sábado, 7 de enero de 2017

Polonia: la asistencia a la misa dominical aumenta de casi el 40 por ciento



El porcentaje de personas que participan en la misa dominical en Polonia, aumentó de casi el 40 por ciento en el 2015 en comparación con el año anterior, con un incremento de las personas que comulgan de un 17 por ciento. Los datos se basan en un estudio realizado en el país de san Juan Pablo II, por el Instituto de Estadísticas de la Iglesia Católica.
Polonia tiene una de las redes de parroquias mejor estructuradas del mundo católico. El número de religiosos que trabajan en las parroquias ha sido relativamente estable desde 1972 y asciende a alrededor del 7%.
En 2015, unos 28.800 sacerdotes participaban en las actividades pastorales en parroquias católicas polacas, mientras que el número de religiosas que trabajaban allí eran unas 7 mil.
A pesar de todo este renacer, no ha habido un aumento de las vocaciones, aunque se espera una inversión de tendencia en el futuro.
El motivo de estos resultados no es analizado en la encuesta encargada por los obispos, pero el ‘efecto papa Francisco’ y eventos como la canonización del papa Juan Pablo II el 27 de abril de 2014, y la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud realizada en el 2016, podrían estar en la raíz del mismo.
La forma del catolicismo polaco está determinada por la actividad religiosa del laicado, que representa un elemento importante del compromiso social de los polacos. En 2014, más de 60 mil organizaciones parroquiales, con 2,5 millones de personas, estaban activas en Polonia.
Además de las actividades de las organizaciones parroquiales de la Iglesia Católica, hay cerca de 1.800 instituciones sociales católicas dinámicas como escuelas o hospicios. Aproximadamente la mitad de ellas trabajan en beneficio de niños y adolescentes. Junto a estas organizaciones, se presta apoyo a los ancianos, a los pobres y a los discapacitados.
Por su parte la oficina de comunicación de la Conferencia Episcopal señala que “un elemento importante del catolicismo polaco es su espiritualidad mariana caracterizada por su gran diversidad y riqueza de formas, prácticas y costumbres”. En particular precisa, “sobre la base de los datos, se puede decir que hay tres formas básicas de devoción mariana en Polonia: el rosario, las devociones de mayo y la devoción a la Virgen de Fátima”.
Zenit

Cristianismo y familia



La celebración de la Navidad es también la exaltación de la familia, raíz de la vida social del hombre, garantía de su formación emocional, referencia imprescindible de nuestra existencia cuando el mundo tiembla a nuestro lado
La Navidad celebra el nacimiento de Cristo. Es momento para alabar aquel instante supremo en que el hombre recuperó la posibilidad de su salvación, y el modo en que la idea de Redención se vinculó para siempre con su libertad y dignidad, lejos del determinismo de la naturaleza, del consuelo ilusorio de la mitología y de la desesperada carencia de razones para habitar la tierra. Celebramos, por tanto, un nuevo comienzo, que se inserta en el origen mismo de nuestra civilización y proporciona sentido de eternidad a nuestro tiempo, universalidad a nuestra vida, espiritualidad a nuestra condición biológica y vinculación inextinguible a los fundamentos morales de nuestra existencia como hijos de Dios.
Sin embargo, hay algo que, casi sin apreciarlo, no dejamos de celebrar, de representar en escenarios teatrales, de fabricar en delicadas arquitecturas hogareñas, de colocar en las plazas y esquinas, en recintos escolares y jardines urbanos: la familia de Jesús, plenamente constituida en un humilde establo del villorrio de Belén. Porque Jesús no fue revelado, como ocurre en los mitos paganos o en las leyendas religiosas de la antigüedad, a través de una fuerza de la naturaleza. No se desprendió de una roca, ni brotó de un árbol, ni cobró forma en una lluvia colérica ante los ojos asombrados y afligidos de unos seres que asistían a una muestra más del poder absoluto de sus dioses.
La familia como refugio
La Verdad luminosa de Cristo empezó por donde siempre comienza la Revelación: por el milagro y la humildad, no por la magia y la humillación. Jesús no entró en el mundo de los hombres. Jesús se hizo hombre. María fue inspirada por el aliento de Dios: el Espíritu Santo fecundó su cuerpo inmaculado. Realidad del acto de la Encarnación, pero también metáfora maravillosa de la presencia del Creador en el arranque de toda vida humana. Jesús se formó en el vientre de María, nació con dolor y llanto, y fue acogido con ternura infinita por sus padres. Hijo del hombre, Dios encarnado, estrenaba su vida en aquel estado de debilidad y completa inocencia común a sus hermanos. El niño Jesús, protegido del frío por José y por María, venerado como Dios, amado como hombre, síntesis singular e irrepetible, milagro constante sostenido en una hora excepcional, cuyo poder simbólico y cuya enseñanza profunda nos alcanzan a más de 2.000 años de distancia.
La celebración de la Navidad es también la exaltación de la familia. En estos momentos de crisis, la familia ha mostrado que es raíz inexcusable de la vida social del hombre, garantía de su formación emocional, fuente de recios valores que protegen y orientan la trayectoria de cada individuo, referencia imprescindible de nuestra existencia, solidez a la que nos acogemos cuando el mundo tiembla a nuestro lado.
En los peores trances de este ciclo económico aterrador, la familia no ha dejado de ser ámbito de consuelo, de protección, de sustancia inalterable ante los vaivenes de la fortuna. Ha ayudado del modo más elemental, paliando circunstancias de sufrimiento económico. Pero ha ofrecido otro tipo de consuelo, junto al indispensable refugio para las penalidades materiales. Ha dado fe de una comunidad íntima, nuclear, sobre la que se trama e inspira toda forma de socialización.
Devastadora banalidad
España ha pasado, como todo Occidente, por un devastador periodo de banalidad, de despreocupación y pérdida de sustancia moral. Ha residido en una jovial ausencia de principios, en una constante improvisación de frivolidades, en un permanente abandono de tradiciones a las que se achacaba caducidad, cuando no oscurantismo. La ignorancia que se ha adueñado de nuestro mundo, el desprecio inaudito por nuestra cultura y la insolencia de querer actuar como si nuestras raíces colectivas fueran obstáculo para nuestra libertad individual, han arremetido con especial saña contra la familia. No ha habido aspecto alguno de esta que no haya sido impugnado. La función educativa de los padres, la preservación de la vida concebida, la fidelidad de los esposos como prenda de un amor que se arriesga a cualquier sacrificio, la unión prometida más allá de las enfermedades, de la pobreza, del cansancio nervioso o de la comodidad superficial, son mucho más que un contrato administrativo.
En momentos en que la injusticia, la violencia, la miseria y el fanatismo golpean este siglo, una Verdad permanente parece reiterar la imagen de Jesús, niño y Dios acunado por María, hombre y Dios velado por José. Una Verdad que asoma cuando, interrumpiendo por unas horas el desorden del mundo, una familia se reúne junto al pesebre para cantar su alegría por estar juntos, su indomable resistencia a la adversidad. Para afirmar su fe en aquella familia de Belén que, en el principio de nuestra era, proyectaba una escena inmortal que nos ilumina, un destino eterno que nos justifica.
Fernando García de Cortázar, SJ
Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Deusto

