jueves, 1 de diciembre de 2016

Carta del arzobispo de Madrid: Protagonistas de la historia fraguada por la esperanza



¿Cómo es tu vida de Adviento y de preparación de la Navidad? María se nos presenta en nuestra vida y en la historia como el icono en el que hemos de fijar la mirada
Al concluir el Año de la Misericordia, el Papa Francisco nos ha regalado la carta apostólica Misericordia et misera. Son dos palabras que dan el retrato verdadero de Dios. San Agustín usaba estas palabras para comentar el encuentro entre Jesús y la adúltera. Aquella mujer que había perdido toda esperanza, que solamente esperaba la muerte, y experimenta el gran misterio del amor de Dios cuando viene al encuentro de los hombres. Junto a esta mujer comprendemos hasta dónde llega el abrazo del perdón de Dios. Cuando cada uno nos situamos arrepentidos delante de la misericordia de Dios, su abrazo es tan real que iniciamos para nosotros y para todos los hombres una nueva época, la época de la esperanza, que lo es de misericordia.
En la encíclica Spe salvi, el Papa Benedicto XVI nos decía que «en esperanza fuimos salvados». «Según la fe cristiana, la redención, la salvación, no es simplemente un dato de hecho. Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino» (Spe salvi, 1). Ante los grandes vacíos que tiene esta cultura que engendra grandes desesperanzas o sustitutivos de la esperanza que hunden aún más al ser humano, seamos personas con esperanza y de esperanza.
Al iniciar el Adviento, me atrevo a invitaros a vivir un tiempo de esperanza, fraguado por el inicio de un camino nuevo, el mismo que recorrió la Santísima Virgen María. A Ella Dios le pidió permiso para entrar en su vida. Veamos esta realidad en la descripción que se hace de la visita del ángel Gabriel, con cuatro expresiones: «Alégrate llena de gracia, el Señor está contigo»; «has encontrado gracia ante Dios»; «porque para Dios nada hay imposible», y «aquí está la esclava del Señor» (cf. Lc 1, 26-38).
Para vivir y dar esperanza tenemos que recorrer esas etapas de la mano de María: demos permiso a Dios para entrar en nuestra vida, quiere que optemos y decidamos; creamos en su promesa; entremos en una gran conversación; aboquémonos a realizar un compromiso con Dios para darle rostro humano, así es posible que el ser humano conozca la esperanza. Santa María contuvo en su vida a Dios mismo, fue vasija solo para Dios, así le dio rostro humano. Y por Ella conocimos al Dios verdadero, a Jesucristo. Siguiendo su camino, podemos «llegar a conocer a Dios, al Dios verdadero, eso es lo que significa recibir esperanza» (Spe, salvi, 3).
En Spe salvi hay de trasfondo una pregunta que Dios nos sigue haciendo a todos los hombres: «¿Dónde estás?»… «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo y me escondí». La confesión de Adán puede ser la misma que muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo siguen haciendo. Y la respuesta es la desnudez: estoy sin fe, sin esperanza y sin amor. No me fío más que de mí mismo o de otros parecidos a mí mismo. No me abro a nada ni a nadie. Estoy sin esperanza. Pues escapado de Dios, habiéndolo dejado fuera de mí mismo, habiéndolo arrinconado, estoy sin el Amor. Fuera del amor de Dios, el ser humano es un desconocido, ni se entiende a sí mismo ni entiende a los demás.
Frente a esta respuesta está la de la Santísima Virgen María, llena de fe, amor y esperanza en Dios. Ella nos regala un camino de Adviento diferente y nos prepara a celebrar la Navidad, a dar rostro a Dios como Ella mismo lo hizo. Ella nos dice a todos nosotros con el salmista: «Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas» (Sal 97). Y, ¿cómo es ese cántico nuevo? ¿Cómo es tu vida de Adviento y de preparación de la Navidad? O lo que es lo mismo: «¿Dónde estás, María?». Estoy viviendo en y desde la fe, en y desde la esperanza, y en y desde el amor. ¡Qué belleza adquiere la persona de la Virgen María en la Anunciación! Es la belleza del ser humano que se abre totalmente a Dios para dale rostro. Es la hermosura de quien decide poner todo lo que es y tiene al servicio de Dios y, precisamente por eso, al servicio de los hombres. María se nos presenta en nuestra vida y en la historia como el icono en el que hemos de fijar la mirada para vivir el Adviento. Contemplad a María en estas tres dimensiones que organizan su existencia y que han de proporcionarnos la vivencia de este tiempo:
1. Contempla a María como mujer de fe. Es la mujer de la adhesión absoluta a Dios. ¿Cómo iba a entrar Dios en su vida si Ella hubiese tenido algún resquicio cerrado a Dios? ¿Cómo le iba a decir el ángel Gabriel: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo», si en Ella no hubiera una confianza absoluta en Dios? María es el ser humano plenamente confiado y adherido a Dios. La apertura constante a Dios, el permanecer en diálogo abierto con Él es fuente inagotable de confianza en quien sabemos que nos ama.
2. Contempla a María como mujer de esperanza. Ella tiene experiencia cercana de Dios: «“No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús” […] “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?” […] El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra». Dios es quien da y es la esperanza. María, recipiente abierto a Dios, tiene meta, tiene seguridad en quien es el que da la salvación y la liberación. Ella tiene esperanza porque no solamente ha conocido a Dios, sino que le ha dado rostro humano. A las razones que Dios le había concedido como gracia en su vida, María añade y se abre plenamente a las razones que Dios le da para vivir. Y así la esperanza aumenta y crece. Una esperanza que crece en la oración, en el diálogo sincero, abierto y prolongado con Dios.
3. Contempla a María como la mujer que dio rostro al Amor. Sin amor el ser humano es un desconocido. Nadie puede vivir sin amor. Pero no vale cualquier amor para construir la vida. En María se da la explosión más grande del Amor de Dios. Ella concibe en su seno, por obra del Espíritu Santo, a Dios mismo y le da rostro humano. Por Ella hemos conocido el Amor de Dios en concreto. De alguna manera, quien desee aprender a regalar el Amor de Dios, tiene que fijarse en María para ver cómo Ella lo hizo. Regalar este amor no está exento de trabajo y de dificultades que a veces hacen sufrir. Pero es en el trabajo, en el actuar, en la entrega de la vida y en el aguante ante la dificultad, donde se aprende a vivir en la esperanza. Que pueda decir que estoy, como María, viviendo con fe, esperanza y amor. Y lo estoy aprendiendo en su propia escuela y teniéndola a Ella como Maestra. Escuela donde la apertura a Dios es total, se habla con Dios, se trabaja dando la vida para que los demás la tengan y donde el sacrificio es parte integrante de la existencia humana, porque solamente dando la vida se alcanza la Vida.
Con gran afecto, os bendice,
+Carlos Card. Osoro Sierra, arzobispo de Madrid
Alfa y Omega

