lunes, 14 de noviembre de 2016

Transparencia con el dinero de la Iglesia


Con el lema "Somos una gran familia contigo", hoy se celebra el Día de la Iglesia diocesana, más conocida entre nosotros como la Jornada de "Germanor". Es el único día del año que se hace una colecta para ayudar a cada diócesis y asegurarle los recursos económicos necesarios para llevar a cabo todas sus actividades sociales y religiosas.
Cualquier proyecto pastoral tiene un presupuesto económico. Tiene un coste la construcción de un nuevo templo o la conservación de los templos ya existentes, y este coste de mantenimiento no es pequeño cuando se trata de edificios antiguos. Tienen un coste económico las salas de catequesis y los centros juveniles, como lo tienen la ayuda a los necesitados y otras actividades de tipo cultural, social o pastoral.
La Iglesia no es ni debe ser rica. Sin embargo debe atender las necesidades pastorales propias de su misión. Desde hace años -según me han informado- nuestra diócesis trabaja para disponer de una economía diocesana con tres características: suficiente, solidaria y transparente.
Una economía suficiente conlleva que pueda disponer de los recursos necesarios para el cumplimiento de su misión. La ayuda que llega a nuestra diócesis por la vía de la llamada asignación tributaria -por la vía de los ciudadanos que libremente asignan a la Iglesia un pequeño porcentaje del impuesto del rendimiento sobre las personas físicas- representa sólo un tercio del presupuesto diocesano. El resto debe venir de las donaciones directas, sea mediante las suscripciones, las colectas u otros medios.
La colecta que se hace hoy en todos los templos es uno de esos medios. Una economía solidaria tiene que ser también otra característica de nuestra diócesis. Todo esto se hace realidad por medio del Fondo Común Diocesano. El Fondo Común Diocesano es sostenido por las aportaciones de las parroquias. Me complace decir que entre las 215 parroquias de nuestra diócesis de Barcelona no llegan a media docena las que no hacen la aportación que tienen asignada según una previsión razonable de sus posibilidades económicas. El Fondo Común hace un reparto equitativo porque funciona como una caja de compensación. De este modo, la parroquia que tiene más, da más, y la que tiene menos, da menos y, si lo necesita, recibe más.
También ya hace años que nuestra diócesis trabaja para disponer de una economía transparente. Y esta cualidad es ahora de una especial actualidad.
La Conferencia Episcopal Española ha aprobado un Plan de Transparencia que actualiza y reforma los criterios hasta ahora vigentes y que permitirá también el cumplimiento de las nuevas disposiciones legales en este ámbito. El Arzobispado de Barcelona, en algunos aspectos, ya cumple estos compromisos de transparencia, como son la realización de una auditoría anual externa e independiente de sus recursos financieros y tener un portal de transparencia en su página web, un plan contable adaptado y software informático de tratamiento general de datos, entre otros.
Sin embargo, no queremos detenernos, sino que, como en tantos otros aspectos, debemos seguir andando. La Delegación Diocesana de Economía ha aprovechado la ocasión de laJornada de "Germanor" de este año para explicar a las parroquias y a los equipos que llevan su economía estos nuevos criterios de transparencia, que -repito- son un paso adelante y una mejora de los criterios que se están aplicando estos últimos años.
Feliz domingo y que Dios os bendiga a todos.
+ Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Francisco en el ángelus advierte sobre los profetas de desventuras


