sábado, 1 de abril de 2017

¿Es que de Galilea va a venir el Mesías?


Lectura del santo Evangelio según san Juan 7, 40-53
En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían:
«Este es de verdad el profeta».
Otros decían:
«Este es el Mesías».
Pero otros decían:
«¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?».
Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.
Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.
Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron:
«¿Por qué no lo habéis traído?».
Los guardias respondieron:
«Jamás ha hablado nadie como ese hombre».
Los fariseos les replicaron;
«¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos».
Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo:
«¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?».
Ellos le replicaron:
«¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas».
Y se volvieron cada uno a su casa.
Palabra del Señor.

Logo del Viaje del Papa Francisco a Egipto: “Un Pontífice de paz en un País de paz”


“El Papa de paz en Egipto de paz”, es el lema que acompañará el Viaje Apostólico del Papa Francisco en Egipto, en programa del 28 al 29 de abril próximo. Asimismo, la Iglesia católica egipcia ha dado a conocer el logo de la Visita del Santo Padre.
El logo de este Viaje presenta tres elementos principales: Egipto, el Papa y la paz que se encuentran también presentes en el lema de la Visita. Egipto está representado por el río Nilo, símbolo de la vida, junto a las pirámides y a la esfinge que simbolizan la historia de la civilización de este país. La Cruz y la Medialuna que resaltan al centro del logo, además, representan la coexistencia entre los diferentes componentes del pueblo egipcio.
En el logo, también está presente la paloma, que representa la paz, el don más alto al cual tiende todo ser humano y también el saludo de las religiones monoteístas. Finalmente, la paloma precede al Papa Francisco para anunciar su llegada como Pontífice de paz en un País de paz.
(Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

Vayan al encuentro de la humanidad herida y descartada: el Papa a los padres Somascos

"Los aliento a permanecer fieles a la inspiración originaria y a ponerse 'en salida' para ir hacia la humanidad herida y descartada, con elecciones evangélicamente eficaces que nacen de la capacidad de mirar el mundo con los ojos de Cristo": con estas palabras el Papa Francisco se dirigió a los 50 participantes en el Capítulo General de la Orden de los Clérigos Regulares Somascos, a quienes recibió en audiencia en la mañana de este jueves en el Vaticano.
Recordando la figura de San Jerónimo Emiliani, el Pontífice instó a los presentes en la Sala del Consistorio a seguir la inspiración originaria del fundador de la Orden, que tuvo el ideal de “reformar la Iglesia a través de las obras de caridad”, con “un método educativo fuertemente centrado en la persona y en su dignidad”, ocupándose de los últimos de la sociedad, en especial de los huérfanos y de la juventud abandonada. “Y hablando de huérfanos - agregó Francisco - hoy existen nuevos ‘medio-huérfanos’: jóvenes y niños que vienen solos a nuestras tierras y tienen necesidad de parternidad y maternidad. Quisiera subrayar esto: en las embarcaciones tantos vienen solos y necesitan esto. Esta es también es vuestra tarea”.
Haciendo referencia a la realidad actual de la orden y a la cuestión de su fisonomía internacional e intercultural en relación al servicio de los pobres, el Obispo de Roma los alentó a “ser atentos a las diversas formas de marginalidad en las periferias geográficas y existenciales. “No tengan miedo de ‘dejar los odres viejos’ afrontando la transformación de las estructuras, en donde resulte útil, para un servicio más evangélico y coherente con el carisma original”, les dijo, destacando cómo las estructuras, en ciertos casos, dan falsa protección y frenan el dinamismo de la caridad.
El Pontífice prodigó también palabras de aliento por el trabajo de formación de catequistas llevado a cabo por los padres Somascos, definiéndolo “un servicio muy valioso a las Iglesias locales, en comunión con los pastores y en unión con toda la Iglesia”. “También el diálogo ecuménico necesita de vuestro aporte”, agregó Francisco, notando que “el camino de la unidad es largo y necesita de la escucha paciente de lo que el Espíritu Santo dice a las Iglesias en particular a las comunidades eclesiales en Asia y África, en las cuales – destacó – ustedes obran con ardor apostólico”.
Prosigan y desarrollen la obra inspirada por Dios a San Jerónimo Emiliani, “Patrono universal de los huérfanos y de la juventud abandonada”, prosiguió el Papa, deseando a los padres Somascos “que un renovado ardor misionero los empuje a dedicarse al servicio del Reino de Dios a través de la educación de los jóvenes, para que crezcan firmes en la fe, libres y responsables, valientes en el testimonio y generosos en el servicio. Lleven adelante su camino de seguimiento y su dinamismo apostólico – alentó el Pontífice – rico de múltiples obras y siempre abierto a nuevas expresiones”.
(MCM-RV)

(from Vatican Radio)

viernes, 31 de marzo de 2017

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (7,1-2.10.25-30) POR BENEDICTO XVI:



"Surge siempre de nuevo, de este modo, la pregunta sobre el origen de Jesús, la misma que plantea el procurador Poncio Pilato durante el proceso: «¿De dónde eres tú?» (Jn 19, 9). Sin embargo, se trata de un origen bien claro. 