«La Iglesia no debe encerrarse en sí misma, sino salir a los hombres»



«Dice usted cosas muy lindas, siga en esa línea», le dijo el Papa durante un encuentro en el Vaticano a Francisco Simón Comesa, que será ordenado el sábado obispo en Menorca
Ni se imaginaba Francisco Simón Conesa (Elche, 1961) cuando era monaguillo en la parroquia de San Agatángelo de Elche o cuando acompañaba a sus padres a las convivencias que estos impartían a grupos de matrimonios, que llegaría a ser un sucesor de los apóstoles. Gracias al testimonio y la transmisión de la fe de sus padres, descubrió a Dios y encontró su vocación como sacerdote. Su vida, como insiste, es para servir. Primero lo hizo como vicario parroquial, párroco y vicario general y, ahora, como obispo de Menorca. Será ordenado este sábado de manos del cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, en una celebración en la que también estarán presentes, entre otros, el nuncio del Papa en España, Renzo Fratini, y el obispo de Orihuela-Alicante, Jesús Murgui.
¿Se esperaba el nombramiento? ¿Cómo reaccionó cuando se lo comunicaron?
No me lo esperaba de ninguna manera. Fue una enorme sorpresa y me generó sentimientos contradictorios. Por una parte, uno se da cuenta de la propia debilidad, de que lo que le han encargado le supera. Y, por otra parte, sentí una gran gratitud a la Iglesia, a la comunidad que he servido hasta ahora y a Dios por haberme elegido para este ministerio. Siento dejar la comunidad en la que estaba, pero también tengo ilusión por emprender una nueva tarea, que es fruto de la gracia de Dios, ya que uno no puede solo con sus propias fuerzas.
En la carta que dirigió a sus nuevos diocesanos, habla con mucho cariño de sus padres.
Muchas personas que los conocieron en vida me recuerdan quiénes eran mis padres: personas sencillas y trabajadoras, con una dedicación y amor a la familia muy grande. Y de una fe profunda. Siempre participaron de la vida de su parroquia, en equipos de matrimonios, impartiendo cursillos prematrimoniales… Tengo muchos recuerdos de pequeño en las convivencias de mis padres. Sé que ellos estarán muy contentos y acompañándome en estos momentos.
Supongo que le ayudará haber sido vicario general 16 años…
Tengo mucho que agradecer a los tres obispos con los que he sido vicario general en Orihuela-Alicante. Conocí con profundidad la diócesis, a los sacerdotes, las parroquias. Es un bagaje que me será útil.
También tiene experiencia en el trabajo pastoral en parroquias.
Siempre he trabajado como vicario en parroquias a excepción de estos tres últimos años en los que he sido párroco de la basílica de Santa María de Elche. He disfrutado mucho con la vida parroquial, el contacto con la gente, los grupos y las distintas iniciativas pastorales. Es una experiencia que me llevo a Menorca.
¿Cómo se presenta a esta pequeña diócesis insular?
Yo voy para caminar con esa Iglesia. Uno tiene un ritmo y unos orígenes, pero ahora me tengo que adaptar al rito de ellos, contando con los sacerdotes, laicos… para discernir qué pide el Señor a la Iglesia de Menorca, hacia dónde debemos caminar. Es un proceso que tenemos que hacer todos juntos. Llego también, como dice mi lema episcopal, como servidor de vuestra alegría (Adiutor gaudii vestri), para ayudar en la medida de mis posibilidades a que aquella comunidad cristiana crezca haciendo presente a Jesucristo a las gentes de Menorca.
Usted habla de una Iglesia de puertas abiertas.
La Iglesia no puede cerrarse en sí misma, porque cuando lo hace pierde su misión e identidad. Para la Iglesia es clave salir a ofrecer a Cristo y, por ello, tiene que andar preocupada por cómo lo puede llevar a cabo. Se trata, en definitiva, de abrir las puertas, salir a los hombres y dejar que la gente conozca a Jesucristo.
¿Ha podido visitar ya la diócesis?
Estuve un par de días. Me reuní con los sacerdotes, en torno a 30, que viven una realidad hermosa y sencilla. La ventaja que voy a tener es que podré mantener un contacto muy cercano con el clero, con los dos monasterios que hay y con los fieles, entre otros.
Como Orihuela-Alicante, Menorca es una diócesis que recibe mucho turismo. ¿Será una dimensión que cuidar?
Por supuesto, tenemos que trabajar en este aspecto, así como en la dimensión ecuménica, que también es importante. Pero hay otra coincidencia más, pues algunas poblaciones de Menorca se dedican al calzado como Elche, mi ciudad. Hay una confluencia entre los dos lugares.
Cuando estuvo con el Papa Francisco, ¿le dijo algo en especial?
El encuentro con el Papa fue extraordinario. Fue tras una audiencia general, me presenté como obispo electo de Menorca y me contestó que había leído declaraciones mías que le habían gustado. «Qué cosas más lindas dice, siga usted en esa línea», me dijo. Fue un encuentro muy cordial y salí muy reconfortado.
Fran Otero @franoterof

