miércoles, 15 de enero de 2014

Como un río que irriga la tierra y difunde en el mundo la bendición de Dios, dijo Francisco del Sacramento del Bautismo

 Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!


El miércoles pasado hemos iniciado un breve ciclo de catequesis sobre los Sacramentos, comenzando por el Bautismo. Y acerca del Bautismo quisiera detenerme también hoy, para subrayar un fruto muy importante de este Sacramento: él nos hace transformarnos en miembros del Cuerpo de Cristo y del Pueblo de Dios. Santo Tomás de Aquino afirma que quién recibe el Bautismo es incorporado a Cristo casi como miembro suyo y es agregado a la comunidad de los fieles, es decir, al Pueblo de Dios. (Summa Theologiae, III, q. 69, art. 5; q. 70, art.1). 

En la escuela del Concilio Vaticano II, nosotros decimos hoy que el Bautismo nos hace entrar en el Pueblo de Dios, nos transforma en miembros de un Pueblo en camino, un Pueblo peregrinante en la historia.
En efecto, así como de generación en generación se transmite la vida, del mismo modo también de generación en generación, a través del renacimiento de la fuente bautismal, se transmite la gracia, y con esta gracia el Pueblo cristiano camina en el tiempo, como un río que irriga la tierra y difunde en el mundo la bendición de Dios. Desde el momento en que Jesús dijo esto que hemos escuchado del Evangelio, los discípulos fueron a bautizar y, desde aquel tiempo hasta hoy, hay una cadena en la transmisión de la fe por el Bautismo, y cada uno de nosotros somos el anillo de esta cadena; un paso adelante siempre, como un río que irriga. Y así es la gracia de Dios, y así es nuestra fe, que debemos transmitir a nuestros hijos. Así es el Bautismo. ¿Por qué? Porque el Bautismo nos hace entrar en este Pueblo de Dios, que transmite la fe. Esto es muy importante,¿eh? Un Pueblo de Dios que camina y transmite la fe.

En virtud del Bautismo nosotros nos transformamos en discípulos misioneros, llamados a llevar el Evangelio en el mundo (Exhortación Apost. Evangelii gaudium, 120). “Cada bautizado, cualquiera sea su función en la Iglesia y el grado de instrucción de su fe, es un sujeto activo de evangelización. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de todos, de todo el Pueblo de Dios, un nuevo protagonismo de los bautizados, de cada uno de los bautizados. (ibid.

El Pueblo de Dios es un Pueblo discípulo, porque recibe la fe, y misionero, porque transmite la fe. Esto lo hace el Bautismo en nosotros: hace recibir la gracia. Y la fe es transmitir la fe. Todos en la Iglesia somos discípulos y lo somos siempre, por toda la vida; y todos somos misioneros, cada uno en el puesto que el Señor le ha asignado. 


Todos: el más pequeño es también misionero y aquel que parece más grande es discípulo. Pero algunos de ustedes dirán: "Padre, los obispos no son discípulos, los obispos saben todo. El Papa sabe todo, no es discípulo". Eh, también los obispos y el Papa deben ser discípulos, porque si no son discípulos, no hacen el bien, no pueden ser misioneros, no pueden transmitir la fe ¿entendido?¿Han entendido ésto? Es importante, ¿eh? Todos nosotros: ¡discípulos y misioneros!
Existe un vínculo indisoluble entre la dimensión mística e aquella misionera de la vocación cristiana, ambas radicadas en el Bautismo. “Recibiendo la fe y el bautismo, nosotros cristianos acogemos la acción del Espíritu Santo que conduce a confesar a Jesucristo como Hijo de Dios y a llamar Dios “Abbá” (Padre).

Todos los bautizados y las bautizadas estamos llamados a vivir y a transmitir la comunión con la Trinidad, porque la evangelización es un llamado a la participación de la comunión trinitaria” (Documento final de Aparecida, n. 157).

Nadie se salva solo. Esto es importante. Nadie se salva solo. Somos comunidad de creyentes, y en esta comunidad experimentamos la belleza de compartir la experiencia de un amor que nos precede a todos, pero que al mismo tiempo nos pide que seamos “canales” de la gracia los unos por los otros, no obstante nuestros límites y nuestros pecados.

La dimensión comunitaria no es sólo un “marco”, un “contorno”, sino que es parte integrante de la vida cristiana, del testimonio y de la evangelización. La fe cristiana nace y vive en la Iglesia, y en el Bautismo las familias y las parroquias celebran la incorporación de un nuevo miembro a Cristo y a su cuerpo, que es la Iglesia (ibid., n.175 b).

A propósito de la importancia del Bautismo para el Pueblo de Dios, es ejemplar la historia de la comunidad cristiana en Japón. Pero escuchen bien esto. Aquella comunidad sufrió una dura persecución a comienzos del siglo XVII. Fueron numerosos los mártires, los miembros del clero fueron expulsados y millares de fieles fueron asesinados. No quedó en Japón ningún sacerdote, todos fueron expulsados. Entonces la comunidad se retiró a la clandestinidad, conservando la fe y la oración en el ocultamiento. Y cuando nacía un niño, el papá o la mamá lo bautizaban, porque todos los fieles pueden bautizar en circunstancias particulares. Cuando después de aproximadamente dos siglos y medio - 250 años después - los misioneros volvieron a Japón, millares de cristianos salieron a la luz y la Iglesia pudo reflorecer. ¡Habían sobrevivido con la gracia de su Bautismo! Pero esto es grande, ¿eh? El Pueblo de Dios transmite la fe, bautiza sus hijos y va adelante. Y habían mantenido, aún en secreto, un fuerte espíritu comunitario, porque el Bautismo los había hecho transformar en un sólo cuerpo en Cristo: estaban aislados y escondidos, pero eran siempre miembros de la Iglesia. ¡Podemos aprender tanto de esta historia!
¡Gracias!
Traducción del italiano: Cecilia Mutual

ORACIÓN PARA IRSE A DORMIR

Padre mío, ahora que las voces se silenciaron y los clamores se apagaron, aquí al pie de la cama mi alma se eleva hasta Tí, para decirte: 
Creo en Ti, espero en Ti, te amo con todas mis fuerzas, Gloria a Ti Señor. 

