jueves, 16 de febrero de 2012

¿Quién es Cristo para mí?

«Según todos los evangelistas, la confesión de Simón sucedió en un momento decisivo dela vida de Jesús, cuando, después de la predicación en Galilea, se dirige decididamente a Jerusalén para cumplir, con la muerte en la cruz y la resurrección, su misión salvífica.

 Los discípulos se ven implicados en esta decisión: Jesús los invita a hacer una opción que los llevará a distinguirse de la multitud, para convertirse en la comunidad de los creyentes en él, en su "familia", el inicio de la Iglesia.
Hay dos modos de "ver" y de "conocer" a Jesús: uno, el de la multitud, más superficial; el otro, el de los discípulos, más penetrante y auténtico. Con la doble pregunta: "¿Qué dice la gente?", "¿qué decís vosotros de mí?, Jesús invita a los discípulos a tomar conciencia de esta perspectiva diversa. La gente piensa que Jesús es un profeta. Esto no es falso, pero no basta; es inadecuado. En efecto, hay que ir hasta el fondo; es preciso reconocer la singularidad de la persona de Jesús de Nazaret, su novedad.

 También hoy sucede lo mismo: muchos se acercan a Jesús, por decirlo así, desde fuera. Grandes estudiosos reconocen su talla espiritual y moral y su influjo en la historia de la humanidad, comparándolo a Buda, Confucio, Sócrates y a otros sabios y grandes personajes de la historia. Pero no llegan a reconocerlo en su unicidad. Viene a la memoria lo que Jesús dijo a Felipe durante la última Cena: "¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? (Jn 14, 9).

 A menudo Jesús es considerado también como uno de los grandes fundadores de religiones, de los que cada uno puede tomar algo para formarse una convicción propia. Por tanto, como entonces, también hoy la "gente" tiene opiniones diversas sobre Jesús.

 Y como entonces, también a nosotros,discípulos de hoy, Jesús nos repite su pregunta: "Y vosotros ¿quién decís que soy yo?". Queremos hacer nuestra la respuesta de san Pedro. Según el evangelio de san Marcos, dijo: "Tú eres el Cristo" (Mc 8, 29); en san Lucas, la afirmación es: "El Cristo de Dios" (Lc 9, 20); en san Mateo: ”Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16); por último, en san Juan:  "Tú eres el Santo de Dios" (Jn 6, 69). Todas esas respuestas son exactas y valen también para nosotros». (Benedicto XVI, Homilía del 29 de junio de 2007).

miércoles, 15 de febrero de 2012

El amor de Dios es más fuerte que cualquier mal por Benedicto XVI

Como cada domingo, el Santo Padre se asomó hoy a la ventana de su estudio, en el Palacio Apostólico, para rezar el Ángelus con los fieles reunidos en la plaza de San Pedro. Benedicto XVI introdujo la oración mariana recordando que “Jesús, en su vida pública, curó muchos enfermos, revelando que Dios quiere para el hombre la vida, la vida en plenitud”.

El Evangelio de hoy muestra a Jesús “en contacto con la enfermedad considerada como la más grave en aquellos tiempos”, la lepra, que hacía a la persona “impura” y la excluía de las relaciones sociales. Mientras Jesús predicaba en Galilea, un leproso se le acercó pidiéndole la curación. “Jesús no rehúsa el contacto con ese hombre -señaló el Papa-; por el contrario, impulsado por una profunda participación en su condición, extiende la mano y lo toca, superando la prohibición legal, y le dice: `Lo quiero, sé purificado`. En este gesto y en estas palabras de Cristo está toda la historia de la salvación, está encarnada la voluntad de Dios de curarnos, de purificarnos del mal que nos desfigura y estropea nuestras relaciones”.

“En ese contacto entre la mano de Jesús y el leproso -continuó el Pontífice-, se abate toda barrera entre Dios y la impureza humana, entre lo Sagrado y su opuesto, no para negar el mal y su fuerza negativa, sino para demostrar que el amor de Dios es más fuerte que cualquier mal, incluso el más contagioso y horrible. Jesús ha tomado sobre Sí nuestras enfermedades, se ha hecho `leproso` para que nosotros fuéramos purificados. (…) La victoria de Cristo es nuestra curación profunda y nuestra resurrección a una vida nueva”.

