lunes, 16 de mayo de 2011

El buen pastor y la puerta de las ovejas

Comentario al evangelio de Juan, 10 por Santo Tomás de Aquino.

Jesús dijo: «Yo soy el buen pastor». Es del todo evidente que el título de pastor es propio de Cristo. Porque igual que un pastor lleva a pastorear a su rebaño, así también Cristo da a los fieles como comida espiritual su propio Cuerpo y su propia Sangre.

Para diferenciarse del mal pastor y del ladrón, Jesús precisa que es el «buen pastor». Es el bueno porque defiende a su rebaño con el mismo interés que un soldado lo hace por su patria. Por otra parte, Cristo ha dicho que el pastor entra por la puerta y que él mismo es esta puerta. Así pues, cuando se declara aquí como el pastor, hay que comprender que es él el que entra y a través de sí mismo. Es del todo cierto porque manifiesta que conoce al Padre por sí mismo, mientras que nosotros, entramos a través de él, y es él el que nos da la felicidad. Fijémonos bien en que sólo él es la puerta, porque sólo él es la luz, y los demás lo son sólo por participación. Juan Bautista «no era la luz, pero vino para dar testimonio de la luz» (Jn 1,8). El mismo Cristo «era la luz verdadera que alumbra a todo hombre» (v.9). Nadie más puede decir que es la puerta, porque Cristo se reservó para sí este título

Pero el título de pastor lo dio a otros, lo dio a algunos de sus miembros. Efectivamente, Pedro lo fue, y también los demás apóstoles, así como todos los obispos. «Os pondré pastores según mi corazón» (3,15). Si bien es verdad que los jefes de la Iglesia –que son hijos de ella- todos son pastores, Cristo dice: «Yo soy el buen pastor» para mostrar la fuerza única de su amor. Ningún pastor es bueno si no está unido a Cristo por la caridad, llegando a ser pues, miembro del pastor verdadero.

sábado, 14 de mayo de 2011

EL MANDAMIENTO NUEVO

“El «mandamiento nuevo» no consiste en una norma nueva y difícil, que hasta entonces no existía. Lo nuevo es el don que nos introduce en la mentalidad de Cristo. Si tenemos eso en cuenta, percibimos cuán lejos estamos a menudo con nuestra vida de esta novedad del Nuevo Testamento, y cuán poco damos a la humanidad el ejemplo de amar en comunión con su amor. Así no le damos la prueba de credibilidad de la verdad cristiana, que se demuestra con el amor. Precisamente por eso, queremos pedirle con más insistencia al Señor que, mediante su purificación, nos haga maduros para el mandamiento nuevo”. (Benedicto XVI, Homilía, 20 de marzo de 2008). Jesucristo nos da su mandamiento de amar a nuestro prójimo como Él nos ha amado. Desde esta perspectiva, la caridad debe ser el signo o el distintivo del cristiano, es decir, del seguidor de Cristo. Amar a Cristo y guardar su Palabra es, en definitiva, amar a nuestros hermanos con un amor que se hace obras.
Vivir la caridad no es fácil pero contamos con la gracia y el auxilio de Dios. El amor al prójimo es un mandamiento del Señor y Él mismo nos invita a vivirlo. Así, podemos comprender que Jesucristo no nos llama a vivir algo imposible o ilusorio sino que la caridad es una realidad necesaria y fundamental en nuestra vida diaria y en nuestra condición de cristianos. Por lo tanto, es necesario elevar el corazón por encima de las simpatías o antipatías para ver con los ojos de la fe a mi prójimo. No podemos olvidar que cada vez que hacemos o damos algo a nuestro hermano lo estamos haciendo con Cristo. Nuestro acto de caridad más grande es el de acercar a las personas, con nuestro ejemplo de vida, a Cristo. La caridad no consiste solamente en ayudar materialmente, cuando es posible, a los demás sino en dar nuestro tiempo, nuestro consejo y el consuelo a las almas que lo necesitan.

jueves, 12 de mayo de 2011

LA MADRE DE JESÚS SACERDOTE

Templo y Arca de la Alianza.