Está cerca el reino de los cielos



Lectura del santo evangelio según San Mateo 4, 12-17. 23-25

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea.
Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curó.
Y lo seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.
Palabra del Señor.

viernes, 6 de enero de 2017

Los cristianos coptos egipcios celebran su Navidad bajo extrema vigilancia



Los cristianos coptos egipcios celebran su Navidad bajo fuertes medidas de seguridad alrededor de los lugares sagrados, con el recuerdo del ataque perpetrado el pasado 11 de diciembre durante una misa en la iglesia de San Pedro, en el centro de El Cairo, que causó 28 muertos.
El periódico independiente egipcio "Al Masry al Youm" indicó hoy que la Catedral copta de San Marcos, complejo del que forma parte la iglesia donde se perpetró el ataque en el barrio de Al Abasiya, está sometida desde ayer a fuertes medidas de seguridad por la misa de Navidad, prevista para esta noche.
El acto religioso estará presidido por el Papa Teodoro II y al mismo asistirán tanto responsables gubernamentales como personalidades públicas, anunció el rotativo.
Además, la policía intensificó su presencia alrededor de las templos sagrados ubicados en la provincia de Suez (este), indicó la agencia de noticias MENA.
El jefe de seguridad de la provincia de Kafr el Sheij, Sameh Muslim, declaró a MENA que han utilizado las tecnologías más avanzadas para garantizar que todo transcurra en calma.

El gran jeque de Al Azhar, la institución más prestigiosa del islam suní, Ahmed al Tayeb, y otros grandes ulemas asistirán a la misa para felicitar al Papa Teodoro II y a todos los cristianos coptos por la festividad.
El periódico oficial "Al Ahram" explicó que la visita a la catedral por las figuras musulmanas en Egipto se producirá después de que "en las redes difundieran rumores de que el islam prohíbe la participación de los musulmanes en las celebraciones de la Navidad cristiana".
Los ulemas de Al Azhar condenaron esa afirmación y aseguraron lo contrario: "Compartir la felicidad con los cristianos es un deber religioso de todas las religiones monoteístas".
(RD/Agencias)

EVANGELIO DE HOY: LOS REYES MAGOS ADORAN AL NIÑO JESÚS










Evangelio según San Mateo 2,1-12. 

Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: "¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo". 

Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. 

Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. 

"En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel". 

Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: 

"Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje". 

Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. 

Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, 
y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. 

Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino. 

Lograron ver lo que el cielo les mostraba porque estaban abiertos a la novedad, dijo el Papa de los magos de Oriente el 6 de enero

«¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella y hemos venido a adorarlo» (Mt 2,2).
Con estas palabras, los magos, venidos de tierras lejanas, nos dan a conocer el motivo de su larga travesía: adorar al rey recién nacido. Ver y adorar, dos acciones que se destacan en el relato evangélico: vimos una estrella y queremos adorar.
Estos hombres vieron una estrella que los puso en movimiento. El descubrimiento de algo inusual que sucedió en el cielo logró desencadenar un sinfín de acontecimientos. No era una estrella que brilló de manera exclusiva para ellos, ni tampoco tenían un ADN especial para descubrirla. Como bien supo decir un padre de la Iglesia, «los magos no se pusieron en camino porque hubieran visto la estrella, sino que vieron la estrella porque se habían puesto en camino» (cf. San Juan Crisóstomo). Tenían el corazón abierto al horizonte y lograron ver lo que el cielo les mostraba porque había en ellos una inquietud que los empujaba: estaban abiertos a una novedad.
Los magos, de este modo, expresan el retrato del hombre creyente, del hombre que tiene nostalgia de Dios; del que añora su casa, la patria celeste. Reflejan la imagen de todos los hombres que en su vida no han dejado que se les anestesie el corazón.
La santa nostalgia de Dios brota en el corazón creyente pues sabe que el Evangelio no es un acontecimiento del pasado sino del presente. La santa nostalgia de Dios nos permite tener los ojos abiertos frente a todos los intentos reductivos y empobrecedores de la vida. La santa nostalgia de Dios es la memoria creyente que se rebela frente a tantos profetas de desventura. Esa nostalgia es la que mantiene viva la esperanza de la comunidad creyente la cual, semana a semana, implora diciendo: «Ven, Señor Jesús».
Precisamente esta nostalgia fue la que empujó al anciano Simeón a ir todos los días al templo, con la certeza de saber que su vida no terminaría sin poder acunar al Salvador. Fue esta nostalgia la que empujó al hijo pródigo a salir de una actitud de derrota y buscar los brazos de su padre. Fue esta nostalgia la que el pastor sintió en su corazón cuando dejó a las noventa y nueve ovejas en busca de la que estaba perdida, y fue también la que experimentó María Magdalena la mañana del domingo para salir corriendo al sepulcro y encontrar a su Maestro resucitado. La nostalgia de Dios nos saca de nuestros encierros deterministas, esos que nos llevan a pensar que nada puede cambiar. La nostalgia de Dios es la actitud que rompe aburridos conformismos e impulsa a comprometernos por ese cambio que anhelamos y necesitamos. La nostalgia de Dios tiene su raíz en el pasado pero no se queda allí: va en busca del futuro. Al igual que los magos, el creyente «nostalgioso» busca a Dios, empujado por su fe, en los lugares más recónditos de la historia, porque sabe en su corazón que allí lo espera su Señor. Va a la periferia, a la frontera, a los sitios no evangelizados para poder encontrarse con su Señor; y lejos de hacerlo con una postura de superioridad lo hace como un mendicante que no puede ignorar los ojos de aquel para el cual la Buena Nueva es todavía un terreno a explorar.
Como actitud contrapuesta, en el palacio de Herodes ―que distaba muy pocos kilómetros de Belén―, no se habían percatado de lo que estaba sucediendo. Mientras los magos caminaban, Jerusalén dormía. Dormía de la mano de un Herodes quien lejos de estar en búsqueda también dormía. Dormía bajo la anestesia de una conciencia cauterizada. Y quedó desconcertado. Tuvo miedo. Es el desconcierto que, frente a la novedad que revoluciona la historia, se encierra en sí mismo, en sus logros, en sus saberes, en sus éxitos. El desconcierto de quien está sentado sobre su riqueza sin lograr ver más allá. Un desconcierto que brota del corazón de quién quiere controlar todo y a todos. Es el desconcierto del que está inmerso en la cultura del ganar cueste lo que cueste; en esa cultura que sólo tiene espacio para los «vencedores» y al precio que sea. Un desconcierto que nace del miedo y del temor ante lo que nos cuestiona y pone en riesgo nuestras seguridades y verdades, nuestras formas de aferrarnos al mundo y a la vida. Y Herodes tuvo miedo, y ese miedo lo condujo a buscar seguridad en el crimen: «Necas parvulos corpore, quia te necat timor in corde» (San Quodvultdeus, Sermo 2 sobre el símboloPL, 40, 655).
Queremos adorar. Los hombres de Oriente fueron a adorar, y fueron a hacerlo al lugar propio de un rey: el Palacio. Allí llegaron ellos con su búsqueda, era el lugar indicado: pues es propio de un rey nacer en un palacio, y tener su corte y súbditos. Es signo de poder, de éxito, de vida lograda. Y es de esperar que el rey sea venerado, temido y adulado, sí; pero no necesariamente amado. Esos son los esquemas mundanos, los pequeños ídolos a los que le rendimos culto: el culto al poder, a la apariencia y a la superioridad. Ídolos que solo prometen tristeza y esclavitud.
Y fue precisamente ahí donde comenzó el camino más largo que tuvieron que andar esos hombres venidos de lejos. Ahí comenzó la osadía más difícil y complicada. Descubrir que lo que ellos buscaban no estaba en el palacio sino que se encontraba en otro lugar, no sólo geográfico sino existencial. Allí no veían la estrella que los conducía a descubrir un Dios que quiere ser amado, y eso sólo es posible bajo el signo de la libertad y no de la tiranía; descubrir que la mirada de este Rey desconocido ―pero deseado― no humilla, no esclaviza, no encierra. Descubrir que la mirada de Dios levanta, perdona, sana. Descubrir que Dios ha querido nacer allí donde no lo esperamos, donde quizá no lo queremos. O donde tantas veces lo negamos. Descubrir que en la mirada de Dios hay espacio para los heridos, los cansados, los maltratados y abandonados: que su fuerza y su poder se llama misericordia. Qué lejos se encuentra, para algunos, Jerusalén de Belén.
Herodes no puede adorar porque no quiso y no pudo cambiar su mirada. No quiso dejar de rendirse culto a sí mismo creyendo que todo comenzaba y terminaba con él. No pudo adorar porque buscaba que lo adorasen. Los sacerdotes tampoco pudieron adorar porque sabían mucho, conocían las profecías, pero no estaban dispuestos ni a caminar ni a cambiar.
Los magos sintieron nostalgia, no querían más de lo mismo. Estaban acostumbrados, habituados y cansados de los Herodes de su tiempo. Pero allí, en Belén, había promesa de novedad, había promesa de gratuidad. Allí estaba sucediendo algo nuevo. Los magos pudieron adorar porque se animaron a caminar y postrándose ante el pequeño, postrándose ante el pobre, postrándose ante el indefenso, postrándose ante el extraño y desconocido Niño de Belén descubrieron la Gloria de Dios.
(from Vatican Radio)

El Papa en el Ángelus: “Sigamos la verdadera estrella que es Jesús”

