El testimonio del Papa también nos alienta y conmueve, pero sobre todo nos abre a la esperanza.
Él no hace otra cosa sino buscar ser fiel al Señor Jesús que lo llamó como Pedro a remar mar adentro, y esta decisión manifiesta en su humildad, realismo y su amor por la Iglesia. En última instancia no deja de ser el testigo de la fe, que abraza la Cruz de Cristo, ofreciéndonos ahora el servicio de la oración y el sufrimiento escondido. Con ello nos da una lección de honestidad y libertad, que de una personalidad como la suya podíamos esperar.

Unámonos en oración por él y pidamos al Espíritu Santo que asista a los cardenales en la elección del próximo representante de Cristo en la tierra.
"Queridos hermanos y hermanas: después del gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor." (Benedicto XVI 19 de abril de 2005)
Fuente: Catholic.net
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