Deposito en tus manos, la fatiga y la lucha, las alegrías y desencantos de este día que quedó atrás. 

Si los nervios me traicionaron, si los impulsos egoístas me dominaron, si di entrada al rencor o a la tristeza, ¡Perdón, Señor!. Ten piedad de mí. 

Si he sido infiel, si pronuncié palabras vanas, si me dejé llevar por la impaciencia. Si fui espina para alguien ¡Perdón, Señor!. 

No quiero esta noche entregarme al sueño, sin sentir sobre mi alma la seguridad de tu misericordia, tu dulce misericordia, enteramente gratuita, Señor. 

Te doy gracias, Padre mío, porque has sido la sombra fresca que me ha cobijado durante todo este día. 

Te doy gracias porque, invisible, cariñoso, envolvente, me has cuidado a lo largo de estas horas. 

Señor, a mi alrededor ya todo es silencio y calma. Envía el ángel de la paz a esta casa. Relaja mis nervios sosiega mi espíritu, suelta mis tensiones, inunda mi ser de silencio y serenidad. Vela sobre mí, Padre querido, mientras me entrego confiado al sueño, como un niño que duerme feliz entre tus brazos. En tu nombre Señor, descansaré tranquilo. Amén.
Fuente: Tengo sed de Ti

lunes, 13 de enero de 2014

El amor de Dios ajusta nuestras historias de pecadores, dijo el Papa en su homilía

 El amor de Dios ajusta nuestras equivocaciones, nuestras historias de pecadores, porque no nos abandona jamás, incluso si nosotros no comprendemos este amor. Lo afirmó el Papa al celebrar esta mañana la Santa Misa en la capilla de la Casa de Santa Marta, en el primer lunes del Tiempo ordinario.
Jesús llama a Pedro, Andrés, Santiago y Juan: están pescando, pero dejan inmediatamente las redes y lo siguen. Al comentar el Evangelio del día, el Papa subrayó que el Señor quiere preparar a sus discípulos para su nueva misión. “Es precisamente de Dios, del amor de Dios” – dijo el Papa Francisco – “preparar los caminos… preparar nuestras vidas, para cada uno de nosotros. Él no nos hace cristianos por generación espontánea: ¡Él prepara! Prepara nuestro camino, prepara nuestra vida, con tiempo”:
“Parece que Simón, Andrés, Santiago y Juan hayan sido aquí elegidos definitivamente, ¡sí han sido elegidos! ¡Pero ellos, en este momento no han sido definitivamente fieles! Después de esta elección se han equivocado, han hecho propuestas no cristianas al Señor: ¡han renegado al Señor! Pedro de modo superlativo, los demás por temor: están asustados y se van. Han abandonado al Señor. El Señor prepara. Y después, tras la Resurrección, el Señor ha debido continuar este camino de preparación hasta el día de Pentecostés. Y después de Pentecostés también, algunos de éstos – Pedro, por ejemplo – se ha equivocado y Pablo ha tenido que corregirlo. Pero el Señor prepara”.
De este modo – prosiguió el Papa – el Señor “nos prepara desde tantas generaciones”:
“Y cuando las cosas no van bien, Él se implica en la historia y ajusta la situación y va adelante con nosotros. Pero pensemos en la genealogía de Jesucristo, en aquella lista: éste genera a éste, éste genera a éste, éste genera a éste… En aquella lista de historia hay pecadores y pecadoras. ¿Pero cómo ha hecho el Señor? Se ha implicado, ha corregido el camino, ha regulado las cosas. Pensemos en el gran David, un gran pecador y después un gran santo. ¡El Señor sabe! Cuando el Señor nos dice ‘Con amor eterno, Yo te he amado’ se refiere a esto. Desde tantas generaciones el Señor ha pensado en nosotros, ¡en cada uno de nosotros!”.
“Me agrada pensar – afirmó el Papa – que el Señor tenga los sentimientos de la pareja que está en espera de un hijo: lo espera. Nos espera siempre en esta historia y después nos acompaña durante la historia. ¡Éste es el amor eterno del Señor; eterno, pero concreto! También un amor artesanal, porque Él va haciendo la historia, va preparando el camino a cada uno de nosotros. ¡Y éste es el amor de Dios” que “nos ama desde siempre y jamás nos abandona! Oremos al Señor para conocer esta ternura de su corazón”. Y esto – observó Francisco es “un acto de fe” y no es fácil creer esto:
“Porque nuestro racionalismo dice: ‘¿Cómo el Señor, con tantas personas que tiene, piensa en mí? ¡Pero me ha preparado el camino a mí! Con nuestras mamás, nuestras abuelas, nuestros padres, nuestros abuelos y bisabuelos… El Señor hace así. Es éste su amor: concreto, eterno y también artesanal. Oremos, pidiendo esta gracia de comprender el amor de Dios. ¡Pero no se lo comprende jamás! Se siente, se llora, pero entenderlo desde
acá, no se lo entiende. También esto nos dice cuán grande es este amor. El Señor que nos prepara desde hace tiempo, camina con nosotros, preparando a los demás. ¡Está siempre con nosotros! Pidamos la gracia de entender con el corazón este gran amor”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

domingo, 12 de enero de 2014

Renovando nuestras promesas bautismales

Hoy, día que celebramos el Bautismo del Señor, es un buen día para renovar nuestras Promesas Bautismales…
¿Renuncian a Satanás, esto es:
• al pecado, como negación de Dios;
• al mal, como signo del pecado en el mundo;
• al error, como ofuscación de la verdad;
• a la violencia, como contraria a la caridad;
• al egoísmo, como falta de testimonio del amor?

