viernes, 6 de enero de 2017

Lograron ver lo que el cielo les mostraba porque estaban abiertos a la novedad, dijo el Papa de los magos de Oriente el 6 de enero

«¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella y hemos venido a adorarlo» (Mt 2,2).
Con estas palabras, los magos, venidos de tierras lejanas, nos dan a conocer el motivo de su larga travesía: adorar al rey recién nacido. Ver y adorar, dos acciones que se destacan en el relato evangélico: vimos una estrella y queremos adorar.
Estos hombres vieron una estrella que los puso en movimiento. El descubrimiento de algo inusual que sucedió en el cielo logró desencadenar un sinfín de acontecimientos. No era una estrella que brilló de manera exclusiva para ellos, ni tampoco tenían un ADN especial para descubrirla. Como bien supo decir un padre de la Iglesia, «los magos no se pusieron en camino porque hubieran visto la estrella, sino que vieron la estrella porque se habían puesto en camino» (cf. San Juan Crisóstomo). Tenían el corazón abierto al horizonte y lograron ver lo que el cielo les mostraba porque había en ellos una inquietud que los empujaba: estaban abiertos a una novedad.
Los magos, de este modo, expresan el retrato del hombre creyente, del hombre que tiene nostalgia de Dios; del que añora su casa, la patria celeste. Reflejan la imagen de todos los hombres que en su vida no han dejado que se les anestesie el corazón.
La santa nostalgia de Dios brota en el corazón creyente pues sabe que el Evangelio no es un acontecimiento del pasado sino del presente. La santa nostalgia de Dios nos permite tener los ojos abiertos frente a todos los intentos reductivos y empobrecedores de la vida. La santa nostalgia de Dios es la memoria creyente que se rebela frente a tantos profetas de desventura. Esa nostalgia es la que mantiene viva la esperanza de la comunidad creyente la cual, semana a semana, implora diciendo: «Ven, Señor Jesús».
Precisamente esta nostalgia fue la que empujó al anciano Simeón a ir todos los días al templo, con la certeza de saber que su vida no terminaría sin poder acunar al Salvador. Fue esta nostalgia la que empujó al hijo pródigo a salir de una actitud de derrota y buscar los brazos de su padre. Fue esta nostalgia la que el pastor sintió en su corazón cuando dejó a las noventa y nueve ovejas en busca de la que estaba perdida, y fue también la que experimentó María Magdalena la mañana del domingo para salir corriendo al sepulcro y encontrar a su Maestro resucitado. La nostalgia de Dios nos saca de nuestros encierros deterministas, esos que nos llevan a pensar que nada puede cambiar. La nostalgia de Dios es la actitud que rompe aburridos conformismos e impulsa a comprometernos por ese cambio que anhelamos y necesitamos. La nostalgia de Dios tiene su raíz en el pasado pero no se queda allí: va en busca del futuro. Al igual que los magos, el creyente «nostalgioso» busca a Dios, empujado por su fe, en los lugares más recónditos de la historia, porque sabe en su corazón que allí lo espera su Señor. Va a la periferia, a la frontera, a los sitios no evangelizados para poder encontrarse con su Señor; y lejos de hacerlo con una postura de superioridad lo hace como un mendicante que no puede ignorar los ojos de aquel para el cual la Buena Nueva es todavía un terreno a explorar.
Como actitud contrapuesta, en el palacio de Herodes ―que distaba muy pocos kilómetros de Belén―, no se habían percatado de lo que estaba sucediendo. Mientras los magos caminaban, Jerusalén dormía. Dormía de la mano de un Herodes quien lejos de estar en búsqueda también dormía. Dormía bajo la anestesia de una conciencia cauterizada. Y quedó desconcertado. Tuvo miedo. Es el desconcierto que, frente a la novedad que revoluciona la historia, se encierra en sí mismo, en sus logros, en sus saberes, en sus éxitos. El desconcierto de quien está sentado sobre su riqueza sin lograr ver más allá. Un desconcierto que brota del corazón de quién quiere controlar todo y a todos. Es el desconcierto del que está inmerso en la cultura del ganar cueste lo que cueste; en esa cultura que sólo tiene espacio para los «vencedores» y al precio que sea. Un desconcierto que nace del miedo y del temor ante lo que nos cuestiona y pone en riesgo nuestras seguridades y verdades, nuestras formas de aferrarnos al mundo y a la vida. Y Herodes tuvo miedo, y ese miedo lo condujo a buscar seguridad en el crimen: «Necas parvulos corpore, quia te necat timor in corde» (San Quodvultdeus, Sermo 2 sobre el símboloPL, 40, 655).
Queremos adorar. Los hombres de Oriente fueron a adorar, y fueron a hacerlo al lugar propio de un rey: el Palacio. Allí llegaron ellos con su búsqueda, era el lugar indicado: pues es propio de un rey nacer en un palacio, y tener su corte y súbditos. Es signo de poder, de éxito, de vida lograda. Y es de esperar que el rey sea venerado, temido y adulado, sí; pero no necesariamente amado. Esos son los esquemas mundanos, los pequeños ídolos a los que le rendimos culto: el culto al poder, a la apariencia y a la superioridad. Ídolos que solo prometen tristeza y esclavitud.
Y fue precisamente ahí donde comenzó el camino más largo que tuvieron que andar esos hombres venidos de lejos. Ahí comenzó la osadía más difícil y complicada. Descubrir que lo que ellos buscaban no estaba en el palacio sino que se encontraba en otro lugar, no sólo geográfico sino existencial. Allí no veían la estrella que los conducía a descubrir un Dios que quiere ser amado, y eso sólo es posible bajo el signo de la libertad y no de la tiranía; descubrir que la mirada de este Rey desconocido ―pero deseado― no humilla, no esclaviza, no encierra. Descubrir que la mirada de Dios levanta, perdona, sana. Descubrir que Dios ha querido nacer allí donde no lo esperamos, donde quizá no lo queremos. O donde tantas veces lo negamos. Descubrir que en la mirada de Dios hay espacio para los heridos, los cansados, los maltratados y abandonados: que su fuerza y su poder se llama misericordia. Qué lejos se encuentra, para algunos, Jerusalén de Belén.
Herodes no puede adorar porque no quiso y no pudo cambiar su mirada. No quiso dejar de rendirse culto a sí mismo creyendo que todo comenzaba y terminaba con él. No pudo adorar porque buscaba que lo adorasen. Los sacerdotes tampoco pudieron adorar porque sabían mucho, conocían las profecías, pero no estaban dispuestos ni a caminar ni a cambiar.
Los magos sintieron nostalgia, no querían más de lo mismo. Estaban acostumbrados, habituados y cansados de los Herodes de su tiempo. Pero allí, en Belén, había promesa de novedad, había promesa de gratuidad. Allí estaba sucediendo algo nuevo. Los magos pudieron adorar porque se animaron a caminar y postrándose ante el pequeño, postrándose ante el pobre, postrándose ante el indefenso, postrándose ante el extraño y desconocido Niño de Belén descubrieron la Gloria de Dios.
(from Vatican Radio)

