sábado, 28 de enero de 2017

28 de enero: santo Tomás de Aquino O.P., Doctor de la Iglesia


El último de los hijos varones –en total eran doce hermanos– del matrimonio de aristócratas formado por Landolfo de Aquino y Teodora de Teate nació en Roccaseca, localidad de la Italia, meridional, a finales de 1225. Sus padres quisieron que siguiera la carrera eclesiástica, por lo que sus padres le enviaron al famoso monasterio benedictino de Montecassino. De ahí pasó a Nápoles, donde se formó en Artes y en Teología y entró en contacto con la Orden de Predicadores –los dominicos–, en la que expresó su deseo de ingresar.
Pero sus padres se oponían, llegando incluso su madre a obtener el permiso del Emperador Federico II para que sus hermanos arrestaran a Tomás, que permaneció preso durante un año en el Castillo de San Giovanni, hasta que una mediación de Juan el Teutónico, a la sazón Maestro General de la Orden de Predicadores, ante el Emperador motivó su puesta en libertad. Su siguiente destino fue París. En la capital francesa estuvo una década, profundizando en Teología, especialidad de la que acabó convirtiéndose en un maestro universal.
Allí su referente fue san Alberto Magno, con quien la simbiosis intelectual y personal fue plena. Bajo su batuta, empezó Santo Tomás a escribir sus primera obras y a forjar su estilo intelectual; por ejemplo, distinguiéndose en ciertos aspectos –que no renegando– de la Teología de San Agustín.
Su primer gran aporte fue la resolución del dilema planteado por Averrroes, para quien existía contradicción entre las verdades del entendimiento y la de la Revelación. Santo Tomás, por el contrario, afirmo que eran compatibles, al proceder ambas de Dios, y complementarias pues lo sobrenatural debía ser conocido por la revelación y lo natural por el entendimiento.
Su reputación llegó a Roma, convirtiéndose en consultor del Papa. Un cargo importante que, sin embargo, no mermó su producción intelectual; durante esos años escribió varias obras -como los comentarios al Pseudo-Dionisio y a Aristóteles- e inició la redacción de la Suma Teológica, cima y compendio de su pensamiento. Santo Tomás de Aquino murió en Fossanuova en 1274 a la edad de 49 años.
J.M. Ballester Esquivias (@jmbe12)
Alfa y Omega

¿Quién es este? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!


Lectura del santo Evangelio según san Marcos 4, 35-41
Aquel día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vamos a la otra orilla».
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban . Se levantó una fuerte tempestad, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un cabezal.
Lo despertaron, diciéndole:
«Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar:
«¡Silencio, enmudece!».
El viento cesó y vino una gran calma.
Él les dijo:
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?»
Se llenaron de miedo y se decían unos a otros:
« ¿Pero quién es éste? ¡ Hasta el viento y las aguas le obedecen! ».
Palabra del Señor.

Papa: el miedo a todo, el pecado que paraliza al cristiano

  Que Dios nos libre del pecado que nos paraliza como cristianos: la pusilanimidad, el tener miedo de todo, que no nos permite tener memoria, esperanza, coraje y paciencia. Es, en síntesis, cuanto afirmó el Santo Padre durante la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
La Carta a los Hebreos propuesta por la liturgia del día – afirmó el Papa Francisco – exhorta a vivir la vida cristiana con  tres puntos de referencia: el pasado, el presente y el futuro. Ante todo nos invita a hacer memoria, porque “la vida cristiana no comienza hoy: continúa hoy”. Hacer memoria es “recordar todo”: las cosas buenas y las menos buenas, es poner mi historia “ante Dios”, sin cubrirla o esconderla:
“‘Hermanos, recuerden los primeros tiempos’: los días del entusiasmo, de ir adelante en la fe, cuando se comenzó a vivir la fe, la pruebas sufridas… No se comprende la vida cristiana, incluso la vida espiritual de cada día, sin memoria. No sólo no se comprende: no se puede vivir cristianamente sin memoria. La memoria de la salvación de Dios en mi vida, la memoria de los problemas de mi vida. Pero, ¿cómo me ha salvado el Señor de estos líos? La memoria es una gracia: una gracia que hay que pedir. ‘Señor, que yo no olvide tu paso en mi vida, que yo no olvide los buenos momentos, también los feos; las alegrías y las cruces’. Pero el cristiano es un hombre de memoria”.
Vivir con la esperanza de encontrar a Jesús
Después el autor de la Carta nos hace entender que “estamos en camino, en espera de algo” – dijo el Papa Bergoglio –  en espera de “llegar a un punto: un encuentro; encontrar al Señor”. “Y nos exhorta a vivir con fe”:
“La esperanza: mirar al futuro. Así como no se puede vivir una vida cristiana sin la memoria de los pasos dados, no se puede vivir una vida cristiana sin mirar al futuro con la esperanza del encuentro con el Señor. Y Él dice una frase bella: ‘Todavía un poco…’. ¡La vida es un soplo, eh! Pasa. Cuando uno es joven, piensa que tiene tanto tiempo por delante, pero después la vida nos enseña aquella palabra que decimos todos: ‘¡Cómo pasa el tiempo! A éste lo conocí de niño, ¡ahora se casa! ¡Como pasa el tiempo!’. Pasa rápido. Pero la esperanza de encontrarlo es una vida en tensión, entre la memoria y la esperanza, el pasado y el futuro”.
Vivir el presente con coraje y paciencia
En fin la Carta a los Hebreos invita a vivir el presente, “tantas veces doloroso y triste”, con “coraje y paciencia”: es decir, con franqueza, sin vergüenza y soportando las vicisitudes de la vida, llevando todo sobre los hombros. “Somos pecadores – dijo Francisco – todos lo somos. Pero vayamos adelante con coraje y con paciencia. No nos quedemos ahí, detenidos, porque esto no nos hará crecer”.
El pecado que paraliza al cristiano: la pusilanimidad
Por último, el Pontífice comentó que el autor de la Carta a los Hebreos exhorta a no cometer el pecado que no nos hace tener memoria, esperanza, coraje y paciencia: la pusilanimidad.
“‘No correr el riesgo, por favor, no… la prudencia…’. Los mandamientos, todos, todos… Sí, es verdad, pero esto te paraliza también, te hace olvidar las tantas gracias recibidas, te quieta la memoria, te quita la esperanza porque no te deja ir. Y el presente de un cristiano, de una cristiana así es como cuando uno va por la calle y viene una lluvia inesperada y el vestido no es tan bueno y se encoge la tela… Almas estrechas… ésta es la pusilanimidad: éste es el pecado contra la memoria, el coraje, la paciencia y la esperanza. Que el Señor nos haga crecer en la memoria, nos haga crecer en la esperanza, nos dé cada día coraje y paciencia y nos libere de esa cosa que es la pusilanimidad, tener miedo de todo…. Almas restringidas para conservarse. Y Jesús dice: ‘El que quiera conservar su propia vida, la pierde’”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