R/. Sí, renuncio.
¿Renuncian a sus obras, que son:
• sus envidias y odios;
• sus perezas e indiferencias;
• sus cobardías y complejos;
• sus tristezas y desconfianzas;
• sus materialismos y sensualidades;
• sus injusticias y favoritismos;
• sus faltas de fe, de esperanza y de caridad?

R/. Sí, renuncio.
¿Renuncian a todas sus seducciones, como pueden ser:
• el creerse superiores;
• el estar muy seguros de vosotros mismos;
• el creer que ya están convertidos del todo?

R/. Sí, renuncio.
¿Renuncian a los criterios y comportamientos materialistas que consideran:
• el dinero como la aspiración suprema de la vida;
• el placer ante todo;
• el negocio como valor absoluto;
• el propio bien por encima del bien común?

R/. Sí, renuncio.
¿Creen en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra?
R/. Sí, creo.
¿Creen en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de Santa María Virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?
R/. Sí, creo.
¿Creen en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica, en la comunión de los Santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna?
R/. Sí, creo.
Esta es nuestra fe, esta es la fe de la Iglesia, la que nos gloriamos de profesar en Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.


“Se abrieron para Él los cielos”, el Papa antes de la oración del Ángelus

Palabras del Papa antes de la oración mariana del Ángelus:Queridos hermanos y hermanas,hoy es la fiesta del Bautismo del Señor, y esta mañana he bautizado a treinta y dos recién nacidos. Agradezco con ustedes al Señor por estas criaturas y por cada nueva vida. Cada niño que nace es un don de alegría y esperanza, y cada niño que es bautizado es un prodigio de la fe y una fiesta para la familia de Dios.
La página del Evangelio de hoy subraya que cuando Jesús recibió el bautismo de Juan en el río Jordán, “se abrieron para Él los cielos” (Mt 3,16). Esto realiza las profecías. De hecho, hay un invocación que la liturgia nos hace repetir en el tiempo de Adviento: “ ¡Si tú abrieras el cielo y descendieras!” (Is 63,19). Si los cielos quedan cerrados, nuestro horizonte en esta vida terrena es oscuro, sin esperanza. En cambio, celebrando la Navidad, la fe, una vez más, nos ha dado la certeza de que los cielos se han abierto con la venida de Jesús. Y en el día del Bautismo de Cristo todavía contemplamos los cielos abiertos. La manifestación del Hijo de Dios en la tierra marca el comienzo del gran tiempo de la misericordia, después que el pecado había cerrado los cielos, elevando como una barrera entre el ser humano y su Creador. ¡Con el nacimiento de Jesús los cielos se abren! Dios nos dá en Cristo la garantía de un amor indestructible. Desde cuando el Verbo es hizo carne es pues posible ver los cielos abiertos. Ha sido posible para los pastores de Belén, para los Magos de Oriente, para el Bautista, para los Apóstoles de Jesús, para San Esteban, el primer mártir, que exclamó: “¡Contemplo los cielos abiertos!” (At 7,56). Y es posible también para cada uno de nosotros, si nos dejamos invadir por el amor de Dios, que nos es donado la primera vez en el Bautismo, por medio del Espíritu Santo. ¡Dejémonos invadir por el amor de Dios! ¡Este el gran tiempo de la misericordia! ¡No nos olvidemos!
Cuando Jesús recibió el Bautismo de penitencia de Juan el Bautista, solidarizando con el pueblo penitente – Él sin pecado y sin necesidad de conversión - Dios Padre hizo sentir su voz en el cielo: “¡Éste es mi Hijo amado en quien me complazco! (v 17). Jesús recibe la aprobación del Padre celeste, que ha lo enviado justamente para que acepte compartir nuestra condición, nuestra pobreza. Compartir es el verdadero modo de amar. Jesús no se separa de nosotros, nos considera hermanos y comparte con nosotros. Y así nos hace hijos, junto con Él, de Dios Padre. Ésta es la revelación y la fuente del verdadero amor. Y este es el gran tiempo de la misericordia.
¿No les parece que en nuestro tiempo haya necesidad de un suplemento de comunión fraterna y de amor? ¿No les parece que todos tenemos necesidad de un suplemento de caridad? No aquella que se conforma de la ayuda improvisada que no involucra, no pone en juego, sino de aquella caridad que comparte, que se hace cargo del malestar y del sufrimiento del hermano. ¡Cuál sabor adquiere la vida, cuando se deja inundar por el amor de Dios!
Pidamos a la Virgen Santa que nos sostenga con su intercesión en nuestro compromiso de seguir a Cristo en la vía de la fe y de la caridad, la vía trazada por nuestro Bautismo.

Después del Ángelus el Santo Padre dirigió un saludo a todos los presentes y dedicó unas palabras a los padres que bautizan a sus hijos y dijo que este sacramento ayude a los progenitores a “redescubrir la belleza de la fe y a volver en modo nuevo a los Sacramentos y a la comunidad”.