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO DE HOY:





Jesús afirma: «No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos». Y continúa: «En aquél día muchos dirán: “Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre y en tu nombre hemos echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?”». Pero a estos responderá: «Nunca os he conocido. Alejaos de mí, los que obráis la iniquidad».

Porque «estos hablan, hacen», pero les falta «otra actitud, que es precisamente la base, que es precisamente el fundamento de hablar, de hacer»: falta «escuchar». En efecto, Jesús continúa: «El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica...». Por lo tanto, «el binomio hablar-hacer no es suficiente», incluso puede engañar. 

El binomio correcto es otro: «escuchar y hacer, poner en práctica». De hecho Jesús dice: «El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca». 

En cambio «el que escucha estas palabras mías y no las hace suyas, las deja pasar, o sea, no escucha verdaderamente y no las pone en práctica, será como aquel hombre que edificó sobre arena».

Esta es la clave para reconocer a los falsos profetas: «Por sus frutos los conoceréis». Es decir, dijo el Papa, «por su actitud: muchas palabras, hablan, hacen prodigios, hacen cosas grandes pero no tienen el corazón abierto para escuchar la Palabra de Dios». Son estos «los pseudocristianos, los pseudopastores», que «hacen cosas buenas», pero «les falta la roca».

La oración colecta del día proclama: «Tú jamás abandonas a quien se confía a la roca de tu amor». A estos «pseudocristianos», en cambio, les falta precisamente «la roca del amor de Dios, la roca de la Palabra de Dios». Y, añadió el Papa Francisco, «sin esta roca no pueden profetizar, no pueden construir: fingen, porque al final todo se derrumba».

Se trata, dijo el Papa, de los «pseudopastores, los pastores mundanos, los pastores o cristianos que hablan mucho» —tal vez porque «tienen miedo del silencio»— y que «hacen quizás mucho». Incapaces de actuar a partir «de la escucha», obran a partir de sí mismos, «no a partir de Dios».

Por lo tanto, resumió el Pontífice, «uno que solamente habla y hace no es un verdadero profeta, no es un verdadero cristiano, y al final se derrumbará todo», porque «no está sobre la roca del amor de Dios, no está “cimentado en roca”». 

En cambio, «uno que sabe escuchar y tras escuchar hace, con la fuerza de la palabra de otro, no de la suya», este «permanece firme como la roca: aunque sea una persona humilde, que no parece importante», es grande. Y «¡cuántos de estos grandes hay en la Iglesia!» destacó el Papa añadiendo: «¡Cuántos obispos grandes, cuántos sacerdotes grandes, cuántos fieles grandes hay que saben escuchar y tras escuchar hacen!».

El Papa Francisco presentó también un ejemplo de nuestros días recordando la figura de Teresa de Calcuta, quien «escuchaba la voz del Señor: no hablaba y en el silencio supo escuchar» y, por lo tanto, obrar. «Hizo mucho» aseguró el Pontífice. Y, como la casa construida sobre roca, «no se derrumbó ni ella ni su obra». A partir de su testimonio se comprende que «los grandes saben escuchar y tras escuchar hacen, porque su confianza y su fuerza» están «sobre la roca del amor de Jesucristo».

El Papa concluyó su meditación uniéndola a la celebración eucarística y recordó cómo la liturgia utiliza «el altar de piedra, fuerte, firme» como «símbolo de Jesús». En ese altar Jesús se hace «débil, es un trozo de pan» que se da a todos. Que el Señor que «se hizo débil» para hacernos fuertes, «nos acompañe en esta celebración —deseó el Papa Francisco— y nos enseñe a escuchar y hacer» partiendo «de la escucha y no de nuestras palabras».

Fuente: L’Osservatore Romano, 25 de junio de 2015

EL QUE ESCUCHA MI PALABRA Y LA PONE EN PRÁCTICA ENTRARÁ EN EL REINO DE LOS CIELOS




Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,21.24-27):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».

Palabra del Señor

PAPA FRANCISCO EXPLICA: CADA MOMENTO DE LA SANTA MISA HACE REFERENCIA A LA MISERICORDIA DE DIOS




-“Misericordia et misera” – 5

Queridos todos, seguimos leyendo juntos la carta “Misericordia et misera” que el Papa Francisco dirige a todos los católicos. Después del Jubileo, el Papa nos invita a mirar hacia delante para seguir viviendo con fidelidad, alegría y entusiasmo la riqueza de la misericordia divina:

“En primer lugar, estamos llamados a celebrar la misericordia. Cuánta riqueza contiene la oración de la Iglesia cuando invoca a Dios como Padre misericordioso. En la liturgia, la misericordia no sólo se evoca con frecuencia, sino que se recibe y se vive. 

