sábado, 3 de septiembre de 2016

Las oraciones de Madre Teresa convertidas en música


Las palabras y oraciones de Madre Teresa convertidas en canciones, ese fue el trabajo realizado por el músico Bradley James en su CD llamado “Gift of Love” (Regalo de amor). Piezas musicales que contaron con la aprobación de las Misioneras de la Caridad y de la misma Madre Teresa.
Bradley James cuenta a ZENIT que conoció a la Madre Teresa cuando tenía 24 años, en Los Ángeles, cuando iba con un amigo suyo sacerdote a ver una película. Había oído hablar de ella desde que era pequeño, una vez escuchó que decían de ella que era una “santa en vida” y esa idea le fascinó. Cuando supo que estaba en Los Ángeles quiso conocerla, y ahora, mirando hacia atrás, entiende que fue “la Divina Providencia”. Ahí empezó a entender que ciertas cosas “no pasan por accidente”. Y asegura que “Dios obra de maneras muy extrañas pero lo hace de una manera muy común y ordinaria”.
De este modo “providencial” conoció a la Madre Teresa cuando iban a abrir una casa en Los Ángeles y le invitó a trabajar con las hermanas para ayudar a abrir esa casa. También conoció a la hermana Silvia que le animó a seguir trabajando con ellas y creó más ocasiones para encontrar a la Madre Teresa y pasar tiempo con ella. También conoció a la hermana Nirmala, quien fue la superiora tras la muerte de Madre Teresa, y fue ella quien le invitó a escribir música para las palabras y oraciones de la futura santa. Así empezó un trabajo que concluyó con la grabación del CD “Gift of Love”, y que antes de morir Madre Teresa le dio permiso para realizar. “Yo no pedí permiso para hacer eso, las hermanas lo hicieron, y después la Madre siempre decía que no, y yo no quería estar con las Misioneras de la Caridad para escribir un libro o hacer una película o hacer una CD o nada de eso, pero como me lo pidieron dije que sí”, explica el músico.
Ahora puede decir que gracias a este trabajo que realizó le escribe gente de todo el mundo, de lugares inimaginables, para contarle el bien que este CD está haciendo, todo lo bueno que sale de él.
Vivir y compartir recuerdos y experiencias con la Madre Teresa deja recuerdos imborrables. Así es como James  mantiene muchos de ellos en su memoria. “La gente siempre me pregunta cómo era ella”, indica. Y asegura que “lo más obvio es que era muy divertida, decía cosas divertidas, y tenía ese maravilloso sentido del humor y un brillo en sus ojos”. Además, observa, la van a canonizar, la llamarán santa, “pero era una santa en vida”.
En concreto recuerda cuando Madre Teresa estaba ya enferma y tuvieron oportunidad de compartir muchos pequeños momentos. En una ocasión ella tenía una estampa con una oración en el que era su libro de oraciones desde hacía 40 años y cuando estaba en el hospital con la hermana Silvia, le pidió a James que hiciera copias de esa estampa. Le preguntó cuántas y le respondió que 4 mil y las necesitaba en un par de días, aunque era difícil de hacer lo logró. Por un lado estaba representada la Flagelación y por el otro el Santísimo Sacramento y ella le explicó que “son la misma cosa”. Ella dijo –explica James– que Cristo estaba en el Santísimo Sacramento esperando y sufriendo diciendo “tengo sed, por mi amor, por tu amor, por el amor de todos”. Ella me dio la estampa y le dijo “quiero que tengas esto”. Así, James cuenta que en ese momento era consciente de que eso era algo muy especial para Madre Teresa, y se negó a recibirlo porque pensaba que alguna hermana debería tenerlo. Pero la hermana Silvia, que estaba de pie detrás de ella, le dijo “no, tómalo tú”.
Ver de cerca a una “santa en vida” es una ocasión única para aprender e imitar un ejemplo de vida.  “Al principio no sabía las reglas, por lo que rompí todas las reglas, pero siempre estaba dispuesto a hacer el trabajo”, bromea James. Y precisa que no necesitaba que le pidieran las cosas, veía lo que tenía que hacer y simplemente lo hacía. Tal y como hacía la Madre Teresa. “No esperaba a otro, veía la necesidad, veía el sufrimiento y hacía lo correcto”, explica. Además, recuerda también que ella decía que no había necesidad de ir a Calcuta para ser santo sino que había que ir y ser santo justo donde uno se encuentra. “Esa fue una gran experiencia para mí”, asegura el músico.
Otra lección que aprendió de la futura santa es que ella nunca juzgaba a nadie y esto es difícil de entender para la gente “porque vivimos en una sociedad que juzga constantemente”, precisa.
Finalmente, recuerda que la Madre Teresa siempre volvía al mismo mensaje “Dios es amor”. Ella no solo predicaba, predicaba con el ejemplo. “No busques una luz, sé la luz, sé mi luz, Cristo le dijo esto y es lo que ella hizo”, concluye James.
Zenit

Oración al Dios de la Misericordia

Y dice Dios:
Yo no amo a los buenos (aunque también).
Yo amo a los malos (sobre todo).
Los buenos ya tienen bastante con su bondad.