(traducción Cecilia Mutual)

De la vergüenza al perdón


Hay momentos en los que miramos, en serio, el fondo de nuestras almas. Descubrimos, entonces, luces y sombras, generosidad y egoísmo, justicia y traiciones. Las zonas claras no eliminan el peso y la pena que nos produce descubrir zonas oscuras.


Al ver zonas negativas, al reconocer nuestro pecado, sentimos una pena intensa. Surge un sincero sentimiento de vergüenza. Hacemos propias palabras como las escritas por un Papa, Pablo VI, desde lo más íntimo de su corazón, al reconocer que su vida estaba "cruzada por una trama de míseras acciones, que sería preferible no recordar, son tan defectuosas, imperfectas, equivocadas, tontas, ridículas (...). Pobre vida débil, enclenque, mezquina, tan necesitada de paciencia, de reparación, de infinita misericordia" (Pablo VI, "Meditación ante la muerte").

Sí: hay hechos que quisiéramos no recordar. Hay cobardías que nos apartaron del hermano. Hay avaricias que impidieron a nuestras manos compartir el pan y el dinero con quien lo necesitaba verdaderamente.

Cuando el dolor es sincero y sano, cuando llega a ser un arrepentimiento auténtico y humilde, somos capaces de abrir el alma y presentarla a un Dios que desea simplemente una cosa: derramar en nosotros el bálsamo de su misericordia.

Entonces caminamos desde la vergüenza hacia el perdón. Sólo el enfermo que descubre su mal acude al médico. Sólo quien reconoce sus miserias invoca a Dios para pedir, de rodillas, misericordia.

La respuesta del Padre, lo sabemos, es una: su Hijo en una Cruz que perdona los pecados, que destruye egoísmos, que supera injusticias, que devuelve paz a los corazones, que abre las puertas de los cielos en el sacramento de la confesión.

Con su Sangre derramada quedan borrados los pecados del mundo. Basta simplemente con ponerse, como mendigos de misericordia, a sus pies, para decirle: "¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!" (Lc 18,13).



P. Fernando Pascual

sábado, 11 de enero de 2014

LOS MISTERIOS DEL BAUTISMO DEL SEÑOR. De los sermones de san Máximo de Turín, obispo

Nos refiere el texto evangélico que el Señor acudió al Jordán para bautizarse y que allí mismo quiso verse consagrado con los misterios celestiales. [...] No faltará quien diga: ¿Por qué quiso bautizarse, si es santo?» Escucha. Cristo se hace bautizar, no para santificarse con el agua, sino para santificar el agua y para purificar aquella corriente con su propia purificación y mediante el contacto de su cuerpo. Pues la consagración de Cristo es la consagración completa del agua.

Y así, cuando se lava el Salvador, se purifica toda el agua necesaria para nuestro bautismo, y queda limpia la fuente, para que pueda luego administrarse a los pueblos que habían de venir a la gracia de aquel baño. Cristo, pues, se adelanta mediante su bautismo, a fin de que los pueblos cristianos vengan luego tras él con confianza.

Así es como entiendo yo el misterio: Cristo precede, de la misma manera que la columna de fuego iba delante a través del mar Rojo, para que los hijos de Israel siguieran intrépidamente su camino; y fue la primera en atravesar las aguas, para preparar la senda a los que seguían tras ella. Hecho que, como dice el Apóstol, fue un símbolo del bautismo. Y en un cierto modo aquello fue verdaderamente un bautismo, cuando la nube cubría a los israelitas y las olas les dejaban paso.

Pero todo esto lo llevó a cabo el mismo Cristo Señor que ahora actúa, quien, como entonces precedió a través del mar a los hijos de Israel en figura de columna de fuego, así ahora, mediante el bautismo, va delante de los pueblos cristianos con la columna de su cuerpo. Efectivamente, la misma columna, que entonces ofreció su resplandor a los ojos de los que la seguían, es ahora la que enciende su luz en los corazones de los creyentes: entonces, hizo posible una senda para ellos en medio de las olas del mar; ahora, corrobora sus pasos en el baño de la fe.
Fuente: News.va

viernes, 10 de enero de 2014

Papa Francisco: La Iglesia está llena de cristianos convencidos a medias


“La Iglesia está llena de cristianos derrotados”, cristianos “convencidos a medias”. Sin embargo, “la fe lo puede todo” y “vence al mundo”, pero hay que tener la valentía de confiarse al Señor: es lo que ha afirmado Papa Francisco en la Misa de esta mañana celebrada en Santa Marta.
 
En el centro de la homilía del Papa, la cita de la primera Lectura de San Juan, en la que el Apóstol “insiste” en “la palabra que para él es la expresión de la vida cristiana”: “permanecer en el Señor” para amar a Dios y al prójimo. Este “permanece en el amor” de Dios es obra del Espíritu Santo y de nuestra fe y produce un efecto concreto:
 
“El que permanece en Dios, el que ha sido generado por Dios, el que permanece en el amor vence al mundo y la victoria es nuestra fe. Por nuestra parte, la fe. Por parte de Dios, este ‘permanecer’, el Espíritu Santo, que hace esta obra de gracia. Por nuestra parte, la fe. ¡Es fuerte! Y esto es lo que ha vencido al mundo: ¡nuestra fe! ¡Nuestra fe lo puede todo! ¡Es victoria! Y sería bello que esto lo repitiésemos, también a nosotros mismos, porque muchas veces somos cristianos derrotados. La Iglesia está llena de cristianos derrotados, que no creen en esto, que la fe es victoria, que no viven esta fe, porque si no se vive esta fe, llega la derrota y vence el mundo, el príncipe del mundo”.
 