Lo que se come es lo de dentro, dice el refrán. En una fruta lo mejor está dentro .

Algo de eso sucedia en el grandioso templo de Jesusalén, que tenia un templo interior donde se conservaba lo fundamental: el Arca de la Alianza. En ella, sentía el Pueblo la presencia especial de Dios . Pero el Arca era un objeto material.

Dios se preparó un Templo y un  Arca de carne en el seno de Maria . Ella fue el Templo que habitó Jesús, el Hijo de Dios : "El Señor está contigo, dentro de ti". Ella fue el Arca, donde Jesús hizo la Alianza entre Dios y la humanidad.

El Templo y la Alianza necesitan un sacerdote. Jesús , el Hijo de Dios y de Maria , fue el Sumo y Eterno Sacerdote , que, ofreciendo su vida, estableció la Nueva y Eterna Alianza.
 
Isabel

lunes, 9 de mayo de 2011

La paz interior

Todo el bien que podemos hacer viene de Dios y sólo de Él. "Sin mi no podéis hacer nada ha dicho Jesús"
Debemos pasar por fracasos, prueba y humillaciones permitidas por Dios. Él podría ahorrarnos esas pruebas, pero son necesarias para convencernos de nuestra radical impotencia de hacer el bien por nosotros mismos.

¿Cómo dejar actúar a Jesús en mi? ¿Cómo dejar que la gracia de Dios opere libremente en mi vida?.
A eso debemos orientarnos, no a imponernos una serie de obligaciones, por buenas que nos parezcan.
Debemos intentar descubrir las actitudes profunadas de nuestro corazón, las aptitudes espirituales que permite a Dios actuar en nosotros.

Para que la gracia de Dios actúe libremente en nuestra vida, tenemos  muchos resortes, la oración, la lectura y escucha de la Palabra de Dios, los Sacramentos....

Pero es de especial importancia, que nos esforcemos por adquirir y conservar, la paz interior, la paz de nuestro corazón.
Cuanto más serena y tranquila está nuestra alma, más se refleja Dios en ella, más imprime su imagen en nosotros, mayor es la actuación de su gracia. Si, al contrario, nuestra alma está agitada y turbada, la gracia de Dios actuará con mayor dificultad. Todo el bien que podemos hacer es un reflejo del Bien esencial de Dios. Cuanto más serena, ecuánime y abandonada esté nuestra alma, más se nos comunicará ese Bien  y, a través de nosotros, a los demás.
Del libro "La paz  interior" de Jacques Philippe

Señor, ayúdanos a conseguerir la paz interior que necesitamos para que Tú actues en nuestra vida. Nosotros tenemos voluntad, deseo y te amamos, Tú lo sabes, igual que sabías que Pedro te amaba. Ayúadanos, porque sin ti no podemos hacer nada

jueves, 5 de mayo de 2011

El fariseo enmascarado

A veces, aparece en nosotros el fariseo enmascarado, que bajo la apariencia de una falsa humildad y del buen cumplimiento de las prácticas religiosas, esconde hábilmente su verdadero rostro.

Quizá hasta alguien te alabe e incluso quiera tomarte como ejemplo, pero tú todo el tiempo serás fariseo.

Sólo descubrirás esto cuando comiences a orar como el publicano. Cuando esto suceda no tengas miedo de ver el abismo de tu miseria ni huyas de él. Esta es la verdad objetiva sobre ti mismo. Si quisieras vivir de estas falsas ilusiones, seguirías siendo fariseo durante el resto de tu vida.

Deberíamos comenzar nuestro día orando como el publicano, y sería bueno que esta oración nos acompañara en todo momento, porque al entrar en el torbellino de los acontecimientos, nos olvidamos muy fácilmente de la actitud del publicano. Entonces, se despierta en nosotros la seguridad en uno mismo, llena de orgullo, y comenzamos a ponernos cada vez más máscaras:  una en el trabajo con nuestros compañeros, otra en casa, con la familia, ..otra más en el confesionario, con el sacerdote.