Después de la misa celebrada en la basílica de San Pedro con motivo del Jubileo de las personas socialmente excluidas, el papa Francisco rezó la oración del ángelus desde la ventana de su estudio que da a la plaza de San Pedro, donde miles de personas le aguardaban.
“Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días! La lectura del evangelio de hoy, contiene la primera parte de las palabras de Jesús sobre los últimos tiempos, escritas por Lucas. Jesús las pronuncia mientras se encuentra delante al Templo de Jerusalén y se apoya en las expresiones de admiración de la gente por la belleza del santuario y de sus decoraciones. Entonces Jesús dice:
“De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”. Podemos imaginar el efecto de estas palabras sobre los discípulos de Jesús. Pero él no quiere ofender al templo sino hacerles entender a ellos y también a nosotros hoy, que las construcciones humanas incluso las más sagradas, son pasajeras y no tenemos que poner en ellas nuestras seguridades.
¡Cuántas presuntas certezas en nuestra vida pensábamos que eran definitivas y después se revelaron efímeras! De otra parte ¡cuántos problemas que parecían sin salida y después fueron superados!
Jesús sabe que existen siempre quienes especulan sobre la necesidad que los hombres tienen de seguridades. Por lo tanto dice: ‘Tengan cuidado, no se dejen engañar’, y pone en guardia ante tantos falsos mesías que se presentarán. También hoy los hay. Y Jesús añade que no hay que hacerse terrorizar y desorientar por las guerras, revoluciones y calamidades, porque estas son también parte de la realidad de este mundo.
La historia de la Iglesia es rica en ejemplos de personas que soportaron tribulaciones y sufrimientos terribles con serenidad, porque eran conscientes de estar fuertemente en las manos de Dios. Él es un padre fiel y atento que no abandona nunca a sus hijos. Nunca, y esta certeza debemos tenerla en nuestro corazón. Dios no nos abandona nunca.
Quedarse firmes en el Señor, caminar en la esperanza de que no nos abandona nunca, trabajar para construir un mundo mejor, a pesar de las dificultades y los hechos tristes que marcan la existencia personal y colectiva es lo que realmente cuenta.
Es lo que la comunidad cristiana está llamada a hacer para ir al encuentro del ‘día del Señor’. Justamente en esta perspectiva queremos colocar el empeño que parte después de estos meses en los cuales hemos vivido con fe el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, que hoy se concluye en las diócesis de todo el mundo, con el cierre de las Puertas Santas en las iglesias catedrales. El Año Santo nos ha llamado, de una parte, a tener fija la mirada hacia el cumplimiento del Reino de Dios, y de otra a construir el futuro sobre esta tierra, trabajando para evangelizar el presente y para realizar un tiempo de salvación para todos.
Jesús en el Evangelio nos exhorta a tener firme en la mente y en el corazón la certeza de que Dios conduce nuestra historia y conoce el fin último de las cosas y de los eventos.
Bajo la mirada misericordiosa del Señor, se sucede la historia en su fluir incierto y en su entrelazarse del bien y del mal. Pero todo lo que sucede está conservado en Él, nuestra vida no se puede perder porque está en sus manos.
Recemos a la Virgen María, para que nos ayude a través de los hechos gozosos y tristes de este mundo a mantenernos firme en la esperanza de la la eternidad de Dios. Recemos a la Virgen para que nos ayude a entender en profundidad la verdad de que Dios nunca abandona a sus hijos”.
El papa reza el ángelus y después dice las siguientes palabras:
Queridos hermanos y hermanas, en esta semana ha sido restituido a la devoción de los fieles el más antiguo crucifico de madera de la basílica de San Pedro, que se remonta al siglo XIV. Después de una laboriosa restauración fue llevado al antiguo esplendor y será colocado en la capilla del Santísimo Sacramento, para recordar el Jubileo de la Misericordia.
Hoy se celebra en Italia la tradicional Jornada de agradecimiento por los frutos de la tierra y del trabajo humano. Me asocio a los obispos en el deseo que la madre tierra sea siempre cultivada de manera sostenible. La Iglesia está con simpatía y reconocimiento al lado del mundo agrícola y no se olvida de quienes en diversas partes del mundo están privados de dones esenciales como los alimentos y el agua.
Saludo a todos, familias, parroquias, asociaciones y fieles, que han venido desde Italia y tantas partes del mundo. En particular saludo y agradezco a las asociaciones que en estos días han animado el Jubileo de las personas marginadas. Saludo a los peregrinos provenientes de Río de Janeiro, Salerno, Piacenza, Veroli y Acri, y también al consultorio ‘La familia’ de Milán, y a las fraternidades italianas de la Orden secular Trinitaria.
A todos les deseo un buen domingo. Por favor no se olviden de rezar por mi”. Y concluyó con el consueto “¡Buon pranzo e arrivederci!”.

El Papa: “Dios no excluye a nadie de su designio amoroso de salvación”


El papa Francisco ha celebrado este sábado la última audiencia jubilar del Año de la Misericordia. Miles de personas procedentes de todo el mundo le han recibido en la plaza de san Pedro, para escucharle y pedirle su bendición. Mientras que banderas de todo el mundo ondeaban, el Santo Padre saludaba a los fieles desde el papamóvil.
En la catequesis de hoy, el Pontífice ha meditado sobre la “misericordia y la inclusión”. Así, en el resumen de la catequesis que el Papa hace en español, ha indicado que en esta última audiencia jubilar consideramos un aspecto importante de la misericordia: “la inclusión, que refleja el actuar de Dios, que no excluye a nadie de su designio amoroso de salvación, sino llama a todos”. Esta es la invitación que hace Jesús en el Evangelio de Mateo que se ha escuchado al inicio de la audiencia, ha recordado el Papa, “vengan a mí todos los que están cansados y agobiados”.
De este modo, el Santo Padre ha asegurado que “nadie está excluido de esta llamada, porque la misión de Jesús es revelar a cada persona el amor del Padre”.
Por otro lado, el Pontífice ha precisado que por el sacramento del bautismo, “nos convertimos en hijos de Dios y en miembros del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia”. Por eso, como cristianos, ha asegurado, “estamos invitados a hacer nuestro este criterio de la misericordia, con el que tratamos de incluir en nuestra vida a todos, acogiéndolos y amándolos como los ama Dios”. Así –ha subrayado el Papa– evitamos encerrarnos en nosotros mismos y en nuestras propias seguridades.
Finalmente, el Santo Padre ha recordado que en Evangelio nos impulsa a reconocer en la historia de la humanidad “el designio de una gran obra de inclusión” que, respetando la libertad de cada uno, “llama a todos a formar una única familia de hermanos y hermanas, y a ser miembros de la Iglesia, cuerpo de Cristo”.
A continuación, el Papa ha saludado cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los provenientes de España y Latinoamérica. Así, ha pedido que el Señor Jesús, que a todos acoge con sus brazos abiertos en la cruz, “nos ayude a crecer como hermanos en su amor y a ser instrumentos de la misericordia y ternura del Padre”.  
Para concluir, el Papa ha saludado a los voluntarios del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, procedentes de distintos países. Les ha dado las gracias “por el precioso servicio prestado para que los peregrinos pudieran vivir bien esta experiencia de fe”. Asimismo, les ha asegurado que a lo largo de estos meses, ha notado su “discreta presencia en la plaza con el logo del Jubileo”. El Papa ha reconocido sentirse “admirado por la dedicación, la paciencia y el entusiasmo” con el que han realizado este trabajo.
Finalmente ha dedicado, como siempre, una saludo particular a los jóvenes, los enfermos y los recién casados. De este modo, ha señalado que ayer se recordó la memoria de san Martín de Tours, patrón de los mendicantes, de quien este año se celebra el XVII centenario de su nacimiento. Por eso, ha pedido a los jóvenes, especialmente a los estudiantes Erasmus de Europa, que el ejemplo del santo les suscite “el deseo de cumplir los gestos de concreta solidaridad”. Mientras que ha deseado para los enfermos que la confianza en Cristo de san Martín les “apoye en las pruebas de la enfermedad”. Para los recién casados ha pedido que “la rectitud moral” les recuerde “la importancia de los valores en la educación de los hijos”.
Zenit