Los buenos tienen virtudes, méritos, valores.
Un historial de compromiso,
escrito en el libro de oro de los reconocimientos
¿Para qué me quieren a mí?

Yo, el Dios del amor y de la misericordia,
les ofrezco el desierto,
una tienda, un oasis,
un poco de agua, varias puestas de sol,
el silencio, (nunca el reproche), mi amor y mi compañía.

Es todo lo que tengo.
Les doy todo lo mío.
Para los buenos no sé si me alcanzará,
pero voy a intentarlo también.

Y le dije a Jesús que se subiera a un árbol,
y desde allí, en medio de la plaza mayor, gritase:
Las prostitutas irán por delante de vosotros en el reino.
Venid los cansados y agobiados.
Yo soy el camino, y la verdad y la vida.
Vuestro Padre que ve en lo escondido...

Y nosotros le diremos:
Gracias, Señor, pero aumenta nuestra fe...
Estamos tan confundidos y ofuscados
por otros intereses, por otras componendas,
que se nos olvida lo que es fundamental
para poder disfrutar de Ti y de tu presencia..

Estamos tan seguros de que lo que hacemos, pactamos
y firmamos va a ser lo mejor para tu reino,
que nos vamos llenos de razones contundentes
dejando a tantos corazones sin esa migaja de escucha,
de atenta compresión de su dolor y su esperanza.

Poco remedio tenemos, Señor,
Pero Tú sabes que sin ser buenos del todo,
Tampoco somos tan malos como piensan.
Confiamos en que Tú,
-que sabes sacar la “media”-
nos sostengas, acompañes y nos ames,
olvidando las miserias.

Francisco pide imitar el ejemplo de Madre Teresa para realizar una revolución de la ternura


 El ejemplo de vida de Madre Teresa como “testigo privilegiado de caridad y de generosa atención a los pobres y a los últimos” contribuya a llevar cada vez más a Cristo “al centro de la vida” y a vivir generosamente su Evangelio “en el continuo ejercicio de las obras de misericordia para ser constructores de un futuro mejor, iluminado por el esplendor de la verdad”.
Este es el deseo del papa Francisco, que expresa en un telegrama –firmado por el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin– enviado al padre Bernardo Cervellera, director de AsiaNews.
El mensaje lo ha enviado con ocasión del congreso internacional que la agencia ha organizado en Roma, en la Universidad Pontificia Urbaniana, dedicado a Madre Teresa “como icono de la Misericordi hacia Asia y el mundo”.
Finalmente, el Papa reza para que los devotos de Madre Teresa, “imitando el ardor apostólico” puedan realizar “esa revolución de la ternura iniciada por Jesucristo con su amor de predilección a los pequeños”.
Zenit