A veces, durante la confesión, intentamos quitarnos alguna máscara, y de vez en cuando lo logramos, pero sólo en parte. De esta manera luchamos interiormente contra nosotros mismos, aunque el confesor trate de ayudarnos, no lo puede hacer en nuestro lugar, no es él quien se tiene que confesar, sino el penitente. Él tiene que respetar nuestra libertad.

Del libro "Abandonarse en el amor" de Slawomir Biela

Señor ayúdanos a quitarnos todas nuestras máscaras, ayúdanos a conocernos como realmente somos, como Tú nos conoces, para que así gracias a tu misericordia podamos ir mejorando cada día. Reconociendo el gran amor que nos tienes y que  todo te lo debemos.

sábado, 30 de abril de 2011

Beatificación de Juan Pablo II

Mañana, 1 de mayo, beatifican al papa Juan Pablo II. En la siguiente direcció podemos enterarnos de todos los detalles.
O pulsar en el título del artículo y se va directamente a la página

http://www.juanpabloii.va/es/#home

lunes, 25 de abril de 2011

Resurrección

«La fe de los cristianos -afirma san Agustín- es la resurrección de Cristo». Los Hechos de los Apóstoles lo explican claramente: «Dios dio a todos los hombres una prueba segura sobre Jesús al resucitarlo de entre los muertos» (Hch 17, 31). En efecto, no era suficiente la muerte para demostrar que Jesús ! es verdaderamente el Hijo de Dios, el Mesías esperado. ¡Cuántos, en el decurso de la historia, han consagrado su vida a una causa considerada justa y han muerto! Y han permanecido muertos.

La muerte del Señor demuestra el inmenso amor con el que nos ha amado hasta sacrificarse por nosotros; pero sólo su resurrección es «prueba segura», es certeza de que lo que afirma es verdad, que vale también para nosotros, para todos los tiempos. Al resucitarlo, el Padre lo glorificó. San Pablo escribe en la carta a los Romanos: «Si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo» (Rm 10, 9).

Benedicto XVI

Señor Jesucristo, te pido que nunca me separe de ti. Que nunca dude de tu amor y nunca deje de amarte. Ayúdame a saber qué debo hacer para cumplir tu voluntad, tanto en las cosas pequeñas como en las grandes. Dame la gracia de amar y tratar a las demás personas con el amor y la bondad con que Tú lo has hecho. ¡Quédate siempre a mi lado, te necesito porque Tú eres mi fortaleza y mi esperanza. Señor, confío en Ti!. Ya sabes que sin Ti no soy nada. Te necesito.

domingo, 24 de abril de 2011

ELLAS FUERON LAS PRIMERAS

1- ¡Cristo ha resucitado! Hoy es una noche de gozo y de alegría....Jesucristo ha roto las cadenas de la muerte. No hay que temer. Es cierto, es verdad. ¡Señor Jesús has resucitado, no tengo ya ningún miedo! Porque el Señor es mi luz y mi salvación, confío en El.

2.- Triunfa la vida a pesar de las dificultades. A pesar de los pesares, del dolor, del fracaso de las tentaciones, de la soledad y de la agonía de Getsemaní. A pesar de la crisis económica, del paro, de la guerra…... es posible una solución. ¡Regocijaos cielos y tierra; verdaderamente resucitó Jesús, ha salido victorioso del sepulcro y éste ha "quedado vacío"! La muerte es la puerta de la vida. Es increíble....la muerte es la puerta de la vida. ¡Qué difícil es entender esto! Jesús, la vida es misterio, la muerte es misterio. No entiendo muchas cosas, me desbordan los acontecimientos, me ahoga el no saber, el no poder, tu silencio muchas veces. Pero yo Señor, confío en Ti, Tú eres mi salvación.