Papa Francisco: «Cuánto daño hace fingir que los excluidos y rechazados no existen»


El Papa ha querido que el último gran evento del Jubileo esté dedicado precisamente a los considerados como «últimos» en la sociedad. Pero, en este caso, el ser los «últimos» del Año Santo no ha sido un desmerecimiento sino al contrario, el Santo Padre les ha dado la mejor de las acogidas en el Vaticano. Son más de 6.000 personas sin hogar de toda Europa y desde el viernes han vivido en Roma unas jornadas única y exclusivamente preparadas para ellos. Si bien se trata de un sencillo signo en medio del duro día a día de quien no tiene un techo bajo el que cobijarse, es un signo fuerte, una llamada de atención para que no «nos acostumbremos a este tipo de descarte». Es la constante reivindicación que Papa Francisco ha renovado este domingo durante la multitudinaria misa que presidió para ellos en la basílica de San Pedro.
El Santo Padre ha subrayado que «es para preocuparse cuando se adormece la conciencia y no se presta atención al que sufre junto a nosotros o a los graves problemas del mundo, que se convierten solamente en una cantinela ya oída en los titulares de los telediarios».
Lejos de cualquier planteamiento naíf y consciente de que hablaba ante personas sin bienes materiales, ha invitado a la reflexión sobre lo que es verdaderamente importante en la vida. A partir de la lectura del profeta Malaquías, que se ha proclamado durante la celebración eucarística, el Pontífice ha perfilado dos categorías de personas. Por un lado, los que ponen su esperanza en Dios «eligiéndolo como el bien más alto de sus vidas y negándose a vivir sólo para sí mismos y a sus intereses personales». Por otro, y en contraposición, existen «los arrogantes, a los que han puesto la seguridad de su vida en su autosuficiencia y en los bienes del mundo».
A partir de ahí el Papa ha preguntado sobre «el significado último de la vida» y sobre si esa vida se cimienta en «el Señor de la vida o en las cosas que pasan y no llenan». Porque todo lo material, ha recordado el Santo Padre, pasa, «incluso los reinos más poderosos, incluso esta basílica», ha apostillado. También ha animado a «no tener miedo ante las agitaciones de cada época, ni siquiera ante las pruebas más severas e injustas que afligen a sus discípulos», puesto que «Dios no se olvida de sus fieles, su valiosa propiedad, que somos nosotros».
Por tanto, ha vuelto a inquirir: «¿Qué es lo que queda?, ¿qué es lo que tiene valor en la vida?». Dos cosas, según el Pontífice, «Dios y el prójimo». Aunque con demasiada frecuencia, «se prefieren las cosas que pasan», por encima de las personas que «tantas veces vienen descartadas». Conmovido, el Papa ha recordado que, son estas personas las que nos ayudan «a sintonizar con Dios, para ver lo que Él ve: Él no se queda en las apariencias, sino que pone sus ojos en el humilde y abatido, en tantos pobres Lázaros de hoy. Cuánto mal nos hace fingir que no nos damos cuenta de Lázaro que es excluido y rechazado». «Es darle la espalda a Dios», ha repetido el Papa en dos ocasiones durante la homilía.
También ha hablado de otra injusticia que debe alarmarnos a todos, «la esclerosis espiritual» que se apodera del cristiano cuando se centra en las cosas materiales «que hay que producir», en lugar «de las personas hay que amar». El Papa lo ha llamado «la trágica contradicción de nuestra época»: el progreso que no se detiene pero que cada vez excluye a más personas. «Es una gran injusticia que nos tiene que preocupar», ha insistido, porque nunca habrá «paz en nuestra casa si falta justicia en la casa de todos, no se puede estar tranquilo en casa mientras Lázaro yace postrado a la puerta». De ahí que antes de concluir sus palabras haya hecho una última petición, un esfuerzo por «abrir los ojos al prójimo, sobre todo al hermano olvidado y excluido. A quienes están en nuestra puerta»; como el pobre Lázaro que hasta su muerte pasó los días mendigando a la puerta del rico Epulón quien ni siquiera le dio las sobras de sus opíparos banquetes.