viernes, 27 de enero de 2017

Los obispos de México y Estados Unidos, unidos contra la construcción de muro en la frontera

Los obispos mexicanos y estadounidenses se han unido en contra del muro con el que Donald Trump quiere "proteger" a su país de la inmigración. En dos comunicados, los prelados del norte y el sur del Río Grande mostraron su "profundo dolor" por el anuncio del presidente de EE.UU., que "pondrá innecesariamente en peligro las vidas de inmigrantes".
En su nota, la Conferencia del Episcopado Mexicano calificó el muro de "inhumana intereferencia" en la vida de millones de personas. Al tiempo, advierte a Trump que la Iglesia, en México o en EE.UU. "seguirá apoyando cercana y solidariamente" a los migrantes a ambos lados de la frontera, como llevan haciéndolo desde hace más de dos décadas.
"Expresamos nuestro dolor y rechazo a la construcción de este muro, e invitamos respetuosamente a hacer una reflexión más profunda acerca de los modos como puede procurarse la seguridad, el desarrollo, la activación del empleo y otras medidas, necesarias y justas, sin provocar más daños de los que ya sufren los más pobres y vulnerables", afirma el comunicado de la CEM.
"Seguiremos apoyando cercana y solidariamente a tantos hermanos nuestros que provienen de Centro y Sudamérica, y que van en tránsito a través de nuestro país hacia Estados Unidos", recalca el episcopado mexicano, que concluye pidiendo a las autoridades del país que continúen "en la búsqueda de acuerdos" que el país vecino para que "se salvaguarde la dignidad y el respeto" de los migrantes, quienes sólo buscan "mejores oportunidades de vida".
 Por su parte, los obispos de Estados Unidos señalaron que la construcción del muro prometido por Trump en la frontera con México "aumentará significativamente la detención y deportación de inmigrantes" y hará "caso omiso de la sentencia de cumplimiento de la ley estatal y local sobre la mejor manera de proteger a sus comunidades".
El obispo Joe Vásquez, presidente del Comité de Migración y Obispo de la Diócesis de Austin, declaró: "Estoy descorazonado porque el presidente ha dado prioridad a construir un muro en nuestra frontera con México" y porque "esta acción pondrá innecesariamente en peligro las vidas de inmigrantes".
"La construcción de ese muro solo hará que los migrantes, especialmente las mujeres y niños, sean más vulnerables a los traficantes y a los contrabandistas"dijo. Y añadió que "la construcción de un muro de tales dimensiones desestabiliza a muchas comunidades vivas y muy bien conectadas entre ellas que viven en paz a lo largo de la frontera".
"En lugar construir ahora muros, mis hermanos obispos y yo continuaremos a seguir el ejemplo de Francisco. Nosotros buscaremos construir puentes entre las personas, los puentes que nos permiten romper las barreras de la exclusión y la explotación", indicó.
Consideró además que "el anunciado incremento de espacio de detención para inmigrantes y las actividades de control de la inmigración es alarmante", porque "desgarrará a familias y provocará miedo y pánico en las comunidades".
"Respetamos el derecho de nuestro gobierno federal de controlar nuestras fronteras y garantizar la seguridad para todos los estadounidenses, pero no creemos que una acción en gran escala para la detención de inmigrantes y el creciente intensivo uso de control en comunidades inmigrantes sea el camino para obtener esas metas", afirma el obispo.
"Seguiremos -concluye el comunicado- apoyando y solidarizándonos con las familias inmigrantes. Recordamos a nuestras comunidades y a nuestra nación, que estas familias tienen un valor intrínseco como hijos de Dios. Y a todos los afectados por la decisión de hoy, de que estamos aquí para caminar con ellos y acompañarlos en esta ocasión".
Jesús Bastante