3.- Hoy, Señor, nos haces capaces de entusiasmarnos. Sí, la tiniebla ya no es tiniebla delante de Ti, la noche tiene luz como el día. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? ¡HA RESUCITADO! Hoy empieza una nueva era, las lanzas se convierten en podaderas, de las armas nacen arados y los oprimidos son liberados.
4.- La primeras mensajeras. La muerte y el pecado han sido vencidos. ¡Resucitemos con Cristo! Dios nos ha liberado para siempre. Las mujeres fueron las primeras "apóstoles", las primeras enviadas por el joven vestido de blanco a anunciar a todos esta gran noticia. Es la hora de reconocer la vocación, la misión y el puesto de la mujer en la Iglesia. Yo, como ellas, también me siento enviado y proclamo mi fe en Dios Padre, mi fe en la vida, en el Dios de la vida. Y sé que vale la pena "desvivirme" por los demás. ¡Jesús, resucitado de entre los muertos, luz de luz, vida de la vida, primogénito de la nueva creación, proclamo mi fe en Ti, mi Señor!
Por José María Martín OSA

jueves, 21 de abril de 2011

JUEVES SANTO

Hoy Jueves Santo sentimos una necesidad imperiosa de recordar y más que recordar llegar con nuestra imaginación y nuestro sentir hasta el Cenáculo, lugar que tuvo que quedar perfumado con las palabras eucarísticas que pronunció allí Jesús la misma noche en que sería entregado a la muerte.

En aquel sagrado recinto vemos a Cristo rodeado de sus apóstoles junto a una mesa y le vemos tomar el pan y el cáliz en sus manos sacerdotales para convertirlos en su Cuerpo y en su Sangre divinos.
Jesucristo se nos presenta con todo el poder de que es verdadero Dios, por su milagro, por el dominio de su pena interna, por el infinito amor con que corresponde a la soledad de los sagrarios de todo el mundo y de todos los tiempos, a los sacrilegios y perversiones de los corazones de los hombres, al desamor, y a la tibieza de los malos cristianos que lo reciben con gran indiferencia.

San Pablo nos dice: Porque yo aprendí del Señor lo que también os tengo enseñado; y es que el Señor Jesús, la noche misma en que había de ser entregado, tomó el pan y dando gracias lo partió y dijo a sus discípulos: "Tomad y comed. Esto es mi cuerpo que por vosotros será entregado a la muerte. Haced esto en memoria mía". Y de la misma manera el cáliz, después de haber cenado, diciendo: "Este cáliz es el Nuevo Testamento en mi sangre. Haced esto cuantas veces lo bebiereis en memoria mía, pues todas las veces que comierais este pan o bebierais este cáliz, anunciareis la muerte del Señor hasta que venga.

Así es que, cualquiera que comiera este pan o bebiera el cáliz del Señor indignamente será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Porque quién lo come o bebe indignamente, se traga y bebe su propia condenación". (Cor, ll,2O-32).
Las palabras del Señor en esa noche son una promesa de amor de que jamás estaremos solos sin El, de que podremos alimentar nuestra alma y cuerpo con el mismo Dios nuestro Creador que se quedó en el Sagrario pero también palabras fuertes de una advertencia grave para que no tomemos a la ligera al acercarnos a recibirle sin que antes reconciliemos nuestro corazón, si le hemos ofendido gravemente, con el acto humilde de reconocer nuestros pecados en el Sacramento de la Penitencia.

Y de nuevo ante esta inconmensurable escena de amor en el noche del Jueves Santo podemos ver su rostro trasfigurado y sus ojos llenos de pesadumbre, su corazón dolorido y sus palabras misteriosas para quedarse por siempre, hasta la consumación de los siglos, entre los hombres
Caigamos de rodillas y pidámosle que nos alimente con su Eucaristía mientras recorremos el camino de la vida, que nos consuele en nuestras penas, que participe de nuestras alegría y que nos ayude a no perder la gracia para poderlo recibir frecuentemente y de una manera digna.