Desde el inicio hasta el final de la celebración eucarística, la misericordia aparece varias veces en el diálogo entre la asamblea orante y el corazón del Padre, que se alegra cada vez que puede derramar su amor misericordioso. 

Después de la súplica inicial de perdón, con la invocación «Señor, ten piedad», somos inmediatamente confortados: «Dios omnipotente tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna». Con esta confianza la comunidad se reúne en la presencia del Señor, especialmente en el día santo de la resurrección. 

Muchas oraciones «colectas» se refieren al gran don de la misericordia. En el periodo de Cuaresma, por ejemplo, oramos diciendo: «Señor, Padre de misericordia y origen de todo bien, que aceptas el ayuno, la oración y la limosna como remedio de nuestros pecados; mira con amor a tu pueblo penitente y restaura con tu misericordia a los que estamos hundidos bajo el peso de las culpas». 

Después nos sumergimos en la gran plegaria eucarística con el prefacio que proclama: «Porque tu amor al mundo fue tan misericordioso que no sólo nos enviaste como redentor a tu propio Hijo, sino que en todo lo quisiste semejante al hombre, menos en el pecado». 

Además, la plegaria eucarística cuarta es un himno a la misericordia de Dios: «Compadecido, tendiste la mano a todos, para que te encuentre el que te busca». «Ten misericordia de todos nosotros», es la súplica apremiante que realiza el sacerdote, para implorar la participación en la vida eterna".

Catequesis del Papa: “Oremos todos como una misma familia”

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Con la catequesis de hoy concluimos el ciclo dedicado a la misericordia. Pero la misericordia debe continuar, ¡eh!, las catequesis terminan. Agradezcamos al Señor por todo esto y conservémoslo en el corazón como consolación y fortaleza.
La última obra de misericordia espiritual pide rogar a Dios por los vivos y por los difuntos. A esta podemos unir también la última obra de misericordia corporal que invita a enterrar a los muertos. Puede parecer una petición extraña esta última; en cambio, en algunas zonas del mundo que viven bajo el flagelo de la guerra, con bombardeos de día y de noche siembran temor y víctimas inocentes, esta obra es tristemente actual. La Biblia tiene un hermoso ejemplo al respecto: aquel del viejo Tobías, quien, arriesgando su propia vida, sepultaba a los muertos no obstante la prohibición del rey (Cfr. Tob 1,17-19; 2,2-4). También hoy existen algunos que arriesgan la vida para dar sepultura a las pobres víctimas de las guerras. Por lo tanto, esta obra de misericordia corporal no es ajena a nuestra existencia cotidiana. Y nos hace pensar a lo que sucede el Viernes Santo, cuando la Virgen María, con Juan y algunas mujeres estaban ante la cruz de Jesús. Después de su muerte, fue José de Arimatea, un hombre rico, miembro del Sanedrín pero convertido en discípulo de Jesús, y ofreció para él un sepulcro nuevo, escavado en la roca. Fue personalmente donde Pilatos y pidió el cuerpo de Jesús: una verdadera obra de misericordia hecha con gran valentía (Cfr. Mt 27,57-60). Para los cristianos, la sepultura es un acto de piedad, pero también un acto de gran fe. Depositamos en la tumba el cuerpo de nuestros seres queridos, con la esperanza de su resurrección (Cfr. 1 Cor 15,1-34). Es este un rito que perdura muy fuerte y apreciado en nuestro pueblo, y que encuentra repercusiones especiales en este mes de noviembre dedicado en particular al recuerdo y a la oración por los difuntos.
Rogar por los difuntos es, sobre todo, un signo de reconocimiento por el testimonio que nos han dejado y el bien que han hecho. Es un agradecimiento al Señor por habérnoslos donado y por su amor y su amistad. La Iglesia ruega por los difuntos en modo particular durante la Santa Misa. Dice el sacerdote: «Acuérdate también, Señor, de tus hijos, que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz. A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz» (Canon romano). Un recuerdo simple, eficaz, lleno de significado, porque encomienda a nuestros seres queridos a la misericordia de Dios. Oremos con esperanza cristiana que estén con Él en el paraíso, en la espera de encontrarnos juntos en ese misterio de amor que no comprendemos, pero que sabemos que es verdad porque es una promesa que Jesús ha hecho. Todos resucitaremos y todos permaneceremos por siempre con Jesús, con Él.
El recuerdo de los fieles difuntos no debe hacernos olvidar también de rogar por los vivos, que junto a nosotros cada día enfrentan las pruebas de la vida. La necesidad de esta oración es todavía más evidente si la ponemos a la luz de la profesión de fe que dice: «Creo en la comunión de los santos». Es el misterio que expresa la belleza de la misericordia que Jesús nos ha revelado. La comunión de los santos, de hecho, indica que todos estamos inmersos en la vida de Dios y vivimos en su amor. Todos, vivos y difuntos, estamos en la comunión, es decir, unidos todos, ¿no?, como una unión; unidos en la comunidad de cuantos han recibido el Bautismo, y de aquellos que se han nutrido del Cuerpo de Cristo y forman parte de la gran familia de Dios. Todos somos de la misma familia, unidos. Y por esto oramos los unos por los otros.