3 de septiembre: San Gregorio I Magno, papa y doctor de la Iglesia

Sus biógrafos dicen que era menudo de estatura y débil de salud. El calificativo de Magno o Grande no le viene de lo que pudiera sugerir su presencia, sino más bien del puesto que le tocó desempeñar y de la manera que lo hizo.
Las noticias más antiguas se tienen del Liber Pontificalis escrito poco después de que muriera; hay, además, una biografía de autor anónimo del siglo VIII y otras dos, escritas por Pablo el Diácono y por el diácono Juan por mandato del papa Juan VIII, que son del siglo IX. También Isidoro de Sevilla e Ildefonso de Toledo, Gregorio de Tours y Beda el Venerable proporcionan abundantes datos sobre su vida; pero, de todos modos, la principal fuente y más directa son sus propios escritos.
Nació en torno al año 540 de una familia noble romana. Su padre era el senador Gordiano y su madre, Silvia, también está metida en el santoral. Estudió derecho como parece que le venía de familia. Ocupó el cargo de Prefecto de Roma entre los años 572-574. En estos años convierte su casa solariega del monte Celio en monasterio; con el tiempo llegará a levantar en sus posesiones de Sicilia otros seis monasterios más. Incluso parece que él mismo se sometió a la regla de san Benito en el monasterio de san Andrés, pero de esto no parece haber dato cierto.
En torno al año 580 es diácono en Roma y colaborador íntimo del papa Pelagio II que lo nombra apocrisario –legado o embajador– suyo en Constantinopla. Esta permanencia en Oriente, que duró seis años, le sirvió para conocer mejor el monacato oriental que siempre le cautivó y a medir los intereses de la política del Imperio de modo directo. Allí trabó amistad –ya para siempre– con el arzobispo Leandro de Sevilla que escapaba por aquel entonces de la ira del rey visigodo Leovigildo. Fue este un tiempo fecundo para la piedad y el comienzo de su faceta de escritor por ánimo y ruego de Leandro, que vio en su conocimiento de la Sagrada Escritura y en su piedad personal un tesoro para la Iglesia que no era lícito desperdiciar.
Vuelto a Roma, el papa Pelagio lo retiene como su consejero hasta que murió. En el año 390 fue elegido papa por el pueblo, por el clero y por el senado.
Hubo una total unanimidad en ello como conscientes eran todos de los difíciles tiempos que corrían para Roma. Gracias a su carácter nada apocado y magnánimo pone audaz remedio inmediato a las situaciones que no permiten dilación. Occidente estaba políticamente olvidado por los exarcas que miran más los intereses orientales; desde fuera, las invasiones lombardas exigían defensas que nadie quería proporcionar; en el interior de la Iglesia, las herejías adopcionistas y monofisitas abundan en extensos focos; los patriarcados orientales miran cada vez menos a Roma; queda el vergonzoso asunto pendiente de la evangelización de los pueblos anglosajones a los que aún no se ha podido llegar; las donaciones que los fieles han ido dando desde que Constantino permitió que la Iglesia pudiera recibir herencias para el mantenimiento del culto necesitan una administración cabal, y ve con la misma claridad meridiana la necesidad de unificar la liturgia.
Se podría decir que se contempla el desmoronamiento completo del Imperio Occidental y que en la Iglesia abundan dificultades y ruinas.
Se apresta a la defensa frente a los pueblos bárbaros asentados en Occidente, organizando los Estados Pontificios. Manda 40 monjes a misionar los pueblos anglosajones con la conciencia clara de las dificultades. Pone las bases jurídicas adecuadas y elige las personas adecuadas para la administración de los bienes eclesiásticos recibidos en limosnas de los fieles y repartidos por todo Occidente. Sigue paso a paso la evolución de la Iglesia visigótica en España, animando a poner los requeridos elementos que faciliten la general vuelta a la verdad de la fe. Potencia la organización de las iglesias africanas.
Mientras va atendiendo a tantos frentes, arrastrando su débil y maltrecha salud, no descansa en la defensa y difusión de la fe con sus abundantísimos escritos y cartas con los que mantiene viva la esperanza de la Cristiandad. Entre ellos merecen especial mención la Regla Pastoral escrita en el primer año de pontificado, Diálogos, Homilías sobre Ezequiel, Comentarios al libro de Job, innumerables escritos de exégesis y comentarios bíblicos, Cartas a las iglesias y a particulares en las que da respuesta adecuada a las necesidades que lleva consigo el gobierno de la Iglesia, Homilías, Panegíricos, y, para animar a la reforma litúrgica que intenta, el Sacramentario y el Antifonario.
Muere el 12 de marzo del año 604. El 20 de septiembre del 1295 lo declaró doctor de la Iglesia el papa Bonifacio VIII.
En medio de todas las dificultades, supo tener un talante positivo cristiano que no le impidió descubrir y detectar los síntomas patológicos del ambiente, sino que le llevó a ponerles el remedio conveniente sin escatimar esfuerzos. Eso que se llama audacia.
Archimadrid.org

¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 1-5
Un sábado, iba Jesús caminando por medio de un sembrado y sus discípulos arrancaban y comían espigas, frotándolas con las manos.
Unos fariseos dijeron:
-«¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?».
Respondiendo Jesús, les dijo:
« ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre?
Entró en la casa de Dios, y tomando los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, comió él y dio a los que estaban con él».
Y les decía:
-«El Hijo del hombre es señor del sábado».
Palabra del Señor.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Letanías para curarse de la soberbia


La letanía de humildad es una conmovedora oración que nos acerca más a Nuestro Señor Jesucristo. ¿Te preocupan constantemente lo que otros piensen de ti? ¿Te sientes frustrado o vacío o si no eres el centro de atención en algún momento de tu vida? La letanía de humildad pide la asistencia divina de nuestro Señor en la virtud de la humildad, siguiendo sus pasos y dejando a un lado, o al menos ofreciéndole a ÉL, todas esas molestas dudas y temores que vienen con nuestro aunado a nuestro egocentrismo, a nuestra soberbia, a nuestro querer sobresalir
Nuestro Señor nos pide en el evangelio de Mateo que aprendamos de Él “que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11,29). En esta Letania, compuesta por el cardenal Rafael Merry de Val (1865-1930), Secretarío del Estado para el Papa San Pío X, nosotros pedimos que Dios llene nuestros corazones y almas con una auténtica humildad, una virtud esencial para la santidad. Después de todo, como se lee en la carta de Santiago “Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes” (Santiago 4,6)
Letanía de la Humildad
Jesús manso y humilde de Corazón, Óyeme.
Del deseo de ser lisonjeado, Líbrame Jesús

Del deseo de ser alabado, Líbrame Jesús
Del deseo de ser honrado, Líbrame Jesús
Del deseo de ser aplaudido, Líbrame Jesús
Del deseo de ser preferido a otros, Líbrame Jesús
Del deseo de ser consultado, Líbrame Jesús
Del deseo de ser aceptado, Líbrame Jesús
Del temor de ser humillado, Líbrame Jesús
Del temor de ser despreciado, Líbrame Jesús
Del temor de ser reprendido, Líbrame Jesús
Del temor de ser calumniado, Líbrame Jesús
Del temor de ser olvidado, Líbrame Jesús
Del temor de ser puesto en ridículo, Líbrame Jesús
Del temor de ser injuriado, Líbrame Jesús
Del temor de ser juzgado con malicia, Líbrame Jesús