El Papa en el Ángelus: “Sigamos la verdadera estrella que es Jesús”

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy, celebramos la Epifanía del Señor, es decir, la manifestación de Jesús que resplandece como luz para todas las gentes. Símbolo de esta luz que brilla en el mundo y quiere iluminar la vida de cada uno es la estrella, que guio a los Magos a Belén. Ellos, dice el Evangelio, vieron  «su estrella en Oriente» (Mt 2,2) y decidieron seguirla: decidieron dejarse guiar por la estrella de Jesús.
También en nuestra vida existen diversas estrellas, luces que brillan y orientan. Depende de nosotros elegir a cuál de ellas seguir. Por ejemplo, hay luces intermitentes, que van y vienen, como las pequeñas satisfacciones de la vida: a pesar de ser buenas, no son suficientes, porque duran poco y no dejan la paz que buscamos. Luego, están las luces enceguecedoras, del dinero y del suceso, que prometen todo y enseguida: son seductoras, pero con su fuerza enceguecen y hacen pasar de los sueños de gloria a la oscuridad más densa. Los Magos, en cambio, invitan a seguir una luz estable, una luz gentil, que no se apaga, porque no es de este mundo: viene del cielo y resplandece. ¿Dónde? En el corazón.
Esta luz verdadera es la luz del Señor, o mejor dicho, es el Señor mismo. Él es nuestra luz: una luz que no enceguece, pero acompaña y dona una alegría única. Esta luz es para todos y llama a cada uno: podemos escuchar así la hodierna invitación dirigida a nosotros por el profeta Isaías:  ¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz» (60,1). Así decía Isaías, profetizando esta alegría de hoy en Jerusalén: “Levántate, revístete de luz”. Al inicio de cada día podemos acoger esta invitación: ¡levántate, vístete de luz, sigue hoy, entre tantas estrellas fugaces del mundo, la estrella luminosa de Jesús! Siguiéndola, tendremos alegría, como sucedió a los Magos, que «cuando vieron la estrella se llenaron de alegría» (Mt 2,10); porque donde esta Dios hay alegría. Quien ha encontrado a Jesús ha experimentado el milagro de la luz que rompe las tiniebla y conoce esta luz que ilumina y resplandece. Quisiera, con mucho respeto, invitar a no tener miedo de esta luz y a abrirse al Señor. Sobre todo quisiera decir a quien ha perdido la fuerza de buscar, y está cansado, a quien, afanado por la oscuridad de la vida, ha apagado el deseo: “¡Levántate, ánimo, la luz de Jesús sabe vencer las tinieblas más oscuras; levántate, ánimo!”.
Y ¿cómo encontrar esta luz divina? Sigamos el ejemplo de los Magos, que el Evangelio describe siempre en movimiento. Quien desea la luz, de hecho, sale de sí y busca: no se queda cerrado, firme a ver qué cosa sucede al su alrededor, sino pone en juego su propia vida; sale de sí. La vida cristiana es un camino continuo, hecho de esperanza, hecho de búsqueda; un camino que, como aquel de los Magos, prosigue incluso cuando la estrella desaparece momentáneamente de la vista. En este camino hay también engaños que se deben evitar: las habladurías superficiales y mundanas, que frenan el paso; los caprichos paralizantes del egoísmo; los agujeros del pesimismo, que envuelven a la esperanza. Estos obstáculos bloquearon a los escribas, del cual habla el Evangelio de hoy. Ellos sabían dónde estaba la luz, pero no se movieron. Cuando Herodes les pregunto: ¿Dónde nacerá el Mesías? En Belén. Sabían dónde, pero no se movieron. Su conocimiento ha sido en vano: sabían tantas cosas, pero para nada, todo en vano. No basta saber que Dios ha nacido, si no se hace con Él Navidad en el corazón. Dios ha nacido, sí, pero ¿Ha nacido en tú corazón? ¿Ha nacido en mí corazón? ¿Ha nacido en nuestro corazón? Y así lo encontraremos, como los magos, con María y José en la gruta.
Los Magos lo han hecho: encontraron al Niño, «se arrodillaron y adoraron» (v. 11). No lo vieron solamente, no dijeron solo una oración circunstancial y se fueron, no, sino lo adoraron: entraron en una comunión personal de amor con Jesús. Luego le donaron oro, incienso y mirra, es decir, sus bienes más preciosos. Aprendamos de los Magos a no dedicar a Jesús solo los restos de tiempo y algún pensamiento de vez en cuando, de lo contrario no tendremos su luz. Como los Magos, pongámonos en camino, revistámonos de luz siguiendo la estrella de Jesús, y adoremos al Señor con todo nuestro ser.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

jueves, 5 de enero de 2017

Cáritas, CONFER y Justicia y Paz reclaman una política de fronteras que evite "la inhumanidad del alambre"