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy, celebramos la Epifanía del Señor, es decir, la manifestación de Jesús que resplandece como luz para todas las gentes. Símbolo de esta luz que brilla en el mundo y quiere iluminar la vida de cada uno es la estrella, que guio a los Magos a Belén. Ellos, dice el Evangelio, vieron  «su estrella en Oriente» (Mt 2,2) y decidieron seguirla: decidieron dejarse guiar por la estrella de Jesús.
También en nuestra vida existen diversas estrellas, luces que brillan y orientan. Depende de nosotros elegir a cuál de ellas seguir. Por ejemplo, hay luces intermitentes, que van y vienen, como las pequeñas satisfacciones de la vida: a pesar de ser buenas, no son suficientes, porque duran poco y no dejan la paz que buscamos. Luego, están las luces enceguecedoras, del dinero y del suceso, que prometen todo y enseguida: son seductoras, pero con su fuerza enceguecen y hacen pasar de los sueños de gloria a la oscuridad más densa. Los Magos, en cambio, invitan a seguir una luz estable, una luz gentil, que no se apaga, porque no es de este mundo: viene del cielo y resplandece. ¿Dónde? En el corazón.
Esta luz verdadera es la luz del Señor, o mejor dicho, es el Señor mismo. Él es nuestra luz: una luz que no enceguece, pero acompaña y dona una alegría única. Esta luz es para todos y llama a cada uno: podemos escuchar así la hodierna invitación dirigida a nosotros por el profeta Isaías:  ¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz» (60,1). Así decía Isaías, profetizando esta alegría de hoy en Jerusalén: “Levántate, revístete de luz”. Al inicio de cada día podemos acoger esta invitación: ¡levántate, vístete de luz, sigue hoy, entre tantas estrellas fugaces del mundo, la estrella luminosa de Jesús! Siguiéndola, tendremos alegría, como sucedió a los Magos, que «cuando vieron la estrella se llenaron de alegría» (Mt 2,10); porque donde esta Dios hay alegría. Quien ha encontrado a Jesús ha experimentado el milagro de la luz que rompe las tiniebla y conoce esta luz que ilumina y resplandece. Quisiera, con mucho respeto, invitar a no tener miedo de esta luz y a abrirse al Señor. Sobre todo quisiera decir a quien ha perdido la fuerza de buscar, y está cansado, a quien, afanado por la oscuridad de la vida, ha apagado el deseo: “¡Levántate, ánimo, la luz de Jesús sabe vencer las tinieblas más oscuras; levántate, ánimo!”.
Y ¿cómo encontrar esta luz divina? Sigamos el ejemplo de los Magos, que el Evangelio describe siempre en movimiento. Quien desea la luz, de hecho, sale de sí y busca: no se queda cerrado, firme a ver qué cosa sucede al su alrededor, sino pone en juego su propia vida; sale de sí. La vida cristiana es un camino continuo, hecho de esperanza, hecho de búsqueda; un camino que, como aquel de los Magos, prosigue incluso cuando la estrella desaparece momentáneamente de la vista. En este camino hay también engaños que se deben evitar: las habladurías superficiales y mundanas, que frenan el paso; los caprichos paralizantes del egoísmo; los agujeros del pesimismo, que envuelven a la esperanza. Estos obstáculos bloquearon a los escribas, del cual habla el Evangelio de hoy. Ellos sabían dónde estaba la luz, pero no se movieron. Cuando Herodes les pregunto: ¿Dónde nacerá el Mesías? En Belén. Sabían dónde, pero no se movieron. Su conocimiento ha sido en vano: sabían tantas cosas, pero para nada, todo en vano. No basta saber que Dios ha nacido, si no se hace con Él Navidad en el corazón. Dios ha nacido, sí, pero ¿Ha nacido en tú corazón? ¿Ha nacido en mí corazón? ¿Ha nacido en nuestro corazón? Y así lo encontraremos, como los magos, con María y José en la gruta.
Los Magos lo han hecho: encontraron al Niño, «se arrodillaron y adoraron» (v. 11). No lo vieron solamente, no dijeron solo una oración circunstancial y se fueron, no, sino lo adoraron: entraron en una comunión personal de amor con Jesús. Luego le donaron oro, incienso y mirra, es decir, sus bienes más preciosos. Aprendamos de los Magos a no dedicar a Jesús solo los restos de tiempo y algún pensamiento de vez en cuando, de lo contrario no tendremos su luz. Como los Magos, pongámonos en camino, revistámonos de luz siguiendo la estrella de Jesús, y adoremos al Señor con todo nuestro ser.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

jueves, 5 de enero de 2017

Cáritas, CONFER y Justicia y Paz reclaman una política de fronteras que evite "la inhumanidad del alambre"



Las entidades de acción social de la Iglesia en España -Cáritas, CONFER y Justicia y Paz- que integramos la red intraeclesial "Migrantes con Derechos" y que estamos presentes en ambos lados de la frontera de Ceuta expresamos nuestro dolor por los sucesos ocurridos en la madrugada del 1 de enero en el perímetro de la valla fronteriza entre la Ciudad Autónoma de Ceuta y Marruecos.
Consideramos que las medidas y actuaciones adoptadas en torno a la frontera únicamente consiguen incrementar aún más si cabe el sufrimiento, dolor y muerte de las personas migrantes y de los solicitantes de protección internacional.
Crece nuestra impotencia ante las esperanzas truncadas de estas personas, que, en su penosa travesía de miles de kilómetros por el corazón de África, llevan a sus espaldas un largo historial de abusos, agresiones y precariedad extrema, mientras esperan la ocasión de llegar a Europa en busca de un futuro de dignidad y derechos para ellos y sus familias.
Necesitamos un modelo de gestión de fronteras que no se centre únicamente en temas de seguridad, sino que también se comprometa con el respeto a la vida, la integridad personal y los derechos humanos. Es urgente, por ello, que todos nos preguntemos qué es lo que está fallando a la hora de articular una política de fronteras basada en los principios humanitarios y capaz de garantizar vías de acceso seguras a las personas que huyen de la miseria y la violencia que asola sus países.
Reiteramos nuestro rechazo a las devoluciones sumarias. Apelamos, en este sentido, al dictamen del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que ya en 2015 advirtió que la enmienda a la Ley de Extranjería aprobada en su día no avala las devoluciones automáticas, además de recordar el imperativo formulado para que España cumpla en esta materia sus obligaciones internacionales con el respeto a los derechos humanos.
No queremos acostumbrarnos al inmenso sufrimiento humano del que somos testigos a diario en las vidas de tantas personas que siguen llegando desde África y que intentan acceder a Europa en busca de una vida segura y digna. Hacemos un llamamiento a la comunidad cristiana y a toda la ciudadanía para mantenerse alerta ante las causas de esta sangrante realidad humana y trabajar juntos para evitar esta inhumanidad del alambre, y para que su dolor y sufrimiento no se conviertan en una rutina deshumanizadora.