Que otros sean más amados que yo, Jesús dame la gracia de desearlo

Que otros sean más estimados que yo, Jesús dame la gracia de desearlo
Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse, Jesús dame la gracia de desearlo
Que otros sean alabados y de mí no se haga caso, Jesús dame la gracia de desearlo
Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil, Jesús dame la gracia de desearlo
Que otros sean preferidos a mí en todo, Jesús dame la gracia de desearlo
Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda, Jesús dame la gracia de desearlo

La última petición de la letanía de la humildad poderosamente sugiere lo que implica la santidad: el amor a Dios y al prójimo por encima de todo, poner las necesidades de otros antes que las nuestras. No nos preocupemos por ocupar altos rangos en la piedad, de lo contrario, puede ser que también lleguemos a ser como los fariseos nuestro Señor despreciaba, quienes se preocupaban por infringir castigos o poner cargas pesadas a los otros, más que en el amor de Dios y del prójimo, de modo que “todas sus obras lo hacían con el fin de ser vistos” (Mateo 23,5)
La Letanía de la Humildad hace frente al orgullo, pero cuando hablamos de orgullo, no estamos hablando acerca de cómo se siente cuando su hijo ha recibido un premio por una competencia de ortografía. Estamos hablando de uno de los más mortíferos de los pecados, la soberbia que provoca la altanería, los celos o la ira por los desaires o insultos.
Esperemos que la letanía de la humildad pueda inspirarle en su propio viaje sagrado y especial hacia la santidad
Aleteia

Sacerdote que conoció a Madre Teresa: «Su mayor felicidad era asistir a Misa»


César D’Mello, teólogo y párroco de la iglesia de San Andrés en Mumbai (India), coincidió en dos ocasiones con la Madre Teresa de Calcuta. La segunda vez que tuvo oportunidad de verla fue en Roma. La religiosa fue invitada a hablar en una reunión de teólogos y profesores de diferentes universidades. «Todos estábamos escuchando a una sencilla y frágil monja que trabajaba con los moribundos y los indigentes en Calcuta. Nos dijo que debíamos estar agradecidos a los pobres que nos permiten servirles y que hay que aprender de ellos, ya que tienen mucho que enseñarnos»
«La Madre Teresa era una persona totalmente olvidada de sí, es decir, centrada en los demás, no en sí misma» y éste fue uno de los secretos de su persona y de su santidad: tener la mirada, la atención puesta en el prójimo, en la conciencia de lo precioso de la relación humana, en la que se manifiesta el Espíritu Santo y la obra de Dios. Así lo explica a la Agencia Fides, César D’Mello, teólogo y párroco de la iglesia de San Andrés en Mumbai (India), en vista de la celebración de la canonización que se celebrará el 4 de septiembre en el Vaticano.
El sacerdote recuerda su encuentro personal con la madre. Como joven sacerdote, el padre César la conoció en la década de 1970, gracias al arzobispo Alan de Lastic, «y ya en aquel entonces se hablaba de la Madre Teresa con respeto y reverencia en la Iglesia y en la sociedad india», observa. «Su mayor felicidad era asistir a la Eucaristía», que consideraba la fuente de todas sus actividades diarias, añade el padre.
No fue la única vez que D’Mello coincidió con la futura santa. Diez años después, en 1980, «la encontré mientras estaba estudiando teología en Roma. La Madre Teresa fue invitada a hablar en una reunión de teólogos y profesores de diferentes universidades. Todos estábamos escuchando a una sencilla y frágil monja que trabajaba con los moribundos y los indigentes en Calcuta. Nos dijo que debíamos estar agradecidos a los pobres que nos permiten servirles y que hay que aprender de ellos, ya que tienen mucho que enseñarnos».
«Sus palabras sencillas tocaron los corazones de todos. Su breve discurso era potente y eficaz simplemente porque se trataba de una persona totalmente comprometida con el cuidado de los indigentes y marginados que estaban muriendo en las calles de Calcuta. Las palabras eficaces son aquellas que emanan de una vida totalmente dedicada a Cristo y a los pobres», concluye.
Agencia Fides/Alfa y Omega