Ma. Esther de Ariño

sábado, 16 de abril de 2011

Domingo de Ramos (Papa Juan Pablo II)

Es admirable la liturgia del Domingo de Ramos, como admirables fueron también los acontecimientos de la jornada a que hace referencia.
Sobre el entisástico “hosanna” se ciernen espesas tinieblas. Las tinieblas de la Pasión que se aproxima. Cuán significativas resultan las palabras del profeta, que en esa jornada tienen su cumplimiento:

“No temas, ciudad de Sión mira que tu Rey llega montado en un borrico” (Jn 12,13; cf. Zc 9,9)

¿Puede en este día de júbilo general del pueblo a causa de la venida del Mesías, la ciudad de Sión tener motivo de temor? Por supuesto que sí. Cercano está ya el tiempo en que en labios de Jesús se cumplirán las palabras del salmista: “Dios mío, Dios Mío, ¿por qué me haz abandonado?” (Sal 21(22),2. El va a ser quien pronuncie estas mismas palabras desde lo alto de la cruz.

Para entonces, en vez del entusiasmo del pueblo que canta “hosanna”, seremos testigos de las burlas inferidas en la casa de Pilato, en el Gólgota, como proclama el salmista:

“Al verme se burlaban de mí, hacen visajes, mueven la cabeza: Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libere si tanto lo quiere” (ibid. 8 ss.)

La liturgia de este día. Domingo de Ramos, a la vez que nos permite contemplar la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén, nos lleva a la conclusión de su pasión. “Me taladrarán las manos y pies, y puedo contar mis huesos” Y poco después “… se reparten mi ropa, se sortean mi túnica” (Sal 21(22), 17-19) Es como si el salmista estuviese viendo con sus propios ojos los acontecimientos del Viernes Santo. Verdaderamente, en ese día ya próximo Cristo se hará obediente hasta la muerte y muerte de cruz (cf. Flp 2,8).

Sin embargo, precisamente este desenlace significa el comienzo de la exaltación. La exaltación de Cristo implica su previa humillación. El inicio y la fuente de la gloria está en la cruz.

viernes, 15 de abril de 2011

Yo soy la resurrección y la vida... ¿Crees tú esto?

“Yo soy la resurrección y la vida... ¿Crees tú esto?... Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”

«Una pregunta que Jesús nos dirige a cada uno de nosotros; una pregunta que ciertamente nos supera, que supera nuestra capacidad de comprender, y nos pide abandonarnos a él, como él se abandonó al Padre. La respuesta de Marta es ejemplar: ¡Sí, oh Señor!
También nosotros creemos, a pesar de nuestras dudas y de nuestras oscuridades; creemos en ti, porque tú tienes palabras de vida eterna; queremos creer en ti, que nos das una esperanza fiable de vida más allá de la vida, de vida auténtica y plena en tu reino de luz y de paz»

(Benedicto XVI).


 
Señor, ayúdanos a creer siempre en ti, a creer que moriste y resucitaste por nosotros, por cada uno de nosotros. No dejes que nunca dudemos o nos desanimemos, por que tú eres el motor de nuestra vida, sin ti nuestra vida no tiene sentido. Hemos nacido y vivimos por y para ti, para hacer tú voluntad.

miércoles, 13 de abril de 2011

SER CRISTIANO

Creer en Cristo va más allá de las palabras piadosas, de los sentimientos y emociones. Nuestro mundo necesita de cristianos no sólo convencidos sino fraguados en el misterio de la fe. Esta fe es como una gran fogata que sólo se mantiene encendida con los leños de las obras: «Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta» (St. 2, 17)


Es la fe la que nos permite ver a Jesús en las personas que nos rodean y es el impulso a buscar que el mayor número de almas le conozcan y le amen. Es por eso que la necesidad de ahondar en nuestra fe, a través de la oración, de la lectura de su palabra, de la participación de los sacramentos, se hace cada día más urgente. La fe no es una virtud que por nuestras propias fuerzas podamos alcanzar. Se trata de un don de Dios que debemos pedir incesantemente no sólo para nosotros sino para todos aquellos que viven sin esta brújula que oriente sus vidas hacia la meta que es Dios.
 