Gracias por todo


La palabra gracias proviene del latín gratia, la cual deriva de gratus (agradable, agradecido). Gratia significa la honra o alabanza que se tributa a otro, para luego significar el reconocimiento de un favor.
Todos sabemos que el agradecimiento es algo indispensable en la vida, pues cada uno de nosotros hemos recibido algo de alguien. En general, todos hemos recibido muchísimos favores desde que nacimos. Las bendiciones de nuestra vida son difíciles de contar.
El hecho de ser agradecidos tiene mucho que ver con nuestra humildad o falta de ésta. Un corazón humilde recibe y luego agradece. Un corazón soberbio, por más que reciba, nunca agradecerá. Nuestra soberbia comúnmente nos hace pensar que merecemos más de lo que tenemos, y que lo que tenemos no es suficiente, o no es precisamente lo que queremos.
Pero si reflexionamos en ello, podemos hacer el siguiente planteamiento: si no valoramos lo que tenemos, ¿qué nos hace pensar que merecemos más? O ¿qué nos hace creer que si pedimos y recibimos más seremos felices, si no somos agradecidos con lo que ya tenemos?
Una persona que agradece, comúnmente recibe más y se siente feliz con lo que tiene, es decir, se siente satisfecha y en paz. Una persona que no agradece, es común que carezca de muchas cosas, así como que se sienta frustrada y ansiosa, es decir, infeliz. En otras palabras, el ser agradecidos nos lleva a la alegría, mientras que el ser malagradecidos nos conduce a la amargura.
La falta de agradecimiento está ligada a un estado de insaciedad, a la exigencia, al afán, al enojo, a un falso sentimiento de “injusticia” en el que creemos que somos mucho mejores de lo que en verdad somos.
Es aceptable querer tener más y luchar por tenerlo, pero lo que no es aceptable es no reconocer ni valorar lo que ya tenemos. Todo proviene de la fuente de abundancia que es Dios, sus favores son nuevos cada mañana, siempre hay mucho que agradecer. Sin embargo, a veces nos levantamos y nos enrolamos en la rutina de manera tan apurada y repentina que no tenemos el tiempo ni el cuidado de ver todo lo que nos rodea, toda la provisión que ya ha sido puesta delante de nosotros, mucho antes de abrir los ojos.
Si nos proponemos el ejercicio de agradecer por la mañana todo lo que nos venga a la mente, mientras nos vestimos o manejamos, encontraremos una visión nueva, una perspectiva más objetiva entre lo que tenemos y lo que nos hace falta. Esto traerá paz a nuestra alma y agradecimiento sincero a nuestro corazón. Cuando le damos las gracias al Creador, Él multiplica las bendiciones, nos otorga nuevos talentos, pues nos considera seres responsables, sencillos y capaces de multiplicar dichos talentos.
A una persona que siempre pide, pero nunca agradece, ¿para qué habría de darle más? Alguien que valora lo que tiene, así sea mucho o poco, le da el mejor uso y procura aprovecharlo al máximo, sin quejarse. La felicidad no proviene de los objetos sino de una actitud correcta del corazón.
Dios espera nuestra gratitud ante todo lo que nos da, y también quiere corazones agradecidos. Si nos dio mucho, mucho nos demandará cuando estemos en su presencia.
Zenit

Venezuela: «En 14 años he enterrado en la parroquia a 546 personas asesinadas»