Ángeles Conde. Ciudad del Vaticano. ABC


TU FE TE HA CURADO


 


Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,35-43):

En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna.

Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron: «Pasa Jesús Nazareno.»

Entonces gritó: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!»

Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»

Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?»

Él dijo: «Señor, que vea otra vez.»

Jesús le contestó: «Recobra la vista, tu fe te ha curado.»

En seguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.

Palabra del Señor

domingo, 13 de noviembre de 2016

Para tiempos difíciles

Los profundos cambios socioculturales que se están produciendo en nuestros días y la crisis religiosa que sacude las raíces del cristianismo en occidente, nos han de urgir más que nunca a buscar en Jesús la luz y la fuerza que necesitamos para leer y vivir estos tiempos de manera lúcida y responsable.
Llamada al realismo
En ningún momento augura Jesús a sus seguidores un camino fácil de éxito y gloria. Al contrario, les da a entender que su larga historia estará llena de dificultades y luchas. Es contrario al espíritu de Jesús cultivar el triunfalismo o alimentar la nostalgia de grandezas. Este camino que a nosotros nos parece extrañamente duro es el más acorde a una Iglesia fiel a su Señor.
No a la ingenuidad
En momentos de crisis, desconcierto y confusión no es extraño que se escuchen mensajes y revelaciones proponiendo caminos nuevos de salvación. Estas son las consignas de Jesús. En primer lugar, «que nadie os engañe»: no caer en la ingenuidad de dar crédito a mensajes ajenos al evangelio, ni fuera ni dentro de la Iglesia. Por tanto, «no vayáis tras ellos»: No seguir a quienes nos separan de Jesucristo, único fundamento y origen de nuestra fe.
Centrarnos en lo esencial
Cada generación cristiana tiene sus propios problemas, dificultades y búsquedas. No hemos de perder la calma, sino asumir nuestra propia responsabilidad. No se nos pide nada que esté por encima de nuestras fuerzas. Contamos con la ayuda del mismo Jesús: «Yo os daré palabras y sabiduría»... Incluso en un ambiente hostil de rechazo o desafecto, podemos practicar el evangelio y vivir con sensatez cristiana.
La hora del testimonio
Los tiempos difíciles no han de ser tiempos para los lamentos, la nostalgia o el desaliento. No es la hora de la resignación, la pasividad o la dimisión. La idea de Jesús es otra: en tiempos difíciles «tendréis ocasión de dar testimonio». Es ahora precisamente cuando hemos de reavivar entre nosotros la llamada a ser testigos humildes pero convincentes de Jesús, de su mensaje y de su proyecto.
Paciencia
Esta es la exhortación de Jesús para momentos duros: «Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas». El término original puede ser traducido indistintamente como «paciencia» o «perseverancia». Entre los cristianos hablamos poco de la paciencia, pero la necesitamos más que nunca. Es el momento de cultivar un estilo de vida cristiana, paciente y tenaz, que nos ayude a responder a nuevas situaciones y retos sin perder la paz ni la lucidez.
José Antonio Pagola

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (21,5-19)


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de hoy consiste en la primera parte de un discurso de Jesús: sobre los últimos tiempos. Jesús lo pronuncia en Jerusalén, en las inmediaciones del templo; y la ocasión se la dio precisamente la gente que hablaba del templo y de su belleza. Porque era hermoso ese templo. 

Entonces Jesús dijo: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida» (Lc 21, 6). Naturalmente le preguntan: ¿cuándo va a ser eso?, ¿cuáles serán las señales? Pero Jesús desplaza la atención de estos aspectos secundarios —¿cuándo será? ¿cómo será?—, la desplaza a las verdaderas cuestiones. 

Y son dos. Primero: no dejarse engañar por los falsos mesías y no dejarse paralizar por el miedo. Segundo: vivir el tiempo de la espera como tiempo del testimonio y de la perseverancia. Y nosotros estamos en este tiempo de la espera, de la espera de la venida del Señor. 

Este discurso de Jesús es siempre actual, también para nosotros que vivimos en el siglo XXI. Él nos repite: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre». Es una invitación al discernimiento, esta virtud cristiana de comprender dónde está el espíritu del Señor y dónde está el espíritu maligno. 

También hoy, en efecto, existen falsos «salvadores», que buscan sustituir a Jesús: líder de este mundo, santones, incluso brujos, personalidades que quieren atraer a sí las mentes y los corazones, especialmente de los jóvenes. Jesús nos alerta: «¡No vayáis tras ellos!». «¡No vayáis tras ellos!».

El Señor nos ayuda incluso a no tener miedo: ante las guerras, las revoluciones, pero también ante las calamidades naturales, las epidemias, Jesús nos libera del fatalismo y de falsas visiones apocalípticas.

El segundo aspecto nos interpela precisamente como cristianos y como Iglesia: Jesús anuncia pruebas dolorosas y persecuciones que sus discípulos deberán sufrir, por su causa. Pero asegura: «Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá» (v. 18). Nos recuerda que estamos totalmente en las manos de Dios. 

Las adversidades que encontramos por nuestra fe y nuestra adhesión al Evangelio son ocasiones de testimonio; no deben alejarnos del Señor, sino impulsarnos a abandonarnos aún más a Él, a la fuerza de su Espíritu y de su gracia.