Tres deportes apostólicos. Pedro, Pablo y María de Magdala

A saber: saltar, nadar, correr. No se asusten quienes se consideren de condición artrítica, endeble o extenuada: aunque sean tres verbos asociados con el deporte (estamos en plenas olimpiadas...), su ejercicio está al alcance de todos. Tienen como sujeto a tres personajes evangélicos cuya fiesta hemos celebrado recientemente:Pedro, Pablo y María Magdalena. Es verdad que no representan las acciones más significativas de cada uno, pero sí dicen algo de algunos rasgos vitales compartidos por los tres: ímpetu, energía, prisa, vigor, prontitud, ardor y urgencia. Todo lo contrario de la lentitud, apatía, tibieza, indolencia o parsimonia que caracterizan tantas veces nuestra vida cristiana.
Lo de saltar y nadar fueron cosa solo de Pedro: saltó de la barca a las frías aguas del lago en la madrugada del primer día de la semana y se echó a nadar hacia la playa donde esperaba Jesús. Le recordamos también corriendo hacia el sepulcro en aquella misma mañana de entrenamiento intensivo para todos: María de Magdala corría también a toda prisa después de su encuentro con el Viviente para anunciar a los discípulos: "-¡He visto al Señor!" Años más tarde no había decaído el vigor atlético de los orígenes: Pablo se ve a sí mismo como un corredor sin aliento, lanzado detrás del Señor y sin otra meta que alcanzarle.
Pedro, Pablo y María de Magdala, en expresión de Galeano, "ardieron la vida con ganas" y de ahí mi propuesta: que se celebre conjuntamente el 29 de Junio la fiesta de los tres,añadiendo el nombre de ella a los de Pedro y Pablo. Intuyo que la idea puede sobresaltar a muchos, pero al menos no se pueden objetar incompatibilidades litúrgicas: el Papa Francisco ha convertido en "fiesta" del Calendario Romano lo que antes era "memoria obligatoria" de María Magdalena, reconociéndola como una figura de indiscutible relevancia en la historia del cristianismo. Y si este ascenso en el escalafón la equipara al resto de los apóstoles ¿qué inconveniente habría para una celebración conjunta?
Después de escribir esto me acomete el desánimo: he buscado el icono de Pedro y Pablo y los he visto tan pegados el uno al otro, con las cabezas tan unidas que parecen siameses, que preveo la dificultad de encontrar un hueco para nadie más, por muy "Apostola apostolorum" que sea ella.
El 22 de Julio le he dicho con mucho cariño a María Magdalena: "Siento decírtelo, bonita, pero me temo que te queda aún bastante tiempo de esperar sentada en esta fecha. A pesar de lo bien que supiste correr".
Dolores Aleixandre

Les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 5, 33-39
En aquel tiempo, los fariseos y los escribas dijeron a Jesús:
«Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio, los tuyos, a comer y a beber».
Jesús les dijo:
-«¿Acaso podéis hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, entonces ayunarán en aquellos días».
Les dijo también una parábola:
«Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque, si lo hace, el nuevo se rompe y al viejo no le cuadra la pieza del nuevo.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque , si lo hace, el vino nuevo reventará los odres y se derramará, y los odres se estropearán.
A vino nuevo, odres nuevos.
Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: " El añejo es mejor"».
Palabra del Señor.

¿Rezar por la creación o rezar con la creación?, homilía del padre Raniero Cantalamessa