Las entidades de acción social de la Iglesia en España -Cáritas, CONFER y Justicia y Paz- que integramos la red intraeclesial "Migrantes con Derechos" y que estamos presentes en ambos lados de la frontera de Ceuta expresamos nuestro dolor por los sucesos ocurridos en la madrugada del 1 de enero en el perímetro de la valla fronteriza entre la Ciudad Autónoma de Ceuta y Marruecos.
Consideramos que las medidas y actuaciones adoptadas en torno a la frontera únicamente consiguen incrementar aún más si cabe el sufrimiento, dolor y muerte de las personas migrantes y de los solicitantes de protección internacional.
Crece nuestra impotencia ante las esperanzas truncadas de estas personas, que, en su penosa travesía de miles de kilómetros por el corazón de África, llevan a sus espaldas un largo historial de abusos, agresiones y precariedad extrema, mientras esperan la ocasión de llegar a Europa en busca de un futuro de dignidad y derechos para ellos y sus familias.
Necesitamos un modelo de gestión de fronteras que no se centre únicamente en temas de seguridad, sino que también se comprometa con el respeto a la vida, la integridad personal y los derechos humanos. Es urgente, por ello, que todos nos preguntemos qué es lo que está fallando a la hora de articular una política de fronteras basada en los principios humanitarios y capaz de garantizar vías de acceso seguras a las personas que huyen de la miseria y la violencia que asola sus países.
Reiteramos nuestro rechazo a las devoluciones sumarias. Apelamos, en este sentido, al dictamen del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que ya en 2015 advirtió que la enmienda a la Ley de Extranjería aprobada en su día no avala las devoluciones automáticas, además de recordar el imperativo formulado para que España cumpla en esta materia sus obligaciones internacionales con el respeto a los derechos humanos.
No queremos acostumbrarnos al inmenso sufrimiento humano del que somos testigos a diario en las vidas de tantas personas que siguen llegando desde África y que intentan acceder a Europa en busca de una vida segura y digna. Hacemos un llamamiento a la comunidad cristiana y a toda la ciudadanía para mantenerse alerta ante las causas de esta sangrante realidad humana y trabajar juntos para evitar esta inhumanidad del alambre, y para que su dolor y sufrimiento no se conviertan en una rutina deshumanizadora.

Nuevamente recordamos la exhortación del Papa Francisco ante el Parlamento Europeo: "Europa será capaz de hacer frente a las problemáticas asociadas a la inmigración si es capaz de proponer con claridad su propia identidad cultural y poner en práctica legislaciones adecuadas que permitan tutelar los derechos de los ciudadanos europeos y de garantizar al mismo tiempo la acogida a los inmigrantes".
(IVICON/Red Migrantes con Derechos)

Un grupo de jóvenes cristianos de la ciudad natal de Jesús visitaron las tres diócesis levantinas



Fueron recibidos por el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares Llovera, a quien los jóvenes obsequiaron con un cáliz y una patena hechos en Belén. Ambos, realizados con madera de olivo, han sido grabados con el anagrama de Cáritas. La visita se produjo en el marco de un programa de colaboración entre Cáritas Española y Cáritas Jerusalén
La Comunidad Valenciana ha acogido esta última semana a un grupo de ocho jóvenes palestinos cristianos en el marco de una visita organizada por Cáritas Española y fruto de la colaboración de Cáritas Jerusalén con varias Cáritas diocesanas, fundamentalmente la de Valencia, aunque también las de Orihuela-Alicante y Segorbe-Castellón, que en los últimos años organizaron un campo de trabajo en verano, en Belén, en el que convivieron palestinos y voluntarios valencianos. Este martes se despidieron de nuestro país.
Los jóvenes palestinos participaron durante los últimos días de diciembre y los primeros de enero en distintas iniciativas, entre sociales, culturales y medioambientales, al tiempo que tuvieron encuentros con un carácter más eclesial. Entre otras actividades, visitaron la sede de Cáritas y a los acogidos del programa Mambré para personas sin hogar, así como la catedral, la parroquia de San Nicolás y la Albufera. Por ejemplo, fueron recibidos por el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares Llovera, a quien los jóvenes obsequiaron con un cáliz y una patena hechos en Belén. Ambos, realizados con madera de olivo, han sido grabados con el anagrama de Cáritas.
Por su parte, el cardenal Cañizares –que estuvo acompañado por el vicario de Acción Caritativa y Social, José María Taberner, y el director de Cáritas Diocesana de Valencia, Ignacio Grande– agradeció el regalo y les dijo que siempre les tiene presentes en sus oraciones, al tiempo que manifestó su solidaridad con las situaciones de sufrimiento e injusticia que viven en su país.
Según explica a Alfa y Omega Ignacio Grande, «este año decidimos que fueran ellos los que vinieran a visitarnos en vez de ir nosotros para que, así, pudieran conocer nuestra realidad diocesana y los proyectos en los que estamos embarcados». Aun así, los jóvenes palestinos regalaron su testimonio de cómo viven la fe en medio de las dificultades, «una fe que tienen muy enraizada y de la que dan razón sin ningún complejo».
Los jóvenes palestinos también se acercaron a Orihuela-Alicante, donde pudieron dar su experiencia para sensibilizar a los fieles de esta diócesis sobre la realidad que viven los cristianos de Tierra Santa.
Y este lunes estuvieron en la diócesis de Segorbe-Castellón, donde ofrecieron su experiencia en un abarrotado salón de actos de la Casa Sacerdotal. Hablaron de las celebraciones en los Santos Lugares, de la fe en un contexto de falta de libertad y seguridad o de cómo se vive en permanente estado de excepción. Antes, visitaron un albergue gestionado por Cáritas, en el que, además, ayudaron al reparto de comida.
El balance, añade el director de Cáritas Valencia, ha sido muy positivo tanto en los encuentros en las distintas diócesis como en Algemesí, la ciudad que acogió a los jóvenes palestinos durante su estancia en nuestro país.
F.O.

Con la alegría de los Magos, entra y adóralo. Cardenal Osoro.