En este momento, pensemos juntos en los muchos hermanos y hermanas cristianos que sufren persecuciones a causa de su fe. Son muchos. Tal vez muchos más que en los primeros siglos. Jesús está con ellos. También nosotros estamos unidos a ellos con nuestra oración y nuestro afecto; sentimos admiración por su valentía y su testimonio. Son nuestros hermanos y hermanas, que en muchas partes del mundo sufren a causa de ser fieles a Jesucristo. 

Al final, Jesús hace una promesa que es garantía de victoria: «Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas». ¡Cuánta esperanza en estas palabras! Son una llamada a la esperanza y a la paciencia, a saber esperar los frutos seguros de la salvación, confiando en el sentido profundo de la vida y de la historia: las pruebas y las dificultades forman parte de un designio más grande; el Señor, dueño de la historia, conduce todo a su realización. 

A pesar de los desórdenes y los desastres que agitan el mundo, el designio de bondad y de misericordia de Dios se cumplirá. Y ésta es nuestra esperanza: andar así, por este camino, en el designio de Dios que se realizará. Es nuestra esperanza. Este mensaje de Jesús nos hace reflexionar sobre nuestro presente y nos da la fuerza para afrontarlo con valentía y esperanza, en compañía de la Virgen, que siempre camina con nosotros.
(Papa Francisco, Ángelus del 17 de noviembre de 2013)

CON VUESTRA PERSEVERANCIA SALVARÉIS VUESTRAS ALMAS





Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,5-19):

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos.

Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.»

Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?»

Él contestó: «Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien: "El momento está cerca"; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.»

Luego les dijo: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. 

Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. 

Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. 

Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.»

Palabra del Señor

sábado, 12 de noviembre de 2016

El Papa Francisco al Padre Ángel en Roma: “Seguí, Ángel. Ellos sí que son la carne de Cristo”


"Seguí, Ángel. Ellos sí que son la carne de Cristo", han sido las palabras que el Padre Ángel ha contado haber recibido del Papa de Roma, en referencia a los sin techo a los que la ONG del P. Ángel atiende.
"Ha sido precioso. En la homilía nos ha hablado del amor y después, cuando me he acercado a saludarle, me ha dicho que todos los templos deberían estar abiertos las 24 horas, como el mío", declara el presidente de Mensajeros. "Ha pedido al fotógrafo que nos hiciera una foto. Aún sigo impresionado".
El fundador de Mensajeros le ha regalado al Papa en Santa Marta un dibujo original del altar de la iglesia que un sin techo, que dibuja dentro de San Antón, ha realizado. "Michael siempre pinta sentado en uno de los bancos de San Antón. Me ha alegrado mucho poder hacerle este regalo al Papa", comenta el Padre Ángel.
El cardenal español Santos Abril, actual arcipreste de la Basílica papal Santa María la Mayor, ha recibido a primera hora de la mañana, dentro del Vaticano, al grupo de personas sin hogar que está realizando esta peregrinación. El Padre Ángel se ha unido, tras su paso por Sta Marta.
S. Abril ha oficiado una misa en la que ha explicado que, cuando conoció al Papa Francisco, sin ser Papa ya "iba a visitar los lugares de aquellos que no tenían ningún lugar, porque su vocación es servir a la dignidad de todo ser humano". Emocionado por recibir a los sintecho del Padre Ángel en Roma, les ha animado a apoyarse los unos a los otros, para poder salir adelante.
Después de un paseo por los Jardines Vaticanos, las casi cincuenta personas en situación de calle que han viajado desde Madrid a Roma junto al Padre Ángel, respondiendo a la llamada del Papa Francisco, que ha convocado para hoy viernes 11 de noviembre el "Jubileo de la Misericordia", han asistido a su audiencia en el Aula Pablo VI.
Unidos en la celebración del Jubileo a otros cientos de asociaciones que trabajan por la dignidad de las personas en situación de calle, los usuarios y trabajadores del templo del Padre Ángel le han entregado, de nuevo, un recuerdo al Papa: un cuadro con la imagen del altar de la iglesia que les acoge, abierta las 24 horas del día en el centro de Madrid.
"La vida se nos hace bella también en las situaciones más tristes. Eso se llama dignidad", ha reivindicado el Papa Francisco. "La misma dignidad que tuvo Jesús, que nació pobre y murió pobre. Pobre sí. Dominado no", ha sentenciado.
Los sin techo que atiende Mensajeros de la Paz han disfrutado de todas las emociones de la jornada acompañados por Marta Higueras, Primera Teniente Alcalde del Ayuntamiento de Madrid, y Mari Sol Frías, Directora General de Mayores del Ayuntamiento de Madrid.
La segunda de Manuela Carmena, la alcaldesa de Madrid, no ha querido perderse el viaje, respondiendo a la invitación del Padre Ángel. Con toda la amabilidad y la cercanía, ambos cargos han acompañado a las personas sin hogar, compartiendo conversaciones, desde muy temprano y hasta la recepción en le Embajada de España en la Santa Sede, que ha invitado al grupo a un lujoso aperitivo.
"Es un privilegio haberles traído hasta aquí y ver lo que están disfrutando de la ciudad, las comidas, el hotel, la audiencia con Francisco, el trato con políticos y embajadores...Todavía nos quedan unos días de viaje y espero que sigamos recordando que hay que ayudar a los demás para sentir que caminamos", concluye el Padre Ángel.
Mensajeros de la Paz