Finalmente, Benedicto XVI animó a los fieles a rezar a la Virgen María: “A través de su madre, Jesús viene a nuestro encuentro para librarnos de toda enfermedad del cuerpo y del alma. Dejémonos tocar y purificar por Él, y seamos misericordiosos con nuestros hermanos”.  

martes, 14 de febrero de 2012

Curación del leproso

“Vino hacia Él un leproso que, suplicando de rodillas, le decía: ‘Si quieres, puedes limpiarme'”. 
 
La lepra fue siempre una enfermedad dramática, de indescriptible sufrimiento físico y graves secuelas sociales. Además, en esos tiempos era incurable la mayoría de las veces.
La lepra era la enfermedad más temida por los judíos, y muchas veces la creían un castigo de Dios;cuando se indignaban contra alguien, sólo le deseaban esta plaga en casos extremos .
Al ser declarado impuro por el sacerdote, el leproso era inmediatamente excluido de las relaciones sociales.
El leproso del Evangelio de hoy debía tener un tanto de vida interior, hallándose habituado de cierto modo a la oración. Por eso, al arrodillarse manifiesta en el fondo la misma fe y humildad del centurión cuando dijo a Jesús: “Señor, no soy digno” (Mt 8,8).

 Enternecido, Jesús extendió su mano, le tocó y dijo: ‘Quiero, queda limpio'. Al instante desapareció la lepra y quedó limpio”.
La reacción de Jesús no fue de extrañeza, mucho menos de desprecio ni de horror, sino de compasión
Al tocar al leproso, hace aún más evidente su ternura hacia él. “¿Por qué ‘le tocó' el Señor, cuando la ley prohibía tocar a los leprosos?” —pregunta Orígenes, y responde— “Le tocó para mostrar que ‘todas las cosas son limpias para el limpio' (Tt 1, 15), ya que la suciedad de unos no se adhiere a otros, ni la inmundicia ajena mancha a los inmaculados. Además le tocó para demostrar humildad, para enseñarnos a no despreciar a nadie, para no odiar a nadie, para no despreciar a nadie en razón de las heridas o manchas del cuerpo, que son una imitación del Señor y fue por lo que Él mismo lo hizo… Al extender la mano para tocarle, la lepra desapareció; la mano del Señor no encontró la lepra, sino que tocó un cuerpo ya curado.
Consideremos ahora nosotros, queridísimos hermanos, que no haya en nuestra alma la lepra de ningún pecado; que no retengamos en nuestro corazón ninguna contaminación de culpa, y si la tuviéramos, al instante adoremos al Señor y digámosle: ‘Señor, si quieres, puedes limpiarme' (Mc 1, 40)”.
Jamás debemos desesperar de la cura para nuestras miserias espirituales. Por peores que éstas puedan ser, nunca podrán superar el infinito poder de Dios, a quien le bastará siempre un mero acto de voluntad.

viernes, 10 de febrero de 2012

CONFIANZA EN DIOS

“No te inquietes  por las dificultades de la vida, por sus altibajos, por sus decepciones, por su porvenir más o menos sombrío…
¡Quiere… lo que Dios quiere para ti!

Ofrécele,  en medio de inquietudes y dificultades,
el sacrificio de tu alma sencilla que,
pese a todo,  acepta los designios de su Providencia…

Despreocúpate,  confiando ciegamente en ese Dios  que te quiere para Sí,
y que está en ti aunque jamás lo veas.
Piensa que estás  en sus manos, tanto más firmemente agarrado,
cuanto más decaído y triste te encuentres.

¡Vive feliz! ¡Te lo suplico!

Que nada sea capaz de quitarte tu paz,
Conserva siempre sobre tu rostro, una dulce sonrisa,
reflejo de la que el Señor continuamente te dirige.
Que nada sea capaz de quitarte tu paz,
ni la fatiga psíquica, ni tus fallas morales... 

 Y en el fondo de tu alma, coloca, antes que nada,
como fuente de energía y criterio de verdad,
todo aquello que te llene de la Paz de Dios.