En el Evangelio de Juan, cuando el Señor afirma: «Yo soy el pan bajado del cielo», los judíos reaccionan murmurando: «¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?» (Jn 6, 41-42). 

Y, poco más tarde, los habitantes de Jerusalén se opusieron con fuerza ante la pretensión mesiánica de Jesús, afirmando que se conoce bien «de dónde viene; mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene» (Jn 7, 27). 

Jesús mismo hace notar cuán inadecuada es su pretensión de conocer su origen, y con esto ya ofrece una orientación para saber de dónde viene: «No vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis» (Jn 7, 28). Cierto, Jesús es originario de Nazaret, nació en Belén, pero ¿qué se sabe de su verdadero origen? 

En los cuatro Evangelios emerge con claridad la respuesta a la pregunta «de dónde» viene Jesús: su verdadero origen es el Padre, Dios; Él proviene totalmente de Él, pero de un modo distinto al de todo profeta o enviado por Dios que lo han precedido. 

Este origen en el misterio de Dios, «que nadie conoce», ya está contenido en los relatos de la infancia de los Evangelios de Mateo y de Lucas. El ángel Gabriel anuncia: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios» (Lc 1, 35). 

(...) Profesando en el Credo: «Por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen», afirmamos que el Espíritu Santo, como fuerza del Dios Altísimo, ha obrado de modo misterioso en la Virgen María la concepción del Hijo de Dios. El evangelista Lucas retoma las palabras del arcángel Gabriel: «El Espíritu vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra» (1, 35). 

Son evidentes dos remisiones: la primera es al momento de la creación. Al comienzo del Libro del Génesis leemos que «el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas» (1, 2); es el Espíritu creador que ha dado vida a todas las cosas y al ser humano. Lo que acontece en María, a través de la acción del mismo Espíritu divino, es una nueva creación: Dios, que ha llamado al ser de la nada, con la Encarnación da vida a un nuevo inicio de la humanidad. 

Los Padres de la Iglesia en más de una ocasión hablan de Cristo como el nuevo Adán para poner de relieve el inicio de la nueva creación por el nacimiento del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María. Esto nos hace reflexionar sobre cómo la fe trae también a nosotros una novedad tan fuerte capaz de producir un segundo nacimiento. En efecto, en el comienzo del ser cristianos está el Bautismo que nos hace renacer como hijos de Dios, nos hace participar en la relación filial que Jesús tiene con el Padre. 

Sólo si nos abrimos a la acción de Dios, como María, sólo si confiamos nuestra vida al Señor como a un amigo de quien nos fiamos totalmente, todo cambia, nuestra vida adquiere un sentido nuevo y un rostro nuevo: el de hijos de un Padre que nos ama y nunca nos abandona. 

(...) En nuestras reflexiones se ve claro, desde el inicio de los Evangelios, cuál es el verdadero origen de Jesús: Él es el Hijo unigénito del Padre, viene de Dios. Nos encontramos ante el gran e impresionante misterio: el Hijo de Dios, por obra del Espíritu Santo, se ha encarnado en el seno de la Virgen María...

Este es un anuncio que resuena siempre nuevo y que en sí trae esperanza y alegría a nuestro corazón, porque cada vez nos dona la certeza de que, aunque a menudo nos sintamos débiles, pobres, incapaces ante las dificultades y el mal del mundo, el poder de Dios actúa siempre y obra maravillas precisamente en la debilidad. Su gracia es nuestra fuerza (2 Co 12, 9-10). Gracias”.
(Benedicto XVI, catequesis del 2 de enero de 2013)

Texto de la carta del papa Francisco a los organizadores del IX Encuentro Mundial de la Familia