Nuevamente recordamos la exhortación del Papa Francisco ante el Parlamento Europeo: "Europa será capaz de hacer frente a las problemáticas asociadas a la inmigración si es capaz de proponer con claridad su propia identidad cultural y poner en práctica legislaciones adecuadas que permitan tutelar los derechos de los ciudadanos europeos y de garantizar al mismo tiempo la acogida a los inmigrantes".
(IVICON/Red Migrantes con Derechos)

Un grupo de jóvenes cristianos de la ciudad natal de Jesús visitaron las tres diócesis levantinas



Fueron recibidos por el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares Llovera, a quien los jóvenes obsequiaron con un cáliz y una patena hechos en Belén. Ambos, realizados con madera de olivo, han sido grabados con el anagrama de Cáritas. La visita se produjo en el marco de un programa de colaboración entre Cáritas Española y Cáritas Jerusalén
La Comunidad Valenciana ha acogido esta última semana a un grupo de ocho jóvenes palestinos cristianos en el marco de una visita organizada por Cáritas Española y fruto de la colaboración de Cáritas Jerusalén con varias Cáritas diocesanas, fundamentalmente la de Valencia, aunque también las de Orihuela-Alicante y Segorbe-Castellón, que en los últimos años organizaron un campo de trabajo en verano, en Belén, en el que convivieron palestinos y voluntarios valencianos. Este martes se despidieron de nuestro país.
Los jóvenes palestinos participaron durante los últimos días de diciembre y los primeros de enero en distintas iniciativas, entre sociales, culturales y medioambientales, al tiempo que tuvieron encuentros con un carácter más eclesial. Entre otras actividades, visitaron la sede de Cáritas y a los acogidos del programa Mambré para personas sin hogar, así como la catedral, la parroquia de San Nicolás y la Albufera. Por ejemplo, fueron recibidos por el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares Llovera, a quien los jóvenes obsequiaron con un cáliz y una patena hechos en Belén. Ambos, realizados con madera de olivo, han sido grabados con el anagrama de Cáritas.
Por su parte, el cardenal Cañizares –que estuvo acompañado por el vicario de Acción Caritativa y Social, José María Taberner, y el director de Cáritas Diocesana de Valencia, Ignacio Grande– agradeció el regalo y les dijo que siempre les tiene presentes en sus oraciones, al tiempo que manifestó su solidaridad con las situaciones de sufrimiento e injusticia que viven en su país.
Según explica a Alfa y Omega Ignacio Grande, «este año decidimos que fueran ellos los que vinieran a visitarnos en vez de ir nosotros para que, así, pudieran conocer nuestra realidad diocesana y los proyectos en los que estamos embarcados». Aun así, los jóvenes palestinos regalaron su testimonio de cómo viven la fe en medio de las dificultades, «una fe que tienen muy enraizada y de la que dan razón sin ningún complejo».
Los jóvenes palestinos también se acercaron a Orihuela-Alicante, donde pudieron dar su experiencia para sensibilizar a los fieles de esta diócesis sobre la realidad que viven los cristianos de Tierra Santa.
Y este lunes estuvieron en la diócesis de Segorbe-Castellón, donde ofrecieron su experiencia en un abarrotado salón de actos de la Casa Sacerdotal. Hablaron de las celebraciones en los Santos Lugares, de la fe en un contexto de falta de libertad y seguridad o de cómo se vive en permanente estado de excepción. Antes, visitaron un albergue gestionado por Cáritas, en el que, además, ayudaron al reparto de comida.
El balance, añade el director de Cáritas Valencia, ha sido muy positivo tanto en los encuentros en las distintas diócesis como en Algemesí, la ciudad que acogió a los jóvenes palestinos durante su estancia en nuestro país.
F.O.

Con la alegría de los Magos, entra y adóralo. Cardenal Osoro.