La revolución más grande que los cristianos hemos de hacer es vivir desde el núcleo donde mejor se manifiesta el Amor y la Verdad misma que Dios nos ha regalado y que se hizo visible en Jesucristo, Dios y Hombre verdadero. Este Amor y Verdad es el que tiene que llenar nuestro corazón. Aquí está la revolución que no mata, da vida: «Amad a vuestros enemigos» (cfr. Lc 6, 27). Y esto no es rendirse ante el mal, es responder como nos dice Jesús: con el bien. Las palabras que salen de sus labios, el padrenuestro, son las que han de configurar nuestro mundo. Tenemos un Padre que nos dice que todos los hombres somos hermanos. No estamos huérfanos.
Es un Padre que nos ama y nos llena de su amor, que nos hace vivir con su amor en este mundo, haciendo de él la gran familia de los hijos de Dios. Puede que algunos tilden esto de buenismo o que haya aprovechados que se valen de quienes utilizan esta medicina para seguir haciendo daño, pero no tienen futuro, ni siquiera presente. Cuando los cristianos hemos dejado de vivir así, no hemos metido en las entrañas de esta humanidad esa revolución que provoca el cambio verdadero y paraliza el odio.
En el mensaje que nos has regalado con motivo de la reciente Jornada Mundial de la Paz, el Papa Francisco recuerda que hace 50 años, en el primer mensaje que dirigió a todos los hombres de buena voluntad, el Papa Pablo VI decía así: «Ha aparecido finalmente con mucha claridad que la paz es la línea única y verdadera del progreso humano (no las tensiones de nacionalismos ambiciosos, ni las conquistas violentas, ni las represiones portadoras de un falso orden civil)». Francisco subraya que «la violencia no es la solución para nuestro mundo fragmentado». Todos vemos lo que acontece en muchos lugares de la tierra: emigración forzada, sufrimientos, desapariciones de personas... a pesar de que Dios nos ha revelado que somos hermanos y que es posible hacer un mundo donde las necesidades de los jóvenes, las familias, los ancianos y los enfermos sean cubiertas y atendidas. ¿Qué es lo que pasa para no hacer posible la paz?
Hay unas palabras del Evangelio que siempre me han impresionado y que al comenzar el año os quiero entregar: «Porque de dentro, del corazón del hombre, salen pensamientos perversos» (Mc 7, 21). Estas palabras me hacen preguntarme: ¿Qué es lo que estamos dando para llenar el corazón del hombre? ¿Qué regala esta cultura, qué aportan nuestros planes de educación? ¿Qué propuestas nos hacen quienes tienen la misión de dirigir la sociedad y los pueblos? ¿Construimos sociedades abiertas o cerradas? Además de tener dinero, medios para salir adelante e ideas que se proponen como únicas, ¿construimos y damos posibilidades para tener otra mirada sobre los demás y otro corazón?
El momento que vive la humanidad, esta aldea común, es singular para pensar y decidir tomar rumbos diferentes que den salidas a todos. La no violencia se impone. Los cristianos la proponemos como modo de ser y de vivir, convencidos del amor de Dios y de su poder, sin miedo a afrontar la vida con las armas de la verdad y del amor. Alguien podrá decirme: «Esas son palabras». Yo respondo: «Son hechos reales». Mientras estuvo en este mundo, Jesús nos enseñó a vivir en realidades muy concretas. Dios se hace Hombre y nos enseña a llenar de su amor el corazón de todos, sin excluir a nadie, a llenarlo de paz, de reconciliación, de fraternidad. Nos enseña a ayudarnos mutuamente, a mirar siempre donde está mi hermano sea quien sea; tanto si está a mi lado como si está a mucha distancia no puedo desentenderme de él.
Para adentrarnos en lo que el Papa Francisco nos dice en su mensaje de la Jornada Mundial de la Paz –titulado precisamente La no violencia: un estilo de política para la paz–, esta semana os propongo que contempléis tres verdades necesarias con el texto de los Magos de Oriente (cfr. Mt 2, 1-12). Ellos son representativos de toda la humanidad:
1. Mira a Jesús que es Luz, Amor y Verdad. En el corazón del ser humano y en el corazón de esta humanidad hay una necesidad profunda de Luz, de vivir de las fuerzas que sacan adelante la vida, de no vivir huérfano de lo más necesario para construir la propia vida y las relaciones humanas: amor y verdad. Al seguir la estrella, los Magos de Oriente representan a tantos hombres que dejaron todo por seguir la orientación de lo que está en lo más profundo del corazón. Los Magos, que son presencia de toda la humanidad, se acercaron a Jerusalén y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos? Porque hemos visto salir la estrella y venimos a adorarle». Sí, hemos visto lo que necesitamos y a este lugar nos envía quien hizo lo que existe y quien nos hizo a su imagen. La necesidad de ver a Jesús, verdadero Hombre y verdadero Dios, está inscrita en lo profundo del ser humano, en su núcleo de existencia. Lo que da paz, seguridad, nido verdadero donde aposentarse al ser humano, es Dios mismo. No somos huérfanos; precisamente por ello, cuando desconocemos a quien es Verdad y Amor, lo buscamos de modos diferentes.
2. No te dejes engañar por el poder. El encuentro con Herodes es el encuentro con quien vive engañado, creyendo que su poder es el que salva. Es un poder sin amor ni verdad. Es un poder que deja huérfanos a quienes lo aceptan y creen que pueden vivir de él. Cuando no hay amor y verdad, hay miedos, hay recelos, se crean discrepancias, se rompen lazos de unión, se tiran puentes. Y todo porque lo que importa es mantenerme en el poder, para mi servicio y mis ideas. Los que piensan de otra manera no importan, a la fuerza tienen que pensar como yo. Herodes no puede consentir otra manera de alcanzar el poder, que es el que buscan los Magos, desde la verdad y el amor. Por eso dice a los Magos: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». Los Magos vieron sus intenciones: no buscaba vivir del amor y de la verdad, deseaba mantener la tensión que hace inviable la convivencia.
3. Déjate guiar por la Luz de la que tienes necesidad para vivir y hacer vivir. ¡Qué manera más discreta y profunda de decirnos donde está la verdad! «La estrella que habían visto salir [...] vino a pararse encima donde estaba el niño». Y «se llenaron de inmensa alegría», habían encontrado lo que buscaban, lo que toda persona necesita, lo que esta familia humana necesita para salir adelante. Tiene rostro humano, nos revela quién es el hombre y quién es Dios. Por eso, ellos «entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después abriendo los cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra [...] se retiraron a su tierra por otro camino».
¿Cómo mostrar a los hombres esta realidad que llena la vida y la historia de sentido, de fuerza, de amor y de verdad? Son necesarios cuatro pasos que te invito a dar: a). Llena la vida de la verdadera alegría: Jesucristo; b). Entra en su casa como los Magos y dale la mano a María para que te enseñe a vivir en la Verdad y en el Amor que tiene un rostro: Jesucristo; c). Arrodíllate y adóralo, si tú eres valioso para los demás es por ser imagen de Él. Atrévete a vivir siendo imagen de Él, solamente lo puedes hacer con su gracia, su amor y su verdad; d). Dale lo que eres. Hazle la ofrenda de tus tesoros. Tu gran tesoro es ser hijo de Dios y hermano de todos los hombres. Él se hizo Hombre para enseñárnoslo. Vive y enseña a vivir así a los hombres.
Con gran afecto, os bendice,
+Carlos Card. Osoro Sierra, arzobispo de Madrid

El arzobispo presentará su libro 'Búscate en mí. Los jóvenes conversan con Jesús' en la vigilia de este viernes