¡Cuántos modos diversos existen para orar por nuestro prójimo! Son todos válidos y aceptados por Dios si son hechos con el corazón. Pienso en modo particular en las mamás y en los papás que bendicen a sus hijos en la mañana y en la noche – todavía existe esta costumbre en algunas familias, bendecir al hijo es una oración; pienso en la oración por las personas enfermas, cuando vamos a visitarlos y oramos por ellos; en la intercesión silenciosa, a veces con las lágrimas, en tantas situaciones difíciles, orar por estas situaciones difíciles. Ayer ha venido a Misa en Santa Marta un buen hombre, un empresario. Pero debía cerrar su fábrica porque no podía y lloraba este hombre, joven, lloraba y decía: “Yo no puedo dejar sin trabajo a más de 50 familias. Yo podría declarar la bancarrota de la empresa, yo me voy a casa con mi dinero, pero mi corazón llorará toda la vida por estas 50 familias”. ¡Este es un buen cristiano! Ora con las obras, ora: ha venido a misa a orar para que el Señor le dé una salida, no solo para él, él lo tenía: el fracaso. No, no por él: por las 50 familias. Este es un hombre que sabe orar, con el corazón y con los hechos, sabe orar por el prójimo. Es una situación difícil. Y no busca la vía de salida más fácil: “Que ellos vean”, no. Este es un cristiano. Me ha hecho mucho bien escucharlo, mucho bien. Y tal vez existen muchos así, hoy, en este momento en el cual tanta gente sufre por la falta de trabajo; pienso también en el agradecimiento por una bella noticia que se refiere a un amigo, un pariente, un compañero… “ìGracias, Señor, por esta cosa bella!, también esto es orar por los demás, así. Agradecer al Señor cuando las cosas son hermosas.  A veces, como dice San Pablo, «no sabemos orar como es debido; pero es el Espíritu que intercede por nosotros con gemidos inefables» (Rom 8,26). Es el Espíritu que ora dentro de nosotros. Abramos, pues, nuestro corazón, de modo que el Espíritu Santo, escrutando los deseos que están en lo más profundo, los pueda purificar y llevar a cumplimiento. De todos modos, por nosotros y por los demás, pidamos siempre que se haga la voluntad de Dios, como en el Padre Nuestro, porque su voluntad es seguramente el bien más grande, el bien de un Padre que no nos abandona jamás: orar y dejar que el Espíritu Santo ore por nosotros. Y esto es bello en la vida: ora agradeciendo, alabando a Dios, pidiendo algo, llorando cuando hay alguna dificultad, como aquel hombre, muchas cosas. Pero siempre el corazón abierto al Espíritu porque ora por nosotros, con nosotros y por nosotros.
Concluyendo estas catequesis sobre la misericordia, comprometámonos a orar los unos por los otros para que las obras de misericordia corporales y espirituales se conviertan siempre más en el estilo de nuestra vida. Las catequesis, como he dicho al inicio, terminan aquí. Hemos hecho el recorrido de las 14 obras de misericordia, pero la misericordia continua y debemos ejercitarla en estos 14 modos. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

miércoles, 30 de noviembre de 2016

15 frases de San Francisco de Asís que estremecerán tu corazón


San Francisco de Asís no escribió ningún tratado sobre la oración. Tampoco se preocupó demasiado en enseñar a sus hermanos un método de oración. Pero esto no le impidió ser un guía seguro, al tiempo que un ejemplo viviente, en el camino de la unión con Dios. 
Lo esencial de su enseñanza, así como de su experiencia personal sobre la oración, se halla contenido en la siguiente frase de la Regla bulada:
“Aplíquense los hermanos a lo que por encima de todo deben anhelar: tener el espíritu del Señor y su santa operación” (2 R 10,8-9)
La vida de oración, según Francisco, es ante todo ese gran anhelo, esa búsqueda incesante del Espíritu del Señor y de su acción en nosotros. Somos incapaces, por nosotros mismos, de nombrar dignamente a Dios. No sabemos orar como es debido. ¿No consiste la oración, para el cristiano, en unirse a Jesús en su relación con el Padre? Orar es aprender a decir «Abba». Y eso sólo es posible gracias al Espíritu. El Espíritu del Señor es el gran iniciador en la vida de oración. Por eso debemos anhelarlo por encima de todo y dejarle actuar en nosotros. *
San Francisco se Asís, fue un humilde servidor de Dios que lo dejó todo para seguir al Señor, se preocupó mucho por la Santidad de los demás y de todos los hermanos, realizaba muchos Sacrificios y ayunos. Sus escritos están llenos de una santa humildad y obediencia a la Iglesia. Un Laico comprometido que Amó al Señor más allá de sus propios límites.
A continuación Frases de San Francisco de Asís que van directo al corazón:
1 “Si tú, siervo de Dios, estás preocupado por algo, inmediatamente debes recurrir a la oración y permanecer ante el Señor hasta que te devuelva la alegría de su Salvación”
2 “La verdadera enseñanza que trasmitimos es lo que vivimos; y somos buenos predicadores cuando ponemos en práctica lo que decimos.”
3 “Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible.”
4 “Recuerda que cuando abandones esta tierra, no podrás llevarte contigo nada de lo que has recibido, sólo lo que has dado.”
5 “El hombre debería temblar, el mundo debería vibrar, el Cielo entero debería conmoverse profundamente cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote”.
6 “Espíritus malignos y falsos, hagan en mi todo lo que quieran. Yo sé bien que no pueden hacer más de lo que les permita la mano del Señor. Por mi parte, estoy dispuesto a sufrir con mucho gusto todo lo que él les deje hacer en mí.”
7 “Es siervo fiel y prudente el que, por cada culpa que comete, se apresura a expiarlas: interiormente, por la contrición y exteriormente por la confesión y la satisfacción de obra”
8 “El demonio se alegra, sobre todo, cuando logra arrebatar la alegría del corazón del servidor de Dios. Llena de polvo las rendijas más pequeñas de la conciencia que puedan ensuciar el candor del espíritu y la pureza de la vida. Pero cuando la alegría espiritual llena los corazones, la serpiente derrama en vano su veneno mortal.”
9 “Cuando el servidor de Dios es visitado por el Señor en la oración con alguna nueva consolación, antes de terminarla debe levantar los ojos al cielo y, (juntas las manos), decir al Señor: “Señor, a mí, pecador e indigno, me has enviado del cielo esta consolación y dulzura; te las devuelvo a ti para que me las reserves, pues yo soy un ladrón de tu tesoro.” Y también: “Señor, arrebátame tu bien en este siglo y resérvamelo para el futuro.” Así debe ser, de modo que, cuando salga de la oración, se presente a los demás tan pobrecito y pecador como si no hubiera obtenida ninguna gracia nueva. Por una pequeña recompensa se pierde algo que es inestimable y se provoca fácilmente al Dador a no dar más.”
10 “Luchemos por alcanzar la serenidad de aceptar las cosas inevitables, el valor de cambias las cosas que podamos y la sabiduría para poder distinguir unas de otras.”
11 “Predica el evangelio en todo momento, y cuando sea necesario, utiliza las palabras.”
12 “Señor, hazme un instrumento de tu paz. Donde haya odio siembre yo amor; donde haya ofensa, perdón; donde hay duda, fe; donde hay desesperación, esperanza; donde haya tinieblas, luz; donde haya tristeza, alegría.”
13 “¡Terrible es la muerte!, pero ¡cuán apetecible es también la vida del otro mundo, a la que Dios nos llama!”
14 “No peleen entre sí y con los demás, sino traten de responder humildemente diciendo, “Soy un siervo inútil.”
15 “En la santa caridad que es Dios, ruego a todos los hermanos, tanto a los ministros como a los otros, que, removido todo impedimento y pospuesta toda preocupación y solicitud, como mejor puedan, sirvan, amen, honren y adoren al Señor Dios, y háganlo con limpio corazón y mente pura, que es lo que Él busca por encima de todo; y hagamos siempre en ellos habitación y morada a Aquel que es el Señor Dios omnipotente, Padre, e Hijo, y Espíritu Santo”
Qriswell J. Quero, PildorasdeFe.net con aportes de: Franciscanos.org