Con demasiada frecuencia escucho este grito desgarrador: «¡Me han matado a mi hijo!». En 14 años he enterrado en la parroquia a 546 personas asesinadas, casi todas jóvenes. Venezuela cerró 2016 con más de 30.000 homicidios; ya hemos superado la tasa de 100 asesinatos por cada 100.000 habitantes al año. Hace tres lustros el número de asesinatos era seis veces menor, también inaceptable.
En Venezuela se está desarrollando una verdadera guerra civil inducida para enfrentar a pobres contra pobres: son el 98 % de las víctimas. Interesa destruir la fuerza de los débiles, tenerlos sometidos y divididos para seguir utilizándolos como mano de obra esclava y ciudadanos atemorizados. Si se quisiera, se podría acabar con esta violencia en un cortísimo plazo de tiempo. Pero no conviene.
Sin embargo, el Cordero inmolado ya ha vencido a estas bestias y a su amo, a pesar de que sigan dando coletazos de muerte. El Cordero sigue encabezando su Reino irrefrenable a través de los pobres y humildes convocados a su banquete de bodas, como las madres de la Fundación por la Dignidad Sagrada de la Persona. Mujeres a las que la violencia provocada les ha arrebatado hijos, esposos o hermanos. Todos ellos únicos. En torno a la Eucaristía, inspiradas en el testimonio de lucha de tantos militantes cristianos, ellas viven su duelo convirtiendo el dolor en virtud, como cantaba Rovirosa.
De ellas he aprendido que el dolor es el arma más poderosa del mundo junto a su hermano gemelo el amor. Pero, es un arma de doble filo: o te destruye o te redime. Estas mujeres fuertes quieren redimir con su dolor compartido y transformado en acción permanente. Todos los meses salen a las calles de esta ciudad, la quinta más violenta del mundo, a gritar en silencio que todos tenemos dignidad sagrada, también los asesinos. Gritan con su vida asociada que los victimarios, sobre todo los que se esconden en el anonimato de sus cargos y honores, serán juzgados por el Cordero inmolado. Plantan cruces en la plaza pública, una por cada hermano asesinado anualmente. En 2016 fueron 736 personas, 736 cruces.
Ellas nos enseñan que la historia no es como nos la manipulan, que el cambio de puestos que proclamó en el magníficat aquella otra mujer a la que también asesinaron su Hijo único es real y nos va a poner a todos en su sitio. María es la primera afiliada de la Fundación por la Dignidad Sagrada de la Persona.
Carlos Ruiz
Misionero del Movimiento Cultural Cristiano. Venezuela
Alfa y Omega