Fue tras la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia, en julio del año pasado, cuando el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, decidió plasmar en un libro lo que durante tantos años ha venido transmitiendo a jóvenes de distintas generaciones, «las grandes catequesis cristianas desde el inicio mismo de la Iglesia». También le animó la celebración del Año de la Misericordia, y así nació Búscate en mí. Los jóvenes conversan con Jesús (PPC), que presentará a los jóvenes de Madrid este viernes, Epifanía del Señor, en la vigilia de oración que comparte con ellos cada primera semana de mes.
El título nos lleva hasta santa Teresa de Jesús, pues «Búscate en mí» es una frase que un día oyó la santa andariega en la oración y que después comentó en uno de sus poemas. «En el fondo, es la pregunta que deseo que vosotros mismos respondáis: “Tú, joven de este siglo XXI, ¿dónde estás? ¿Quién eres?”. Cuando el ser humano se encuentra a sí mismo, entonces busca a Dios y se lanza a dar a los demás la bondad, la verdad y la belleza que ha encontrado. A todo eso te invito con este libro», explica el propio purpurado.
La obra está conformada por tres capítulos, en los que el cardenal Osoro aborda las oraciones del padrenuestro, el avemaría y el credo frase por frase, incluyendo algún dibujo suyo. Y no se trata de un libro al uso, sino, como él mismo dice, de «un libro que entre todos sigamos escribiendo con la convicción de que Dios es real y se manifiesta en todas partes». Por ello, al final de cada capítulo hay un apartado titulado «Ahora te toca a ti», en el que los jóvenes pueden plasmar sus «descubrimientos y vivencias mediantes reflexiones, relatos, poemas y dibujos según se indica en cada ocasión».
Concurso y ayuda a la Fundación Casa de la Esperanza: Espacio Contigo
Una vez completada su lectura, los jóvenes podrán participar en un concurso con premios, cuyas bases se darán a conocer próximamente; aunque, como afirma el arzobispo, el mayor premio es el de «hallar un sentido más profundo a vuestra vida y convertiros en discípulos misioneros del Señor».
Con este libro, cuyos beneficios irán a parar a la Fundación Casa de la Esperanza: Espacio Contigo, el cardenal Osoro suma una nueva aportación editorial tras la que se presentó el pasado mes de abril, Con rostro de misericordia. Cartas a los niños para que lean con sus padres, una recopilación de 52 escritos para los más pequeños que Osoro ha ido redactando a lo largo de su ejercicio pastoral.
Infomadrid / F. O.

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (1,43-51) POR BENEDICTO XVI





“En la serie de los Apóstoles llamados por Jesús durante su vida terrena, hoy nuestra atención se centra en el apóstol Bartolomé (...) Tradicionalmente se lo identifica con Natanael: un nombre que significa "Dios ha dado". 

(...) Felipe comunicó a Natanael que había encontrado a "ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas: Jesús el hijo de José, el de Nazaret" (Jn 1, 45). Como sabemos, Natanael le manifestó un prejuicio más bien fuerte: "¿De Nazaret puede salir algo bueno?". Esta especie de contestación es, en cierto modo, importante para nosotros. En efecto, nos permite ver que, según las expectativas judías, el Mesías no podía provenir de una aldea tan oscura como era precisamente Nazaret.

Pero, al mismo tiempo, pone de relieve la libertad de Dios, que sorprende nuestras expectativas manifestándose precisamente allí donde no nos lo esperaríamos. Por otra parte, sabemos que en realidad Jesús no era exclusivamente "de Nazaret", sino que había nacido en Belén (cf. Mt 2, 1; Lc 2, 4) y que, en último término, venía del cielo, del Padre que está en los cielos. 

La historia de Natanael nos sugiere otra reflexión: en nuestra relación con Jesús no debemos contentarnos sólo con palabras. Felipe, en su réplica, dirige a Natanael una invitación significativa: "Ven y lo verás" (Jn 1, 46).

Nuestro conocimiento de Jesús necesita sobre todo una experiencia viva: el testimonio de los demás ciertamente es importante, puesto que por lo general toda nuestra vida cristiana comienza con el anuncio que nos llega a través de uno o más testigos. Pero después nosotros mismos debemos implicarnos personalmente en una relación íntima y profunda con Jesús. 

De modo análogo los samaritanos, después de haber oído el testimonio de su conciudadana, a la que Jesús había encontrado junto al pozo de Jacob, quisieron hablar directamente con Él y, después de ese coloquio, dijeron a la mujer: "Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que este es verdaderamente el Salvador del mundo" (Jn 4, 42). 

Volviendo a la escena de vocación, el evangelista nos refiere que, cuando Jesús ve a Natanael acercarse, exclama: "Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño" (Jn 1, 47). Se trata de un elogio que recuerda el texto de un salmo: "Dichoso el hombre... en cuyo espíritu no hay fraude" (Sal 32, 2), pero que suscita la curiosidad de Natanael, que replica asombrado: "¿De qué me conoces?" (Jn 1, 48). 

La respuesta de Jesús no es inmediatamente comprensible. Le dice: "Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi" (Jn 1, 48). No sabemos qué había sucedido bajo esa higuera. Es evidente que se trata de un momento decisivo en la vida de Natanael. 

Él se siente tocado en el corazón por estas palabras de Jesús, se siente comprendido y llega a la conclusión: este hombre sabe todo sobre mí, sabe y conoce el camino de la vida, de este hombre puedo fiarme realmente. Y así responde con una confesión de fe límpida y hermosa, diciendo: "Rabbí, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel" (Jn 1, 49). En ella se da un primer e importante paso en el itinerario de adhesión a Jesús. 

Las palabras de Natanael presentan un doble aspecto complementario de la identidad de Jesús: es reconocido tanto en su relación especial con Dios Padre, de quien es Hijo unigénito, como en su relación con el pueblo de Israel, del que es declarado rey, calificación propia del Mesías esperado. 

No debemos perder de vista jamás ninguno de estos dos componentes, ya que si proclamamos solamente la dimensión celestial de Jesús, corremos el riesgo de transformarlo en un ser etéreo y evanescente; y si, por el contrario, reconocemos solamente su puesto concreto en la historia, terminamos por descuidar la dimensión divina que propiamente lo distingue. 