Publicamos a continuación la carta que el santo padre Francisco ha enviado al prefecto del dicasterio para los Laicos, Familia y Vida, cardenal Kevin Farrell, teniendo en vista la preparación del IX Encuentro Mundial de las Familias.
Este evento se realizará del 21 al 26 de agosto de 2018 en Dublín, Irlanda, sobre el tema “El Evangelio de la Familia: alegría para el mundo”.
Al Venerado Hermano el cardenal Kevin Farrell, prefecto del dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida Al final del VIII Encuentro Mundial de las Familias, celebrado en Filadelfia en septiembre de 2015, anuncié que el encuentro sucesivo con las familias católicas de todo el mundo tendría lugar en Dublín.
Ahora, con el deseo de comenzar su preparación, me complazco en confirmar que se desarrollará del 21 al 26 de agosto de 2018, sobre el tema: “El Evangelio de la familia: alegría para mundo”. Y con respecto a este tema y a su desarrollo quisiera ofrecer algunas indicaciones más precisas.
Deseo, efectivamente, que las familias puedan profundizar en la reflexión y compartir los contenidos de la Exhortación Apostólica post-sinodal Amoris Laetitia.
Nos podríamos preguntar: ¿El Evangelio sigue siendo alegría para el mundo? Y también: ¿La familia sigue siendo una buena noticia para el mundo de hoy? ¡Yo estoy seguro de que sí! Y este “sí” está firmemente fundado en el plan de Dios.
El amor de Dios es su “sí” a toda la creación y al corazón de la misma, que es el hombre. Es el “sí” de Dios a la unión entre el hombre y la mujer, abierta a la vida y al servicio de ella en todas sus fases; es el “sí” y el compromiso de Dios con una humanidad a menudo herida, maltratada y dominada por la falta de amor.
La familia, por lo tanto, es el “sí” del Dios Amor. Solamente partiendo del amor la familia puede manifestar, difundir y regenerar el amor de Dios en el mundo. Sin amor no se puede vivir como hijos de Dios, como cónyuges, padres y hermanos.
Quiero hacer hincapié en la importancia de que las familias se pregunten a menudo si viven partiendo del amor, por el amor y en el amor. Esto significa concretamente darse, perdonarse, no perder la paciencia, anticiparse al otro, respetarse. ¡Cómo mejoraría la vida familiar si cada día se vivieran las tres sencillas palabras “permiso”, “gracias”, “lo siento”!
Todos los días experimentamos la fragilidad y la debilidad, y por eso todos nosotros, familias y pastores, necesitamos una humildad renovada que plasme el deseo de formarnos, de educarnos y de ser educados, de ayudar y de ser ayudados, de acompañar, discernir e integrar a todos los hombres de buena voluntad.
Sueño con una Iglesia en salida, no autorreferencial, una Iglesia que no pase lejos de las heridas del hombre, una Iglesia misericordiosa que anuncie el corazón de la revelación de Dios Amor que es la Misericordia.
Es la misma misericordia que nos hace nuevos en el amor; y sabemos cuanto las familias cristianas sean lugares de misericordia y testigos de misericordia; después del Jubileo extraordinario lo serán todavía más, y el Encuentro de Dublín podrá dar señales concretas.
Invito, pues, a toda la Iglesia a recordar estas indicaciones en la preparación pastoral para el próximo Encuentro Mundial.
Ante Usted, querido Hermano, junto con sus colaboradores, se presenta la tarea de conjugar de una forma especial la enseñanza de Amoris Laetitia, con la cual la Iglesia desea que las familias estén siempre en camino, en esa peregrinación interior que es una manifestación de vida auténtica. Mi pensamiento se dirige de manera especial a la archidiócesis de Dublín y a toda la querida Nación irlandesa, por la generosa hospitalidad y el esfuerzo que implica organizar un evento de esta magnitud.
¡Que el Señor les recompense a partir de ahora, concediéndoles en abundancia favores celestes! La Sagrada Familia de Nazaret guíe, acompañe y bendiga vuestro servicio y a todas las familias involucradas en la preparación del gran Encuentro Mundial de Dublín.
Desde el Vaticano, 25 de marzo de 2017
Alfa y Omega

Escuchar a los jóvenes


Barcelona acoge esta semana un encuentro de episcopados europeos sobre pastoral juvenil. Se trata de una etapa de gran importancia rumbo al Sínodo de 2018, porque si el acercamiento a los jóvenes es un reto para la Iglesia en todo el mundo, en ningún otro continente adquiere esta cuestión un dramatismo comparable a Europa. Sin minusvalorar ni dejar de agradecer el empuje de tantos jóvenes católicos altamente comprometidos, la realidad es que otros muchos se han distanciado. Hay también un tercer grupo, cada vez mayor, que ni siquiera ha sido ya educado en la fe de sus abuelos. En un plano teórico, la respuesta a esta ecuación es sencilla: la solución es implicar más a los que ya están y, con ellos a la vanguardia, salir al encuentro del resto. Pero en la práctica eso requiere mucho diálogo franco y honesto, que comienza por saber escuchar al otro. Escuchar para responder a sus inquietudes, y también para tomar nota de sus críticas y reproches, porque solo así podrán empezarse a tender puentes de comunicación y a derribarse prejuicios fuertemente asentados. El Papa suele insistir en que la juventud es una etapa de grandes ideales. Son esos anhelos con los que debe confrontarse la Iglesia en su acercamiento a los jóvenes.
Alfa y Omega