La revolución más grande que los cristianos hemos de hacer es vivir desde el núcleo donde mejor se manifiesta el Amor y la Verdad misma que Dios nos ha regalado y que se hizo visible en Jesucristo, Dios y Hombre verdadero. Este Amor y Verdad es el que tiene que llenar nuestro corazón. Aquí está la revolución que no mata, da vida: «Amad a vuestros enemigos» (cfr. Lc 6, 27). Y esto no es rendirse ante el mal, es responder como nos dice Jesús: con el bien. Las palabras que salen de sus labios, el padrenuestro, son las que han de configurar nuestro mundo. Tenemos un Padre que nos dice que todos los hombres somos hermanos. No estamos huérfanos.
Es un Padre que nos ama y nos llena de su amor, que nos hace vivir con su amor en este mundo, haciendo de él la gran familia de los hijos de Dios. Puede que algunos tilden esto de buenismo o que haya aprovechados que se valen de quienes utilizan esta medicina para seguir haciendo daño, pero no tienen futuro, ni siquiera presente. Cuando los cristianos hemos dejado de vivir así, no hemos metido en las entrañas de esta humanidad esa revolución que provoca el cambio verdadero y paraliza el odio.
En el mensaje que nos has regalado con motivo de la reciente Jornada Mundial de la Paz, el Papa Francisco recuerda que hace 50 años, en el primer mensaje que dirigió a todos los hombres de buena voluntad, el Papa Pablo VI decía así: «Ha aparecido finalmente con mucha claridad que la paz es la línea única y verdadera del progreso humano (no las tensiones de nacionalismos ambiciosos, ni las conquistas violentas, ni las represiones portadoras de un falso orden civil)». Francisco subraya que «la violencia no es la solución para nuestro mundo fragmentado». Todos vemos lo que acontece en muchos lugares de la tierra: emigración forzada, sufrimientos, desapariciones de personas... a pesar de que Dios nos ha revelado que somos hermanos y que es posible hacer un mundo donde las necesidades de los jóvenes, las familias, los ancianos y los enfermos sean cubiertas y atendidas. ¿Qué es lo que pasa para no hacer posible la paz?
Hay unas palabras del Evangelio que siempre me han impresionado y que al comenzar el año os quiero entregar: «Porque de dentro, del corazón del hombre, salen pensamientos perversos» (Mc 7, 21). Estas palabras me hacen preguntarme: ¿Qué es lo que estamos dando para llenar el corazón del hombre? ¿Qué regala esta cultura, qué aportan nuestros planes de educación? ¿Qué propuestas nos hacen quienes tienen la misión de dirigir la sociedad y los pueblos? ¿Construimos sociedades abiertas o cerradas? Además de tener dinero, medios para salir adelante e ideas que se proponen como únicas, ¿construimos y damos posibilidades para tener otra mirada sobre los demás y otro corazón?
El momento que vive la humanidad, esta aldea común, es singular para pensar y decidir tomar rumbos diferentes que den salidas a todos. La no violencia se impone. Los cristianos la proponemos como modo de ser y de vivir, convencidos del amor de Dios y de su poder, sin miedo a afrontar la vida con las armas de la verdad y del amor. Alguien podrá decirme: «Esas son palabras». Yo respondo: «Son hechos reales». Mientras estuvo en este mundo, Jesús nos enseñó a vivir en realidades muy concretas. Dios se hace Hombre y nos enseña a llenar de su amor el corazón de todos, sin excluir a nadie, a llenarlo de paz, de reconciliación, de fraternidad. Nos enseña a ayudarnos mutuamente, a mirar siempre donde está mi hermano sea quien sea; tanto si está a mi lado como si está a mucha distancia no puedo desentenderme de él.
Para adentrarnos en lo que el Papa Francisco nos dice en su mensaje de la Jornada Mundial de la Paz –titulado precisamente La no violencia: un estilo de política para la paz–, esta semana os propongo que contempléis tres verdades necesarias con el texto de los Magos de Oriente (cfr. Mt 2, 1-12). Ellos son representativos de toda la humanidad:
1. Mira a Jesús que es Luz, Amor y Verdad. En el corazón del ser humano y en el corazón de esta humanidad hay una necesidad profunda de Luz, de vivir de las fuerzas que sacan adelante la vida, de no vivir huérfano de lo más necesario para construir la propia vida y las relaciones humanas: amor y verdad. Al seguir la estrella, los Magos de Oriente representan a tantos hombres que dejaron todo por seguir la orientación de lo que está en lo más profundo del corazón. Los Magos, que son presencia de toda la humanidad, se acercaron a Jerusalén y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos? Porque hemos visto salir la estrella y venimos a adorarle». Sí, hemos visto lo que necesitamos y a este lugar nos envía quien hizo lo que existe y quien nos hizo a su imagen. La necesidad de ver a Jesús, verdadero Hombre y verdadero Dios, está inscrita en lo profundo del ser humano, en su núcleo de existencia. Lo que da paz, seguridad, nido verdadero donde aposentarse al ser humano, es Dios mismo. No somos huérfanos; precisamente por ello, cuando desconocemos a quien es Verdad y Amor, lo buscamos de modos diferentes.
2. No te dejes engañar por el poder. El encuentro con Herodes es el encuentro con quien vive engañado, creyendo que su poder es el que salva. Es un poder sin amor ni verdad. Es un poder que deja huérfanos a quienes lo aceptan y creen que pueden vivir de él. Cuando no hay amor y verdad, hay miedos, hay recelos, se crean discrepancias, se rompen lazos de unión, se tiran puentes. Y todo porque lo que importa es mantenerme en el poder, para mi servicio y mis ideas. Los que piensan de otra manera no importan, a la fuerza tienen que pensar como yo. Herodes no puede consentir otra manera de alcanzar el poder, que es el que buscan los Magos, desde la verdad y el amor. Por eso dice a los Magos: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». Los Magos vieron sus intenciones: no buscaba vivir del amor y de la verdad, deseaba mantener la tensión que hace inviable la convivencia.
3. Déjate guiar por la Luz de la que tienes necesidad para vivir y hacer vivir. ¡Qué manera más discreta y profunda de decirnos donde está la verdad! «La estrella que habían visto salir [...] vino a pararse encima donde estaba el niño». Y «se llenaron de inmensa alegría», habían encontrado lo que buscaban, lo que toda persona necesita, lo que esta familia humana necesita para salir adelante. Tiene rostro humano, nos revela quién es el hombre y quién es Dios. Por eso, ellos «entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después abriendo los cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra [...] se retiraron a su tierra por otro camino».
¿Cómo mostrar a los hombres esta realidad que llena la vida y la historia de sentido, de fuerza, de amor y de verdad? Son necesarios cuatro pasos que te invito a dar: a). Llena la vida de la verdadera alegría: Jesucristo; b). Entra en su casa como los Magos y dale la mano a María para que te enseñe a vivir en la Verdad y en el Amor que tiene un rostro: Jesucristo; c). Arrodíllate y adóralo, si tú eres valioso para los demás es por ser imagen de Él. Atrévete a vivir siendo imagen de Él, solamente lo puedes hacer con su gracia, su amor y su verdad; d). Dale lo que eres. Hazle la ofrenda de tus tesoros. Tu gran tesoro es ser hijo de Dios y hermano de todos los hombres. Él se hizo Hombre para enseñárnoslo. Vive y enseña a vivir así a los hombres.
Con gran afecto, os bendice,
+Carlos Card. Osoro Sierra, arzobispo de Madrid

El arzobispo presentará su libro 'Búscate en mí. Los jóvenes conversan con Jesús' en la vigilia de este viernes