Sobre la sucesiva actividad apostólica de Bartolomé-Natanael no tenemos noticias precisas. (...) De todos modos, sigue estando ante nosotros para decirnos que la adhesión a Jesús puede vivirse y testimoniarse también sin la realización de obras sensacionales. Extraordinario es, y seguirá siéndolo, Jesús mismo, al que cada uno de nosotros está llamado a consagrarle su vida y su muerte. 
(Benedicto XVI, catequesis del 4 de octubre de 2006)

MAESTRO, TÚ ERES EL HIJO DE DIOS, TÚ ERES EL REY DE ISRAEL (EVANGELIO DE HOY)




Lectura del santo evangelio según san Juan (1,43-51):

En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: «Sígueme.»

Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.»

Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?»

Felipe le contestó: «Ven y verás.»

Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»

Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?»

Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»

Natanael respondió: «Rabí, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel.»

Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.»

Y añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor

Papa: Para hablar de esperanza a quien está desesperado, hay que compartir su desesperación

 La esperanza cristiana vivida a partir de la experiencia del llanto. En la primera Audiencia General del nuevo año el Papa Francisco prosiguió con su serie de catequesis sobre la esperanza cristiana y meditó a partir de la lectura del profeta Jeremías, que habla de Raquel, esposa de Jacob y madre de José y Benjamín, quien llora por sus hijos que - en un cierto sentido  - han muerto yendo en el exilio: "El profeta Jeremías habla de Raquel que llora en Ramá porque sus hijos, que han salido para el destierro, ya no están. Raquel representa el dolor de tantas madres que también hoy lloran la pérdida de un hijo o de un ser querido y no encuentran consuelo. Ante el dolor de los demás debemos mostrar una gran delicadeza, y compartir su sufrimiento y su llanto si queremos que nuestras palabras puedan dar un poco de esperanza".
En la catequesis en italiano el Papa profundizó en este punto, al subrayar que Raquel "no quiere" ser consolada, y que dicho rechazo es manifiestación de la profundidad del dolor y de la amargura de su llanto: "ante la tragedia de la pérdida de los hijos,  -dijo - la madre no puede aceptar gestos o palabras de consuelo, que son siempre inadecuados, y nunca son capaces de menguar el dolor de una herida que no puede y no quiere ser sanada".
Un rechazo, el de Raquel, que nos enseña cuánta delicadeza se nos pide ante el dolor de los demás, pues, "para hablar de esperanza a quien está desesperado, es necesario compartir su desesperación", y "para secar una lágrima del rostro de quien sufre, es necesario unir al suyo, nuestro llanto". Si no puedo decir palabras así, con el llanto, con el dolor, dijo Francisco, "mejor el silencio; la caricia, el gesto y nada de palabras".
Prosiguiendo con la lectura, el Santo Padre habló de la respuesta de Dios al llanto de Raquel y la aplicación que de este texto realiza posteriormente el evangelista Mateo al referirse a la matanza de los niños en Belén: "Dios responde al llanto de Raquel con una promesa: el pueblo volverá del exilio y vivirá libre en la fe. Las lágrimas de Raquel han engendrado la esperanza. El evangelio de Mateo retoma este texto de Jeremías y lo aplica a la matanza de los niños en Belén, por parte de Herodes. El Hijo de Dios ha entrado en el dolor de los hombres y lo ha compartido hasta el final. En la cruz, Jesús nos entrega a su madre, convirtiéndola en madre del pueblo creyente. Allí, la muerte es vencida y se cumple de modo pleno la profecía de Jeremías. Las lágrimas de María, como las de Raquel, han engendrado la esperanza y una nueva vida".
Para ayudarnos a no olvidar que Jesús, ha entrado en el dolor de los hombres en la Cruz, el Papa ofreció un ejemplo nacido de su propia experiencia: "Cuando alguien se dirige a mí y me hace una pregunta difícil, por ejemplo: 'Me diga padre: ¿Por qué sufren los niños?', de verdad, yo no sé qué cosa responder. Solamente digo: 'Mira el Crucifijo: Dios nos ha dado a su Hijo, Él ha sufrido, y tal vez ahí encontrarás una respuesta. No hay otras respuestas. Solamente mirando el amor de Dios que da en su Hijo que ofrece su vida por nosotros, se puede indicar el camino de la consolación'".
La catequesis en español concluyó con la invitación del pontífice a que pidamos a la Virgen que nos ayude a tener siempre viva nuestra esperanza en medio del dolor, y que con nuestra delicadeza y ternura sepamos ser instrumentos de la presencia y cercanía de Dios para el que sufre. 
(Griselda Mutual - Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)