ALETEIA

30 de noviembre: san Andrés, primer apóstol de Jesús, anunció a san Pedro que había encontrado a Cristo


A San Andrés Apóstol le correspondió, junto con San Juan Evangelista, el honor de ser el primer discípulo que tuvo Jesús. Tras el encuentro con Jesús, san Andrés acudió a ver a su hermano Simón -el futuro San Pedro-, le anunció que había encontrado al Salvador del Mundo y le llevó junto a Jesús, que le hizo Fundador de la Iglesia
A San Andrés Apóstol le correspondió, junto con San Juan Evangelista, el honor de ser el primer discípulo que tuvo Jesús. Un día que estaban con San Juan Bautista a orillas del Jordán, éste, al ver pasar a Jesús dijo: «He aquí el Cordero de Dios». Inmediatamente, los dos discípulos se acercaron a Jesús que, sintiéndose seguido, les preguntó: «¿Qué buscan?». Contestaron: «¿Dónde habitas?». Jesús replicó: «Vengan y lo verán». Se marcharon con Él y le acompañaron durante resto del día. A partir de entonces, la vida de San Andrés ya no fue la misma.
A la vuelta, San Andrés acudió a ver a su hermano Simón -el futuro San Pedro-, le anunció que había encontrado al Salvador del Mundo y le llevó junto a Jesús, que le hizo Fundador de la Iglesia. Aunque pasó a un segundo plano, San Andrés fue, el día del milagro de los panes y de los peces, el que acercó a Jesús al joven que llevaba los cinco panes, estuvo presente en la mayor parte de los milagros y en Pentecostés recibió, junto a la Virgen María y al resto de Apóstoles, al Espíritu Santo.
San Andrés murió martirizado en Patras hacia el año 70. Según la Tradición, dijo al morir: «¡Oh, Cruz buena! De los miembros del Señor ha recibido su forma eterna, el tan esperado, ardientemente amado, buscado constantemente en la Cruz. Ahora anhelo que mi alma esté lista. Llévame lejos de la Humanidad y entrégame a mi Maestro».

J.M. Ballester Esquivias @jmbe12
Alfa Y Omega

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (4,18-22)




Cuando el Señor pasa en nuestra vida nos dice siempre una palabra y nos hace una promesa. Pero nos pide también que nos despojemos de algo y nos confía una misión. Lo recordó el Papa Francisco en la misa que celebró en la capilla de la Domus Sanctae Marthae.

El Pontífice recordó a san Agustín, quien «repite una frase que siempre me ha impresionado. Dice: “Tengo miedo cuando pasa el Señor”. ¿Por qué? “Porque tengo miedo de que pase y no me dé cuenta”. Y el Señor pasa en nuestra vida, como ha sucedido aquí, en la vida de Pedro, de Santiago, de Juan».

En este caso, el Señor ha pasado en la vida de sus discípulos con un milagro. Pero, como puntualizó el Papa, «no siempre Jesús pasa en nuestra vida con un milagro». Aunque «se hace siempre oír. Siempre».

Son tres los aspectos del paso de Jesús en nuestra vida: nos dice «una palabra que es una promesa»; nos pide «que nos despojemos de algo»; y nos encomienda «una misión».

La promesa: “Os haré pescadores de hombres”. Cuando llega a nuestra vida, cuando pasa por nuestro corazón, el Señor siempre nos dice una palabra y nos hace una promesa: “Ve adelante, valor, no temas: ¡tú harás esto!”». Es «una invitación a seguirle». 