Jesús, recuerda el Papa, alabó mucho la fe de la hemorroísa, de la cananea o del ciego de nacimiento y decía que quien tiene la fe de un grano de mostaza puede mover montañas: “Esta fe, afirma, nos pide dos actitudes: confesar y confiarnos”. Antes que nada “confesar”.
 
“La fe es confesar a Dios, pero el Dios que se nos ha revelado a nosotros, desde el tiempo de nuestros padres hasta ahora: el Dios de la historia. Esto es lo que hacemos todos los días al recitar el Credo. Una cosa es recitar el Credo con el corazón y otra como loros, ¿no? Creo, creo en Dios, creo en Jesucristo, creo… ¿Creo en lo que digo? ¿Esta confesión de fe es verdadera o la digo de memorieta porque se debe decir? ¡O me creo la mitad? ¡Confesar la fe! ¡Toda, no una parte! ¡Toda” Y esta fe hay que custodiarla toda, como nos ha llegado a nosotros, por el camino de la tradición: ¡toda la fe! ¿Y cómo puedo saber si confieso bien la fe? hay un signo: el que confiesa bien la fe, toda la fe, tiene la capacidad de adorar, adorar a Dios”.
 
“Nosotros sabemos como pedir a Dios, como darle gracias, prosiguió el Papa, pero adorar a Dios, alabarlo ¡es algo más! Solo quien tiene esta fe fuerte es capaz de adorar” Y Papa Francisco añade: “Me atrevo a decir que el termómetro de la vida de la Iglesia es un poco bajo en esto”: hay poca capacidad de adorar, “no tenemos mucha, algunos sí…”. Y esto “porque en la confesión de la fe nosotros no estamos convencidos, o nos convencemos a mitad”. Por tanto, destaca el Papa, la primera actitud es la de confesar la fe y custodiarla. La otra actitud es “confiarse”.
 
“El hombre y la mujer que tiene fe se confía al Dios: ¡se confía! Pablo, en un momento de oscuridad de su vida, decía: ‘Sé bien en quien me he confiado’. ¡A Dios! ¡Al Señor Jesús! Confiarse: y esto nos lleva a la esperanza. Así como la confesión de la fe nos lleva a la adoración y a la alabanza a Dios, el confiarse a Dios nos lleva a una actitud de esperanza. Hay muchos cristianos con una esperanza aguada, no fuerte: una esperanza débil ¿Por qué? Porque no tienen la fuerza y la valentía de confiarse al Señor. Pero si nosotros los cristianos creemos confesando la fe, también custodiando, custodiando la fe y confiándonos a Dios, al Señor, seremos cristianos vencedores. Y esta es la victoria que ha derrotado al mundo: ¡nuestra fe!
 

jueves, 9 de enero de 2014

El amor cristiano es concreto y generoso, no es el de las telenovelas, dijo el Papa en su homilía

El amor cristiano tiene siempre la característica de ser “concreto”. Por tanto, es un amor que “está más en las obras que en las palabras”, está “más en el dar que en el recibir”. Lo dijo esta mañana el Papa Francisco en la homilía de la Misa celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.


Ninguna sensiblería: o es un amor altruista y solícito, que se arremanga y mira a los pobres, que prefiere dar más que recibir, o no tiene nada que ver con el amor cristiano. El Papa Francisco fue neto sobre la cuestión y se dejó guiar en su reflexión ante todo por las palabras contenidas en la primera Carta de Juan, en la que el Apóstol insiste en repetir: “Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y el amor de él es perfecto en nosotros”. A la vez que observó que la experiencia de la fe, está precisamente en este “doble permanecer”:

“Nosotros en Dios y Dios en nosotros: ésta es la vida cristiana. No permanecer en el espíritu del mundo, no permanecer en la superficialidad, no permanecer en idolatría, no permanecer en vanidad. No, no: permanecer en el Señor. Y Él retribuye esto: Él permanece en nosotros. Pero, primero, permanece Él en nosotros. Tantas veces lo echamos y nosotros no podemos permanecer en Él. Es el Espíritu el que permanece”.

Una vez aclarada la dinámica del espíritu que mueve el amor cristiano, el Papa Francisco pasó a considerar la carne. “Permanecer en el amor” de Dios, afirmó, no es tanto un éxtasis del corazón, “una cosa bella que sentimos”:

“¡Miren que el amor del que habla Juan no es el amor de las telenovelas! No, es otra cosa. El amor cristiano tiene siempre una cualidad: la concreción. El amor cristiano es concreto. El mismo Jesús, cuando habla del amor, nos habla de cosas concretas: dar de comer a los hambrientos, visitar a los enfermos y tantas cosas concretas. El amor es concreto. La concreción cristiana. Y cuando no existe esta concreción, se puede vivir un cristianismo de ilusiones, porque no se comprende bien dónde está el centro del mensaje de Jesús. Este amor no llega a ser concreto: es un amor de ilusiones, como estas ilusiones que tenían los discípulos cuando, viendo a Jesús, creían que era un fantasma”.