miércoles, 4 de enero de 2017

En el año 2016 han sido asesinados 28 agentes pastorales católicos



En el año 2016 han sido asesinados en todo el mundo 28 agentes pastorales católicos. Por octavo año consecutivo, el número más alto se ha registrado en América, incrementándose dramáticamente el número de religiosas asesinadas, que este año son 9, más del doble en comparación con el año 2015.
Según la información recopilada por la Agencia Fides, durante el año 2016 han sido asesinados de forma violenta 14 sacerdotes, 9 religiosas, 1 seminarista y 4 laicos. En cuanto a la división continental, en América han sido asesinados 12 agentes de pastoral (9 sacerdotes y 3 religiosas); en África han perdido la vida 8 agentes de pastoral (3 sacerdotes, 2 religiosas, 1 seminarista y 2 laicos); en Asia han sido asesinados 7 agentes de pastoral (1 sacerdote, 4 religiosas y 2 laicos); en Europa ha sido asesinado 1 sacerdote.
Como viene sucediendo en los últimos años, la mayor parte de los agentes pastorales han sido asesinados como resultado de intentos de robo o hurto, y en algunos casos agredidos con ferocidad, una señal del clima de decadencia moral, de pobreza económica y cultural, que genera violencia y desprecio por la vida misma.
En estas situaciones, similares en todas las latitudes del mundo, los sacerdotes, las religiosas y los laicos asesinados formaban parte de esas personas que denuncian a gritos la injusticia, la discriminación, la corrupción, la pobreza, en el nombre del Evangelio. Por esta razón también ellos lo han pagado con dolor, como en el caso del sacerdote José Luis Sánchez Ruiz, de la diócesis de San Andres Tuxtla (Veracruz, México), secuestrado y luego liberado con «signos evidentes de tortura», según un comunicado de la diócesis. En los días anteriores al secuestro había recibido amenazas, sin duda por su dura crítica contra la corrupción y el crimen rampante (véase Fides 14/11/2016). Como ha señalado el Papa Francisco en la fiesta del primer mártir San Esteban, «el mundo odia a los cristianos por la misma razón que odiaba a Jesús porque Él trajo la luz de Dios y el mundo prefiere la oscuridad para ocultar sus malas obras» ( Ángelus 26.12.2016).
Todos ellos vivían en la vida cotidiana dando su testimonio: administrando los sacramentos, ayudando a los pobres y los marginados, cuidando de los huérfanos y de los drogadictos, siguiendo proyectos de desarrollo o simplemente tendiendo la mano a quienes pudiesen necesitarlo. Algunos fueron asesinados por las mismas personas a las que ayudaban. Es difícil que las investigaciones llevadas a cabo por las autoridades locales puedan conducir a la identificación de los autores o de los instigadores de estos homicidios o ha descubrir los motivos.
Genera gran preocupación la suerte de los agentes pastorales secuestrados o desaparecidos, de los cuales no se han recibido noticias desde hace tiempo.
La lista anual de Fides, que sin duda es incompleta, no se refiere sólo de los misioneros ad gentes en sentido estricto, sino a todos los agentes pastorales asesinados de forma violenta. No se utiliza el término «mártires», si no sólo en su sentido etimológico de «testigos» para no entrar en el juicio que la Iglesia podrá dar a algunos de ellos, y también por las pocas noticias que se consigue recoger sobre su vida y las circunstancias de la muerte.
A la lista provisional realizada anualmente por la Agencia Fides, siempre hay que añadir la larga lista de aquellos muchos, de los cuales tal vez nunca se tendrá noticia o de los que ni siquiera se sabrá el nombre, que en todos los rincones del planeta sufren y pagan con sus vidas, su fe en Jesucristo. El Papa Francisco nos recuerda a menudo que «hoy en día hay cristianos asesinados, torturados, encarcelados, sacrificados porque no reniegan a Jesucristo»… «los mártires de hoy son más numerosos que los de los primeros siglos».
Agencia Fides
Zenit

Estambul. Mons. Bizzeti: “El Isis no hace distinciones, también hay musulmanes entre las víctimas”


El terrorismo del Isis no hace distinciones, porque matan también a musulmanes y no solamente a los cristianos”. Lo explicó el vicario apostólico de Anatolia, Mons. Paolo Bizzeti, en una entrevista concedida al Tg2000, el telediario de la televisión católica TV2000, al comentar el atentado de la noche del año nuevo en Turquía.
El Isis reivindicó el atentado definiéndolo como “una venganza contra Turquía por el trabajo de Rusia contra el Isis”, dijo.
“No creo sea un problema específico de los cristianos -explicó Mons. Bizzetti- contrariamente habrían realizado atentados contra las iglesias. Estos terroristas atacan con otros criterios”. Porque “el Isis no es expresión del islam, pero del delirio de esta gente”.
La identidad de estas personas no está directamente conectada a un factor religioso. Los primeros que lamentan y condenan tales atentados son los mismos musulmanes con los cuales vivimos. En Turquía la gente está furiosa contra el Isis porque ha causado evidentes daños económicos especialmente al turismo”.
“Como sucedió en París –añade el vicario apostólico de Anatolia– estos terroristas intentan tener el máximo de la resonancia para hacer creer a la opinión pública que ellos son fuertes y potentes. Esto no debe asombrarnos porque detrás hay una estrategia repetida. El atentado es seguramente doloroso y absolutamente condenable”.
“Hay que pedirse –concluyó Mons. Bizzeti– como sea posible que el Isis en todos estos años haya podido proliferar. Aquí todos están llamados en causo porque Europa y Estados Unidos se han quedado mirando y haciendo bien poco. Todos hicieron poco para erradicar este Estado Islámico”.
“Peor aún, sabemos que detrás hay un floreciente comercio de armas. Sería necesario reflexionar sobre el terreno en el cual el Isis puso raíces y siguió trabajando por diversos años. El Isis no ha sido en absoluto combatido de manera eficaz y coordinada”, concluyó Mons. Bizzeti.
Zenit

Cardenal Osoro: «Más fuerte que la violencia es la paz que viene de Jesucristo»


El arzobispo de Madrid subrayó el pasado domingo, 1 de enero, en la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, que hoy el hombre no sabe quién es y es la Virgen la que se lo muestra y la que le dice cómo ha de vivir al dar vida a Jesús: «Este es el Hijo de Dios, este es el Hijo de Dios que ha tomado rostro humano en mi vientre, que os lo doy para que lo metáis en vuestro corazón, para que sintáis la protección de Dios».
Los hombres se convierten en «hijos en el hijo» y así en hermanos, por lo que «los demás no son unos extraños, nadie es extraño para mí, con todos tengo que construir la paz, a todos tengo que dar esta noticia». «La Iglesia tiene la tarea en este mundo de ofrecer este regalo, sí, a Cristo; el espíritu de Cristo que hace posible que los hombres rompamos todas las fronteras y que nos sintamos hermanos», aseveró.
Aludiendo al mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz, celebrada ese mismo día, el cardenal Osoro incidió en que «estamos en un mundo fragmentado, roto, dividido y lo rompemos más cuanto más retiramos a Dios de nuestra vida». «Cada uno de nosotros nos hacemos dioses y creemos que la verdad está en nosotros, y no somos capaces de perdonar, de dar la mano al otro, sea quien sea, porque no hemos aprendido juntos a decir Padre y a sentir que este mundo es una familia», abundó.
En tiempos de Jesús también había «tremendas violencias» y su respuesta fue, según detalló el purpurado, «un plus de amor y un plus de bondad, un plus de fraternidad, de construcción de la fraternidad»: «No había fronteras. Con las gentes con las que se encontraba Él eran muy distintas y a todas regalaba su amor, la fraternidad, su bondad, les regalaba el sentir y el percibir que eran hijos de Dios, ¿es que no lo vamos a poder hacer nosotros, hermanos? Más fuerte que la violencia es el amor de Dios, más fuerte que la violencia es la paz que viene de Jesucristo. Eliminemos esta violencia de este mundo».
Epifanía y Bautismo del Señor
Esta celebración se enmarca en las numerosas celebraciones de Navidad que está acogiendo la catedral estos días. Este viernes, 6 de enero, el cardenal Osoro presidirá la Eucaristía de la Epifanía del Señor, que dará comienzo a las 12:00 horas. Y este domingo, 8 de enero, a las 12:00 horas, la Misa en la festividad del Bautismo del Señor, durante la cual impartirá el sacramento del Bautismo a un grupo de niños.
Infomadrid / S.M. / R.P.