Recuerda:
Cuanto te reprime o inquieta es FALSO y desaparecerá...
Es PASAJERO…
Te lo aseguro en nombre de las Leyes de la Vida
y de las Promesas de Dios.

Por eso, cuando te sientas apesadumbrado y triste …
¡ Sólo Adora y Confía !
Dios nos pone pruebas,  éstas son para purificarnos
y probarnos a nosotros mismos  de todo lo que somos capaces…
como Hijos Benditos de Dios.

¡Así que amemos lo que Dios ha querido hoy para nosotros!

De Teilhard de Chardin

jueves, 9 de febrero de 2012

Abrirnos a Dios

Señor, ayúdame a ser consciente de la importancia de encontrarme contigo para poder hallar la paz que mi alma anhela.

Meditación del Papa

Entre esos lugares (para aprender la esperanza) se encuentra en primer lugar la oración, con la que nos abrimos y nos dirigimos a Aquel que es el origen y el fundamento de nuestra esperanza. La persona que ora nunca está totalmente sola, porque Dios es el único que, en toda situación y en cualquier prueba, siempre puede escucharla y prestarle ayuda. Con la perseverancia en la oración, el Señor aumenta nuestro deseo y dilata nuestra alma, haciéndonos más capaces de acogerlo en nosotros. Por tanto, el modo correcto de orar es un proceso de purificación interior. Debemos exponernos a la mirada de Dios, a Dios mismo; así, a la luz del rostro de Dios caen las mentiras y las hipocresías. Este exponerse en la oración al rostro de Dios es realmente una purificación que nos renueva, nos libera y nos abre no sólo a Dios, sino también a nuestros hermanos. Por consiguiente, es lo opuesto a evadirnos de nuestras responsabilidades con respecto al prójimo. Al contrario, en la oración aprendemos a tener el mundo abierto a Dios y a ser ministros de la esperanza para los demás, porque hablando con Dios vemos a toda la comunidad de la Iglesia, a la comunidad humana, a todos nuestros hermanos; así aprendemos la responsabilidad con respecto a los demás y también la esperanza de que Dios nos ayuda en nuestro camino. » (Homilía del Papa Benedicto XVI, Basílica de San Juan de Letrán, 9 de junio de 2008).

"Para que la oración sea realmente fructuosa, ha de brotar del corazón y debe ser capaz de tocar el corazón de Dios"
(Madre Teresa de Calcuta)

lunes, 6 de febrero de 2012

JESÚS ES CAPAZ DE REMEDIAR TODAS NUESTRAS MISERIAS

Evangelio de la curación de la suegra de Pedro

Aquí podemos ver toda la importancia de la pastoral de los enfermos, cuyo valor es verdaderamente incalculable por el bien inmenso que hace, en primer lugar al enfermo y al sacerdote mismo, pero también a los familiares, a los conocidos, a la comunidad y, por caminos desconocidos y misteriosos, a toda la Iglesia y al mundo. En efecto, cuando la Palabra de Dios habla de curación, de salvación, de salud del enfermo, entiende estos conceptos en sentido integral, sin separar nunca alma y cuerpo: un enfermo curado por la oración de Cristo, mediante la Iglesia, es una alegría en la tierra y en el cielo, es una primicia de vida eterna. Queridos amigos, como escribí en la encíclica Spe salvi, "la grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre. Esto es válido tanto para el individuo como para la sociedad". Al instituir un dicasterio dedicado a la pastoral sanitaria, la Santa Sede quiso ofrecer su propia contribución también para promover un mundo más capaz de acoger y atender a los enfermos como personas. De hecho, quiso ayudarles a vivir la experiencia de la enfermedad de manera humana, no renegando de ella, sino dándole un sentido. (Benedicto XVI, 11 de febrero de 2010).

¿Cuáles son nuestras enfermedades personales?

 Si éstas son físicas, Jesús tiene el poder de curarlas definitivamente, porque Él es el Señor de la vida.

Y si son espirituales, Él es el Hijo de Dios, y es capaz de expulsar cualquier tipo de demonios del alma.