Y «cuando oímos esta invitación y vemos que en nuestra vida hay algo que no funciona, debemos corregirlo» y debemos estar dispuestos a dejar cualquier cosa, con generosidad. Aunque «en nuestra vida —precisó el Papa— haya algo de bueno, Jesús nos invita a dejarla para seguirle más de cerca. Es como sucedió a los apóstoles, que dejaron todo, como dice el Evangelio: “Y sacando las barcas a tierra, dejaron todo y le siguieron”».

La vida cristiana, por lo tanto, «es siempre un seguir al Señor». Pero para seguirle primero hay que «escuchar qué nos dice»; y después hay que «dejar lo que en ese momento debemos dejar y seguirle».

Finalmente está la misión que Jesús nos confía. Él, en efecto, «jamás dice: “¡Sígueme!”, sin después decir la misión. Dice siempre: “Deja y sígueme para esto”». Así que, si «vamos por el camino de Jesús —observó el Santo Padre— es para hacer algo. Ésta es la misión».

Es «una secuencia que se repite también cuando vamos a orar». De hecho «nuestra oración —subrayó— debe tener siempre estos tres momentos». Ante todo la escucha de la palabra de Jesús, una palabra a través de la cual Él nos da la paz y nos asegura su cercanía. 

Después el momento de nuestra renuncia: debemos estar dispuestos a «dejar algo: “Señor, ¿qué quieres que deje para estarte más cerca?”. Tal vez en aquel momento no lo dice. Pero nosotros hagamos la pregunta, generosamente». 

Finalmente, el momento de la misión: la oración nos ayuda siempre a entender lo que «debemos hacer».

He aquí entonces la síntesis de nuestro orar: «Escuchar al Señor, tener el valor de despojarnos de algo que nos impide ir deprisa para seguirle y finalmente emprender la misión»


Fuente: L’Osservatore Romano, 6 de septiembre de 2013

VENID Y SEGUIDME




Lectura del santo evangelio según san Mateo (4,18-22):

En aquel tiempo, pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. 
Les dijo: «Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.»
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. 

Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Palabra del Señor

Homilía del Papa: La humildad cristiana es la virtud de los pequeños



 El Señor revela el Misterio de la Salvación a los pequeños, no a los eruditos ni a los sabios. Lo afirmó el Papa en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Francisco se detuvo a considerar la virtud de los pequeños que – explicó –  es el temor del Señor, no el miedo, sino la humildad.
“La alabanza de Jesús al Padre”, que narra el Evangelio del día, según san Lucas, es porque “el Señor revela a los pequeños los misterios de la Salvación, el misterio de sí mismo”.
A los pequeños se les ha revelado el Misterio de la Salvación
El Santo Padre se inspiró en el evangelista para subrayar la preferencia de Dios por quien sabe comprender sus misterios, no los doctos y los sabios, sino “el corazón de los pequeños”. Y observó que también la Primera Lectura, llena “de pequeños detalles va por este camino”. En efecto, el profeta Isaías se refiere a “un pequeño vástago” que “brotará del tronco de Jesé”, y no de “un ejército” que producirá la liberación. Y los pequeños también son los protagonistas de la Navidad:
“Después, en Navidad, veremos esta pequeñez, esta cosa pequeña: un niño, un establo, una mamá, un papá… Las cosas pequeñas. Corazones grandes pero actitud de pequeños. Y sobre este vástago se posará el Espíritu del Señor, el Espíritu Santo, y este pequeño brote tendrá la virtud de los pequeños, y el temor del Señor. Caminará en el temor del Señor. Temor del Señor que no es miedo. No. Es hacer vida el mandamiento que Dios ha dado a nuestro padre Abraham: ‘Camina en mi presencia y sé irreprensible’. Humilde. Esto es humildad”.
El Pontífice subrayó que sólo los pequeños “son capaces de entender” plenamente “el sentido de la humildad”, el “sentido del temor del Señor”, porque “caminan ante el Señor”, mirados y custodiados, “sienten que el Señor les da la fuerza para ir adelante”. Y explicó que es ésta la verdadera humildad:
Caminar bajo la mirada del Señor: no a la humildad un poco de teatro
“Vivir la humildad, la humildad cristiana, es tener este temor del Señor que – repito – no es miedo, sino que es: ‘Tú eres Dios, yo soy una persona, yo voy adelante así, con las pequeñas cosas de la vida, pero caminando en Tu presencia y tratando de ser irreprensible’. La humildad es la virtud de los pequeños, la verdadera humildad, no la humildad un poco de teatro: no, esa no. La humildad de aquel que decía: ‘Yo soy humilde, pero orgulloso de serlo’. No, esa no es la verdadera humildad. La humildad del pequeño es aquella que camina en la presencia del Señor, no habla mal de los demás, ve sólo el servicio, se siente el más pequeño… Allí está la fuerza”.
Pidamos al Señor la gracia de la humildad, de caminar en Su presencia
Es “humilde, muy humilde” – observó el Obispo de Roma con su pensamiento dirigido hacia la Navidad –  también la muchacha que Dios “mira” para “enviar a Su Hijo”, y que inmediatamente después va a ver a su prima Isabel, y no dice nada “de lo que había sucedido”. La humildad “es así” –dijo Francisco – “caminar en la presencia del Señor”, felices, gozosos porque “mirados por Él”, “exultantes en la alegría porque humildes”, precisamente como se narra de Jesús en el Evangelio del día:
“Mirando a Jesús que exulta en la alegría porque Dios revela su misterio a los humildes, podemos pedir para todos la gracia de la humildad, la gracia del temor de Dios, de caminar en su presencia tratando de ser irreprensibles. Y así, con esta humildad, podemos ser vigilantes en la oración, activos en la caridad fraterna y exultantes de alegría en la alabanza”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

martes, 29 de noviembre de 2016

El director de Cáritas Jerusalén denuncia el clima de violencia diaria en Tierra Santa