Señor, tu sabes que mi fe muchas veces es débil, y que ante las preocupaciones y quehaceres del día a día fácilmente languidece. Fortaléceme Señor con este don para que te descubra en mis hermanos, para que ante las cruces que tú permitas en mi camino, sepa responder a tu voluntad con la mirada puesta en Ti. ¡Creo Señor! ¡Ayúdame a creer en Ti con firmeza!
 
H Juan Pablo Peña Castillo
 

jueves, 7 de abril de 2011

El Ciego de Nacimiento

Queridos hermanos y hermanas: En estos domingos de Cuaresma, a través de los pasajes del evangelio de san Juan, la liturgia nos hace recorrer un verdadero itinerario bautismal: el domingo pasado, Jesús prometió a la samaritana el don del “agua viva”; hoy, curando al ciego de nacimiento, se revela como “la luz del mundo”; el domingo próximo, resucitando a su amigo Lázaro, se presentará como “la resurrección y la vida”. Agua, luz y vida: son símbolos del bautismo, sacramento que “sumerge” a los creyentes en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, liberándolos de la esclavitud del pecado y dándoles la vida eterna.


Detengámonos brevemente en el relato del ciego de nacimiento. Los discípulos, según la mentalidad común de aquel tiempo, dan por descontado que su ceguera es consecuencia de un pecado suyo o de sus padres. Jesús, por el contrario, rechaza este prejuicio y afirma: “Ni este pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios”. ¡Qué consuelo nos proporcionan estas palabras! Nos hacen escuchar la voz viva de Dios, que es Amor providencial y sabio. Ante el hombre marcado por su limitación y por el sufrimiento, Jesús no piensa en posibles culpas, sino en la voluntad de Dios que ha creado al hombre para la vida. Y por eso declara solemnemente:

“Tengo que hacer las obras del que me ha enviado. (...) Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo” Inmediatamente pasa a la acción: con un poco de tierra y de saliva hace barro y lo unta en los ojos del ciego. Este gesto alude a la creación del hombre, que la Biblia narra con el símbolo de la tierra modelada y animada por el soplo de Dios. De hecho, “Adán” significa “suelo”, y el cuerpo humano está efectivamente compuesto por elementos de la tierra. Al curar al hombre, Jesús realiza una nueva creación. Pero esa curación suscita una encendida discusión, porque Jesús la realiza en sábado, violando, según los fariseos, el precepto festivo. Así, al final del relato, Jesús y el ciego son “expulsados” por los fariseos: uno por haber violado la ley; el otro, porque, a pesar de la curación, sigue siendo considerado pecador desde su nacimiento.

Al ciego curado Jesús le revela que ha venido al mundo para realizar un juicio, para separar a los ciegos curables de aquellos que no se dejan curar, porque presumen de sanos. En efecto, en el hombre es fuerte la tentación de construirse un sistema de seguridad ideológico: incluso la religión puede convertirse en un elemento de este sistema, como el ateísmo o el laicismo, pero de este modo uno queda cegado por su propio egoísmo.

Queridos hermanos, dejémonos curar por Jesús, que puede y quiere damos la luz de Dios. Confesemos nuestra ceguera, nuestra miopía y, sobre todo, lo que la Biblia llama el “gran pecado”: el orgullo. Que nos ayude en esto María santísima, la cual, al engendrar a Cristo en la carne, dio al mundo la verdadera luz.