Y si son emocionales, Él ya ha vencido con su cruz todo dolor y sufrimiento humano, y se ha convertido en la fuente de nuestra verdadera paz.

Si nuestra enfermedad se llama "depresión", Él es el remedio seguro de nuestras tristezas y abatimientos, porque en su Getsemaní ya pagó el precio de todas nuestras angustias.
 Y si tenemos un demonio llamado "orgullo", aprendamos de Él, que es manso y humilde de corazón. Y si tenemos una duda de muerte, Él ya venció todas nuestras tinieblas con su luz y su gloriosa resurrección. En una palabra, ¡Él es infinitamente poderoso, es el Dios omnipotente, y es capaz de remediar todas nuestras miserias!

P.Sergio Cordova

viernes, 3 de febrero de 2012

Presentación de Jesús en el templo

Celebramos la fiesta litúrgica de la Presentación de Jesús en el templo. Cuarenta días después del nacimiento de Jesús, María y José lo llevaron a Jerusalén, siguiendo las prescripciones de la Ley de Moisés. En efecto, todo primogénito, según las Escrituras, pertenecía al Señor y, por tanto, había que rescatarlo con un sacrificio. En este acontecimiento se manifiesta la consagración de Jesús a Dios Padre y, unida a ella, la de María Virgen. ( Benedicto XVI )

Jesús no solo se hizo hombre como nosotros, también quiso acatar  la ley de Moisés. Sus padres, como otros padres judíos, lo llevaron al templo para rescatarlo con un sacrificio, podía ser un cordero o  un par de tórtolas para los pobres.

José y María rescataron a Jesús con un par de tórtolas; además de hacerse hombre se hizo pobre, vino al mundo por todos, pero muy especialmente por los pobres y necesitados. Y Él era el cordero del sacrificio que moriría en la cruz por nuestros pecados.

Jesús quiso hacerse semejante a nosotros, excepto en el pecado, por eso nos comprende tan bien, por eso debemos acudir a Él en los momentos difíciles, por eso debe ser nuestro Amigo más querido, Él nunca nos abandona y es nuestra unión con el Padre.
H. de Carmen

Levantar el corazón

No podemos realizar tantas cosas que desearíamos... A veces, por factores que escapan a nuestro control. Otras veces, por culpa nuestra. Fallamos en la organización, o quisimos ir más allá de nuestras posibilidades, o prometimos lo que no podíamos dar, o dejamos de lado el propio deber para encontrarnos, al final, sin recursos y sin tiempo.

Al llegar a una situación de fracaso, el corazón corre el riesgo de hundirse. Duele no conseguir un deseo fuertemente anhelado. Duele ver fracasar una obra que prometía tantos resultados. Duele descubrir que las manos están vacías y que no se ha conseguido prácticamente nada.

Son momentos en los que quisiéramos llorar. Será, tal vez, con lágrimas de pena, sobre todo si le hemos fallado a otros. Será, puede ocurrirnos, con lágrimas de amargura, que nos atan todavía más a la desesperanza. Será, ojalá, con lágrimas de quien mira al cielo y pide ayuda.
Porque en lo más hondo de la fosa cualquier cristiano puede levantar el corazón y recordar que Dios vino para todos. También para quien fracasa y siente en su alma pena por sí mismo y pena por otros.

Miramos, entonces, hacia el cielo. Descubrimos que allí se encuentra un Sumo Sacerdote que fue en todo, menos en el pecado, semejante a nosotros. Sentimos la seguridad de que podemos encontrar un ancla que nos acerque a la morada eterna y segura, la que nos ha preparado para siempre Cristo (cf. Heb 6,18-20; Jn 14,1-3).
Entonces llega el momento de tomar, nuevamente, el arado. No mirar hacia atrás, pues queda mucho camino por recorrer. No llorar con amargura, porque las lágrimas sólo sirven si nos acercan al consuelo divino y nos permiten volver a empezar. No sentirnos nunca solos, porque tenemos siempre a nuestro lado, también después de un fracaso, a un Amigo bueno, fiel, dispuesto a consolarnos.
P. Fernando Pascual

miércoles, 1 de febrero de 2012

ORACIÓN DE LA MAÑANA

Buenos días, Señor, a ti el primero
encuentra la mirada
del corazón, apenas nace el día:
Tú eres la luz y el sol de mi jornada.