El “fantasma” es aquel que precisamente – en el episodio del Evangelio – los discípulos vislumbran maravillados y temerosos que va hacia ellos caminando sobre el mar. Pero su estupor nace de una dureza del corazón, porque – como dice el mismo Evangelio – “no habían comprendido” la multiplicación de los panes que había tenido lugar poco antes. “Si tú tienes el corazón endurecido – comentó el Papa Francisco –no puedes amar y piensas que el amor es eso de figurarse cosas. No, el amor es concreto”. Y esta concreción, añadió, se funda en dos criterios:

“El primer criterio: amar con las obras, no con las palabras. ¡A las palabras se las lleva el viento! Hoy estoy, mañana no estoy. El segundo criterio de concreción es que en el amor es más importante dar que recibir. El que ama da, da... Da cosas, da vida, se da a sí mismo a Dios y a los demás. En cambio quien no ama, quien es egoísta, siempre trata de recibir, siempre trata de tener cosas, tener ventajas. Permanecer con el corazón abierto, no como era el de los discípulos, que estaba cerrado, que no entendían nada: permanecer en Dios y Dios permanece en nosotros; permanecer en el amor”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Con los Sacramentos Dios nos comunica su gracia y el Bautismo nos sumerge en Cristo fuente de vida, reitera el Papa Francisco


Con Jesús, en la Iglesia, portadores de una esperanza nueva, que nadie puede apagar, perdonando y reconociendo en los pobres el rostro del Señor que nos visita. En la primera audiencia general del 2014, con el abrazo de miles de peregrinos también en esta ocasión en la Plaza de San Pedro, el Obispo de Roma anunció que a partir de hoy comienza una serie de catequesis sobre los Sacramentos, empezando por el Bautismo. Señalando que «los Sacramentos prolongan en la historia la acción salvífica de Cristo», y que «Cristo con la fuerza del Espíritu Santo regenera continuamente a la comunidad cristiana y la envía al mundo para llevar a todos la salvación con palabras y gestos, con la predicación y los Sacramentos», el Papa Francisco, reanudó, después de la pausa navideña, las citas semanales para la audiencia general y deseó a todos ¡feliz año nuevo y buena peregrinación!

¡No se dejen robar la identidad cristiana!, alentó el Santo Padre. Y así como en su alocución central en italiano, también en sus saludos a los peregrinos de lengua española y a los de tantas partes del mundo, el Obispo de Roma invitó a acoger cada día la gracia del Bautismo para hacerlo fructificar y ser cada vez más «signos del amor de Dios para todos». Tras hacer hincapié en que «los Sacramentos, son el centro de la fe cristiana» y en que por medio de ellos «Dios comunica su gracia, se hace presente y actúa en nuestra vida», el Papa Bergoglio, destacó la feliz coincidencia del próximo domingo, en que celebramos la fiesta del Bautismo del Señor.

«El Bautismo es el sacramento sobre el que se fundamenta nuestra fe y nos hace miembros vivos de Cristo y de su Iglesia. No es un simple rito o un hecho formal, es un acto que afecta en profundidad la existencia. Por él, nos sumergimos en la fuente inagotable de vida, que proviene de la muerte de Jesús. Así podemos vivir una vida nueva, de comunión con Dios y con los hermanos». Una vez más, el Papa invitó también a recordar y celebrar la fecha del Bautismo, anunciando con nuestra vida la Buena Noticia, siguiendo a Jesús y permaneciendo en la Iglesia, con nuestros límites y fragilidades, gracias a los Sacramentos.

Palabras del Papa en español: 

Queridos hermanos y hermanas:
Hoy comenzamos una serie de catequesis sobre los sacramentos, que son el centro de la fe cristiana, por los que Dios comunica su gracia, se hace presente y actúa en nuestra vida. Los siete sacramentos de la Iglesia prolongan en la historia la acción salvífica y vivificante de Cristo, con la fuerza del Espíritu Santo.
El Bautismo es el sacramento sobre el que se fundamenta nuestra fe y nos hace miembros vivos de Cristo y de su Iglesia. No es un simple rito o un hecho formal, es un acto que afecta en profundidad la existencia. Por él, nos sumergimos en la fuente inagotable de vida, que proviene de la muerte de Jesús. Así podemos vivir una vida nueva, de comunión con Dios y con los hermanos. Aunque muchos no tenemos el mínimo recuerdo de la celebración de este sacramento, estamos llamados a vivir cada día aspirando a la vocación que en él recibimos.

Si seguimos a Jesús y permanecemos en la Iglesia, con nuestros límites y fragilidades, es gracias a los sacramentos por los que nos convertimos en nuevas creaturas y somos revestidos de Cristo.

martes, 7 de enero de 2014

Poner a prueba nuestro corazón para escuchar a Jesús, pide el Papa al reanudar la celebración de la misa matutina


El cristiano sabe vigilar sobre su corazón para distinguir lo que viene de Dios y lo que viene de los falsos profetas. Es cuanto afirmó el Papa Francisco esta mañana en su homilía, al reanudar la celebración de la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta, tras las festividades navideñas. El Santo Padre reafirmó que el camino de Jesús es el del servicio y de la humildad. Un camino que todos los cristianos están llamados a seguir.

“Permanezcan en el Señor”. El Papa Francisco desarrolló su homilía partiendo de esta exhortación del Apóstol Juan, contenida en la Primera lectura. Un “consejo de vida”, observó, que Juan repite de modo “casi obsesivo”. Y explicó que el Apóstol indica “una de las actitudes del cristiano que quiere permanecer en el Señor: conocer qué sucede en el propio corazón”. Por esto advierte que no hay que dar fe a todo espíritu, sino poner “a prueba a los espíritus”. Es necesario, evidenció el Santo Padre, saber “discernir los espíritus”, discernir si una cosa nos hace “permanecer en el Señor o nos aleja de Él”. “Nuestro corazón – añadió – siempre tiene deseos, tiene ganas, tiene pensamientos”. Pero se preguntó si “estos deseos son del Señor o si algunos de estos nos alejan del Señor.” He aquí entonces, dijo, que el Apóstol Juan nos exhorta a “poner a la prueba” lo que pensamos y deseamos:

“Si esto va en la línea del Señor, así irás bien, si no, no va… Poner a prueba los espíritus para probar si provienen verdaderamente de Dios, porque muchos falsos profetas han venido al mundo. Profetas o profecías o propuestas: ‘¡Yo tengo ganas de hacer esto!’. Pero esto no te lleva al Señor, te aleja de Él. Por esto es necesaria la vigilancia. El cristiano es un hombre o una mujer que sabe vigilar su corazón. Y tantas veces nuestro corazón, con tantas cosas que van y vienen, parece un mercado de barrio: de todo, tú encuentras de todo allí... ¡Y no! Debemos tantear – esto es del Señor y esto no es – para permanecer en el Señor”.