Carta del cardenal arzobispo de Madrid: Haz un mundo acogedor y seguro


Hoy los conflictos surgen y se mantienen en diversas partes de la tierra y el miedo se convierte en escaparate del mundo. ¿No seremos capaces de poner otro?
Cuando el pasado 1 de enero celebrábamos la Jornada Mundial de la Paz, pensaba en cómo decir a todos los hombres, y muy especialmente a los más jóvenes, el modo y la manera de construir un mundo más acogedor y seguro. ¿Por qué? Creo que no es muy difícil ver que el clima que estamos viviendo es de incertidumbre, de sufrimiento para muchos pueblos, de angustia para muchas personas que padecen en su propia carne la falta de acogida y de seguridad. Y recordaba al profesor Julián Marías, cuando decía que amar es que el otro sea tu «proyecto de vida». ¿Estamos dispuestos a vivir así? ¿Qué amor es el que tenemos en nuestro corazón? ¿No será ese amor que no es verdadero, y que nace de nuestras inseguridades e incongruencias, de nuestros egoísmos? ¿No será que no conocemos el amor verdadero y nos convertimos en dictadores que deseamos programar la vida de los otros, porque en el fondo queremos ser iguales a Dios y no ponemos en dinamismo lo que somos: imágenes de Dios?
Estas preguntas me hicieron pensar en el tema del Sínodo próximo que el Papa Francisco propone a la Iglesia y que va a tratar sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Entreguemos a los jóvenes las herramientas con las que se puede construir un mundo acogedor y seguro. No vale cualquier herramienta. No valen ni sirven las construidas por los hombres. Regalemos la experiencia de un Dios que nos ha creado, que se hizo hombre por nosotros, que nos ama incondicionalmente. No regalemos ni propongamos programas. Entreguemos y demos la persona de Jesucristo, rostro verdadero de Dios y del hombre.
Hace un siglo, el mundo se encontraba de lleno en una I Guerra Mundial, se sembraba muerte y dolor en este mundo y surgían totalitarismos que produjeron más división y enfrentamiento, que trajeron otro conflicto mundial. Hemos vivido tiempos de bienestar, pero no hemos logrado corazones que acojan y den la seguridad que necesita el ser humano. Quizá donde hemos querido asentar la paz, la verdad, la libertad y el bienestar, ha sido en dioses de barro. Hoy los conflictos surgen y se mantienen en diversas partes de la tierra. Como dice el Papa Francisco, estamos en una III Guerra Mundial «por partes»… Millones de personas viven en conflictos insensatos y el miedo se convierte en escaparate del mundo: violencias, dramas, emigración. ¿No seremos capaces de poner otro escaparate en este mundo, que dé confianza, acogida y seguridad a los hombres de toda la tierra y muy especialmente a los más pobres y a los que sufren en su propia carne los conflictos?
Os propongo algo atrevido, para algunos insensatos, para otros sin sentido, pero para los que más sufren es la solución de los conflictos: utilicemos el arma de amar. Amemos con el amor mismo de Dios. Amemos haciendo del otro el proyecto de mi vida; amándolo como Dios mismo lo ama. Descubriendo que es una imagen verdadera de Dios que no puedo estropear y utilizar a mi capricho. Los que somos discípulos de Cristo, desarrollemos en plenitud en nuestra vida lo que el Señor en el Bautismo nos regaló como gracia: su Vida, su Santidad. Quienes no lo sois o no conocéis a Cristo, deteneos por un momento viendo lo que Él regaló en su vida, pues eso mismo lo podéis hacer dejándoos llenar de su Vida.
Y ahora entenderás quién es un santo y cómo tú también puedes serlo. Porque un santo es quien acepta vivir la vida desde la santidad que Dios le ha regalado, haciéndosela percibir a los demás. Haz del otro el proyecto de tu vida, como lo hizo Jesús mientras estuvo entre nosotros y lo sigue haciendo ahora dándonos su Vida. A todos los que encontraba por el camino les decía: «¿Qué quieres que haga por ti?». A quien se encontraba tirado lo levantaba, y nos alentaba: «Haz tu lo mismo». A todos nos dice: «Lo mismo que os he amado, hacedlo con los demás siempre».
El santo siempre remite a ser sal y luz del mundo: «Vosotros sois la sal de la tierra» (cfr. Mt 5, 13-16). Hay que ser sal y luz del mundo con la propia existencia. Y se es sal y luz solamente cuando encendemos la vida para iluminar a los demás; damos y ponemos sabor cuando sabemos, actuamos, prolongamos en los otros el sabor que da y engendra Jesucristo. De ahí que la gran tarea que os propongo sea dar rostro con nuestra vida a la acogida y seguridad que solamente Jesucristo da, que supone emprender un seguimiento radical de Cristo, conformarnos con su conducta, mirar con su mirada y escuchar con sus oídos, ampliar nuestro corazón al de sus medidas.
Me impresionan unas palabras de san Basilio, que pueden ser elocuentes para nosotros: «Habiendo desaprovechado un tiempo en vanidades, perdiendo casi toda mi juventud en un trabajo inútil al que me aplicaba para aprender las enseñanzas de una sabiduría que aparecía vana a los ojos de Dios, por fin un día, como si despertase de un sueño profundo, volví mis ojos a la admirable luz de la verdad del Evangelio y me di cuenta de lo inútil que resulta la sabiduría de los príncipes de este mundo que son perecederos» (Epístola 223; PG 32, 824ª). En este mundo hay necesidad de santos. Nuestra historia solamente la cambiarán santos. Ante las situaciones que hoy vivimos, como son las perturbaciones que se dan en la vida pública, de tonos muy diversos; la falta de diálogo, los vacíos de existencia; las incertidumbres sobre el futuro a causa del terrorismo, de la crisis económica, de las guerras, de los enfrentamientos entre los pueblos; las desigualdades que se dan entre países ricos y pobres… Qué importante es centrar la vida humana. Por ello te recuerdo que:
1. Tienes que poner en el centro de tu vida a Jesucristo. Él es el centro vital, absolutamente necesario, al que todas las realidades y acontecimientos deben referirse para que puedan adquirir un sentido y una sólida consistencia.
2. Tienes que descubrir el método para centrar la vida y que esta sea así expresión viva de que en verdad eres luz y sal. Ese método está descubierto, es el de siempre y se manifiesta de manera significativa en tu diálogo con el Señor, en la oración.
3. Tienes que atreverte a ser mensajero de la paz en un mundo roto y dividido, de esa paz que es Cristo mismo. Muestra que eres luz y la das. Muestra que das sabor a todo lo que te rodea. Ten el atrevimiento de significar algo para los demás.
4. Tienes que amar siempre la verdad y buscar el método para encontrarla. Se ama la verdad y se encuentra en la Palabra de Dios, pero no te acerques sin piedad y con la pretensión de querer discutirla.
5. Tienes que mostrar que la fuerza de la razón y de la fe cuando van unidas conducen al conocimiento de la verdad, del amor y de la libertad.
Atrévete a ser santo. Déjate provocar por Jesús, por sus palabras, por su vida, por su mensaje, por sus estrategias de comunión y de fraternidad.
Con gran afecto, os bendice,
+ Carlos Card. Osoro Sierra, arzobispo de Madrid

Un hombre echa semilla y duerme, y la semilla va creciendo sin que él sepa cómo

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 4, 26-34
En aquel tiempo, Jesús decía al gentío:
«El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».
Dijo también:
«¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar a su sombra».
Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.
Palabra del Señor.

jueves, 26 de enero de 2017

Gil Tamayo: "EE.UU. no puede convertirse en un Guantánamo colectivo"