Buenos días, Señor, contigo quiero
andar por la vereda:
Tú, mi camino, mi verdad, mi vida,
Tú, la esperanza firme que me queda.

Buenos días, Señor, a ti te busco
levanto a ti las manos
y el corazón, al despertar la aurora:
quiero encontrarte siempre en mis hermanos.

Buenos días, Señor, resucitado,
que traes la alegría
al corazón que va por tus caminos,
¡vencedor de tu muerte y de la mía!

Gloria al Padre de todos, gloria al Hijo, y al Espíritu Santo;
Por los siglos te alabe nuestro canto.
Amén

lunes, 30 de enero de 2012

LA SEGUNDA TENTACIÓN

Llega una tentación. De avaricia o de lujuria, de envidia o de soberbia, de pereza o de egoísmo, de vanidad o de ira.

Si no estuvimos atentos, si no recurrimos a la ayuda divina, la tentación penetra, poco a poco, en el alma. Luego crece desde las pasiones, entre dudas y ansiedades. Al final, sucumbimos. Hemos pecado.
Entonces puede insinuarse la segunda tentación. Esa que nos hace pensar que no ha pasado nada. O esa que nos dice que es imposible volver a empezar. O esa que nos aparta de Dios: si hemos sido tan malos, ¿con qué cara podemos pedir misericordia?

La segunda tentación es terrible: paraliza el corazón, encadena la voluntad, hiere mortalmente la esperanza, prepara el terreno a nuevos pecados, nos aparta de Dios.

Si el pecado ha vencido en nuestras vidas, si nos ha robado la amistad con Dios y la unión con los hermanos, necesitamos más que nunca pedir la gracia del perdón. No podemos permitir que la segunda tentación nos hunda más y más en el mal cometido. No podemos dejar crecer el monstruo de la desconfianza que destruye tantas vidas. No podemos abrir las puertas al pecado diabólico por excelencia: pensar que ni siquiera Dios es capaz de perdonarnos.

Resistir la primera tentación es posible sólo con Dios. Si el pecado se hizo presente por nuestra culpa, necesitamos más que nunca volver a Dios para resistir al más terrible de los males: la segunda tentación.

Para ello, hemos de aprender a ver nuestro pecado como Dios lo ve: como la herida en un hijo. Porque para Dios el hijo no deja de serlo si está enfermo. Somos también suyos en medio del lodo del pecado.

La mirada paterna del Dios de misericordia nos da fuerzas para reemprender la lucha, para acudir al sacramento de la confesión, para amar más porque hemos sido muy amados, para perdonar a mis hermanos porque también yo, mil y mil veces, he sido perdonado...

P. Fernando Pascual

¡Cuántas veces nos ponemos tristes por que no hemos hecho bien las cosas! , por contestar de malas formas al hermano, no ayudar al que lo necesita, sin darnos cuenta de que Dios es nuestro Padre misericordioso y siempre nos va a perdonar si estamos arrepentidos. Él nos da fuerza, si lo olvidamos cada vez nos pondremos más tristes y nos iremos alejando de Él, que es toda nuestra vida.

viernes, 27 de enero de 2012

Ven Espíritu Santo, Enciende nuestro Corazón



Canto que clama a Jesús, para que envíe la Promesa del Espíritu Santo sobre nuestos corazones. (en el video se pueden apreciar imágenes de la Capilla Redemptoris Mater de la Basilica de S. Pedro en el Vaticano)

LLAMA DE AMOR VIVA-S. JUAN DE LA CRUZ



Una hermosa poesia cantada con mucha pasion,san Juan nos hace recordar a Dios,y el anhelo que debemos tener hacia El son mas que versos son sus vivencias.

CÁNTICO ESPIRITUAL DE SAN JUAN DE LA CRUZ




"Oh ninfas de Judea", forma parte del Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz musicado e interpretado por Amancio Prada. Con Hilary Fielding y Rafael Domínguez al violonchelo y la Escolanía de Segovia dirigida por Marisa Martín. Teatro de La Abadía, Madrid, febrero 2011.