31 de marzo: san Amós, profeta


Amós era pastor de Tecoa, al límite del desierto de Judá. No era miembro de los clubes de profetas de Israel. Simplemente Dios le llama, sacándolo de sus labores pastoriles y lo manda a profetizar a Israel.
El marco en que desempeña su ministerio profético está situado junto al santuario de Betel.
Y la época particular de su función para «hablar en nombre de otro» –en este caso, de Dios– es en el reinado de Jeroboán II (783-743 a. C.). Es uno de los momentos gloriosos del pueblo de Israel, consideradas las cosas desde el punto de vista humano; se vive en paz y tranquilidad, el Reino del Norte se extiende y enriquece hasta el punto que el lujo de los grandes y poderosos es un insulto para la miseria en que está el pueblo. Incluso el esplendor del culto –con inusitado boato– encubre la ausencia de una religión verdadera.
Con un estilo sencillo y tan rudo como cabe esperar de un pastor que pasa su vida entre los animales que cuida en soledad, condena la vida corrompida de las ciudades, se indigna por las desigualdades sociales que claman al cielo como grita una injusticia y protesta por la falsa seguridad depositada por sus contemporáneos en los ritos religiosos que están vacíos porque no llevan a compromisos personales.
Dios castigará a los poderosos –clase dirigente– de Samaría que pecan maltratando a los pequeños del pueblo. Critica las idolatrías, violencias, injusticias, disolución y universal corrupción en la que está sumido el rebaño elegido.
Por primera vez emplea dos expresiones que luego serán utilizadas ampliamente en la literatura profética posterior. Habla del «día de Yahwéh», cargado de acentos terribles, para designar el momento en que Dios tomará justas decisiones reivindicativas; en medio de tinieblas, Yahwéh castigará a Israel por sus maldades, utilizando a un pueblo que, en la mente del profeta Amós, es Asiria sin llegar a mencionar su nombre.
Otra expresión novedosa es «el resto», término con el que se quiere designar a una porción de israelitas fieles al yawismo puro en quienes reposará la esperanza de una perspectiva de salvación posterior.
Desde siempre ambicionó el hombre las riquezas para poseer, el poder para dominar a los demás y la gloria para alimentar su soberbia; esto trae como directa consecuencia el oscurecimiento y eclipse de Dios. Amós, profeta, dijo en su nombre que Él mira y valora lo de «dentro».
Cumplió con valentía el encargo dificultoso de hablar claro y sin tapujos para clarificar actitudes, aunque le llevaran a sufrir las acusaciones de Amasías, sacerdote de Betel, y la persecución de su hijo Ozías.
¿Verdad que, a pesar de tantos años, aún no se aprendió la lección?
Archimadrid.org

Intentaban agarrarlo, pero todavía no había llegado su hora


Lectura del santo Evangelio según san Juan 7,1-2.10.25-30
En aquel tiempo, recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas.
Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.
Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron:
«¿No es este el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene».
Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó:
«A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él, y él me ha enviado».
Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.
Palabra del Señor.