 "EE.UU. no puede convertirse en un Guantánamo colectivo". El secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal, José María Gil Tamayo, lamentó ayer la decisión del nuevo presidente norteamericano, Donald Trump, de construir un muro de separación en la frontera con México y endurecer la llegada de inmigrantes.
"Las civilizaciones que se honran hacen puentes, no muros", recalcó Gil Tamayo, quien defendió la necesida de "acoger a las personas de forma legal, sin política barata de ningún signo", y defendió que "Europa no puede levantar barreras".
Sobre la supuesta violencia de los inmigrantes o refugiados en los países de asilo, el portavoz episcopal denunció que "las armas salen de los países desarrollados y los traficantes de personas. Hay que ser valientes para denunciarlo". Sobre el Estado Islámico, Gil Tamayo recordó que "las primeras víctimas son los propios musulmanes".
En una entrevista en Cope, el secretario general de los obispos habló del pacto educativo, insistiendo en que "hay que buscar el bien en nuestros niños y jóvenes y pensando el futuro de ellos. Un país es según la Educación de sus ciudadanos. Nuestros niveles de desempleo juvenil son insoportables en una sociedad solidaria".
"En la Conferencia Episcopal Española se trabaja al servicio de los obispos. La CEE se crea para ayudar al servicio de la comunión de los obispos para las diócesis", recalcó su portavoz, hablando de la financiación a través del IRPF. "La Iglesia es clara y ha optado por la transparencia porque pedimos para revertir en beneficio de los ciudadanos. Su destinatario es universal, sobre todo, obras sociales y caritativas de la Iglesia. Justo en la crisis se ha demostrado cómo la Iglesia ayuda a los más necesitados", señaló.
Finalmente, y preguntado por los populismos, Gil Tamayo subrayó que "son un fraude a las necesidades verdaderas de los ciudadanos, pues no dan respuesta a los problemas en realidad". "Esto da pie a soluciones simplistas que encandilan. Los populismos son un fraude a las necesidades reales de los ciudadanos. Proponen soluciones simplistas que fracturan", concluyó.
Jesús Bastante

26 de enero: santos Timoteo y Tito, obispos


Timoteo nació en Listra de Licaonia, hijo de padre gentil y de madre judía. Se da por hecho que San Pablo le conoció durante su primera estancia en Listra: allí le bautizó y desde ese momento le hizo partícipe de todos sus viajes por Oriente. San Pablo le dedicó dos cartas, de las que destacan recomendaciones como esta: «Que nadie te desprecie por tu juventud. Muéstrate en todo un modelo para los creyentes, por la palabra, la conducta, la caridad, la pureza y la fe». (1 Tim 4,12).
Y cumplió hasta el final, tanto en la ejemplaridad como en la fidelidad hacia san Pablo: cuando éste le llamó a Roma para que le ayudase en su últimos momentos –sabedor de que su martirio era inevitable y que, además, se sentía abandonado por todos–, Timoteo acudió inmediatamente. San pablo le pidió que siguiese con la predicación y la evangelización, tarea que Timoteo se dedicó con ahínco desde su cargo de obispo de Éfeso, antes de morir –probablemente martirizado– hacia el año 95.
Por lo que respecta a Tito, según la Tradición, san Pablo le llamaba «mi verdadero hijo». Poco se sabe acerca de su nacimiento aunque las investigaciones indican que este podría haber tenido lugar en Antioquía o en Grecia. Sí que consta, en cambio, su presencia junto al Apóstol en el famoso viaje de este último a Jerusalén. Allí, san Pablo se negó a que Tito fuese circuncidado, como símbolo de la de la libertad en relación con la Ley Mesiánica, ganada por Jesucristo para los gentiles. El mismo san Pablo, de paso por Creta, le escribió allí su carta, un documento de gran importancia para entender la vida interna de la Iglesia en aquella época.
J.M. Ballester Esquivias (@jmbe12)