 ¿Rezar por la creación o rezar con la creación? Fue la pregunta entorno a la cual el padre Raniero Cantalamessa, OFM, Predicador de la Casa Pontificia, desarrolló su homilía en la celebración de las vísperas en la Basílica de san Pedro, presidida por el Papa Francisco, con ocasión de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación. 
Texto completo de la homilía del padre Raniero Cantalamessa OFM
“Hombre, ¿por qué te consideras tan vil, tú que tanto vales a los ojos de Dios? ¿Por qué te deshonras de tal modo, tú que has sido tan honrado por Dios? ¿Por qué te preguntas tanto de dónde has sido hecho, y no te preocupas de para qué has sido hecho”.
Estas palabras, que acabamos de escuchar, fueron pronunciadas por San Pedro Crisólogo, obispo de Rávena, en el siglo V después de Cristo, hace más de 1.500 años. Desde entonces, ha cambiado la razón por la cual el hombre se desprecia a sí mismo, pero no cambia el hecho. En tiempos de Crisólogo la razón era que el hombre es "de la tierra", es decir, que es polvo y al polvo volverá (Génesis 3:19). Hoy en día la razón del desprecio es que el hombre es menos que nada en la inmensidad sin límites del universo.
Ya es una carrera entre los científicos no creyentes entre quien sigue adelante en el afirmar la marginalidad total e insignificancia del hombre en el universo. "La antigua alianza está rota - ha escrito uno de ellos -; el hombre finalmente sabe que está solo en la inmensidad del universo del que surgió por casualidad. Su deber, como su destino, no está escrito en ningún lugar ". "Siempre he pensado - dice otro - de ser insignificante. Conociendo las dimensiones del Universo, no dejo de darme cuenta de cuánto lo sea realmente... Somos sólo un poco de fango en un planeta que pertenece al sol".
Pero no quiero detenerme en esta visión pesimista, ni en el impacto que tiene en el modo de comprender el ecologismo y sus prioridades. Dionisio el Areopagita, en el sexto siglo después de Cristo, enunciaba esta gran verdad: "No se deben confutar las opiniones de los demás, ni se debe escribir en contra de una opinión o de una religión que no parece buena. Se debe escribir solo a favor de la verdad y no contra los demás". No se puede hacer absoluto este principio, porque a veces puede ser necesario confutar doctrinas falsas y peligrosas; pero lo cierto es que la exposición positiva de la verdad es más eficaz que la confutación del error contrario.
El discurso de Crisólogo continúa exponiendo el motivo por el que el hombre no debe despreciarse a sí mismo:
“¿Por ventura todo este mundo que ves con tus ojos no ha sido hecho precisamente para que sea tu morada? Para ti ha sido creada esta luz que aparta las tinieblas que te rodean; para ti ha sido establecida la ordenada sucesión de días y noches; para ti el cielo ha sido iluminado con este variado fulgor del sol, de la luna, de las estrellas; para ti la tierra ha sido adornada con flores, árboles y frutos; para ti ha sido creada la admirable multitud de seres vivos' que pueblan el aire, la tierra y el agua, para que una triste soledad no ensombreciera el gozo del mundo que empezaba”.
El autor no hace más que reafirmar la idea bíblica de la soberanía del hombre sobre el cosmos que el Salmo 8 cantaba con una inspiración lírica no inferior, que la del obispo de Rávena. San Pablo completa esta visión, señalando el lugar que ocupa en ella,  la persona de Cristo: "el mundo, la vida, la muerte, el presente o el futuro. Todo es de ustedes, pero ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios".(1 Cor 3,22s). Nos encontramos ante un "ecologismo humano" o "humanista": un ecologismo, es decir, que no es un fin en sí mismo, sino en función del hombre, no sólo, naturalmente, del hombre de hoy, sino también del aquel del futuro.
El pensamiento cristiano nunca ha dejado de preguntarse el porqué de esta trascendencia del hombre respecto al resto de la creación y siempre ha encontrado en la afirmación bíblica que el hombre fue creado "a imagen y semejanza de Dios" (Génesis 1: 26). También el Crisólogo, hemos escuchado, se basa en que: "El Creador... ha impreso en ti su imagen, para que la imagen visible mostrara al mundo el creador invisible, y te ha puesto en la tierra para hacerlo en su nombre”.
Aquello sobre lo que la teología, también gracias al renovado diálogo con el pensamiento ortodoxo, ha alcanzado hoy una explicación verdaderamente satisfactoria, es saber en qué consiste ser “a imagen de Dios”. Todo se basa en la revelación de la Trinidad obrada por Cristo. El hombre es creado a imagen de Dios, en el sentido de que participa en la esencia íntima de Dios que es la relación de amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. "Relaciones subsistentes", define Santo Tomás de Aquino a las personas divinas. Ellas notienen una relación entre sí, sino que son esa relación.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Francisco: "Arrepintámonos del mal que estamos haciendo a nuestra casa común"