¿Cuál es, por tanto, el criterio para entender si una cosa viene de Cristo o del anticristo? San Juan – afirmó el Papa – tiene una idea clara, “simple”: “Cada espíritu que reconoce a Jesucristo, venido en la carne, es de Dios. Cada espíritu que no reconoce a Jesús no es de Dios: es el espíritu del anticristo”. Pero ¿qué significa, por tanto, “reconocer que el Verbo ha venido en la carne?”. Quiere decir – observó Francisco – “reconocer el camino de Jesucristo”, reconocer que Él, “siendo Dios, se ha abajado, se ha humillado” hasta la “muerte de cruz”:

“Ese es el camino de Jesucristo: el abajamiento, la humildad, la humillación también. Si un pensamiento, si un deseo te lleva por ese camino de humildad, de abajamiento, de servicio a los demás, es de Jesús. Pero si te lleva por el camino de la suficiencia, de la vanidad, del orgullo, por el camino de un pensamiento abstracto, no es de Jesús. Pensemos en las tentaciones de Jesús en el desierto: las tres propuestas que hace el demonio a Jesús son propuestas que querían alejarlo de este camino, el camino del servicio, de la humildad, de la humillación, de la caridad. Pero la caridad hecha con su vida, ¿no? A las tres tentaciones Jesús dice no: ‘¡No, éste no es mi camino!’”.

Por último, el Pontífice invitó a todos a pensar precisamente en lo que sucede en nuestro corazón. En lo que pensamos y sentimos, en lo que queremos y en probar a los espíritus. “¿Yo pongo a prueba lo que pienso, lo que quiero, lo que deseo? – se preguntó el Papa – ¿o tomo todo?”:

“Tantas veces, nuestro corazón es un camino, pasan todos por allí… Poner a la prueba. ¿Y elijo siempre las cosas que vienen de Dios? ¿Sé cuáles son aquellas que vienen de Dios? ¿Conozco el verdadero criterio para discernir mis pensamientos, mis deseos? Pensemos esto y no olvidemos que el criterio es la Encarnación del Verbo. El Verbo ha venido en la carne: ¡Éste es Jesucristo! Jesucristo que se ha hecho hombre, Dios hecho hombre, se ha abajado, se ha humillado por amor, para servirnos a todos nosotros. Y que el Apóstol Juan nos conceda esta gracia de conocer qué sucede en nuestro corazón y tener la sabiduría de discernir lo que viene de Dios y lo que no viene de Dios”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

lunes, 6 de enero de 2014

LOS MAGOS DE ORIENTE


«Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra» (Mateo 2, 11).

Mi buen Jesús... hoy, día que celebramos Tu epifanía a todos los hombres... y día en que te visitaron los «magos de Oriente» para llevarte sus dones... yo también me acerco a Ti para entregarte lo poco que tengo...

En este día, te entrego el «oro» de lo poco que poseo, con la conciencia de que lo tengo porque Tú me lo has dado... te entrego mis pensamientos y mis acciones... mi trabajo, mi esfuerzo y mi cansancio... en fin, te entrego mi vida para que Tú la dirijas como y hacia donde Tú quieras hacerlo...

Te entrego el «incienso» de mis oraciones... las dichas con fervor... y aquellas que, por la prisa, en ocasiones he repetido sin poner todo mi corazón en ellas... las dichas ante el Sagrario y las dichas en el automóvil, mientras conduzco... te entrego mis horas ante Ti en el Santísimo... y las Eucaristías a las que he asistido a encontrarme contigo... te entrego cada Rosario... cada Novena... y cada oración que te he ofrecido... para que Tú, mi Señor, las multipliques y las hagas dar fruto...

Te entrego, también, la «mirra» de mis dificultades y problemas... de mis angustias y pesares... te entrego mis momentos de ansiedad, cuando buscaba con urgencia Tu Paz... te ofrezco mis miserias... mis momentos de dudas... mis miedos y temores... te entrego las tormentas que he encontrado y de las que Tú me has permitido salir... te entrego cada cruz... cada sufrimiento... cada tribulación... para que Tú, Dios mío, las guardes en Tú Sacratísimo Corazón...

Por último, mi amado Jesús... te pido que bendigas a cada uno de los amigos que nos visitan en este pequeño rinconcito que tenemos aquí... derrama sobre ellos y sus familias Tus Gracias... llénalos de Tu Amor... y concédeles Tu Paz... para que vivan, hoy y siempre, unidos a Ti...
De Tengo sed de Ti

Solemnidad de la Epifanía del Señor - Reflexión Espiritual de los sermones de san León Magno


Solemnidad de la Epifanía del Señor - Reflexión Espiritual de los sermones de san León Magno, papa: “Dios ha manifestado su salvación en todo el mundo”

La misericordiosa providencia de Dios, que ya había decidido venir en los últimos tiempos en ayuda del mundo que perecía, determinó de antemano la salvación de todos los pueblos en Cristo. De estos pueblos se trataba en la descendencia innumerable que fue en otro tiempo prometida al santo patriarca Abrahán, descendencia que no sería engendrada por una semilla de carne, sino por la fecundidad de la fe [...]. 