Catequesis completa del papa Francisco


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Entre las figuras de las mujeres que el Antiguo Testamento nos presenta, resalta aquella de una gran heroína del pueblo: Judit. El Libro bíblico que lleva su nombre narra la grandiosa campaña militar del rey Nabucodonosor, el cual, reinando en Nínive, expande los límites del imperio derrotando y conquistando a todos los pueblos de su alrededor. El lector entiende que se encuentra ante un gran e invencible enemigo que está sembrando muerte y destrucción y que llega hasta la Tierra Prometida, poniendo en peligro la vida de los hijos de Israel.
El ejército de Nabucodonosor, de hecho, bajo la guía del general Holofernes, sitió una ciudad de Judea, Betulia, cortando las reservas de agua y debilitando así la resistencia de la población.
La situación se vuelve dramática, al punto que los habitantes de la ciudad se dirigen a los ancianos pidiendo rendirse ante los enemigos. Sus palabras son desesperadas: «Ya no hay nadie que pueda auxiliarnos, porque Dios nos ha puesto en manos de esa gente para que desfallezcamos de sed ante sus ojos y seamos totalmente destruidos. Han llegado a decir esto: “Dios nos ha abandonado”; la desesperación era grande en esa gente. Llámenlos ahora mismo y entreguen la ciudad como botín a Holofernes y a todo su ejército» (Jdt 7,25-26). El fin parece inevitable, la capacidad de confiar en Dios se ha terminado – la capacidad de confiar en Dios se ha terminado. Y cuantas veces nosotros llegamos a situaciones extremas donde no sentimos ni siquiera la capacidad de tener confianza en el Señor. Es una fea tentación. Y, paradójicamente, parece que, para huir de la muerte, no queda más que entregarse en manos de quien asesina. Ellos saben que estos soldados entraran a saquear la ciudad, a tomar a las mujeres como esclavas y luego matar a todos los demás. Esto es justamente “lo extremo”.
Y ante tanta desesperación, el jefe del pueblo intenta proponer un motivo de esperanza: resistir todavía cinco días, esperando la intervención salvífica de Dios. Pero es una esperanza débil, que les hace concluir: «Si transcurridos estos días, no nos llega ningún auxilio, entonces obraré como ustedes dicen» (7,31). Pobre hombre: no tenía salida. Cinco días les son concedidos a Dios – y está aquí el pecado – cinco días les son concedidos a Dios para intervenir; cinco días de espera, pero ya con la perspectiva del final. Conceden cinco días a Dios para salvarlos, pero saben que no tienen confianza, esperan lo peor. En realidad, ninguno más, entre el pueblo, es todavía capaz de esperar. Estaban desesperados.
Es en esta situación que aparece en escena Judit. Viuda, mujer de gran belleza y sabiduría, ella habla al pueblo con el lenguaje de la fe. Valiente, reprocha en la cara al pueblo diciendo: «Ustedes ponen a prueba al Señor todopoderoso, […]. No, hermanos; cuídense de provocar la ira del Señor, nuestro Dios. Porque si él no quiere venir a ayudarnos en el término de cinco días, tiene poder para protegernos cuando él quiera o para destruirnos ante nuestros enemigos. […]. Por lo tanto, invoquemos su ayuda, esperando pacientemente su salvación, y él nos escuchará si esa es su voluntad» (8,13.14-15.17). Es el lenguaje de la esperanza. Toquemos la puerta del corazón de Dios, Él es Padre, Él puede salvarnos. Esta mujer, viuda, arriesga de quedar mal ante los demás. ¡Pero es valiente! ¡Va adelante! Esta es mi opinión: las mujeres son más valientes que los hombres.
Y con la fuerza de un profeta, Judit convoca a los hombres de su pueblo para conducirlos a la confianza en Dios; con la mirada de un profeta, ella ve más allá del estrecho horizonte propuesto por los jefes y del miedo que lo hace aún más limitado. Dios actuará ciertamente – ella lo afirma – mientras la propuesta de los cinco días de espera es un modo para tentarlo y para someterse a su voluntad. El Señor es Dios de salvación – y ella lo cree –, cualquier forma esa tome. Es salvación librar de los enemigos y hacer vivir, pero, en sus planes impenetrables, puede ser salvación también entregar a la muerte. Mujer de fe, ella lo sabe. Luego conocemos el final, como terminó la historia: Dios salva.
Queridos hermanos y hermanas, no pongamos jamás condiciones a Dios y dejemos en cambio que la esperanza venza nuestros temores. Confiar en Dios quiere decir entrar en sus designios sin ninguna pretensión, también aceptando que su salvación y su ayuda lleguen a nosotros de modos distintos a nuestras expectativas. Nosotros pedimos al Señor vida, salud, afectos, felicidad; y es justo hacerlo, pero con la conciencia que Dios sabe traer vida también de la muerte, que se puede experimentar la paz también en la enfermedad, y que puede haber serenidad también en la soledad y alegría también en el llanto. No somos nosotros los que podemos enseñar a Dios aquello que debe hacer, de lo que nosotros tenemos necesidad. Él lo sabe mejor que nosotros, y debemos confiar, porque sus vías y sus pensamientos son distintos a los nuestros.
El camino que Judit nos indica es aquel de la confianza, de la espera en la paz, de la oración y de la obediencia. Es el camino de la esperanza. Sin fáciles resignaciones, haciendo todo lo que está en nuestras posibilidades, pero siempre permaneciendo en el surco de la voluntad del Señor, porque – lo sabemos – ha orado mucho, ha hablado al pueblo y después, valiente, se ha ido, ha buscado el modo para acercarse al jefe del ejército y ha logrado cortarle la cabeza, decapitarlo. Es valiente en la fe y en las obras. Y busca siempre al Señor. Judit, de hecho, tiene un plan, lo actúa con suceso y lleva al pueblo a la victoria, pero siempre en la actitud de fe de quien todo acepta de la mano de Dios, segura de su bondad.
Así, una mujer llena de fe y de valentía devuelve la fuerza a su pueblo en peligro mortal y lo conduce sobre la vía de la esperanza, indicándolo también a nosotros. Y nosotros, si hacemos un poco de memoria, cuántas veces hemos escuchado palabras sabias, valientes, de personas humildes, de mujeres humildes que uno piensa que – sin despreciarlas – fueran ignorantes. Pero son palabras de la sabiduría de Dios. Las palabras de las abuelas. Cuantas veces las abuelas saben decir la palabra justa, la palabra de esperanza, porque tienen la experiencia de la vida, han sufrido mucho, se han encomendado a Dios y el Señor les da este don de darnos consejos de esperanza. Y, recorriendo esas vías, será alegría y luz pascual encomendarse al Señor con las palabras de Jesús: «Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42). Y esta es la oración de la sabiduría, de la confianza y de la esperanza.
Traducción del italiano: Renato Martinez/Radio Vaticano

«Judit nos enseña que, ante la dificultad y el dolor, el camino a seguir es el de la confianza en Dios»



