierra no era profunda. Cuando buscaste en tu alma te diste cuenta que habías cavado poco. Viste entonces cómo las flores que se prometían nunca se abrieron, o se consumieron por el miedo a mostrar la belleza de lo que habían recibido. En ese momento se secó la planta.
Otras cayeron entre zarzas. ¿Cuáles son las zarzas en nuestra vida? Son todas aquellas seducciones que nos tiende el mundo: el dinero, las vanidades, los lujos, las comodidades superfluas, etc. La semilla es recibida por la tierra. Es una buena tierra, es una buena persona. El problema llega cuando chocan la palabra de Dios que hemos recibido y esto que se pone al alcance de la mano lo fácil del mundo para proporcionarnos que proporciona “felicidad” fácil y efímera. Hay que tener la valentía de escoger la felicidad verdadera porque sólo ella ilumina la conciencia y nos llena de vida.
Las últimas caen en tierra buena. Tierra buena es esa que ha sido abonada y preparada con antelación, haciéndose para que sea fértil. ¡Debemos ser tierra buena para la semilla del amor! Amor de Dios que se nos muestra en los hombres, en nuestros amigos, en nuestra familia. Estos son los cristianos en los que ha fructificado la palabra de Dios. Han recibido la simiente y ha dado raíces. Las raíces sólo ayudan a que la planta pueda dar dos grandes dones a quienes lo rodean: La flor y el fruto. Flor que es la alegría de sentirse regalado por Dios. Flor que es el amor a Dios. Y Fruto, que no es otra cosa sino la manifestación de ese amor en quienes nos rodean. El Cristiano autentico es el que lo demuestra en sus obras. Es el que vive con la conciencia de que la palabra de Dios es viva y eficaz y hace que él obre según la voluntad de Dios, que lo único que busca es su felicidad.

Benedicto XVI. Catholic.net

Debemos pensar en qué situación está ahora nuestra vida. Casi todos hemos pasado a lo largo de nuestra existencia por todas o casi todas las fases.
Ayer, en la homilía, el sacerdote nos hacía ver dos cosas importantes de este evangelio: "El sembrador, que es Jesús, salió a sembrar". Jesús viene el primero hacia nosotros, nos llama y nos llama  a cada uno de nosotros todos los días. Él sale a nuestro encuentro, no espera que nos acerquemos a Él, nos sale al camino.
Y las semillas son  la Palabra de Dios, entre otras cosas, debemos preguntarnos  si le dedicamos tiempo a Él, si leemos la Biblia, si meditamos sobre lo que nos dice la Biblia. Para querer a Jesús hay que conocerlo, leer los evangelios, meditarlos, recibir los sacramentos, hablar con Él, pedirle que nos en señe a orar. Ya los apóstoles le pidieron que les enseñara a orar y por eso tenemos El  PadreNuestro.
Que estas vacaciones, en las que tenemos más tiempo y estamos más relajados, dediquemos más tiempo a Él  y a su palabra. Para que, con su ayuda, las semillas den buen fruto en nuestro corazón.
MEMM

domingo, 10 de julio de 2011

La parábola del sembrador por San Gregorio Magno

Retened en vuestro corazón las palabras del Señor que habéis escuchado con vuestros oídos; porque la palabra de Dios es el alimento del alma; y la palabra que se oye y no se conserva en la memoria es arrojada como el alimento, cuando el estómago está malo. Pero se desespera de la vida de quien no retiene los alimentos en el estómago; por consiguiente, temed el peligro de la muerte eterna, si recibís el alimento de los santos consejos, pero no retenéis en vuestra memoria las palabras de vida, esto es, los alimentos de justicia.

Ved que pasa todo cuanto hacéis y cada día, queráis o no queráis, os aproximáis más al juicio extremo, sin perdón alguno de tiempo. ¿Por qué, pues, se ama lo que se ha de abandonar? ¿Por qué no se hace caso del fin a donde se ha de llegar? Acordaos de que se dice: Si alguno tiene oídos para oír que oiga. Todos los que escuchaban al Señor tenían los oídos del cuerpo; pero el que dice a todos los que tienen oídos: Si alguno tiene oídos para oír, que oiga, no hay duda alguna que se refería a los oídos del alma.

Procurad, pues, retener en el oído de vuestro corazón la palabra que escucháis. Procurad que no caiga la semilla cerca del camino, no sea que venga el espíritu maligno y arrebate de vuestra memoria la palabra. Procurad que no caiga la semilla en tierra pedregosa, y produzca el fruto de las buenas obras sin las raíces de la perseverancia. A muchos les agrada lo que escuchan, y se proponen obrar bien; pero inmediatamente que empiezan a ser molestados por las adversidades abandonan las buenas obras que habían comenzado.
La tierra pedregosa no tuvo suficiente jugo, porque lo que había germinado no lo llevó hasta el fruto de la perseverancia. Hay muchos que cuando oyen hablar contra la avaricia, la detestan, y ensalzan el menosprecio de las cosas de este mundo; pero tan pronto como ve el alma una cosa que desear, se olvida de lo que se ensalzaba. Hay también muchos que cuando oyen hablar contra la impureza, no sólo no desean mancharse con las suciedades de la carne, sino que hasta se avergüenzan de las manchas con que se han mancillado; pero inmediatamente que se presenta a su vista la belleza corporal, de tal manera es arrastrado el corazón por los deseos, como si nada hubiera hecho ni determinado contra estos deseos, y obra lo que es digno de condenarse, y que él mismo había condenado al recordar que lo había cometido.

Muchas veces nos compungimos por nuestras culpas y, sin embargo, volvemos a cometerlas después de haberlas llorado. Así vemos que Balaán, contemplando los tabernáculos del pueblo de Israel, lloró y pedía ser semejante a ellos en su muerte, diciendo: Muera mi alma con la muerte de los justos y mis últimos días sean parecidos a los suyos; pero inmediatamente que pasó la hora de la compunción, se enardeció en la maldad de la avaricia, porque a causa de la paga prometida, dio consejos para la destrucción de este pueblo a cuya muerte deseara que fuera la suya semejante, y se olvidó de lo que había llorado, no queriendo apagar los ardores de la avaricia
Homilías sobre los Evangelios, col. Neblí, nn. 9 y 13, Madrid 1957. Tomado de "Piedras Vivas"

viernes, 8 de julio de 2011

¿Qué es lo que distingue a un buen cristiano?

Un buen cristiano se distingue por el hecho de que cree en Dios, de que confía; se distingue por el hecho de que conoce a Cristo, de que lo conoce cada vez mejor y presta oídos a él. Conocer significa leer la Biblia, hablar con Cristo, dejarse llamar por él, asemejarse a él.

De ese modo, el cristiano se siente cada vez más apremiado a actuar socialmente, a comprometerse por otros como lo hizo Jesús, que curó a los hombres, llamó a sus discípulos, criticó a los poderosos, lanzó advertencias a los ricos y recibió a los extranjeros.

Así se llega a ser un hombre que se siente sostenido e impulsado por Dios. En el momento de la muerte —y quiera Dios que así sea—, podrás decir: tú me sostienes, en ti estoy cobijado, tú me aceptas.

Carlo M. Martini en el libro: Coloquios nocturnos en Jerusalén