Benedicto XVI

sábado, 2 de abril de 2011

Hablar con Jesús

Ahora es sábado noche, muchas personas estarán divirtiéndose y eso está muy bien, Señor. Pero yo estoy delante del teclado y pensando en Tí Jesús. Y siento como te amo, como me siento amado por Ti, se que me amas intensamente, diste la vida por todos, y en particular la diste por mí. Y siento tu amor cuando estoy triste, cierro los ojos y te siento cerca, amándome, consolándome, diciéndome:  "Tranquilo, no te preocupes, déjalo en mis manos, Yo te amo".
Cuando estoy contento, también te siento Señor, en la felicidad de la gente, en la sonrisa de los niños, en la hermosura de tu creación, en pequeños detalles que otras veces pasan desapercibidos.
Pero Jesús, tu ya me conoces, también sabes de mis miedos, sabes de mi egoismo y de mi ingratitud. Tengo miedo de no hacer lo que tu deseas que haga, tengo miedo de no dar testimonio de Ti, tengo miedo de hacer daño a mis hermanos y entonces hacértelo a Ti. Tengo miedo de que esta cuaresma no sea una verdadera conversión en mi vida. Y tengo miedo, mucho miedo, de que al final del camino no estés TÚ esperándome.
 Pero otra vez estás aquí, amándome, queriéndome, llenando todo mi ser de tu amor y diciéndome: "¿Por qué me dices que me amas, si luego no lo demuestras?. Confía en mi, yo todo lo puedo y si tu me amas, dejálo en mi mano, tú solo di sí cuando te lo pida. Confía en mi, yo te amo."
Señor, yo confío en ti, yo también te amo.
CM

martes, 29 de marzo de 2011

Quién en tí confía no queda defraudado

“Ahora te seguiremos de todo corazón”. Quizá estas palabras podrían ser también una expresión de lo que hay en nuestro corazón en estos momentos: Padre, quiero seguirte de todo corazón. Son tantas las veces en las que no te he seguido, son tantas las veces en las que no te he escuchado, son tantos los momentos en los que he preferido ser menos generoso; pero ahora, te quiero seguir de todo corazón, ahora quiero respetarte y quererte. Ésta es la gran inquietud que debe brotar en el alma de todos y cada uno de nosotros: Te respetamos y queremos encontrarte. Si éste fuese nuestro corazón hoy, podríamos tener la certeza de que estamos volviéndonos al Señor, de que estamos regresando al Señor y de que lo estamos haciendo con autenticidad, sin posibilidad de ser defraudados.

¿Es así nuestro corazón el día de hoy? ¿Hay verdaderamente en nuestro corazón el anhelo, el deseo de volvernos a Dios? Si lo hubiese, ¡cuántas gracias tendríamos que dar al Señor!, porque Él permite que nuestra vida se encuentre con Él, porque Él permite que nuestra vida regrese a Él. Y si no lo hubiese, si encontrásemos nuestro corazón frío, temeroso, débil, ¿qué es lo que podríamos hacer? La oración continúa y dice: “Trátanos según tu clemencia y tu abundante misericordia”.

También el Señor es consciente de que a veces en el corazón del hombre puede haber un quebranto, una duda, un interrogante. Y es consciente de que, en el corazón humano, tiene que haber un espacio para la misericordia y la clemencia de Dios. Dejemos entrar esta clemencia y esta misericordia en nuestra alma; hagamos que en esta Cuaresma seamos capaces de abrir nuestro corazón, como auténtico sacrificio, en la presencia de Dios. O, que por lo menos, se fortalezca en nuestro interior la firme decisión de dar al Señor lo que quizá hasta ahora hemos reservado para nosotros. Quitar ese miedo, esa inquietud, esa falta total de disponibilidad que, a lo mejor, hasta estos momentos teníamos exclusivamente en nuestras manos.

Que la Eucaristía se convierta para nosotros en una poderosa intercesión ante Dios Padre por medio de su Hijo Jesucristo, para que en este tiempo de Cuaresma logremos renovarnos y transformarnos verdaderamente. Que nos permita abrir nuestra mente a nuestro Señor, con un corazón dispuesto a lanzarse en esa obra hermosísima de la santificación que Dios nos pide a cada uno de nosotros. P. Cipriano