Papa: Los ídolos nos esclavizan, sólo Dios nos ama de verdad


Estar atentos para no perseguir fantasías y falsos ídolos, sólo Dios nos ama como un padre y nos espera siempre. Lo subrayó el Santo Padre Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Al comentar la Primera Lectura, tomada del Libro del Éxodo, el Pontífice se refirió al amor de Dios por su pueblo, a pesar de su infidelidad. Mientras también hoy – dijo el Papa – nos hará bien preguntarnos si nos alejamos del Señor para perseguir a los ídolos y la mundanidad.
Dios soñó a su pueblo, pero éste lo decepcionó
El Papa Francisco se detuvo sobre el “sueño y las decepciones de Dios”. El pueblo – dijo – “es el sueño de Dios. Que soñaba porque amaba”. Pero aquel pueblo traiciona los sueños del Padre y así Dios “comienza a sentir la decepción”. Y pide a Moisés que baje del monte al que había subido para recibir la Ley. El pueblo “no tuvo paciencia para esperar a Dios” durante tan sólo cuarenta días. Hicieron un becerro de oro. Un dios “para divertirse” y se “olvidaron de Dios, que los ha salvado”.
En el corazón del hombre siempre está la tentación de ser infiel a Dios
El profeta Baruc – recordó el Obispo de Roma – “tiene una frase que representa bien a este pueblo: ‘Se olvidaron de quien los ha criado”:
“Olvidar a Dios que nos ha creado, que nos hizo crecer, que nos ha acompañado en la vida: ésta es la desilusión de Dios. Y tantas veces en el Evangelio, Jesús en las Parábolas, habla de aquel hombre que prepara una viña y después fracasa, porque los obreros querían tomarla para ellos. En el corazón del hombre, ¡está siempre esta inquietud! No está satisfecho de Dios, del su amor fiel. El corazón del hombre está orientado siempre hacia la infidelidad. Y ésta es la tentación”.
Dios está “decepcionado” por la infidelidad de su pueblo que persigue a los ídolos
De modo que Dios, “por medio de un profeta, reprocha a este pueblo” que “no tiene constancia, no sabe esperar, se ha pervertido”, se aleja del Dios verdadero y busca a otro dios:
“Y está la decepción de Dios: la infidelidad del pueblo… Y también nosotros somos pueblo de Dios y conocemos bien cómo es nuestro corazón, y cada día debemos retomar el camino para no resbalar lentamente hacia los ídolos, hacia las fantasías, hacia la mundanidad, hacia la infidelidad. Creo que hoy nos hará bien pensar en el Señor decepcionado: ‘Dime, Señor, ¿tú te sientes decepcionado por mí?’. En algo sí, seguramente. Pensar y hacer esta pregunta”.
En Cuaresma preguntémonos si nos hemos alejado de Dios
Él – afirmó el Papa – “tiene un corazón tierno, un corazón de padre”. Y recuerda también cuando Jesús lloró por Jerusalén. Preguntémonos – dijo además –  “¿Dios llora por mí” y si “se siente decepcionado por mí?”. Y también si “¿me he alejado del Señor?”. “¿Cuántos ídolos tengo – añadió Francisco – que no soy capaz de quitarme de encima, que me esclavizan? Esa idolatría que tenemos dentro… Y Dios llora por mí”:
“Pensemos hoy en esta decepción de Dios que nos ha hecho por amor, mientras nosotros vamos a buscar amor, bienestar, queremos pasarla bien en otras partes y no en el amor de Él. Nos alejamos de este Dios que nos ha creado. Y este es un pensamiento de Cuaresma. Nos hará bien. Y esto, hacerlo todos los días; un pequeño examen de conciencia: ‘Señor, tú que has tenido tantos sueños sobre mí, yo sé que me he alejado, pero dime dónde, cómo, para volver…’. Y la sorpresa será que Él siempre nos espera, como el padre del hijo pródigo, que lo vio llegar desde lejos, porque lo esperaba”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

jueves, 30 de marzo de 2017

Diálogo interreligioso: ‘Todos diferentes e iguales, como los dedos de una mano’



“Nosotros somos hermanos y por lo tanto todos diferentes y todos iguales, como los dedos de una mano” indicó el papa Francisco a los participantes de la segunda reunión organizada por el Consejo pontificio para el diálogo interreligioso, con tres superintendencias de Irak, para los chiítas, sunitas, cristianos, yazidíes, y sabes/madness, este miércoles 29 de marzo antes de la audiencia general.
Eran unos cuarenta representantes religiosos iraquíes, miembros de la superintendencia del ministerio Culto, en el salóncito del Aula Pablo VI, antes de la audiencia general de este miércoles.
“Todos nosotros somos hijos de Dios” les dijo el Papa, y señaló que “el diálogo entre ustedes, así como vuestra visita es una verdadera riqueza de hermandad y por esto es un camino hacia la paz de todos. La paz del corazón, la paz de las familias, la paz de los países, la paz del mundo. Pido a Dios omnipotente que les bendiga a todos ustedes y les pido por favor que no se olviden de rezar por mi”.
En el encuentro el Papa recibió como regalo una copia del Corán y un vestido tradicional musulmán, indicó el diario L’Osservatore Romano. Saludó además una a una a las diversas delegaciones y escuchó los testimonios que narraban las violencias y situaciones dramáticas que sufrieron los iraquíes.
En la audiencia general, en la que también participaron los representantes, el Papa hizo un nuevo llamamiento pidiendo por la protección de los civiles en el país.
(ZENIT – Ciudad del Vaticano – 29 Mar. 2017)

Audiencia – el Papa a los peregrinos de idioma árabe: ‘Vivir sostenidos por la fe’

(ZENIT – Ciudad del Vaticano – 29 Mar. 2017).- El papa Francisco ha saludado al concluir la audiencia general de este miércoles a los peregrinos de idioma árabe presentes en la Plaza de San Pedro, en particular los que viene de Irak. Y les animó a “vivir sostenidos por la fe”, palabras traducidas inmediatamente al árabe por un colaborador suyo.
“Queridos hermanos y hermanas –les dijo el Papa después de la catequesis sobre la esperanza de Abraham– por la fe María recibió las palabras del ángel y creyó al anuncio de que ella sería la Madre de Dios. Y ella a acogido en ella misma lo que no entendía del actuar de Dios, abriéndole su espíritu y su corazón”.
“Como Ella –prosiguió el Pontífice– nosotros estamos llamados a vivir apoyados por la fe, y a mirar con esperanza que se cumpla la voluntad de Dios en nuestras vidas. ¡Que el Señor les bendiga!”.