«Usemos misericordia con nuestra casa común». Así titula el Papa Francisco su Mensaje para la II Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, instituida por él en 2015, para aunar las oraciones de la Iglesia católica con las de los hermanos y hermanas ortodoxos y las de otras Comunidades cristianas. El Santo Padre señala que: «los Cristianos y los no cristianos, las personas de fe y de buena voluntad, hemos de estar unidos en demostrar misericordia con nuestra casa común -la tierra- y valorizar plenamente el mundo en el cual vivimos como lugar del compartir y de comunión».
«La tierra grita...» «...porque hemos pecado». «Examen de conciencia y arrepentimiento». «Cambiar de ruta». «Una nueva obra de misericordia». «En conclusión, oremos»
Son los cinco puntos del denso mensaje pontificio, fechado el 1º de septiembre de 2016, día de esta celebración
En el primero, «La tierra grita...», el Papa escribe:
«Con este Mensaje, renuevo el diálogo con «toda persona que vive en este planeta» respecto a los sufrimientos que afligen a los pobres y la devastación del medio ambiente. Dios nos hizo el don de un jardín exuberante, pero lo estamos convirtiendo en una superficie contaminada de «escombros, desiertos y suciedad» (Laudato si', 161)». Y reitera que «no podemos rendirnos o ser indiferentes a la pérdida de la biodiversidad y a la destrucción de los ecosistemas, a menudo provocados por nuestros comportamientos irresponsables y egoístas».
Ante el calentamiento de nuestro el planeta «en parte a causa de la actividad humana: el 2015 ha sido el año más caluroso jamás registrado y probablemente el 2016 lo será aún más». Y las consecuencias como «sequía, inundaciones, incendios y fenómenos meteorológicos extremos cada vez más graves», el Papa hace hincapié en que «los cambios climáticos contribuyen también a la dolorosa crisis de los emigrantes forzosos.Los pobres del mundo, que son los menos responsables de los cambios climáticos, son los más vulnerables y sufren ya los efectos».
E invita a escuchar «tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres» (ibíd., 49), y a tratar de «comprender atentamente cómo poder asegurar una respuesta adecuada y oportuna».
En el segundo punto «...porque hemos pecado», el Sucesor de Pedro recuerda que «con valentía, el querido Patriarca Bartolomé, repetidamente y proféticamente, ha puesto de manifiesto nuestros pecados contra la creación».
«Que el Jubileo de la Misericordia pueda llamar de nuevo a los fieles cristianos «a una profunda conversión interior» (Laudato si', 217), sostenida particularmente por el sacramento de la Penitencia», desea el Papa Francisco, con el anhelo de que «en este Año Jubilar, aprendamos a buscar la misericordia de Dios por los pecados cometidos contra la creación, que hasta ahora no hemos sabido reconocer ni confesar; y comprometámonos a realizar pasos concretos en el camino de la conversión ecológica, que pide una clara toma de conciencia de nuestra responsabilidad con nosotros mismos, con el prójimo, con la creación y con el creador (cf. ibíd., 10; 229)».
 Examen de conciencia y arrepentimiento. Es el tercer punto del Mensaje del Papa Francisco
«En el 2000, también un Año jubilar, mi predecesor «San Juan Pablo II invitó a los católicos a arrepentirse por la intolerancia religiosa pasada y presente, así como por las injusticias cometidas contra los hebreos, las mujeres, los pueblos indígenas, los inmigrantes, los pobres y los no nacidos», recuerda el Papa Bergoglio, que añade su invitación, para el «Jubileo Extraordinario de la Misericordia». Y escribe: «invito a cada uno a hacer lo mismo. Como personas acostumbradas a estilos de vida inducidos por una malentendida cultura del bienestar o por un «deseo desordenado de consumir más de lo que realmente se necesita» (ibíd., 123), y como partícipes de un sistema que «ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza», arrepintámonos del mal que estamos haciendo a nuestra casa común».
En el cuarto punto de su Mensaje: «Cambiar de ruta», el Papa destaca la importancia del firme propósito de cambio de vida
Exhorta a comportamientos concretos más respetuosos con la creación, como, por ejemplo, hacer un «uso prudente del plástico y del papel, no desperdiciar el agua, la comida y la energía eléctrica, diferenciar los residuos, tratar con cuidado a los otros seres vivos, utilizar el transporte público y compartir el mismo vehículo entre varias personas, entre otras cosas (cf. Laudado si', 211)».
Recuerda la responsabilidad de la economía y la política, la sociedad y la cultura, que «no pueden estar dominadas por una mentalidad del corto plazo y de la búsqueda de un inmediato provecho financiero o electoral. Por el contrario, éstas deben ser urgentemente reorientadas hacia el bien común, que incluye la sostenibilidad y el cuidado de la creación».
Y señala que «un caso concreto es el de la «deuda ecológica» entre el norte y el sur del mundo (cf. ibíd., 51-52). Su restitución haría necesario que se tomase cuidado de la naturaleza de los países más pobres, proporcionándoles recursos financiaros y asistencia técnica que les ayuden a gestionar las consecuencias de los cambios climáticos y a promover el desarrollo sostenible».

Con satisfacción ante la aprobación de los Objetivos del Desarrollo Sostenible y del Acuerdo de París sobre los cambios climáticos, el Papa señala que «ahora los Gobiernos tienen el deber de respetar los compromisos que han asumido, mientras las empresas deben hacer responsablemente su parte, y corresponde a los ciudadanos exigir que esto se realice, es más, que se mire a objetivos cada vez más ambiciosos».
«Una nueva obra de misericordia», es el quinto punto del Mensaje del Papa
«Me permito proponer un complemento a las dos listas tradicionales de siete obras de misericordia, añadiendo a cada una el cuidado de la casa común» - escribe Francisco y añade:
«Como obra de misericordia espiritual, el cuidado de la casa común precisa «la contemplación agradecida del mundo» (Laudato si', 214) que «nos permite descubrir a través de cada cosa alguna enseñanza que Dios nos quiere transmitir» (ibíd., 85). Como obra de misericordia corporal, el cuidado de la casa común, necesita «simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo [...] y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor» (ibíd., 230-231)».
En conclusión, oremos. Es el sexto y último punto del Mensaje del Papa Francisco
«A pesar de nuestros pecados y los tremendos desafíos que tenemos delante, no perdamos la esperanza: «El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado [...] porque se ha unido definitivamente a nuestra tierra, y su amor siempre nos lleva a encontrar nuevos caminos» (ibíd., 13;245). El 1 de septiembre en particular, y después durante el resto del año, recemos:
«Oh Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar a los abandonados y a los olvidados de esta tierra que son tan valiosos a tus ojos. [...] Dios de amor, muéstranos nuestro lugar en este mundo como instrumentos de tu cariño por todos los seres de esta tierra (ibíd., 246). Dios de Misericordia, concédenos recibir tu perdón y transmitir tu misericordia en toda nuestra casa común. Alabado seas. Amén».