COMENTARIO AL EVANGELIO DE SAN JUAN (1,35-42) POR BENEDICTO XVI:



“El evangelio nos revela ... que en un primer momento Andrés (hermano de San Pedro, n.d.r.) era discípulo de Juan Bautista; y esto nos muestra que era un hombre que buscaba, que compartía la esperanza de Israel, que quería conocer más de cerca la palabra del Señor, la realidad de la presencia del Señor. 

Era verdaderamente un hombre de fe y de esperanza; y un día escuchó que Juan Bautista proclamaba a Jesús como "el cordero de Dios" (Jn 1, 36); entonces, se interesó y, junto a otro discípulo cuyo nombre no se menciona, siguió a Jesús, a quien Juan llamó "cordero de Dios". El evangelista refiere: "Vieron dónde vivía y se quedaron con Él" (Jn 1, 37-39). 

Así pues, Andrés disfrutó de momentos extraordinarios de intimidad con Jesús. La narración continúa con una observación significativa: "Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Encontró él luego a su hermano Simón, y le dijo: "Hemos hallado al Mesías", que quiere decir el Cristo, y lo condujo a Jesús" (Jn 1, 40-43), demostrando inmediatamente un espíritu apostólico fuera de lo común. 

(...) Las tradiciones evangélicas mencionan particularmente el nombre de Andrés en otras tres ocasiones, que nos permiten conocer algo más de este hombre. La primera es la de la multiplicación de los panes en Galilea, cuando en aquel aprieto Andrés indicó a Jesús que había allí un muchacho que tenía cinco panes de cebada y dos peces: muy poco —constató— para tanta gente como se había congregado en aquel lugar (cf. Jn 6, 8-9). (...) Jesús, sin embargo, supo hacer que fueran suficientes para la multitud de personas que habían ido a escucharlo. 

La segunda ocasión fue en Jerusalén. Al salir de la ciudad, un discípulo le mostró a Jesús el espectáculo de los poderosos muros que sostenían el templo. La respuesta del Maestro fue sorprendente: dijo que de esos muros no quedaría piedra sobre piedra. Entonces Andrés, juntamente con Pedro, Santiago y Juan, le preguntó: "Dinos cuándo sucederá eso y cuál será la señal de que todas estas cosas están para cumplirse" (cf. Mc 13, 1-4). 

Como respuesta a esta pregunta, Jesús pronunció un importante discurso sobre la destrucción de Jerusalén y sobre el fin del mundo, invitando a sus discípulos a leer con atención los signos del tiempo y a mantener siempre una actitud de vigilancia. De este episodio podemos deducir que no debemos tener miedo de plantear preguntas a Jesús, pero, a la vez, debemos estar dispuestos a acoger las enseñanzas, a veces sorprendentes y difíciles, que Él nos da. 

Los Evangelios nos presentan, por último, una tercera iniciativa de Andrés. El escenario es también Jerusalén, poco antes de la Pasión. Con motivo de la fiesta de la Pascua —narra san Juan— habían ido a la ciudad santa también algunos griegos, probablemente prosélitos o personas que tenían temor de Dios, para adorar al Dios de Israel en la fiesta de la Pascua. Andrés y Felipe, los dos Apóstoles con nombres griegos, hacen de intérpretes y mediadores de este pequeño grupo de griegos ante Jesús. 

La respuesta del Señor a su pregunta parece enigmática, como sucede con frecuencia en el evangelio de Juan, pero precisamente así se revela llena de significado. Jesús dice a los dos discípulos y, a través de ellos, al mundo griego: "Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trino no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere da mucho fruto" (Jn 12, 23-24). 

¿Qué significan estas palabras en este contexto? Jesús quiere decir: sí, mi encuentro con los griegos tendrá lugar, pero no se tratará de una simple y breve conversación con algunas personas, impulsadas sobre todo por la curiosidad. Con mi muerte, que se puede comparar a la caída en la tierra de un grano de trigo, llegará la hora de mi glorificación. De mi muerte en la cruz surgirá la gran fecundidad: el "grano de trigo muerto" —símbolo de mí mismo crucificado— se convertirá, con la resurrección, en pan de vida para el mundo; será luz para los pueblos y las culturas. (...)

Según tradiciones muy antiguas, Andrés (...) fue el heraldo y el intérprete de Jesús para el mundo griego. Pedro, su hermano, llegó a Roma desde Jerusalén, pasando por Antioquía, para ejercer su misión universal; Andrés, en cambio, fue el apóstol del mundo griego: así, tanto en la vida como en la muerte, se presentan como auténticos hermanos; una fraternidad que se expresa simbólicamente en la relación especial de las sedes de Roma y Constantinopla, Iglesias verdaderamente hermanas. 

Una tradición sucesiva... narra la muerte de Andrés en Patrás, donde también él sufrió el suplicio de la crucifixión. Ahora bien, en aquel momento supremo, como su hermano Pedro, pidió ser colocado en una cruz distinta de la de Jesús. En su caso se trató de una cruz en forma de aspa, es decir, con los dos maderos cruzados en diagonal, que por eso se llama "cruz de san Andrés". 

(...) Como se puede ver, hay aquí una espiritualidad cristiana muy profunda que, en vez de considerar la cruz como un instrumento de tortura, la ve como el medio incomparable para asemejarse plenamente al Redentor, grano de trigo que cayó en tierra. Debemos aprender aquí una lección muy importante: nuestras cruces adquieren valor si las consideramos y aceptamos como parte de la cruz de Cristo, si las toca el reflejo de su luz. Sólo gracias a esa cruz también nuestros sufrimientos quedan ennoblecidos y adquieren su verdadero sentido. 

Así pues, que el apóstol Andrés nos enseña a seguir a Jesús con prontitud (cf. Mt 4, 20; Mc 1, 18), a hablar con entusiasmo de Él a aquellos con los que nos encontremos, y sobre todo a cultivar con Él una relación de auténtica familiaridad, conscientes de que sólo en Él podemos encontrar el sentido último de nuestra vida y de nuestra muerte”.

(Benedicto XVI, catequesis del 14 de junio de 2006)