Las vicarías de Pastoral Social y Acción Caritativa organizan la 9ª Vigilia de oración con los que sufren la crisis este sábado



Abriendo caminos de esperanza es el lema con el que ha sido convocada la 9ª Vigilia de oración con los que sufren la crisis. Organizada por la Vicaría de Pastoral Social e Innovación y la Vicaría de Acción Caritativa de la archidiócesis de Madrid, se celebrará este sábado, 1 de abril, en la parroquia Nuestra Señora de las Angustias (c/Rafael de Riego, 16 – metro Atocha, Renfe y Palos de la Frontera), de 19:00 a 24:00 horas.
La vigilia constará Eucaristía, reflexión con Teresa Villanueva de Cáritas Española, testimonios de personas que sufren la crisis del trabajo, la música del cantautor Faustino Díez y los cuentos de Ana García Castellanos. Todo en un clima de oración. El cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, se acercará a acompañar a los presentes.
Esta vigilia ha sido convocada con motivo de la Campaña contra el Paro que Cáritas Madrid celebra este domingo, 2 de abril. Durante la misma se pretende hacer una lectura creyente de las causas y consecuencias del desempleo.
Infomadrid

Europa, ¡vuelve a encontrarte! ¡No olvides a los pobres!


La semana pasada celebramos el 60 aniversario de los Tratados de Roma, que sentaron las bases de la Unión Europea tal como hoy la conocemos. La reunión de los jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros, haciendo memoria y proyectando futuro, fue un gran acontecimiento en el que tuvieron un eco significativo las palabras que el Papa Francisco les dirigió. Un mensaje fraterno, lleno de amor y verdad, animándolos a seguir trabajando por la acogida y la inclusión para ser fieles a los ideales con los que nació el proyecto común. Son palabras claras y precisas para ir directamente a lo que ha de ser Europa en este momento, y no caer en «la tentación de reducir los ideales fundacionales de la Unión a las exigencias productivas, económicas y financieras», ni tampoco creernos que Europa sea «un conjunto de normas que cumplir o un manual de protocolos y procedimientos que seguir». Fue muy bella la forma en la que dijo: Europa, ¡vuelve a encontrarte!, apelando a las enseñanzas de aquellos «padres fundadores».
Es bueno recordar que la historia del continente europeo tiene una característica muy precisa: el influjo vivificante del Evangelio, que fue un factor primario de unidad entre los pueblos y las culturas, y un factor determinante de la promoción integral del hombre y sus derechos. De tal modo esto es así, que cuando Europa lo abandona, florecen los egoísmos que nos encierran y asfixian, olvidándonos de mirar más allá, y empobreciéndonos más y más. Europa acuñó valores fundamentales que dieron al mundo ideales democráticos y muestras claras de defender siempre todos los derechos humanos. Acabamos con un valor necesario y fundamental: la solidaridad. Solidaridad que implica defender todos los derechos del hombre sin ambigüedades, para mantener la unidad y ayudar a todos los hombres, estén donde estén.
Cuando olvidamos la solidaridad, caemos en esos populismos que nos dividen, que crean muros y derriban toda clase de puentes de comunicación, y que impiden, como decía el Papa Francisco a los jefes de Estado y de Gobierno, que se impulsen políticas «que hagan crecer a la Unión Europea en un desarrollo armónico, de modo que el que corre más deprisa tienda la mano al que va más despacio, y el que tiene dificultad se esfuerce por alcanzar al que está en cabeza». Si algo es necesario hoy para la humanidad, es recuperar con fidelidad creativa los valores fundamentales, aquellos que vuelvan a poner al ser humano en el centro. De tal manera que la afirmación de la dignidad trascendente de la persona humana, la razón, la libertad, la democracia, el Estado de Derecho y la distinción entre política y religión sean elementos esenciales que sustenten nuestra convivencia, y mostremos que ser acogedores y maestros de acogida es lo que enseña e ilumina a los pueblos en la necesaria tarea de construir la familia humana.