Que todas las naciones, en la persona de los tres Magos, adoren al Autor del universo, y que Dios sea conocido, no ya sólo en Judea, sino también en el mundo entero [...]. Como profetizó Isaías, el pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban en tierra de sombras, y una luz les brilló. También a propósito de ellos dice el propio Isaías al Señor: Naciones que no te conocían te invocarán, un pueblo que no te conocía correrá hacia ti. [...]

Esto se ha realizado, lo sabemos, en el hecho de que tres magos, llamados de su lejano país, fueron conducidos por una estrella para conocer y adorar al Rey del cielo y de la tierra. La docilidad de los magos a esta estrella nos indica el modo de nuestra obediencia, para que, en la medida de nuestras posibilidades, seamos servidores de esa gracia que llama a todos los hombres a Cristo.
Fuente: News va.

domingo, 5 de enero de 2014

La navidad nos revela el amor inmenso de Dios por la humanidad, dijo el Papa en Ángelus, en el que anunció su peregrinación a Tierra el próximo mayo

El prólogo del Evangelio de San Juan propone el significado más profundo de la Navidad de Jesús. Él es la Palabra de Dios que se hizo hombre y que ha puesto su " tienda", su morada entre hombres, afirmó el Obispo de Roma en su Reflexión previa a la oración del Ángelus. “El Evangelista escribe: "El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1,14). ¡En estas palabras, que nunca dejan de sorprendernos, está todo el cristianismo! ¡Dios se hizo mortal, frágil como nosotros, compartió nuestra condición humana, excepto el pecado, ha entrado en nuestra historia, se volvió plenamente Dios-con-nosotros! El nacimiento de Jesús, entonces, nos muestra que Dios ha querido unirse a todos los hombres y mujeres, a cada uno de nosotros, para comunicarnos su vida y su alegría”.
Del inmenso amor de Dios por la humanidad deriva el entusiasmo, la esperanza de nosotros los cristianos, que en nuestra pobreza sabemos que somos amados, visitados, acompañados por Dios; y miramos al mundo y la historia como el lugar donde caminar con Él y entre nosotros, hacia los cielos nuevos y la tierra nueva, explicó el Vicario de Cristo. Manifestando que “por cuanto la historia humana y la de cada uno de nosotros pueda estar marcada por las dificultades y debilidades, la fe en la Encarnación nos dice que Dios es solidario con el hombre y su historia. ¡Esta cercanía de Dios al hombre, a cada hombre, es un regalo que nunca tiene ocaso! Aquí está la buena noticia de la Navidad: la luz divina que llenó los corazones de la Virgen María y de San José, y guió los pasos de los pastores y los magos, brilla para nosotros hoy”.
El Sucesor de Pedro dijo que todos nosotros deberíamos apresurarnos para recibir la gracia que Él nos ofrece. Sin embargo –explicó que “tantas veces lo rechazamos, preferimos permanecer en la cerrazón de nuestros errores y en la angustia de nuestros pecados. ¡Pero Jesús no se da por vencido y nunca deja de ofrecerse a sí mismo y de ofrecer su gracia que nos salva! Éste es un mensaje de salvación, antiguo y siempre nuevo. Y estamos llamados a testimoniar con alegría este mensaje del Evangelio de la vida y de la luz, de la esperanza y del amor”.
Peregrinación del Papa a Tierra Santa
Tierra Santa es meta de peregrinación de Francisco, Obispo de Roma, del 24 al 26 de mayo, con el fin de conmemorar el histórico encuentro entre Pablo VI y el Patriarca Atenágoras sucedido hace 50 años un 5 de enero. Junto al Santo Sepulcro se celebrará un encuentro ecuménico con todos los representantes de las Iglesias cristianas de Jerusalén. Junto al Patriarca Bartolomeo de Constantinopla. El Papa pidió se rece por esta peregrinación. jesuita Guillermo Ortiz -RV

viernes, 3 de enero de 2014

Anunciar el Evangelio con dulzura y amor como Jesús, Papa Francisco en la Chiesa del Gesú, en el corazón de Roma

«El centro de la Compañía de Jesús es Cristo y su Iglesia». «Los jesuitas queremos ser condecorados con el nombre de Jesús, militando bajo el estandarte de su Cruz y ello quiere decir tener los mismos sentimientos de Cristo. Significa pensar como Él; amar como Él; ver como Él; caminar como Él. Significa hacer lo que Él ha hecho y con sus mismos sentimientos, con los sentimientos de su Corazón». Son palabras del Papa Francisco en su homilía de este viernes, en la Chiesa del Gesú, donde fue para celebrar la misa en el día de la fiesta litúrgica del Santo Nombre de Jesús, fiesta titular de la Compañía de Jesús. Una celebración que fue también en acción de gracias por la inscripción en el libro de los santos de Pedro Fabro, sacerdote de la Compañía de Jesús y primer compañero de San Ignacio de Loyola, el pasado 17 de diciembre. Concelebraron con el Papa sus compañeros jesuitas presentes en Roma. Esta es la tercera vez que Francisco visita esta iglesia querida por san Ignacio de Loyola, Fundador de la Compañía de Jesús, en el corazón de Roma.
En la histórica iglesia romana tan ligada a la vida de su fundador, Francisco, primer Papa jesuita, celebró la fiesta litúrgica de San Ignacio de Loyola, con los jesuitas, de forma privada, el pasado 31 de julio. Así como también, se detuvo en ella en el marco de su visita también de forma privada al Centro Astalli de Roma, que es la sede italiana del Servicio Jesuita para los Refugiados, el pasado 10 de septiembre.