Fue tras la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia, en julio del año pasado, cuando el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, decidió plasmar en un libro lo que durante tantos años ha venido transmitiendo a jóvenes de distintas generaciones, «las grandes catequesis cristianas desde el inicio mismo de la Iglesia». También le animó la celebración del Año de la Misericordia, y así nació Búscate en mí. Los jóvenes conversan con Jesús (PPC), que presentará a los jóvenes de Madrid este viernes, Epifanía del Señor, en la vigilia de oración que comparte con ellos cada primera semana de mes.
El título nos lleva hasta santa Teresa de Jesús, pues «Búscate en mí» es una frase que un día oyó la santa andariega en la oración y que después comentó en uno de sus poemas. «En el fondo, es la pregunta que deseo que vosotros mismos respondáis: “Tú, joven de este siglo XXI, ¿dónde estás? ¿Quién eres?”. Cuando el ser humano se encuentra a sí mismo, entonces busca a Dios y se lanza a dar a los demás la bondad, la verdad y la belleza que ha encontrado. A todo eso te invito con este libro», explica el propio purpurado.
La obra está conformada por tres capítulos, en los que el cardenal Osoro aborda las oraciones del padrenuestro, el avemaría y el credo frase por frase, incluyendo algún dibujo suyo. Y no se trata de un libro al uso, sino, como él mismo dice, de «un libro que entre todos sigamos escribiendo con la convicción de que Dios es real y se manifiesta en todas partes». Por ello, al final de cada capítulo hay un apartado titulado «Ahora te toca a ti», en el que los jóvenes pueden plasmar sus «descubrimientos y vivencias mediantes reflexiones, relatos, poemas y dibujos según se indica en cada ocasión».
Concurso y ayuda a la Fundación Casa de la Esperanza: Espacio Contigo
Una vez completada su lectura, los jóvenes podrán participar en un concurso con premios, cuyas bases se darán a conocer próximamente; aunque, como afirma el arzobispo, el mayor premio es el de «hallar un sentido más profundo a vuestra vida y convertiros en discípulos misioneros del Señor».
Con este libro, cuyos beneficios irán a parar a la Fundación Casa de la Esperanza: Espacio Contigo, el cardenal Osoro suma una nueva aportación editorial tras la que se presentó el pasado mes de abril, Con rostro de misericordia. Cartas a los niños para que lean con sus padres, una recopilación de 52 escritos para los más pequeños que Osoro ha ido redactando a lo largo de su ejercicio pastoral.
Infomadrid / F. O.

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (1,43-51) POR BENEDICTO XVI





“En la serie de los Apóstoles llamados por Jesús durante su vida terrena, hoy nuestra atención se centra en el apóstol Bartolomé (...) Tradicionalmente se lo identifica con Natanael: un nombre que significa "Dios ha dado". 

(...) Felipe comunicó a Natanael que había encontrado a "ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas: Jesús el hijo de José, el de Nazaret" (Jn 1, 45). Como sabemos, Natanael le manifestó un prejuicio más bien fuerte: "¿De Nazaret puede salir algo bueno?". Esta especie de contestación es, en cierto modo, importante para nosotros. En efecto, nos permite ver que, según las expectativas judías, el Mesías no podía provenir de una aldea tan oscura como era precisamente Nazaret.

Pero, al mismo tiempo, pone de relieve la libertad de Dios, que sorprende nuestras expectativas manifestándose precisamente allí donde no nos lo esperaríamos. Por otra parte, sabemos que en realidad Jesús no era exclusivamente "de Nazaret", sino que había nacido en Belén (cf. Mt 2, 1; Lc 2, 4) y que, en último término, venía del cielo, del Padre que está en los cielos. 

La historia de Natanael nos sugiere otra reflexión: en nuestra relación con Jesús no debemos contentarnos sólo con palabras. Felipe, en su réplica, dirige a Natanael una invitación significativa: "Ven y lo verás" (Jn 1, 46).

Nuestro conocimiento de Jesús necesita sobre todo una experiencia viva: el testimonio de los demás ciertamente es importante, puesto que por lo general toda nuestra vida cristiana comienza con el anuncio que nos llega a través de uno o más testigos. Pero después nosotros mismos debemos implicarnos personalmente en una relación íntima y profunda con Jesús. 

De modo análogo los samaritanos, después de haber oído el testimonio de su conciudadana, a la que Jesús había encontrado junto al pozo de Jacob, quisieron hablar directamente con Él y, después de ese coloquio, dijeron a la mujer: "Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que este es verdaderamente el Salvador del mundo" (Jn 4, 42). 

Volviendo a la escena de vocación, el evangelista nos refiere que, cuando Jesús ve a Natanael acercarse, exclama: "Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño" (Jn 1, 47). Se trata de un elogio que recuerda el texto de un salmo: "Dichoso el hombre... en cuyo espíritu no hay fraude" (Sal 32, 2), pero que suscita la curiosidad de Natanael, que replica asombrado: "¿De qué me conoces?" (Jn 1, 48). 

La respuesta de Jesús no es inmediatamente comprensible. Le dice: "Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi" (Jn 1, 48). No sabemos qué había sucedido bajo esa higuera. Es evidente que se trata de un momento decisivo en la vida de Natanael. 

Él se siente tocado en el corazón por estas palabras de Jesús, se siente comprendido y llega a la conclusión: este hombre sabe todo sobre mí, sabe y conoce el camino de la vida, de este hombre puedo fiarme realmente. Y así responde con una confesión de fe límpida y hermosa, diciendo: "Rabbí, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel" (Jn 1, 49). En ella se da un primer e importante paso en el itinerario de adhesión a Jesús. 

Las palabras de Natanael presentan un doble aspecto complementario de la identidad de Jesús: es reconocido tanto en su relación especial con Dios Padre, de quien es Hijo unigénito, como en su relación con el pueblo de Israel, del que es declarado rey, calificación propia del Mesías esperado. 

No debemos perder de vista jamás ninguno de estos dos componentes, ya que si proclamamos solamente la dimensión celestial de Jesús, corremos el riesgo de transformarlo en un ser etéreo y evanescente; y si, por el contrario, reconocemos solamente su puesto concreto en la historia, terminamos por descuidar la dimensión divina que propiamente lo distingue. 

Sobre la sucesiva actividad apostólica de Bartolomé-Natanael no tenemos noticias precisas. (...) De todos modos, sigue estando ante nosotros para decirnos que la adhesión a Jesús puede vivirse y testimoniarse también sin la realización de obras sensacionales. Extraordinario es, y seguirá siéndolo, Jesús mismo, al que cada uno de nosotros está llamado a consagrarle su vida y su muerte. 
(Benedicto XVI, catequesis del 4 de octubre de 2006)