Nunca olvidemos a los pobres, a los necesitados, a los refugiados de hoy que no tienen alternativa. La solidaridad es verdadera cuando nace de la capacidad de abrirnos a los demás. Estemos atentos al peligro que engendra la falta de solidaridad hacia los hombres, mujeres, ancianos y niños que huyen de la guerra, del hambre, de la persecución, de no tener un horizonte de futuro. ¿Por qué no seguir haciendo hoy nosotros lo que en su momento hizo Europa, llevando a todos los pueblos de la tierra valores esenciales? La grave crisis migratoria no puede gestionarse solamente como si fuera un problema numérico, económico, cultural, de seguridad o de pérdida de ideales. Es urgente la reorientación de la cooperación internacional, con vistas a una nueva cultura de la solidaridad. Como subrayaba el Papa san Juan Pablo II, «decir Europa debe expresar apertura. Lo exige su propia historia, a pesar de no estar exenta de experiencias y signos opuestos. Europa no es un territorio cerrado o aislado; se ha construido yendo, más allá de los mares, al encuentro de otros pueblos, otras culturas y otras civilizaciones». Abiertos y acogedores. No podemos desentendernos de los pobres de este mundo. ¿Por qué no acometer iniciativas audaces ofreciendo a los más pobres la construcción de un mundo más justo y fraterno?
Quiero recordar a dos personas muy diferentes, y en posiciones existenciales muy distintas: Jacques Maritain, autor de Humanismo integral, quien en Cristianismo y democracia (1944) abordaba el fracaso de las democracias y con este la crisis de la civilización europea, incidiendo en que «la causa principal es de orden espiritual; reside en la contradicción interna y en el malentendido trágico del cual, en Europa sobre todo, han sido víctimas las democracias modernas. En su principio esencial esta forma y este ideal de vida común que se llama democracia, viene de la inspiración evangélica y no puede subsistir sin ella». Y a Albert Camus, que en artículos como «Hacia el diálogo» (1946) denunció el miedo y el silencio: «Lo que hay que defender es el diálogo y la comunicación universal entre los hombres. La servidumbre, la injusticia, la mentira, son los flagelos que acaban con esta comunicación e impiden el diálogo. [...] Pero se puede pretender luchar en la historia para preservar esa parte del hombre que no le pertenece».
¿Qué debemos hacer los cristianos para que Europa se encuentre, salga de sí y sea ella misma?
1. Ser una Iglesia en el mundo, y no frente al mundo: tenemos que ser no unos cristianos quejumbrosos, sino unos cristianos que tomemos la determinación clara y precisa de anunciar el amor de Dios en los que más lo necesitan, los pobres. El futuro se juega en mostrar la misericordia de Dios con el lenguaje de la misericordia. Lo primero son las personas, por eso lo primero es mirar el rostro del otro.
2. Abrirnos a las nuevas oportunidades, para que los hombres vuelvan su mirada a Jesucristo: estamos en una nueva época. Como decía Mounier, «el acontecimiento será tu maestro interior». Por eso, miremos lo que acontece en todos los órdenes de la vida del ser humano. Recordemos aquella pregunta que hacía el Papa Francisco en el comienzo del Sínodo de la Familia de 2014, cuando planteaba la situación de los jóvenes que prefieren convivir a casarse: «¿Qué debe hacer la Iglesia: expulsarlos de su seno o, por el contrario, acercarse a ellos?». Y a esto responde la Amoris laetitia. El mundo cambia, y hemos de ver, escuchar e interpretar con los ojos, el corazón y el pensamiento del Señor nuevas llamadas y nuevas oportunidades para acercarnos a los hombres y entregarles el rostro de Cristo de primera mano.
3. Vivir y salir desde un encuentro radical con Jesucristo: con una vivencia de Jesucristo tan fuerte que hagamos vivir la experiencia de Emaús a quienes nos encontremos. Dejemos que nos visite y entre Jesús en nuestra vida, e incorporemos su mirada, sus preferencias y sus prioridades. Tengamos una vida contemplativa para ver y escuchar la realidad, la que tuvo Jesús en el camino de Emaús. Quienes iban a su lado no lo reconocieron, pero sintieron los efectos de su presencia y por eso le dijeron: «Quédate con nosotros que atardece».
Con gran afecto, os bendice,
+Carlos Card. Osoro Sierra, arzobispo de Madrid

Hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza



Lectura del santo Evangelio según san Juan 5, 31-47
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:
«Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí.
Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado.
Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su rostro, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis.
Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros.
Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése si lo recibiréis.
¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?»
Palabra del Señor.