El Papa pide perdón a los pobres por los cristianos que miran hacia otro lado



“Pasión y ensueño”. Es la invitación del papa Francisco a los participantes de la audiencia de las personas con condiciones precarias, durante el fin de semana del Jubileo de los excluidos. Así, el Santo Padre les ha hablado de la pasión que a veces nos hace sufrir, nos pone trabas, internas, externas, la pasión de la enfermedad, pero también del apasionarse con salir adelante, la buena pasión que lleva a soñar.
Además, ha asegurado que para él una persona es pobre cuando pierde “la capacidad de soñar, de llevar una pasión adelante”. Por ello, el Pontífice les ha pedido que no dejen de soñar, “sueñen que un día el mundo puede cambiar”.
En esta misma línea, ha subrayado que “la pobreza está en el corazón del Evangelio”. Solo aquel que siente que le falta algo –ha indicado– mira arriba y sueña. “El que tiene todo no puede soñar”.
El Santo Padre ha pedido a los presentes que enseñen “a todos los que tenemos techo, que no nos falta la comida o la medicina”. Enséñenos –ha exhortado– a no estar satisfechos.
Otro concepto al que el Pontífice ha hecho referencia en su discurso es la dignidad, es decir, “encontrar la vida bella en las peores situaciones”. La capacidad de encontrar belleza aun en las cosas más tristes, y más sufridas, –ha reconocido–  solamente puede hacerlo un hombre o una mujer con dignidad. “Pobre sí, arrastrado no. Eso es dignidad”, ha asegurado el Papa.
Esta es “la misma dignidad que tuvo Jesús que nació pobre, vivió pobre”. “Pobre sí, dominado no, explotado no”. Este sentimiento de ver que la vida es bella, “esta dignidad los ha salvado de ser esclavos”, ha observado. “Pobres sí, esclavos no”.  Por otro lado ha profundizado sobre el sentido de la solidaridad. “Saber ayudarse, dar la mano a quien está sufriendo más que yo”. La capacidad de ser solidario –ha observado– es uno de los frutos que nos da la pobreza.
“Cuando hay mucha riqueza uno se olvida de ser solidario porque está acostumbrado a que no le falte nada”, ha advertido. Mientras que “la pobreza vuelve solidario y se extiende la mano a quien está pasando una situación más difícil”. De este modo, el Santo Padre ha dado las gracias a los presentes por este ejemplo que dan y les ha pedido que enseñen esta solidaridad al mundo.  
Por otro lado, el Pontífice ha hablado de la paz: “la paz que para nosotros los cristianos empezó en un establo, en una familia marginada”. Así, Francisco ha asegurado a los presentes que son “artífices de paz”. Al respecto ha observado que “las guerras se hacen entre ricos para tener más”. Por eso ha advertido que “es muy triste cuando la guerra llega a hacerse entre los pobres”. Los pobres, desde su misma pobreza, son más proclives a ser artesanos de la paz. Y ha perseguido afirmando que “todas las religiones necesitan crecer en la paz porque todas las religiones son mensajeras de paz”.
En la última parte de su discurso, el Papa ha querido pedir perdón, por si alguna vez les ofendió con sus palabras o por no haber dicho las cosas que debía decir. También les ha pedido perdón en nombre de los cristianos que leen el Evangelio “no encontrando la pobreza en el centro”. Pido perdón–ha dicho el Papa– por los cristianos que delante de una persona pobre o situación pobre miramos a otro lado. Al mismo tiempo ha asegurado a los participantes del encuentro que el perdón de ellos “es agua bendita para nosotros”. Es, ha añadido, ayudarnos a volver a creer que en el corazón del Evangelio está la pobreza como gran mensaje.
Al finalizar el encuentro, el Santo Padre ha hecho esta oración. “Dios Padre de todos nosotros, de cada uno de tus hijos, te pido que nos des fortaleza, que nos des alegría, que nos enseñes a soñar para mirar adelante. Que nos enseñes a ser solidarios porque somos hermanos y que nos ayudes a defender nuestra dignidad. Tu eres el Padre de cada uno de nosotros. Bendícenos, amén”.
Zenit


COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (18,1-8)


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
La parábola evangélica que acabamos de escuchar contiene una enseñanza importante: «Es preciso orar siempre sin desfallecer». Por lo tanto, no se trata de rezar alguna vez, cuando tengo ganas. No, Jesús dice que hay que «rezar siempre, sin desfallecer». Y presenta el ejemplo de la viuda y del juez.

El juez es un personaje poderoso, llamado a dar una sentencia según la Ley de Moisés. Por esto la tradición bíblica recomendaba que los jueces fuesen personas temerosas de Dios, dignas de fe, imparciales e incorruptibles (cf. Ex 18, 21). 

Pero este juez «ni temía a Dios ni respetaba a los hombres» (v. 2). Era un juez inicuo, sin escrúpulos, que no tenía en cuenta la ley sino que hacía lo que quería, según su interés. A él se dirige una viuda para obtener justicia. 