En su habitual mensaje a la red Cáritas Internationalis con motivo del Día de Solidaridad con el Pueblo Palestino, que se celebra este martes, el director de Cáritas Jerusalén, Raed Abusahlia, denuncia el clima de violencia que se sigue viviendo a diario en Tierra Santa y lanza un llamamiento a «reafirmar nuestro compromiso de traducir la solidaridad en acciones positivas» orientadas al diálogo y la negociación.
Este el texto del mensaje:
Queridos amigos y compañeros,
La violencia diaria continúa en Tierra Santa. Con cada día que pasa, la gente de la región está perdiendo el sentido de entendimiento mutuo de nuestra humanidad y futuro común.
Esto es sólo ocurre porque los palestinos siguen desplazados a causa de las demoliciones de viviendas en el área C de Cisjordania. Los asentamientos violan el derecho internacional, pero todavía están allí y aún más, se están expandiendo. Cientos de nuevos asentamientos se están construyendo y miles están planificados para los próximos años.
Los niños no deben ser encarcelados, pero alrededor de 500 a 700 niños palestinos son arrestados, detenidos y procesados cada año en el sistema de tribunales militares israelíes.
La situación en Gaza sigue siendo la misma. Los cortes constantes de electricidad, el escaso acceso al agua potable, la desnutrición de los niños y las mujeres embarazadas, el desempleo, la pobreza y las violaciones de los derechos humanos se han convertido en la norma.
Las conversaciones de paz han colapsado y han sido reemplazadas por un ciclo de violencia, animadversión y destrucción.
Nosotros, en Cáritas Jerusalén, somos testigos de estas violaciones humanitarias y hacemos todo lo posible para aliviar el dolor y el sufrimiento de los palestinos en Tierra Santa.
Creemos que no hay soluciones militares a este conflicto e injusticia. Los pueblos palestino e israelí enfrentan un destino común en tierras compartidas. Por lo tanto, la única solución es a través de negociaciones directas, el fin de la ocupación, el cese de la hostilidad y las provocaciones. Pero es imposible seguir negociando indefinidamente; por lo tanto, debe imponerse un calendario y un plan de acción para que se llegue a una solución lo antes posible, de una vez por todas.

El próximo año conmemoraremos los 100 años de la promesa de Balfour, los 50 años de ocupación y, al mismo tiempo, de los 50 años de Cáritas Jerusalén sirviendo con amor. La ocupación y Cáritas Jerusalén tienen la misma edad. Esperamos y rezamos para que esta sea la ocasión para celebrar el final del sufrimiento para nuestros dos pueblos.
En este Día Internacional, oremos para que las partes creen un ambiente propicio para negociaciones significativas y reafirmemos nuestro compromiso de traducir la solidaridad en acciones positivas.
Fr. Raed Abusahlia, director general. Cáritas Jerusalén
Apoyo de Cáritas Española
Cáritas Española mantiene una larga trayectoria de colaboración con esta Cáritas hermana a través del apoyo a los grupos y personas más vulnerables y desfavorecidas. La acción prioritaria se dirige a garantizar el acceso a la salud, la seguridad alimentaria, la capacitación laboral y el fomento de la participación y empoderamiento de estos grupos en la sociedad.
Además, Cáritas Española impulsa en Tierra Santa a través de Cáritas Jerusalén numerosas iniciativas centradas en la promoción del voluntariado. De igual modo, en el marco de la economía solidaria, se apoya la actividad de grupos tradicionales de artesanos por medio de la importación y comercialización de sus productos en nuestras comunidades, parroquias y tiendas de comercio justo.
Todas estas acciones forman parte de la estrategia de trabajo Iniciativa por la Paz establecida entre ambas Cáritas con el objetivo de que todos los proyectos de desarrollo que se lleven a cabo, además de garantizar la cobertura de las necesidades más básicas de la población empobrecida, contribuyan también a la construcción de la paz en Tierra Santa.
Cáritas

El Papa y el astrofísico ateo Stephen Hawking, juntos en el Vaticano por el medio ambiente



En su discurso ante la Asamblea Plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias, en la que está participando el astrofísico ateo, el Santo Padre ha alertado de la lentitud de los Gobiernos en la aplicación los acuerdos mundiales sobre ambiente y el clima. No es la primera vez que Hawking acude al Vaticano: En 2008 se vio con Benedicto XVI y en 1981 con san Juan Pablo II
El Papa ha alertado a los gobiernos de «la distracción y el retraso en la aplicación de los acuerdos mundiales sobre el ambiente» y ha invitado a los científicos a construir un modelo cultural para afrontar la crisis del cambio climático.
«En la modernidad hemos crecido pensando en ser los propietarios y dueños de la naturaleza, autorizados a saquearla sin ninguna consideración de sus potencialidades secretas y leyes evolutivas, como si se tratara de un material inerte a nuestra disposición», ha reprochado.
El Pontífice ha hecho estas declaraciones en su discurso durante el encuentro con la Plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias que se celebra hasta el 29 de noviembre en el Vaticano, bajo el título Ciencia y sostenibilidad. Impacto de los conocimientos científicos y de la tecnología sobre la sociedad humana y el ambiente.
De este modo, ha llamado la atención sobre la «débil reacción de la política internacional» y la «concreta voluntad» de buscar el bien común y los bienes universales y la facilidad con que se tienen en cuenta los consejos de la ciencia basada en la situación del planeta.
Francisco ha señalado que los científicos «trabajan libres de intereses políticos, económicos o ideológicos» y a ellos corresponde la tarea de «construir un liderazgo que indique soluciones a temas que son afrontados en esta plenaria: el agua, las energías renovables y la seguridad alimentaria».
«Se está manifestando una renovada alianza entre la comunidad científica y la comunidad cristiana, que ven converger sus distintos enfoques de la realidad hacia esta finalidad compartida de proteger la casa común, amenazada por el colapso ecológico y del consecuente aumento de la pobreza y la exclusión social», ha evidenciado.
«No somos guardianes de un museo y de sus obras maestras que tenemos que desempolvar cada mañana sino colaboradores de la conservación y del desarrollo del ser y de la biodiversidad del planeta, y de la vida humana presente en él», ha agregado.
Así, ha indicado que el compromiso con el futuro de la tierra es «digno de estima» en cuanto que está plenamente orientado a la «promoción del desarrollo humano integral, de la paz, de la justicia, de la dignidad y de la libertad del ser humano».
Para el Papa la «conversión ecológica» comprende de forma «inseparable» tanto la asunción plena de la «responsabilidad humana» en lo relacionado con la creación y sus recursos, la «búsqueda de la justicia social», como la superación de un «sistema inicuo que produce miseria, desigualdad y exclusión».
Hawking con el Papa
A la recepción con el Papa también ha acudido el astrofísico británico Stephen Hawking, que está participando en el encuentro organizado por la Pontificia Academia de las Ciencias.
Hawking, ateo declarado, ha negado en numerosas ocasiones la existencia de Dios y la posibilidad del diálogo entre fe y razón.
No es la primera vez que Hawking acude al Vaticano. De hecho, el astrofísico ha conocido personalmente a los dos últimos pontífices. Con Benedicto XVI se vio en 2008 y con Juan Pablo II, en 1981. Ambos encuentros, como el de ahora con Francsico, se produjeron en la Asamblea Plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias.
Alfa y Omega/Agencias