El Papa ha afirmado que, desde su punto de vista, «las mujeres son más valientes que los hombres», al reflexionar durante la audiencia general de este miércoles sobre la figura de Judit, a la que ha definido como una persona de «gran belleza y sabiduría que habló al pueblo con el lenguaje de la fe».
«La valiente Judit –ha recordado durante la Audiencia General– se acercó al jefe del ejército y logró cortarle la cabeza, decapitarle. Fue valiente en la fe y en sus obras», ha referido en relación a Santa Juditheroína israelita del Antiguo Testamento.
Francisco ha aseverado que ella es el reflejo de una mujer «llena de fe y de valor, capaz de orientar a los hombres y mujeres de su tiempo, que se enfrentaban a una situación límite y desesperada, hacia la verdadera esperanza en Dios».
Así, ha puesto a Judit de ejemplo ante miles de fieles reunidos en el Aula Pablo VI del Vaticano a los que les ha invitado a mirar más allá de las cosas del aquí y el ahora y descubrir que Dios es un Padre bueno que sabe todo lo que le hace falta a los hombres, mejor que los propios hombres.
«Si hacemos algo de memoria cuántas veces hemos escuchado palabras sabias, valientes de personas humildes, de mujeres humildes, que uno piensa, sin despreciarlas, que son ignorantes. Pero son palabras de la sabiduría de Dios», ha afirmado.
Así, también ha aprovechado la catequesis para referirse a las abuelas, de las que ha destacado que «saben decir la palabra justa, la palabra de la esperanza, porque tienen la experiencia de la vida, han sufrido tanto». «Confiaron en Dios y el Señor les da este don de darnos este consejo de esperanza», ha agregado.
«Judit nos enseña que, ante las situaciones difíciles y dolorosas, el camino a seguir es el de la confianza en Dios, y nos invita a recorrerlo con paz, oración y obediencia, haciendo también todo lo que esté en nuestra mano para superar estas situaciones, pero reconociendo siempre y en todo la voluntad del Señor», ha concluido.
Agencias

Salió el sembrador a sembrar


Lectura del santo Evangelio según san Marcos 4, 1-20
En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al mar. Acudió un gentío tan enorme, que tuvo que subirse a una barca y, ya en el mar, se sentó; y el gentío se quedó en tierra junto al mar.
Les enseñaba muchos cosas con parábolas y les decía instruyéndoles:
«Escuchad: salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; los abrojos crecieron, lo ahogaron, y no dio grano. El resto cayó en tierra buena: nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno».
Y añadió:
«El que tenga oídos para oír, que oiga».
Cuando se quedó a solas, los que lo rodeaban y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas.
Él les dijo:
«A vosotros se os ha dado el misterio del reino de Dios; en cambio a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que “por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados"».
Y añadió:
«¿No entendéis esta parábola? ¿Pues, cómo vais a conocer todas las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero, en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso; son los que al escuchar la palabra enseguida la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes y, cuando viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumben. Hay otros que reciben la semilla entre abrojos; éstos son los que escuchan la palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la semilla en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno».
Palabra del Señor.

Conclusión de la semana de oración por la Unidad de los cristianos

Fiesta de la Conversión de san Pablo, apóstol. Comentario de san Agustín.



El perseguidor transformado en predicador

      Desde lo alto del cielo la voz de Cristo derribó a Saulo: recibió la orden de no proseguir sus persecuciones, y cayó rostro en tierra. Era necesario que primeramente fuera abatido, y seguidamente levantado; primero golpeado, después curado. Porque jamás Cristo hubiera podido vivir en él si Saulo no hubiera muerto a su antigua vida de pecado. Una vez derribado en tierra ¿qué es lo que oye? «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Te es duro dar coces contra el aguijón." (Hch 26,14). Y él respondió: «¿Quién eres, Señor?». Y la voz de lo alto prosiguió: «Yo soy Jesús de Nazaret a quien tú persigues». Los miembros están todavía en la tierra, es la cabeza que grita desde lo alto del cielo; no dice: «¿Por qué persigues a mis siervos?» sino «¿por qué me persigues?»

      Y Pablo, que ponía todo su furor en perseguir, se dispone a obedecer: «¿Qué quieres que haga?» El perseguidor es transformado en predicador, el lobo se cambia en cordero, el enemigo en defensor. Pablo aprende qué es lo que debe hacer: si se quedó ciego, si le fue quitada la luz del mundo por un tiempo, fue para hacer brillar en su corazón la luz interior. Al perseguidor se le quitó la luz para devolvérsela al predicador; en el mismo momento en que no veía nada de este mundo, vio a Jesús. Es un símbolo para los creyentes: los que creen en Cristo deben fijar sobre él la mirada de su alma sin entretenerse en las cosas exteriores... 

      Saulo fue conducido a Ananías; el lobo devastador es llevado hasta la oveja. Pero el Pastor que desde lo alto del cielo lo conduce todo le asegura: «No temas. Yo le voy a descubrir todo lo que tendrá que sufrir a causa de mi nombre» (Hch 9,16). ¡Qué maravilla! El lobo cautivo es conducido hasta la oveja... El Cordero, que muere por las ovejas le enseña a no temer.