Cuidar la creación


En la jornada del 1 de septiembre el Papa nos convoca a orar por el cuidado de la creación. En este propósito debemos recordar principios fundamentales como «la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos. Esta conciencia básica permitiría el desarrollo de nuevas convicciones, actitudes y formas de vida. Se destaca así un gran desafío cultural, espiritual y educativo que supondrá largos procesos de regeneración»[1]. La custodia de la creación, «casa común», es uno de los grandes desafíos de la Humanidad para el siglo XXI, que hemos de asumir con responsabilidad para hacer del mundo un lugar habitable para todos, percibiendo el ritmo y la lógica de la creación y no buscando dominarla, poseerla, manipularla y explotarla[2].
Cada día suscita mayor interés el conocimiento del estado del medio ambiente del planeta, ya que es un condicionante del bienestar social, sanitario y económico. La industrialización y la urbanización modificaron el medio ambiente y originaron problemas ambientales de primer orden (el efecto invernadero y el cambio climático, la destrucción de la capa de ozono estratosférica, el transporte de contaminantes, la desertización, etc.) que es preciso corregir. También hay que evitar que las actividades futuras originen más deterioro en nuestro entorno, a través de una política preventiva que permita un desarrollo sostenido y equilibrado, y tenga como objetivos la protección de la salud humana y la conservación de todos los recursos (aire, agua, clima, especies de flora y fauna, alimentos, materias primas, hábitat, patrimonio natural y cultural) que condicionan y sustentan la vida[3]. «La Edad Moderna se buscó su camino al amparo de conceptos fundamentales de progreso y libertad. Pero ¿qué es el progreso? Hoy vemos que el progreso también puede ser destructivo. En tal sentido hemos de reflexionar sobre cuáles son los criterios que debemos encontrar para el progreso sea realmente progreso»[4].
Nos incumbe a todos lo que podemos denominar compromiso ecológico, cuidando la creación con pequeñas acciones cotidianas y conformando de esta manera un estilo de vida. «Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana»[5]. El Papa Francisco nos recuerda que hemos de vivir lo que él llama la conversión ecológica que supone reconocer la creación como un don de Dios y sentirse relacionados con las demás criaturas formando con ellas una comunión universal. «Para el creyente, el mundo no se contempla desde fuera sino desde dentro, reconociendo los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres. Además, haciendo crecer las capacidades peculiares que Dios le ha dado, la conversión ecológica lleva al creyente a desarrollar su creatividad y su entusiasmo, para resolver los dramas del mundo, ofreciéndose a Dios como un sacrificio vivo, santo y agradable (Rm 12, 1). No entiende su superioridad como motivo de gloria personal o de dominio irresponsable, sino como una capacidad diferente, que a su vez le impone una grave responsabilidad que brota de su fe»[6].
Solidaridad, justicia social y capacidad de admiración ante la creación son factores que contribuirán, con la ayuda de Dios y el trabajo de los hombres de bien, a que la esperanza alcanzable se convierta algún día no muy lejano en realidad tangible. «Al final nos encontraremos cara a cara frente a la infinita belleza de Dios (cf. 1 Co 13, 12) y podremos leer con feliz admiración el misterio del universo, que participará con nosotros de la plenitud sin fin. Sí, estamos viajando hacia la nueva Jerusalén, hacia la casa común del cielo. Jesús nos dice: “Yo hago nuevas todas las cosas» (Ap 21, 5). La vida eterna será un asombro compartido, donde cada criatura, luminosamente transformada, ocupará su lugar y tendrá algo para aportar a los pobres definitivamente liberados”»[7].
Pido que en la catedral, en las parroquias y en las comunidades religiosas de la Diócesis, uniéndonos a toda la Iglesia, se tenga una oración ante el Santísimo por esta intención del cuidado de la creación, ayudándonos de las oraciones que el Papa nos propone en la Encíclica Laudato Si´, nº 246.
Os saluda con afecto y bendice en el Señor,
+ Julián Barrio Barrio,
arzobispo de Santiago de Compostela
[1] FRANCISCO, Laudato Si, 202.
[2] Cf. FRANCISCO, Alocución en la Audiencia general del 5 de junio de 2013.
[3] Pablo VI escribió: “Bruscamente el hombre adquiere conciencia de ello: debido a una explotación inconsiderada de la naturaleza, corre el riego de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación”:Octagesima adveniens, 21.
[4] Benedicto XVI, Luz del mundo. El papa, la Iglesia y los signos de los tiempos. Una conversación con Peter Seewald, Barcelona 2010, 56.
[5] FRANCISCO, Laudato Si, 217.
[6] FRANCISCO, Laudato Si, 220.
[7] Ibid., 243.
Fuente: Alfa y Omega.

Dejándolo todo, lo siguieron


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba en torno a Jesús para oír la palabra de Dios. Estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores habían desembarcado, estaban lavando las redes.
Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
-«Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».
Respondió Simón y dijo:
«Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».
Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo:
«Señor, apártate de mi, que soy un hombre pecador».
Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón:
-«No temas; desde ahora serás pescador de hombres».
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Palabra del Señor.