Cardenal Osoro, al comienzo del Adviento: «Dejad que entre el Señor y roture vuestra tierra»

El pasado domingo, el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, presidió la Eucaristía del I domingo de Adviento en la catedral de Santa María la Real de la Almudena. En su homilía, el prelado señaló que comenzamos «alegres» el nuevo año litúrgico, «porque queremos entrar en la casa del Señor, como hemos cantado en el salmo 121». Alegres, dijo, «porque vamos a encontrarnos con nuestro Señor, porque queremos oír y celebrar el nombre de Dios, que es realmente el nombre nuestro». «Dios nos ha dado un nombre, y somos hijos de Dios y hermanos de los hombres».
Voviendo al salmo proclamado, deseó que la paz de Dios «llegue a todos los hombres, que ocupe la existencia de la Iglesia, la nueva Jerusalén, de la que somos parte»; que esta paz «nos dé seguridad, porque las armas que nos quiere entregar el Señor son las suyas». Y así, recordó, «esperamos la venida del Señor y queremos celebrar el nacimiento de Jesucristo».
Además, alentó a todos, en este tiempo de Adviento, a ponerse en camino: «Sí, nos lo está gritando el Señor» y «Él nos va a instruir a la hora de ir haciendo el camino, nos va a dar su luz y va a hacer posible que marchemos por las sendas que Él quiere, y no por las nuestras». Y, recordando la figura de la Madre de Dios, preguntó: «¿No es esto lo que hizo la Santísima Virgen María, una figura fundamental del Adviento, quien se puso en camino cuando vio que Dios iba a venir». Que esta Navidad, continuó, «no la celebremos de igual manera, sino como lo hizo Ella: caminemos, subamos, instruyámonos según el Señor».
«En el camino encontraremos dificultades», expuso el cardenal, «pero si nosotros caminamos instruidos por el Señor, por su luz, haremos posible que esas espadas que queremos poner para estropear a los demás, se conviertan en instrumentos de paz, de concordia, de reconciliación, de amor entre los hombres, de entrega y de servicio incondicional». «Todo lo cambia Dios» porque «de las espadas hace arados que roturan la tierra, para que dé más fruto».
En una catedral repleta de fieles, animó a cada uno de los presentes a dejar «que entre el Señor y roture vuestra tierra, mueva vuestro corazón, vuestras entrañas y vuestra vida». Este tiempo de Adviento, señaló, «es importante para ponernos de cara al Señor», así que «pongámonos en camino y caminemos a la luz del Señor».
Tiempo para conversar con Dios y entregar su rostro
El prelado, además, les pidió tener tiempo «para conversar con Dios» y para «entregar a los hombres el rostro de Jesucristo». Y hacerlo, dijo, «en este momento de la historia que vivimos: un momento especialmente importante para que los discípulos de Jesús entreguemos a esta situación en la que viven los hombres su rostro».
Recordando las palabras de san Pablo, reveló que «es importante que los discípulos de Cristo nos despertemos del sueño y descubramos que la salvación está cerca, y la salvación es Cristo». «Las tinieblas y la oscuridad no sirven para arreglar este mundo, y las oscuridades las damos los hombres cuando eliminamos a Dios de la historia».
Hoy, aseveró, «el Señor quiere cambiar nuestra vida, que nos pongamos en camino, que meditemos con Dios y que nos vistamos del Señor Jesucristo». Porque «Cristo no nos engaña, Él quita las tinieblas y la oscuridad de este mundo», pero «para ello hay que cambiar el corazón». Y hacerlo, señaló el cardenal, porque «el Señor nos pide que tengamos el coraje de existir: un coraje que es importante». Si no, «recordemos las crisis profundas de la historia de los hombres, los valores que se están perdiendo y que necesitamos para vivir». Así, incitó a todos a no vivir «frívolamente», dejando que Jesús «nos siga haciendo la misma pregunta: ¿Vivís despiertos o adormilados? ¿Vivís en la rutina de cada día, de ir marchando sin más, o vivís con meta? Porque el Señor, en el Evangelio, nos dice que no vivamos distraídos y nos recuerda que puede venir en cualquier momento».
Infomadrid / Carlos González