Las viudas, junto con los huérfanos y los extranjeros, eran las categorías más débiles de la sociedad. Los derechos que les aseguraba la Ley podían ser pisoteados con facilidad porque, al ser personas solas y sin defensa, difícilmente podían hacerse valer: una pobre viuda, allí, sola, nadie la defendía, podían ignorarla, incluso no ofrecerle justicia. Así también el huérfano, así el extranjero, el inmigrante: en esa época era muy fuerte esta problemática. 

Ante la indiferencia del juez, la viuda recurre a su única arma: continuar insistentemente a importunarlo, presentándole su petición de justicia. Y precisamente con esta perseverancia alcanza el objetivo. El juez, en efecto, a un cierto punto la escucha, no por misericordia, ni porque la conciencia se lo impone; sencillamente admite: «Como esta viuda me causa molestia, le voy hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme».

De esta parábola Jesús saca una doble conclusión: si la viuda logra convencer al juez deshonesto con sus peticiones insistentes, cuánto más Dios, que es Padre bueno y justo, «hará justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche»; y además no «les hará esperar mucho tiempo», sino que actuará «con prontitud».

Por esto Jesús exhorta a rezar «sin desfallecer». Todos experimentamos momentos de cansancio y de desaliento, sobre todo cuando nuestra oración parece ineficaz. Pero Jesús nos asegura: a diferencia del juez deshonesto, Dios escucha con prontitud a sus hijos, si bien esto no significa que lo haga en los tiempos y en las formas que nosotros quisiéramos. 

La oración no es una varita mágica. Ayuda a conservar la fe en Dios, a encomendarnos a Él incluso cuando no comprendemos la voluntad. 

En esto, Jesús mismo —¡que oraba mucho!— es un ejemplo para nosotros. La carta a los Hebreos recuerda que «habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente». A primera vista esta afirmación parece inverosímil, porque Jesús murió en la cruz. Sin embargo, la carta a los Hebreos no se equivoca: Dios salvó de verdad a Jesús de la muerte dándole sobre ella la completa victoria, pero el camino recorrido para obtenerla pasó a través de la muerte misma.

La referencia a las súplicas que Dios escuchó remiten a la oración de Jesús en Getsemaní. Asaltado por la angustia inminente, Jesús ora al Padre que lo libre del cáliz amargo de la Pasión, pero su oración está invadida por la confianza en el Padre y se entrega sin reservas a su voluntad: «Pero —dice Jesús— no sea como yo quiero, sino como quieras tú» (Mt 26, 39). 

El objeto de la oración pasa a un segundo plano; lo que importa ante todo es la relación con el Padre. He aquí lo que hace la oración: transforma el deseo y lo modela según la voluntad de Dios, sea cual fuera, porque quien reza aspira ante todo a la unión con Dios, que es Amor misericordioso.

La parábola termina con una pregunta: «Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?». Y con esta pregunta nos alerta a todos: no debemos renunciar a la oración incluso si no se obtiene respuesta. 

La oración conserva la fe, sin la oración la fe vacila. Pidamos al Señor una fe que se convierta en oración incesante, perseverante, como la da la viuda de la parábola, una fe que se nutre del deseo de su venida. Y en la oración experimentamos la compasión de Dios, que como un Padre viene al encuentro de sus hijos lleno de amor misericordioso.
(Papa Francisco, catequesis del 25 de mayo de 2016)

ORAR SIEMPRE SIN DESANIMARSE





Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,1-8):

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: 

«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario." 

Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: "Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara."»

Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»

Palabra del Señor

Viernes de la Misericordia. El Papa va al encuentro de sacerdotes que han dejado el ministerio


La tarde del viernes 11 de noviembre el Papa Francisco dejó la Casa de Santa Marta en el Vaticano para dirigirse hasta Ponte di Nona, barrio en la periferia de Roma. En un departamento, el Papa encontró a 7 familias formadas por jóvenes que a lo largo de los últimos años han dejado el sacerdocio.  El Santo Padre ha querido ofrecer un signo de cercanía y afecto a estos jóvenes que han cumplido una elección a menudo no compartida por sus hermanos sacerdotes y familiares.
Después de diversos años dedicados al ministerio sacerdotal desarrollado en las parroquias se ha dado el caso que, soledad, incomprensión y cansancio por el gran compromiso de responsabilidad pastoral, han puesto en crisis la elección inicial del sacerdocio de estos jóvenes, que luego han vivido meses y años de incertidumbre y de dudas que a menudo los han llevado a pensar haber cumplido, con el sacerdocio, la elección equivocada. De aquí su decisión de dejar el presbiterado y formar una familia.  
Cerrando el Año de la Misericordia el Papa Francisco ha querido encontrar a estos jóvenes: cuatro de la diócesis de Roma, donde han sido párrocos en diversas parroquias de la ciudad; uno de Madrid y otro de Latinoamérica, residentes en Roma, mientras que el último proviene de Sicilia. La inesperada entrada del Obispo de Roma en la habitación estuvo enmarcada por un gran entusiasmo: los niños han rodeado a Francisco para abrazarlo, y sus padres no han podido contener la emoción.  La visita del Santo Padre ha sido muy apreciada por todos los presentes que han podido sentir no el juicio del Papa por su elección, sino su cercanía y afecto. Mientras el tiempo transcurría rápidamente, el Papa escuchaba sus historias y seguía con atención las consideraciones acerca de los procedimientos jurídicos de los casos individuales.  Su palabra paternal ha asegurado a todos sobre su amistad y la certeza de su interés personal.
De esta manera, una vez más, el Santo Padre ha pretendido dar una señal de misericordia a quien vive en situación de malestar espiritual o material, poniendo en evidencia la exigencia que ninguno se sienta privado del amor y de la solidaridad de los Pastores.
(RC-RV)
(from Vatican Radio)