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO: ESPERAR CONTRA TODA ESPERANZA

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El pasaje de la Carta de San Pablo a los Romanos que hemos apenas escuchado nos da un gran don. De hecho, estamos acostumbrados a reconocer en Abraham a nuestro padre en la fe; hoy el Apóstol nos hace comprender que Abraham es para nosotros padre de la esperanza; no sólo padre en la fe, sino padre en la esperanza. Y esto porque en su historia podemos ya aprehender un anuncio de la Resurrección, de la vida nueva que vence el mal y la misma muerte.
En el texto se dice que Abraham creyó en Dios «que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen» (Rom 4,17); y luego se precisa: «Su fe no flaqueó, al considerar que su cuerpo estaba como muerto y que también lo estaba el seno de Sara» (Rom 4,19). Así, esta es la experiencia a la cual estamos llamados a vivir también nosotros. El Dios que se revela a Abraham es el Dios que salva, el Dios que hace salir de la desesperación y de la muerte, el Dios que llama a la vida. En la historia de Abraham todo se convierte en un himno al Dios que libera y regenera, todo se hace profecía. Y lo hace para nosotros, para nosotros que ahora reconocemos y celebramos el cumplimiento de todo esto en el misterio de la Pascua. Dios de hecho, «resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesús» (Rom 4,24), para que también nosotros podamos pasar en Él de la muerte a la vida. Y de verdad entonces Abraham puede bien llamarse «padre de muchos pueblos», en cuanto resplandece como anuncio de una humanidad nueva – nosotros – rescatada por Cristo del pecado y de la muerte e introducida una vez para siempre en el abrazo del amor de Dios.
A este punto, Pablo nos ayuda a poner en evidencia el vínculo estrecho entre la fe y la esperanza. Él de hecho afirma que Abraham «creyó, esperando contra toda esperanza» (Rom 4,18). Nuestra esperanza no se apoya en razonamientos, previsiones o cálculos humanos; y se manifiesta ahí donde no hay más esperanza, donde no hay nada más en que esperar, justamente como sucedió con Abraham, ante su muerte inminente y la esterilidad de su mujer Sara. Era el final para ellos, no podían tener hijos y ahí, en esa situación, Abraham cree y tuvo esperanza contra toda esperanza. ¡Y esto es grande! La gran esperanza hunde sus raíces en la fe, y justamente por esto es capaz de ir más allá de toda esperanza. Sí, porque no se funda en nuestra palabra, sino en la Palabra de Dios. También en este sentido, entonces, estamos llamados a seguir el ejemplo de Abraham, quien, a pesar de la evidencia de una realidad que parece destinada a la muerte, confía en Dios, «plenamente convencido de que Dios tiene poder para cumplir lo que promete» (Rom 4,21). Me gustaría hacerles una pregunta, ¿eh?: ¿Nosotros, todos nosotros, estamos convencidos de esto? ¿Estamos convencidos que Dios nos quiere mucho y que todo aquello que nos ha prometido está dispuesto a llevarlo a cumplimiento? Pero Padre, ¿Cuánto debemos pagar por esto? (El Señor responde): “Hay un precio: abrir el corazón”. Abran sus corazones y esta fuerza de Dios llevará adelante y hará cosas milagrosas y les enseñará que cosa es la esperanza. Este es el único precio: abrir el corazón a la fe y Él hará el resto.
¡Esta es la paradoja y al mismo tiempo el elemento más fuerte, más alto de nuestra esperanza! Una esperanza fundada en una promesa que del punto de vista humano parece incierta e impredecible, pero que no disminuye ni siquiera ante la muerte, cuando a prometer es el Dios de la Resurrección y de la vida. Esto no lo promete uno cualquiera, ¡no! Quien lo promete, es el Dios de la Resurrección y de la vida.
Queridos hermanos y hermanas, pidamos hoy al Señor la gracia de permanecer instaurados no tanto en nuestras seguridades, en nuestras capacidades, sino en la esperanza que surge de la promesa de Dios, como verdaderos hijos de Abraham. Cuando Dios promete, lleva a cumplimiento aquello que promete. Jamás falta a su palabra. Y entonces nuestra vida asumirá una luz nueva, en la conciencia de que Quien ha resucitado a su Hijo, resucitará también a nosotros y nos hará de verdad una cosa sola con Él, junto a todos nuestros hermanos en la fe. Todos nosotros creemos. Hoy estamos todos en la plaza, alabemos al Señor, cataremos el Padre Nuestro, luego recibiremos la bendición… pero esto pasa. Pero esto, también, es una promesa de esperanza. Si nosotros hoy tenemos el corazón abierto, les aseguro que todos nosotros nos encontraremos en la plaza del Cielo por siempre, que no pasa nunca. Y esta es la promesa de Dios. Y esta es nuestra esperanza, si nosotros abrimos nuestros corazones. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)