Homilía del Papa en Santa Marta: El amor cristiano es concreto

El amor cristiano es concreto, no es el amor “suave” de una telenovela. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice advirtió ante esas ideologías e intelectualismos que “descarnan a la Iglesia”, reafirmando que el criterio del amor cristiano es “la Encarnación del Verbo”.
Un diálogo de amor entre el  pastor y su Esposa, la Iglesia
El Papa Bergoglio, inspirándose en la Primera Lectura del día, correspondiente a un pasaje de la Segunda Carta de San Juan Apóstol, se detuvo en la naturaleza del amor cristiano. Y recordó ante todo que el mandamiento que hemos recibido del Señor es el de “caminar en el amor”. A la vez que se preguntó ¿de qué amor se trata? De ahí que haya observado que esta palabra “es usada hoy” para tantas cosas. Se habla de amor en una novela o en una telenovela, de amor teórico.
El criterio del amor cristiano es la Encarnación del Verbo
“¿Cuál es, por tanto – volvió a preguntarse el Pontífice “el criterio del amor cristiano?”. El criterio del amor cristiano – subrayó Francisco – “es la Encarnación del Verbo”. Y quien niega esto, quien no lo reconoce –  fue su admonición – “¡es el anticristo!”:
“Un amor que no reconoce que Jesús ha venido en la Carne, en la Carne, no es el amor que Dios nos manda. Es un amor mundano, es un amor filosófico, è un amor abstracto, es un amor un poco decaído, es un amor suave. ¡No! El criterio del amor cristiano es la Encarnación del Verbo. Quien dice que el amor cristiano es otra cosa, ¡es el anticristo! Que no reconoce que el Verbo ha venido en la Carne. Y ésta es nuestra verdad: Dios ha enviado a su Hijo, se ha encarnado y ha hecho una vida como la nuestra. Amar como ha amado Jesús; amar como nos ha enseñado Jesús; amar tras el ejemplo de Jesús; amar, caminando por el camino de Jesús. Y el camino de Jesús es dar la vida”.
“El único modo de amar como ha amado Jesús  – prosiguió explicando el Papa – es salir continuamente del propio egoísmo y ponerse al servicio de los demás”. Sí, porque el amor cristiano “es un amor concreto, porque la presencia de Dios en Jesucristo es concreta”.
Las ideologías sobre el amor descarnan a la Iglesia
Por esta razón el Santo Padre advirtió ante quien va más allá de esta “doctrina de la carne”, de la Encarnación:
“Este ir más allá es un misterio: es salir del Misterio de la Encarnación del Verbo, del Misterio de la Iglesia. Porque la Iglesia es la comunidad en torno a la presencia de Cristo, que va más allá. Esa palabra tan fuerte, ¿no? Quien va proagon, quien camina más allá. Y de allí nacen todas las ideologías: las ideologías sobre el amor, las ideologías sobre la Iglesia, las ideologías que quitan a la Iglesia la Carne de Cristo. ¡Estas ideologías descarnan a la Iglesia! ‘Sí, yo soy católico; sí soy cristiano; yo amo a todo el mundo con un amor universal’… Pero es tan etéreo. Un amor está siempre adentro, es concreto y no va más allá de esta doctrina de la Encarnación del Verbo”.
Francisco también advirtió que “quien quiere amar, no como ama Cristo a su esposa, la Iglesia, con la propia carne y dando la vida, ama ideológicamente”. Y dijo que este modo de “hacer teorías, ideologías, incluso propuestas de religiosidad que quitan la Carne a Cristo, que quitan la Carne a la Iglesia, van más allá y arruinan a la comunidad, arruinan a la Iglesia”.
El amor cristiano es concreto, evitar los intelectualismos
Por último el Papa dijo que “si comenzamos a teorizar sobre el amor” llegaremos a la “transformación” de aquello que Dios “ha querido con la Encarnación del Verbo, llegaremos a un Dios sin Cristo, a un Cristo sin Iglesia y a una Iglesia sin pueblo. Todo en este proceso de descarnar a la Iglesia”:
“Oremos al Señor para que nuestro caminar en el amor jamás  – ¡jamás! – haga de nosotros un amor abstracto. Sino que el amor sea concreto, con las obras de misericordia, que toca la Carne de Cristo allí, de Cristo Encarnado. Es por esto que el diácono Lorenzo ha dicho: ‘Los pobres son el tesoro de la Iglesia!’. ¿Por qué? ¡Porque son la carne sufriente de Cristo! Pidamos esta gracia de no ir más allá y no entrar en este proceso, que tal vez seduce a tanta gente, intelectualizar, ideologizar este amor, descarnando a la Iglesia, descarnando el amor cristiano. Y no llegar al triste espectáculo de un Dios sin Cristo, de un Cristo sin Iglesia y de una Iglesia sin pueblo”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)